|
|
|
Austria
La respuesta fascista a la globalización
Comentario de Martin A. Lee
NUEVA YORK, feb (IPS)
El acceso al poder del ultraderechista Partido Libertad en
Austria es el
último ejemplo del avance neofascista en Europa, estimulado en parte por los
efectos adversos de la globalización, las crisis de identidad nacional y la
exclusión social.
El Partido Libertad, dirigido por Joerg Haider, conmocionó a Europa cuando
obtuvo 27 por ciento de los votos en las elecciones generales de octubre.
Esa conmoción se ahondó cuando el Partido Libertad se convirtió en una
importante fuerza de la coalición de gobierno, a pesar de la tendencia de
Haider a hacer declaraciones pronazis.
El derechista Partido del Pueblo, dirigido por Christoph Blocher, también
obtuvo 23 por ciento de los votos en las últimas elecciones de Suiza. Al
igual que Haider, Blocher es un multimillonario xenófobo que critica a los
inmigrantes, la corrupción gubernamental y la Unión Europea (UE).
Blocher causó estupor cuando elogió al autor de un libro que negó la
existencia del Holocausto de millones de judíos durante la segunda guerra
mundial.
Austria y Suiza son países pequeños con poca influencia relativa en el
mundo, pero la UE reaccionó con sanciones diplomáticas y económicas contra
Viena.
Si el entusiasmo por la extrema derecha cruza la frontera hacia Alemania, el
caso provocaría aun mayor inquietud en la comunidad internacional.
En el este de Alemania, donde la economía aún padece de la transición del
socialismo centralizado al capitalismo de mercado, entre 15 y 20 por ciento
de los hombres jóvenes votan por los partidos neofascistas.
''Decir que un tercio de los jóvenes de Alemania oriental se inclinan por la
extrema derecha sería un eufemismo. Muchos ya llegaron a un punto sin
retorno. (El extremismo) está creciendo, es cada vez peor'', advirtió el
criminólogo de Berlín Berndt Wagner.
''El neofascismo y el neonazismo ganan terreno en muchos países, sobre todo
en Europa'', dijo Maurice Glele Ahanhanzo, relator especial de la Comisión
de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
De especial inquietud es ''el aumento del poder de los partidos de
ultraderecha'' que se aprovechan de ''un clima económico y social
caracterizado por el temor y la desesperanza'', señaló Glele Ahanhanzo en un
informe a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.
''Los efectos combinados de la globalización, las crisis de identidad y la
exclusión social'' se encuentran entre los principales factores que
alimentan la extrema derecha, según el informe.
Los movimientos populistas de extrema derecha con raíces abiertamente
fascistas conquistaron una fuerte presencia en la política de varios países
de Europa occidental, incluso en Bélgica donde el neofascista Vlaams Blok
superó a sus rivales con 30 por ciento de los votos en Amberes, la segunda
ciudad del país.
Los partidos de extrema derecha también lograron al menos 15 por ciento de
los votos nacionales en Francia, Italia y Noruega. Aunque los porcentajes
parezcan menores, pueden tener gran peso en el parlamento e incluso
determinar la composición del gobierno.
Aun cuando pierden las elecciones, los neofascistas contaminan el discurso
político y presionan a los partidos más establecidos para que adopten
posturas radicales.
La demagogia ultraderechista tocó un punto débil al utilizar a los
extranjeros y las minorías étnicas como chivos expiatorios en este mundo que
aún no se adaptó a la disolución de la Unión Soviética, la reunificación de
Alemania, la globalización económica o los grandes cambios tecnológicos.
En Europa occidental hay 50 millones de pobres, 18 millones de desempleados
y tres millones de personas sin techo. La situación en el este es aún peor.
Esas condiciones son ideales para que las exploten las organizaciones de
extrema derecha que varían de pequeños grupos disidentes y células
terroristas clandestinas a partidos políticos de peso.
Las bandas de cabezas rapadas pueden funcionar como tropas de choque del
avance de la extrema derecha en Europa, pero los líderes de las
organizaciones neofascistas más exitosas suavizaron su imagen y adaptaron su
mensaje para atraer a los votantes de centro.
En la cresta de una reacción populista contra la globalización, los
oportunistas de extrema derecha aúnan sus tiradas xenófobas con críticas a
la UE y a la introducción de la moneda única, el euro.
La adopción del euro y la globalización en general limitaron
significativamente la capacidad de los gobiernos nacionales para regular sus
economías y revertir el alto desempleo mediante el ajuste de las monedas y
las tasas de interés.
El desencanto con el espectro político convencional se agudiza porque los
partidos socialdemócratas no ofrecieron alternativas a las rígidas políticas
de la UE. Esto fortaleció a los neofascistas y otros extremistas de derecha
que explotaron con éxito el resentimiento generalizado con los gobiernos.
El presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, habló de la ''inexorable
lógica de la globalización'' a la que ningún país puede escapar. Aunque
regido por la economía, este fenómeno también tiene consecuencias sociales
trascendentes.
El comercio mundial actúa como el gran homogeneizante, diluyendo las
diferencias autóctonas y opacando los contrastes étnicos. En consecuencia,
muchos europeos temen perder no sólo sus empleos, sino sus identidades
culturales y nacionales.
La tecnología informática creó un ambiente que conduce a la especulación
financiera y al rápido crecimiento del comercio mundial. Los protagonistas
de la economía internacional son cada vez más las compañías y los grupos de
presión trasnacionales, en desmedro de los funcionarios elegidos por el
pueblo.
Aunque el libre mercado debe garantizar la máxima eficiencia, en la práctica
magnificó la desigualdad y aceleró el colapso de ciertas estructuras
sociales, provocando inestabilidad, migraciones masivas y conflictos
étnicos.
A la vez, el poder decreciente del Estado-nación desencadenó una feroz
reaccción ultranacionalista, como lo demostró el crecimiento del apoyo a los
partidos de extrema derecha en varios países europeos.
Los partidarios de la UE argumentan que la integración económica es
fundamental para lograr la unión política que esperan ponga fin
definitivamente al nacionalismo que devastó al continente en el pasado. Pero
en la práctica parece que ocurre lo contrario.
Si algo hace, lo más probable es que la integración europea fomente el
crecimiento de los partidos de extrema derecha. Los movimientos
ultranacionalistas son el daño ''colateral'' que provoca la globalización
sin controles.
Las tendencias económicas, políticas y sociales sugieren que un creciente
número de personas en las democracias occidentales sucumbirán ante el
atractivo de los neofascistas que posan de populistas y ofrecen soluciones
sencillas para problemas complejos.
''Se hace alarmantemente evidente que el mal incalificable puede copar el
escenario una vez más'', declaró el primer ministro sueco Goran Persson en
una conferencia sobre el racismo y el neofascismo en Europa.
Poco antes de que muriera en 1987, el escritor y químico italiano Primo
Levi, sobreviviente del Holocausto nazi, advirtió del advenimiento de ''un
nuevo fascismo... que camina en puntas de pie y adopta otros nombres''.
Este nuevo fascismo es un fenómeno contemporáneo que se distingue de sus
antecesores de muchas maneras.
Cuando Adolfo Hitler llegó al poder en Alemania en los años 30, tomó al
mundo de sorpresa. Aquellos que siguen aferrados a su idea del fascismo
pasado y descartan los crecientes peligros del presente quizá también se
sorprendan.
[c] 1998, InterPress Third World News Agency (IPS) Todos los
derechos reservados No puede ser reproducido, reimpreso o publicado en cualquier
sistema o servicio sin permiso especifico de la agencia IPS. Esta limitacion incluye la
distribucion via Usenet News, sistemas de "bulletin board", listas de correo
electronico, medios impresos, radio y television.
Por mas informacion, envie un mensaje a online@ips.org.
Por informacion sobre reproduccion en medios impresos, radio o television, por favor
contacte el coordinador de la agencia IPS: online@ips.org.
|