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.Página Inicial > Informes Anteriores > Informe del Jueves - 05/08/1999  

 
La violencia nuestra de todos los días
En unos países más en otros menos, la violencia va ganando las calles de América Latina: más delincuencia con un origen marcadamente social, más delincuencia albergada en la policía, peores cárceles sin posibilidades de reeducar. Esa es la tendencia que se va profundizando y lesionando el tejido de la sociedad.
Esta nueva realidad social apenas figura en la agenda política, y sin embargo el problema está en el orden del día. Los que pueden poner rejas intentan separarse de los que quieren romperlas. Los que tienen dinero se separan de la delincuencia de origen social mediante barrios exclusivos, policías privadas, sistemas de seguridad.

Lo que los estados no gastan en seguridad lo gasta el ciudadano, como un impuesto a la ineficiencia y a la incapacidad del Estado por cumplir su función. Ese gasto profundiza la separación de los sectores sociales: se cuida sólo el que puede.


María Silvera para Chasque

El mundo del revés
Las víctimas -voluntariamente- se ponen presas mientras andan libres los que delinquen. Tanto como se multiplican las rejas, se suprime esa apreciable comodidad que son los `porteros eléctricos`, lo que obliga a cada vecino de un edificio de apartamentos a bajar hasta la puerta de calle para abrirla y cerrarla, mediante su respectiva llave (también, `de seguridad`), cada vez que llega o se retira una visita. Y a propósito de seguridad, crece como leche hervida la contratación de vigilancia privada en las cuadras de los barrios y más aun todavía en las empresas. Antes, otros y en otras partes, vendían `protección` (contra ellos mismos), ahora y aquí se volvió imprescindible la `seguridad`. Eso en las casas. Pero, ¿y en las callesNULL Da pavor. De día, con ensañamiento, se golpea y se arrebata a quien sea que camine cargando una cartera o con aspecto de llevar encima algo más que el importe del boleto del ómnibus. Con furia se rompe lo que sea de un automóvil estacionado para robar el vehículo o lo que se encuentre en su interior, con la más que probable complicidad de los guardacoches, que ahora se parecen demasiado a ìcampanasî de los ladrones. Con cobardía y abuso, desde una moto en marcha se arrebata a quien camina o espera el ómnibus, o se rompe el vidrio de un auto detenido esperando el cambio de luces para arrancar lo que sea que esté en el asiento o en el brazo de su conductor. Revista Relaciones 

Texto completo: http://uyweb.com.uy/relaciones/9703/violencia.htm

 

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