La
problemática del aborto en el país reapareció en los medios de
comunicación recién comenzado el año. A raíz de una entrevista
realizada a la diputada Glenda Rondán en el semanario
"Busqueda" el 15 de febrero, la situación legal del aborto
volvió al debate público. La propuesta de un posible plebiscito
planteada por la legisladora oficialista generó una serie de reacciones
en los distintos medios de prensa que expuso, otra vez, las opiniones a
favor y en contra de diversos representantes políticos, de la entonces
presidenta del Instituto de la Familia y la Mujer, de las organizaciones
de mujeres así como de numerosas opiniones emitidas a través de las
Cartas de los lectores.
Pero lo más
impactante y lo que detonó las reacciones en cadena que se mantuvieron
hasta finales del año, fueron las muertes por abortos que llegaron a un
total de 8 registradas por la prensa, 5 de ellas producidas en el
Hospital Pereira Rossel.
El 20 de
mayo una joven de 23 años perdía su vida por maniobras abortivas.
Desde hace mucho tiempo las organizaciones de mujeres comprometidas con
cambiar la injusta situación del aborto en nuestro país venimos
planteando de que deben encontrarse puentes de entendimiento entre
defensores y detractores de la descriminalización del aborto, porque
perder el tiempo en ese terreno se paga en perjuicios, sojuzgamientos,
abandonos, maltratos, mutilaciones y muertes de mujeres.
Todos los
debates y las polémicas que hemos sostenido en más de 10 años no
lograron evitar que en el 2001, Sandra de 23 años, Paola de 19;
Margarita de 43, María de 29 y Miryam de 41 años murieran en el
hospital Pereira Rossell por complicaciones de abortos realizados en
condiciones de inseguridad y clandestinidad.
En lo que
va de este año y en un solo centro hospitalario se han producido más
muertes maternas por aborto que las registradas en todo el país, en años
anteriores.
Son
claras las evidencias, mantener su prohibición legal no sólo no ha
puesto fin a su práctica sino que ha agravado la situación de salud de
las mujeres.
Muchos médicos
y profesionales de la salud cuestionan éticamente que su rol y
responsabilidad frente a la situación del aborto, como problema de
salud pública, quede reducido a atender las consecuencias graves de la
mal praxis clandestina y/o a firmar los certificados de defunción de
las mujeres que ingresaron a los servicios de emergencia con abortos mal
hechos. Una intervención sanitaria responsable implicaría realizar
acciones de prevención y contar con servicios que pudieran dar mejor
respuesta al problema.
Con fecha
19 de diciembre la Sociedad de Ginecobstetricia del Uruguay realizó un
ateneo sobre Muerte Materna por Aborto Inseguro en nuestro país,
difundiendo las cifras resultantes de los estudios más recientes.
En el
trabajo presentado por el Dr.Leonel Briozzo et. al. se evidencia que de
las 21 pacientes que fueron trasladadas del Hospital Pereira Rossell a
C.T.I. POR COMPLICACIONES POST ABORTO PROVOCADO entre 1996 - y noviembre
de 2001
7
MURIERON ( todas por causa infecciosa) 5 durante el año 2001
De las 14
que sobrevivieron 7 quedaron MUTILADAS y de 3 no se tienen datos.
En el
C.H.P.R. entre 1996 - 2001, el 47% de las MUERTES MATERNAS fueron
CAUSADAS POR COMPLICACIONES POST ABORTO PROVOCADO EN CONDICIONES DE
RIESGO.
Mientras
que a nivel MUNDIAL el porcentaje de esta causa de muerte materna está
en una media del 13%, y en AMERICA LATINA el promedio es del 21%, en
URUGUAY en el periodo 1995-1999) fue del 27.7%. Y, sólo en el Hospital
Pereira Rossell entre 1996 y noviembre de 2001, la muerte materna por
aborto realizado en condiciones de riesgo fue del 47%.
En
Uruguay, además de la falta de políticas específicas, se carece de
información correcta sobre el número de embarazos no deseados y el número
de interrupciones voluntarias (aborto provocado) realizadas. En este
contexto, también es desconocida la proporción de abortos provocados
en condiciones seguras y en condiciones de riesgo. Esta situación es aún
mas grave ya que tampoco hay reportes periódicos sobres la
morbimortalidad por aborto. "En
la última publicación internacional sobre causas de mortalidad materna
en las Américas, entre los únicos 4 países que no tiene cifras
registradas se encuentra el nuestro, junto con República Dominicana,
Jamaica y Haiti" (Briozzo y ot., 2001)
TABLA 3:
MUERTES MATERNAS EN EL CHPR. PERIODO 1996 – 2001*
|
AÑO |
NUMERO TOTAL DE
MUERTES |
MUERTES POR
COMPLICACIONES DE ABORTO EN CONDICIONES DE RIESGO |
|
1996 |
2 |
1 |
|
1997 |
4 |
1 |
|
1998 |
1 |
0 |
|
1999 |
- |
- |
|
2000 |
1 |
0 |
|
2001 |
5 |
4 |
FUENTE: Uruguay. Sistema
Informático Perinatal. Centro Hospitalario Pereira Rossell. * La
información del año 2001 corresponde sólo al período enero –
setiembre.
"El
aborto en condiciones de riesgo es la principal causa de mortalidad
materna en los países subdesarrollados que no cuentan con un marco
legal para la interrupción del embarazo de manera segura. En el Uruguay
ha habido un incremento marcado de la mortalidad por esta causa que se
ubica hoy como la principal causa de mortalidad materna, siendo
particularmente dramática la situación en el nivel asistencial público,
donde se asiste la población más carenciada. No sería digno de
nuestra condición de médicos comprometidos con las realidades sociales
de nuestra disciplina, callar el hecho de que son las mujeres pobres las
que mueren. Las clases más privilegiadas pueden acceder a aborto
provocado en condiciones de bajo riesgo, porque esto en nuestro país se
consigue con dinero. Las mujeres que vemos morir en el CHPR no tienen
esa posibilidad. Al margen de cualquier otra consideración que se
quiera plantear, esto es también una injusticia social y una
desigualdad tolerada por una sociedad que hace la vista gorda."
(Briozzo et. al.)
La
preocupación sobre la situación sanitaria del aborto llevó a la
Sociedad de Gineco-obstetricia del Uruguay (SGU) a encomendarle a ese
equipo de médicos analizar la situación y estudiar posibles medidas a
implementar dentro del marco legal existente. En el trabajo de análisis
el Dr. Briozzo et. al. se plantea
que "en
nuestro país, así como en la mayoría de los países donde el aborto
es ilegal, muchos integrantes del equipo de salud, incluyendo médicos,
parteras y enfermeras, carecen de información fundamental sobre la
legislación del aborto y no saben como transmitirla. Así, muchas
mujeres que estarían en condiciones de obtener abortos seguros, son
rechazadas por falta de conocimiento de los proveedores acerca de las
condiciones que habilita la ley, o por sus consideraciones personales,
sean éticas, religiosas, etc. de cada integrante del equipo de salud.
Frecuentemente la atención medica después de un aborto es demorada o
inaccesible por desinformación, falta de protocolos para la atención
posterior al aborto, diagnóstico erróneo o actitudes punitivas de los
proveedores de salud".
El núcleo
de la propuesta elevada a la SGU se centra en incrementar hasta donde
sea posible las condiciones de seguridad de la mujer que ha decidido
realizarse un aborto provocado. Las medidas se basan en:
- Educar a la comunidad
acerca de la salud reproductiva y los abortos en condiciones de
riesgo y promover cambios en las políticas para salvaguardar la
salud reproductiva de la mujer evitando siempre el aborto como método
anticonceptivo.
- Información a la
comunidad y a las pacientes que lo requieran con respecto al aborto
en condiciones de riesgo y cómo evitar los mismos o por lo menos
minimizarlos.
- Desarrollar una
correcta evaluación clínica y paraclínica pre aborto, que incluya
el asesoramiento, el examen clínico, la confirmación ecográfica
de embarazo intrauterino, la edad gestacional del mismo y la
determinación del grupo sanguíneo de la madre, para evitar la
inmunización en los casos de madres Rh (D) negativo.
- Mejorar la calidad y
accesibilidad de la atención postaborto promocionando la consulta
precoz ante síntomas de una posible complicación. El elemento
determinante es generar condiciones de confianza en la consulta
siendo quizás necesario revisar el principio del secreto
profesional frente a la necesidad de denuncia a la policía.
- Brindar asesoramiento
post aborto sobre métodos anticonceptivos y soporte psicológico a
las mujeres que lo realizaron.
Este
cambio en la actitud de la Sociedad de Ginecología y el interés de la
Facultad de Medicina en sus Cátedras de Gineco-obstetricia en el
problema del aborto, es sumamente importante y determina nuevas
condiciones en el abordaje público y político del tema. Lograr
articular esfuerzos con estos actores que hasta la fecha han tenido
intervenciones muy conservadoras o poco comprometidas con la búsqueda
de soluciones, debería ser una de nuestras prioridades. Sumado a lo
anterior se registran las intenciones de la Comisión de Género y Políticas
Públicas del Sindicato Médico del Uruguay, de ir abordando seriamente
todos estos temas que hacen a la Calidad de la Atención en Salud Sexual
y Reproductiva.
Por otro
lado, y en el terreno político, las legisladoras de la Bancada Femenina
(con algunas excepciones) han decidido desarchivar los 4 proyectos de
ley sobre la regulación del aborto en el Uruguay y que han sido
elaborados desde 1985. Los han presentado en la Comisión de Salud de la
Cámara de Representantes y están dispuestas a impulsar un debate y
generar las condiciones para que alguno de ellos sea aprobado, o en su
defecto generar otra iniciativa que mejor responda a la situación. La
Comisión de Salud ya los ha integrado, y a pesar de algunas
resistencias muy probablemente en el 2002 el tema del aborto sea uno de
los temas a estudio.
Los
medios de comunicación han vuelto a ocuparse del tema y habilitan un
debate público. Algunos espacios universitarios y académicos están
proyectando investigaciones e involucrándose más en el asunto. Se
suman las personas e instituciones que no están de acuerdo con que la
única acción de un Estado laico frente al problema del aborto, sea una
ley de 1938 que condena a las mujeres que lo practican, a los
profesionales que lo realizan y a aquellos que las acompañan. Leyes de
estas características no resuelven los problemas, no responden a la
realidad social, no garantizan el ejercicio de los derechos ni
fortalecen las bases de una convivencia más justa y democrática.
Intervenir sólo para juzgar y condenar no es una buena apuesta para el
desarrollo de las personas ni de nuestras sociedades.
La diversidad como condición moral de la humanidad es un principio bioético
que refleja la multiplicidad de dilemas que deben enfrentar los seres
humanos, en diferentes momentos y condiciones de vida y sobre las que
deben tomar decisiones que implican elecciones morales diversas. "La
discordia moral -plantea la antropóloga brasileña Debora Diniz en
sus estudios sobre bioética- ha sido parte de la vida humana
organizada en sociedades. Donde han habido seres humanos reunidos en
sociedades, han existido diferencias que condujeron a conflictos. La
novedad para las sociedades libres y defensoras de la democracia es
tratar de lidiar con los conflictos morales humanos de la manera menos
violenta posible... Quizás el desafío de la modernidad no consista
(entonces) en salir a buscar principios norteadores para alcanzar el
bien-vivir universal, sino el encontrar las estrategias para contener la
intolerancia. Jamás seremos sujetos plenamente tolerantes, este es un
principio imposible, lo mejor será convertirnos en sujetos controlados
en nuestras intolerancias"
Ser
capaces de reducir nuestros niveles de intolerancia podría constituirse
en uno de los medios para articular esfuerzos que redunden en las
soluciones que tanto reclaman temas como éste que jamás alcanzará el
consenso universal. El desafío de priorizar un principio de solidaridad
que nos permita ir aproximándonos a aquellos que desacreditamos, no con
la intención primaria de convencerles sino con el propósito de
entender sus razones, podría habilitar acuerdos que nos permitieran
avanzar en el fortalecimiento de condiciones de convivencia más democrática.
Ese es el desafío de las sociedades que buscan ser plurales y
defensoras de la tolerancia.
Los mecanismos que apunten a superar inequidades parecen ser las
respuestas más acertadas en esta búsqueda. Otorgar herramientas
(educación, información, servicios, recursos) y garantizar igualdad de
condiciones son mejores medios para que las personas tomen decisiones
conscientes y responsables, que el tratar de imponerles una posición de
manera hegemónica (sea cual sea la posición de la que estemos
hablando).
Para
algunos podrá ser inmoral que las mujeres aborten. Para otros será
inmoral que lo hagan en condiciones que ponen en riesgo la salud y la
vida. Algunas argumentaciones podrán resultar mas o menos intolerantes
que otras. Las razones para su práctica irán adquiriendo distintos
grados de aceptación o rechazo como lo demuestra su tratamiento a lo
largo de la historia de la civilizaciónhumana.
En términos generales podemos afirmar que en Uruguay el porcentaje de
la población que no admite ninguna justificación para la realización
de un aborto es absolutamente minoritaria. Las encuestas de opinión la
sitúan en menos de un 10%. Sin embargo es un sector que manifiesta los
mayores niveles de intolerancia y ejerce su poder de la manera más
autoritaria pretendiendo imponer -a cualquier costo- sus posturas al
resto de la sociedad.
A nivel
regional e internacional, la influencia de sectores como las jerarquías
de la Iglesia Católica, los grupos Opus Dei, los autodenominados
"pro-vida" y los sectores más reaccionarios y conservadores
han determinado que América Latina sea la región del mundo con el
menor porcentaje de países que cuentan con legislaciones que admitan
alguna forma de aborto legal. Comparativamente Europa y los países del
norte tienen un 84% de países con legislaciones permisivas, la región
asiática tiene un 54%, los países musulmanes llegan al 14% mientras
que en América Latina sólo cuenta con el 5%.
La regla
de la mordaza implementada por el gobierno de los Estados Unidos es un
ejemplo de cómo funcionan mecanismos de imposición a través, en este
caso, del condicionamiento económico. El 22 de enero de 2001, en su
primer día de trabajo en el cargo (y en el 28 aniversario de Roe vs.
Wade, la decisión de la Corte Suprema estadounidense que estableció el
derecho de las mujeres al aborto), el Presidente George Bush, reimpuso
la regla de obstucción global al programa de población de la Agencia
de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID). Esta política
retringe a todas las organizaciones no gubernamentales que reciben
fondos de USAID para la planificación familiar, a realizar servicios de
aborto, cabildear frente a sus gobiernos para la reforma de las leyes
restrictivas, e incluso proporcionar atención médica u orientación
adecuada en relación al aborto.
Sin
embargo aumentó el apoyo a los grupos autoproclamados pro-vida.
Mediante
esta regla, el gobierno de los EEUU no sólo inhibe la libertad de
expresión, sino que discrimina de manera particular a quien tiene una
opinión diferente, sentando un peligroso precedente. La regla de
obstrucción global obliga a las organizaciones de salud a tomar una
opción inmoral: o renuncian a fondos que son necesarios para
desarrollar sus planes de planificación familiar y otros servicios de
salud reproductiva, o renuncian a la libertad de expresión y a la
posibilidad de proporcionar a las usuarias información médica completa
y rigurosa.
En el
tema de aborto, como en muchos otros, no se trata de sustituir una fe
por otra, de hecho no se trata de combatir la fe de nadie, sino de
respetar las ideas de todos y procurar hacer este mundo un poco más
habitable. Imponer dogmas o atemorizar a las personas no genera actos de
conciencia. La ignorancia produce siempre frutos amargos. Miedo,
irracionalidad, odio, imposición de creencias, falta de respeto a otras
posturas y decisiones, no resuelve la situación ni favorece una vida
digna y democrática.
Podríamos
tener otra legislación sobre aborto que enfrentara y resolviera mejor
el problema. Una legislación que fuese decente y que no se ensañara
con los más débiles precisamente en sus momentos de mayor angustia.
Podríamos tener políticas y acciones que garantizaran mejores
condiciones de vida para las personas. No perdamos la oportunidad de
conseguirlas. Sería un importante paso en la construcción de una
sociedad más justa, más equitativa y menos intolerante.
Dentro de
las líneas de trabajo desarrolladas por MYSU, una de ellas fue la de
promover la creación de un grupo interdisciplinario con experiencia y
compromiso en la búsqueda de soluciones al problema del aborto. Desde
finales de 1999 y hasta agosto de 2001, se generó una instancia en la
que participaron ex legisladores y legisladoras que elaboraron proyectos
de ley, distintos profesionales vinculados al área de la salud y el
derecho, integrantes del movimiento de mujeres y representantes de
medios de comunicación. Esta Iniciativa Ciudadana contra el Aborto
Inseguro (ICCAI), que por el momento no está funcionando, surgió con
el objetivo de desarrollar líneas de acción permanente que permitan
modificar las condiciones de la práctica del aborto en nuestro país.
En cuanto
a las acciones realizadas conjuntamente con la CNS, se desatacan:
- La mesa redonda sobre
Aborto "Un debate siempre pendiente" realizada en el Salón
Rojo de la IMM el lunes 28 de mayo en el marco de las acciones del
"Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer".
Participaron como panelistas: la diputada Glenda Rondán, la Dra.
Graciela Dufau, la presidenta de la Comisión de la Mujer de la IMM
A.S Mariella Mazzotti, la historiadora Graciela Sapriza y la
coordinadora de MYSU y representante de Cotidiano Mujer, Lilián
Abracinskas. (las ponencias se encuentran a disposición en la página
web de la comisión en el Dossier de Aborto).
- El comunicado de
prensa enviado a los medios de comunicación por el 28 de setiembre
"Día por la Descriminalización del Aborto en América Latina
y el Caribe".
- Participación
conjunta en distintos medios de prensa para informar sobre la
situación del aborto en nuestro país.
- La elaboración de un
Dossier sobre "El aborto en el Uruguay" con cifras y datos
útiles para el trabajo de consulta e información de grupos
interesados en el tema. El mismo se puede consultar a partir de
febrero de 2001 en la página web de la CNS.
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