La imagen del homosexual hombre
Enzo Bregonzio y cols.
Los seres humanos se comportan con sus semejantes fundamentalmente de acuerdo a cómo los ven: la convivencia se basa en el manejo de información sobre los "otros". Nuestra pregunta inicial fue: ¿cómo ve la sociedad montevideana a los homosexuales? Este reporte de investigación parte del análisis de una encuesta realizada a 60 personas de acuerdo a un muestreo estratificado (según sexo y edad) de la población montevideana. Durante el análisis, quisimos mostrar cuál o cuáles son las cosmovisiones imperantes en el discurso (a veces "no-discurso") sobre la homosexualidad.
En este artículo exponemos la primera parte del informe: "la imagen del homosexual hombre". En un próximo artículo expondremos la segunda y la tercera parte: "las causas de la homofobia" y "el grado de acercamiento a los homosexuales".
La "imagen" como representación y la "imagen" como invento
Murray planteó que la definición de las personas según su orientación sexual no es una categoría universal, sino que depende de la cultura donde nos situemos para abordarla: "En varias culturas melanesias, crecer como un hombre y guerrero requiere años de receptividad homosexual de parte de los hombres maduros. Una cantidad de tribus comparten la creencia en que los jóvenens no se convierten en hombres físicamente maduros como resultado de un proceso natural. El crecimiento y el logro de la maduración fisiológica están supeditados al proceso cultural de la iniciación, y esto significa inseminación, porque es el semen el que asegura el crecimiento y el desarrollo" (Murray, 1987:15)
Esta descripción de los melanesios pone en cuestión las representaciones occidentales de los homosexuales como "inmorales", "enfermos", "afeminados", u otros adjetivos populares. Esto sucede porque el principio organizativo de las prácticas sexuales melanesias es diferente al nuestro: la "homosexualidad" melanesia a la que se refiere Murray no es más que un período de la trayectoria heterosexual estándar. Nuestro concepto actual de "homosexualidad" parece apoyarse en principios organizativos bien diferentes.
Pretendemos acercarnos a la imagen popular montevideana del homosexual hombre. Esta "imagen" que no se limita estrictamente a una descripción, sino que involucra principios, expectativas, miedos y prejuicios acerca de los homosexuales como tipo humano. Cuando hablamos de homo y heterosexualidad, involucramos el significado que se les atribuye en el imaginario social, en esa construcción cultural que lleva implícita cada término. Pretendemos "leer" imágenes, entendiendo por "imagen" algo que "…tiende a reproducir…los objetos del mundo…también una imagen puede ser evocada…como un recuerdo del pasado o…proyectada en el futuro, o aún incluida en otra escena. Entonces la imagen-copia…va…enriquecer el imaginario con los conceptos de fantasía y fantástico." (Colombo, 1989:21)
En este sentido, las imágenes que los montevideanos tenemos de los homosexuales no son simplemente verdaderas o falsas: "Hablamos de imaginario cuando nos referimos a algo inventado, ya se trate de una invención 'absoluta' o de un desplazamiento de sentido, en el que se le atribuye a unos símbolos ya disponibles otras significaciones que las suyas normales o canónicas". (Castoriadis en Colombo, 1989: 42-43) Pero podemos decir que el imaginario no sólo es inventado sino que también forma parte de una construcción social de la realidad que es vivida como natural, incuestionable y es hasta inpensable para quienes están inmersos en ella. Dicho de otra manera, es una realidad mítica. Nos relacionamos con los homosexuales de acuerdo a imágenes que son un producto social.
Plan de trabajo
Realizamos una encuesta dirigida a la población en general mediante un muestreo estratificado. De acuerdo al tratamiento que recibieron en el transcurso del trabajo, agrupamos las variables que consideramos relevantes en tres tipos:
[1] Estratificadas: Sexo y Edad. La muestra fue diseñada de forma tal que reprodujera la composición por sexo y edad de la población de Montevideo. La proporción se obtuvo según datos que proveyó el Instituto Nacional de Estadística.
[2] Heterogéneas: Barrio y Nivel educativo. Se garantizó la heterogeneidad de la muestra. Los barrios abarcados fueron Unión, Malvín, Prado, Pocitos, Malvín Norte, Euskalerría, Sayago, Nuevo París, Centro, Tres Cruces, La Teja, Brazo Oriental, Paso de la Arena, Buceo, Parcque Guaraní, La Blanqueada, Goes, Paso Carrasco, Partque Batlle, Cerrito, Punta Carretas, Cordón, Parque Rodó, Punta Gorda, Colón, Ideal y Carrasco.
[3] De Control: Son variables que, al momento de seleccionar a los encuestados, no se tuvieron en cuenta. No obstante, se midieron mediante preguntas en el formulario y los datos así recabados se utilizaron durante el análisis. [5] si el encuestado afirma que tendría un amigo homosexual, [6] si conoce homosexuales y qué grado de intimidad tiene con ellos y, [7] si el formulario en general expresó o nó puntos de vista homófilos y/o homófobos.
Primera pregunta
Partimos de una pregunta abierta: "¿Cómo describiría ud. a una persona homosexual?". Surgieron los siguientes tres tipos de respuestas.
A partir de estos datos podemos decir que la imagen que tiene la población en general del homosexual hombre es notoriamente negativa; los homosexuales son "mal vistos". La atribución de características negativas fue la manera más frecuente de ver a los homosexuales. Pero esta opinión negativa no es monolítica, sino que incluye varias "lentes" a través de las cuales ver al homosexual. Las características negativas quedaron distribuidas de la siguiente forma:
Dentro de esta distinción, la descripción más frecuente es el "intergénero". Probablemente aquello que hace que el heterosexual se sienta agredido por la existencia de homosexuales, esté relacionado con ver al homosexual como una persona que, siendo biológicamente -en este caso- hombre, asume características "del otro género". Ejemplos tomados de la encuesta, que hacen referencia al "intergénero" son los siguientes:"…creo que el homosexual tiene una lucha interior entre dos sentimientos, de hombre y de mujer…" y "te das cuenta porque se parecen a una mujer."
En esta perspectiva, el rechazo al homosexual está más que nada relacionado con una parte de nuestro conocimiento mítico que llamamos el "mito del género": "El mito del género es uno de los mitos centrales de nuestras sociedades heterocentradas. En las sociedades patriarcales, este mito regula aquella parte de la distribución del poder que tiene que ver (mediatamente) con los sexos: lo femenino y lo masculino. El mito del género nos hace ver la división tradicional entre hombres y mujeres como natural, universal y necesaria […] incluye un estatus sociocultural que consolida el poder del hombre y desestimula o impide la competencia femenina." (Muñoz, 1996: 42-43) Para nuestra sociedad, la homosexualidad es una peculiar interpretación de este mito, al punto que podemos hablar de una categoría de "intergénero". Para estos encuestados que creen que los homosexuales son hombres que asumen características femeninas, el homosexual está precisamente "degradando" el rol de género masculino, nada menos que pareciéndose a una mujer!
La segunda opinión en frecuencia dentro de las características negativas percibidas fue que la homosexualidad constituye una "patología" o "problema psicológico" (32.5%). Debemos aclarar que este punto de vista, que llamamos "medicalización" no se identifica con el punto de vista médico actual, sino que el nombre hace referencia a su origen en textos médicos y clínica del siglo pasado y principios de este siglo. Por un proceso disciplinatorio que podemos llamar "medicalización de la sociedad", observamos que una simplificación del conocimiento médico del novecientos se ha transformado en nuestro "sentido común" actual. Según dice Barrán en su análisis sobre el disciplinamiento médico a principios de siglo, "los médicos fomentaron la obediencia ciega, sobre todo si se trataba de pacientes pertenecientes a los sectores populares, pues, si por ser 'ignorantes' eran proclives a la rebeldía, por ser pobres carecían de poder social" (1992: 218)
Con respecto a este enfoque médico, Muñoz dice que "para poder crear a la homosexualidad como objeto de discurso médico, debía transformarse en una 'entidad objetiva' y a la cual podía atribuirse causas fisiológicas: hasta 1974, fecha en que la OMS retiró a la homosexualidad de su lista de enfermedades, la medicina constituyó un discurso naturalista sobre el tema." (Muñoz, 1996:130) No obstante lo cual, uno de cada tres encuestados entendió que el homosexual es un enfermo.
Las dos últimas categorías ("corrupción-degeneración" y "llamar la atención"), resultaron con los porcentajes más bajos (15% entre ambas) y pueden relacionarse al punto de vista que llamaremos "demoníaco": "El enfoque demoníaco sobre la homosexualidad se relaciona históricamente con el predominio de la iglesia en tanto institución tradicional para la puesta en discurso del control sobre el sexo […] el enfoque demoníaco tradicional presuponía el albedrío del 'poseído', es decir que el homosexual optaba por su propio vicio. Si existe la decisión, existe la tentación. Una definición que implique la 'tentación' tendrá todavía una última consecuencia: la homosexualidad es contagiosa." (Muñoz, 1996:31-32). Este discurso sobrevivió desgajado de su matriz religiosa; mientras la medicalización ve al homosexual como un enfermo, el enfoque demoníaco ve al homosexual como corrupto y como corruptor.
¿Enfermos o degenerados?: el enfoque demoníaco versus la medicalización.
La diferencia de porcentajes encontrada entre ambos enfoques indicaría que aparentemente el enfoque demoníaco está cediendo lugar frente a la medicalización. Un dato a favor de esta hipótesis es el mayor peso relativo que tienen los mayores en el enfoque demoníaco (al cual los jóvenes no adhieren), frente una adopción más frecuente del enfoque de la medicalización por parte de los adultos.
Recuerdesé que aunque suavizada, la medicalización es también discriminatoria, porque no se ha adecuado al actual discurso médico y no define a la homosexualidad como una orientación sexual, sino como una "enfermedad". El cambio no se trasladó al sentido común y el constructo de la homosexualidad como enfermedad se mantiene anacrónicamente. Un último comentario; esta estructura conceptual de la homosexualidad como "enfermedad" ayuda también a sostener la teoría del intergénero. Una de las características de aquel discurso médico tradicional fue aplicar el evolucionismo derivando una concepción de la homosexualidad como involución: un "recuerdo" del hermafroditismo primigenio presente en invertebrados como los caracoles.
Las características neutras
Las opiniones contenidas en las categorías "normales" y "relacionamiento con el mismo sexo" son relativamente parejas. Surge la pregunta de si esta actitud "neutra" no será en realidad una homofobia "encubierta", porque una cosa es ser homófobo y otra tener un discurso abiertamente homófobo. Algunos encuestados simplemente omiten los adjetivos al decir "relacionamiento con el mismo sexo". Sin embargo, si observamos la relación existente con la clasificación de encuestados según si manifestaron o nó algún tipo de actitud homófoba en el correr de la entrevista, éste sólo sería el caso de un 30.76% de quienes manifestaron "relacionamiento con el mismo sexo" y 25% de quienes manifestaron que los homosexuales son normales. Por este motivo decidimos entender estas opiniones "neutras" como una expresión -las más de las veces- "pro-homosexual". El hecho de que los mismos formularios pueden mencionar también características negativas no es una contradicción, solamente significa que el discurso de gran parte de los encuestados es "polifónico".
Las características positivas
Con respecto a las características positivas, "lo homosexual" está caracterizado tan negativamente que, cuando mencionamos aspectos positivos, éstos no se subclasifican en puntos de vista diferenciables. Las características positivas percibidas ("sensibles", "limpios", etc.) sólo aparecen en un 15% de la muestra.
Segunda pregunta
Ante la pregunta ¿Hay diferentes tipos de homosexuales, cuáles? vimos que la imagen del homosexual no sólo es negativa sino estereotipada: uno de cada tres encuestados percibe a los homosexuales como una categoría homogénea: o bien explicita que son todos iguales (20%: "homosexual es uno sólo"), o bien no supo nombrar ningún tipo de heterogeneidad posible (10%). El resto de los encuestados (70%) supo distinguir entre por lo menos dos tipos de homosexuales. Lo cual no significó que estos encuestados no tuvieran imágenes estereotipadas del homosexual: la mayor parte de las distinciones es derivable de alguno de los tres enfoques antihomosexuales mencionados arriba (transgénero, medicalización, demonización). Las categorías son:
Las categorías -que no fueron diseñadas a priori, sino que proceden de los datos empíricos- no son categorías excluyentes: cada encuestado puede ver más de una sub-clasificación posible. De acuerdo al punto de vista que expresan y a su comportamiento según las distintas variables independientes, podemos distinguir por lo menos tres bloques de tipologías: [1] uno que responde claramente al enfoque demoníaco (degenerado-no degenerado); [2] las tipologías más clásicas (activo-pasivo, afeminado-no afeminado) derivadas del modelo latino y vinculadas a la idea del intergénero; [3] los puntos de vista que se oponen a la idea del intergénero y que llamaremos "estrategia de la heterogeneidad" (diferenciar entre travestis y gays, homosexualidad masculina y femenina, homosexual manifiesto-reservado); y dos tipologías que no agrupamos: [a] según el grado de distanciamiento de la heterosexualidad y [b] homosexualidad heredada y adquirida.
La estrategia discursiva de la heterogeneidad
El bloque que se manifiesta en mayor porcentaje (57.14%) dentro de los encuestados es el bloque [3], correspondiéndose con una estrategia discursiva (en sentido de Foucault) que se opone a la visión tradicional del intergénero. Esta relativización del intergénero es dada por tres tipologías diferentes:
a) la tipología "reservado versus manifiesto" (35.71%) constituye el opuesto lógico de "degenerados- no degenerados". Ambos casos indican la heterogeneidad, pero con el énfasis opuesto: mientras el otro enfoque enfatizaba que hay homosexuales degenerados, aquí se enfatiza que hay "los que son pero no se manifiestan", "gente que lo disimula más", "el que pasa desapercibido". Es un punto de vista más femenino que masculino (40.9%-30%), joven (46.15%-36.84%-20%), sólo presente entre quienes afirman que "tendrían" amigos homosexuales (100%), más frecuente cuanto más intimidad con homosexuales se tiene (amigos: 50%, conocidos: 38.88%, no conoce: 25%) y que aumenta con el nivel educativo (12.5%-36.36%-50%).
b) la dualidad travesti-gay (26.19% de los casos) hace énfasis en que no todos los gays son como los travestis: "malos"! ("el que guarda el aspecto más masculino y el travesti"). Siguiendo el mismo patrón, esta dualidad integra una visión algo más común entre las mujeres (31.81-20%), entre los jóvenes (38.46%-26.31%-10%), homófila (100%), sin patrón claro según grado de intimidad y educada (0%-13.63%-66.66%).
c) la dualidad homosexualidad masculina- homosexualidad femenina (14.28%) representa a los pocos encuestados que perciben la existencia de las mujeres homosexuales. Incluimos este punto de vista en esta estrategia anti-inter-género porque, frente a la tesis de que hay hombres y mujeres por un lado, y homosexuales como un intergénero, especifica en cambio que existen hombres y mujeres heterosexuales y hombres y mujeres homosexuales. Es un punto de vista muy predominantemente femenino (22.72%-5%), joven (23.07%-15.78%-0%), prohomosexual (100%) , directamente relacionada al grado de intimidad que se tiene con homosexuales (6.25%, 16.66%, 25%) y educado (0%-9.09%-33.33%)
El modelo latino
El segundo bloque por frecuencias (35.71%) es el modelo latino. Dentro de este bloque [2] tenemos la distinción entre "afeminados y no afeminados" (21.42%) y entre "activos y pasivos" (16.66%). Como subproductos del modelo latino, la primera distinción reproduce la estructura normativa de la pareja heterosexual tradicional, destacando que hay hombres "delicados", "con posturas del sexo opuesto", "aquellos que se les nota", "amanerados". Es un punto de vista más frecuente en los hombres (18.18%-25%), no presenta tendencia clara según la edad o el nivel educativo (luego veremos que el intergénero es el estereotipo más resistente a cualquiera de las influencias que mitigan la homofobia), antigay (14.7%-50%) e inversamente correlacionado al grado de intimidad con homosexuales (31.25%, 22.22% y 0%).
La distinción entre activos y pasivos es también una extrapolación del modelo heterosexual tradicional y es claro que hace referencia al rol desempeñado en el acto sexual. Es un punto de vista más frecuentemente masculino (4.54%-30%), sin clara tendencia según la edad o el nivel educativo, antigay (24%-14.7%), e inversamente correlacionado al grado de intimidad (18.75%, 16.66% y 12.5%).
El monstruo homosexual
El tercer bloque según frecuencias es el bloque [1], que se presenta en la forma de la dualidad degenerado-no degenerado (16.66%), tuvo en la práctica el efecto de presentar el punto de vista demoníaco: "unos con buen comportamiento y otros desfachatados", "los putos y los reputos, unos son mesurados y otros son descarados". El efecto de sentido fue siempre hacer alusión a las conductas que se entienden como exageradas, chocantes, molestas: "unos boca sucia, atrevidos y otros más tranquilos". A diferencia de la estrategia de la heterogeneidad, ésta es una visión más masculina que femenina (20%-13.63%), aumenta con la edad (0%-26.31%-20%), es más común entre quienes manifiestan que no tendrían amigos homosexuales (25%-14.7%), sin patrón claro según el grado de intimidad y va desapareciendo a medida que aumenta la educación (25%-22.72%-0%).
Otras tipologías:
La tipología según el grado de distanciamiento de la heterosexualidad (11.1%) implica en todos los casos la consideración de la bisexualidad. Es un punto vista predominantemente masculino (15%-9.09%), joven (15.38-10.52-10%), presente tanto en los formularios neutros ("los que también les gustan las mujeres") como antigays ("los que tienen dos marchas, casados con hijos y sus cosas por ahí") [11.76%-12.5%], directamente correlacionado al grado de intimidad (6.25%, 11.11%, 25%) sin patrón claro según nivel educativo.
La última tipología (heredada y adquirida) aparece sólo en un 4.76% de los casos, y no derivamos conclusiones debido al bajo número de casos.
Tercera pregunta: ¿De dónde sacó su información sobre la homosexualidad?
Aquí cabe introducir una distinción teórica entre los siguientes tres términos: información, desinformación, malinformación. Diremos que se tiene "información" cuando se satisfacen criterios empíricos de veridicción. Por "desinformación" nos referimos a la ausencia de predicados acerca del tema en cuestión. "Malinformación" serán aquellos contenidos que al ser sometidos a dicha "veridicción" no cumplan con los requisitos intersubjetivos para decir -en una determinada sociedad y momento histórico- que constituyen un conocimiento exacto y "verdadero".
Ahora bien, el 97% de la muestra declaró poseer alguna información sobre la homosexualidad. Nos parece mucho más adecuado hablar de "malinformación". Como ejemplos de "malinformación" son ilustrativos los siguientes: "Pienso que la homosexualidad es una sola pero se puede usar de diferentes formas", "el homosexual occidental uruguayo, puede que tenga un tipo de movimiento extraño", "el que tiene el objeto sexual desviado", "nunca pensaba que podía haber cosas como una distorsión del sexo", "es el resultado de una causa que puede deberse a numerosos factores", "persona normal con ciertos caracteres que delatan su cambio de sexualidad".
En general, las dos principales fuentes de "información" invocadas fueron "de verlos" y "a través de los medios de comunicación". Una reflexión sobre la "especularidad" del estigma; si un 76% de los encuestados que no conocen homosexuales, declaró saber sobre ellos "de verlos"; ¿cómo pudo determinar que lo que estaba viendo era un homosexual? Es esperable que se haya guiado por la malinformación que brinda el estigma; reconoció como homosexuales solamente a aquellos que cumplen con los requisitos de lo que pensaba que un homosexual es, y los "datos" así producidos funcionan -a su vez- como confirmación del mismo criterio! El resultado de este proceso son afirmaciones como la siguiente: "yo los reconozco a la cuadra".
En segundo lugar, el 32.75% de la muestra afirma haber aprendido sobre la homosexualidad por televisión: "¿De dónde saco la información sobre la homosexualidad? De la tele." Si una de cada tres personas obtuvo su información sobre la homosexualidad de la televisión, se hace patente el papel decisivo que los medios tienen en la formación de imagen, y la significación causal que podrían tener sobre la homofobia.
El autodidactismo (buscó información específica) y la información obtenida en la educación formal son mucho menos frecuentes y tienen comportamientos parecidos: aumentan a medida que aumenta el nivel educativo.
Finalmente, la fuente mencionada como "opinión propia" ("lo digo por mi cuenta") es poco frecuente (6.89%) y no presenta un patrón claro frente a posibles variables independientes.
Cuarta pregunta: ¿Existe alguna diferencia entre un homo y un heterosexual?
"No la sé definir, pero sé que son diferentes. Como que son dos tipos distintos. El heterosexual es otra línea, pero no sé en qué se basa la diferencia." Hablar de homosexualidad en el mundo contemporáneo es hablar de la construcción discriminatoria de un "ellos" y un "nosotros" con diferencias entendidas como esenciales. Según Muñoz (1996), el término "heterosexual" sólo apareció en literatura médica después que el término "homosexual", lo cual sugiere que la construcción de la homosexualidad fue un paso histórico más en la construcción de la heterosexualidad tal como la conocemos. Un 70% de los encuestados encontró que existen diferencias esenciales, aunque un 21.42% de ellos no supieron nombrar ninguna diferencia específica.
Veamos ahora qué pasa dentro del grupo que sí encuentra diferencias. Las diferencias que sí fueron nombradas apuntan a construir un homo-sexual, un tipo de ser humano diferente de "nosotros" y cuyas características (sexuales o nó) se basan en su sexualidad:
Las diferencias mencionadas pueden agruparse en tres bloques:
(1) Primer bloque (52.37%): El homo-sexual. La primera y la tercera categorías conforman al homo-sexual. La primera categoría ("diferencias según el objeto sexual") entiende simplemente que los homosexuales se ven atraídos por personas de su mismo sexo. Incluye tanto puntos de vista homofóbicos (26.66%) como no homofóbicos (73.34%). La tercera categoría ("diferencias a nivel de la conducta sexual") es especialmente ilustrativa a los efectos de localizar al homo-sexual en el sentido arriba utilizado del término. Como aparece en los siguientes ejemplos:
"En el homosexual el ansia de satisfacción, como no tiene una genitalidad adecuada, provoca una conducta más compleja"
"…el homosexual [es] el que practica los dos sexos, yo los reconozco a la cuadra"
"En el homosexual puede ser que vicios de la niñez se sigan continuando".
(2) El homo-social: Un segundo bloque lo constituye la cuarta categoría ("tipo humano"). Este punto de vista termina de definir las consecuencias [sociales] de la sexualidad diferencial del homosexual: personas que jamás intentarían explicar cómo es un heterosexual pretenden explicar cómo son -socialmente- los homosexuales. Aparte de la estereotipia necesariamente contenida en tal intento, este bloque no representa un punto de vista necesariamente homófobo, sino que responde a puntos de vista tanto homófobos (50%) como neutros (25%) y homófilos (25%):
"…la diferencia estaría en la forma de vestir o gesticulación"
"…los homosexuales masculinos tienen una inclinación y una sensibilidad al arte porcentualmente mayor que el resto de los varones heterosexuales."
"…formas, actitudes, maneras de hablar…"
"Sí, la personalidad es otra. El heterosexual, persona definida, voz definida, gustos seguros, forma más seria de vestirse. Homosexual viste en forma diferente."
"Para mí el homosexual da la sensación de que es más cortés"
(3) Bloque 3: el monstruo homosexual. De la quinta a la novena categorías parecen tener algo en común: un 83.33% de los formularios correspondientes a estas respuestas fue evaluado como expresando algún grado de homofobia. Estas descripciones correspondieron a la formulación del punto de vista demoníaco y de la medicalización de la homosexualidad:
"…y la pareja homosexual no es normal, no sé si son enfermos, pero que no es normal. Por algo la naturaleza le demuestra que no pueden tener hijos."
"No es una pareja normal, por algo dios hizo al hombre y a la mujer, lo otro es anormal"
"Tengo un pedo con eso! Pero creo que el heterosexual es normal y el homosexual es enfermo"
Quinta pregunta: ¿Por qué causa alguien es homosexual?
Uno de los axiomas de la homofobia es que, mientras la heterosexualidad no necesita explicación, la homosexualidad deviene "algo a explicar": un 88.33% de la muestra entiende que existen causas específicas que explican la homosexualidad. Este punto de vista homófobo se expresará con distintas interpretaciones y distintos grados de intensidad. Veamos los tipos de causas aludidos:
Los cuatro (en realidad, tres) tipos de explicaciones representan puntos de vista homófobos, pero -de acuerdo a la adjetivación y actitudes discursivas presentes- se presentan en una gradación:
[1] el ítem "dijo que había causas pero no supo nombrar ninguna" se consideró el punto de vista más homófobo, por ser el más irracional.
[2] las causas "psicológicas" en este caso no se integran a la cosmovisión de la medicalización, sino que representaron el segundo discurso más demonizante, con adjetivos como "deformación de la mente". El homosexual es presentado como un "monstruo", es decir un ser que difiere constitucionalmente del resto de su especie. En el discurso no especializado, el concepto de "mente" suele funcionar como un principio fundante que pretende "explicarlo" todo y que -por esto mismo- no explica nada. Ejemplos de este punto de vista son las respuestas "desviación psicológica", "es un desequilibrio mental" y "una deformación de la mente".
[3] Las causas sociales descargan en algo al homosexual porque "la culpa la tuvo la sociedad". Pero seguimos refiriéndonos a un tipo humano proveniente de estratos marginales: al igual que sucede con la indigencia, el homosexual no es culpable, pero su presencia es molesta y el fenómeno en sí "es" un problema. Este ítem obtuvo el porcentaje más alto, haciendo especial énfasis en la historia personal (relación con los padres, hacinamiento, alcohol, drogas, "criado en un ambiente en las que esas cosas se ven como corrientes", sobreprotección de la madre). Una característica esencial de este punto de vista es que la homosexualidad es contagiosa.
[4] Este punto de vista alude principalmente a factores genéticos u orgánicos innatos, sin mucha especificación ("hay algo anormal en el organismo", "viene en los genes de las personas"). Cuando se especifica, se alude a un patrón hormonal diferencial. Una vez más, nos enfrentamos al discurso médico de principios de siglo en versión simplificada. El enfoque "naturalista", al atraer la idea de patología, es -en general- el que moldea las formas más actuales de la homofobia. Sin embargo, a los efectos de las causas atribuidas, es el que representa un enfoque más compasivo: el homosexual ya no es malo, ni es un problema social; es un enfermo.
Una fundamentación de esta gradación que no se basa en el contenido de los enfoques es la que surge de cruzar esta pregunta con el grado de homofobia atribuido a los formularios: el "no especifica" tiene un 100% de formularios evaluados con algún discurso homófobo, las causas "psicológicas" 66.66%, las causas sociales 44% y el enfoque naturalista sólo un 30%.
Sexta pregunta: ¿Tiene amigos homosexuales?
A la hora de relacionarse con otras personas, es importante para las mayorías saber si tratan con hetero u homosexuales. Ya vimos que la imagen dominante sobre éstos últimos es predominantemente negativa. Esto va a traer -supusimos- prejuicios a la hora de entablar relaciones interpersonales. Como lo confirma el siguiente cuadro:
Casi la mitad de los encuestados no conocen homosexuales personalmente. El "principio de la inexistencia" es parte de la cultura homófoba y hace posible que muchos heterosexuales no conozcan (o más bien, crean no conocer) homosexuales en el transcurso de toda su vida:
"La homofobia funciona en principio negando que la homsexualidad exista: 'eso no es parte de nosotros', 'acá no hay homosexuales', 'mi hijo no puede ser homosexual'. El presupuesto en nuestra sociedad -y en otras- es que 'todos somos heterosexuales.' Cuando nos presentan a una persona asumimos que es heterosexual, a menos que tengamos motivos para 'sospechar' que es 'raro'." (Muñoz, 1996:22)
Pero nuestra concepción de la homosexualidad incide no solamente sobre el mero hecho de conocerlos, sino también sobre el tipo de relacionamiento que entablamos con ellos. Entre la mitad que sí declaró conocer homosexuales, sólo el 18.33% llega a considerarlos amigos.
Septima pregunta: ¿Tendrías amigos homosexuales?
Esta pregunta brindó un primer marcador aproximado de homofobia; sin duda alguna quienes afirmaron que no tendrían amigos homosexuales son homófobos en un grado significativo.
La posición de los encuestados que afirmaron que "tendrían" amigos homosexuales es de más complicada interpretación. Sobre todo si comparamos este porcentaje (83.33%) con el que efectivamente tiene amigos homosexuales (18.33%). Esta enorme distacia -la relación es 5 a 1- no parece explicable meramente por contingencias y oportunidades reales que enfrentó cada encuestado. Tendemos a pensar que el responsable de esta distancia es en gran parte el doble discurso: no tenemos estrictamente un medidor de "homofobia", sino un medidor de "discurso homofóbico explícito". Nadie quiere decir cosas que lo hagan parecer intolerante. Como prueba de esto, si cruzamos esta variable con el "punto de vista frente a la homosexualidad" de cada formulario encontramos que, dentro de quienes dijeron estar bien dispuestos a hacer amigos homosexuales, un 38% evidenció algún grado de homofobia.
Punto de vista sobre la homosexualidad: "nos están invadiendo"
Esta variable se constituyó a posteriori, luego de la aplicación de la encuesta. Sus valores posibles fueron:
[a] punto de vista homófilo: aquellos formularios que, a lo largo de la encuesta expresaron explícitamente alguna opinión de simpatía con respecto a los homosexuales:
"a mí no me molesta para nada", "amables y sensibles", "no te molestan porque son muy buenos", "no los discrimino porque no lo veo raro", "son buena gente", "merecen el mismo respeto que los demás", "limpios", "muy buenos compañeros y muy competentes", "perfumaditos y bien vestidos", "son gente bien".
[b] punto de vista neutro: aquellos formularios que no expresaron simpatía ni hostilidad frente a los homosexuales.
[c] punto de vista homófobo: aquellos formularios que expresaron en forma explícita alguna opinión de hostilidad con respecto a los homosexuales:
"me da asco, no lo soporto, porque la mujer tiene otra misión sobre la tierra", "…y por un degeneramiento se convierte", "caminan raro", "tienen rasgos raros", "son corruptos, degenerados, quisiera que no hubiera en el mundo", "es una deficiencia", "vicios de la niñez", "eso no tendría que existir", "tienen el sexo invertido", "son ácidos, están devolviendo la agresión", "cuando lo mirás te contesta una grosería", "son todos iguales", "son masoquistas", "nos están invadiendo".
La clasificación no fue excluyente: basándonos en el concepto de Bajtin (z) de "polifonía", entendimos que un mismo discurso puede expresar simultáneamente varios puntos de vista. O sea, el mismo encuestado que afirmó que los homosexuales "son prolijos", podría manifestar que "tienen la mente desviada".
Se distribuyeron de la siguiente manera:
Esta gráfica nos estaría dando una información más precisa que la anterior: mientras que sólo un 16% de la muestra afirmó que no tendría amigos homosexuales, los encuestados que evidenciaron algún punto de vista homófobo a lo largo de la entrevista ascienden al 50%.
Conclusiones:
[A] Los encuestados están en condiciones de brindar una descripción detallada de "cómo es" un homosexual.
[B] Los encuestados tienen mayoritariamente una visión negativa de la homosexualidad, en la cual predominan, en orden decreciente, los siguientes tres enfoques:
1. El "intergénero": un homosexual no es totalmente hombre ni mujer sino "algo en el medio".
2. La medicalización: el homosexual es un enfermo. La simplificación del conocimiento médico del novecientos se ha transformado en el "sentido común" actual.
3. El enfoque "demoníaco" (el homosexual como pecador) sobrevivió desgajado de su matriz religiosa, cediendo lugar frente a la medicalización.
[C] La imagen del homosexual no sólo es negativa sino estereotipada y, cuando se distingue entre "tipos" de homosexuales, algunas tipologías se derivan de dos de los enfoques más homofóbicos mencionados arriba:
1. una tipología respondió claramente al enfoque demoníaco (degenerado-no degenerado );
2. las tipologías más clásicas (activo-pasivo, afeminado-no afeminado) vinculadas a la idea del intergénero; y
3. otros puntos de vista que se oponen a la idea del intergénero y que llamamos "estrategia de la heterogeneidad" (diferenciar entre travestis y gays, homosexualidad masculina y femenina, homosexual manifiesto-reservado)
[d] El 97% de la muestra declaró poseer alguna información sobre la homosexualidad. Las dos principales fuentes de "información" invocadas fueron "de verlos" y "a través de los medios de comunicación". Se hace patente el papel decisivo que los medios tienen en la formación de imagen.
[E] Si un 76% de los encuestados que no conocen homosexuales personalmente declaró saber sobre ellos "de verlos"; ¿cómo pudo determinar que lo que estaba viendo era un homosexual? Es esperable que se haya guiado por la información que brinda el estigma: más que de "desinformación" es adecuado hablar de "malinformación".
[f] La mayor parte (70%) de los encuestados encontró que existen diferencias esenciales entre homo y heterosexuales.
[G] Las mencionadas diferencias entre homo y heterosexuales percibidas por los encuestados construyen un "homo-sexual" o un tipo humano basado en su sexualidad.
[H] Dicho constructo se presenta en tres niveles: 1. El homo-sexual (sexualidad diferencial que afecta la totalidad del homosexual) 2. El homo-social (que termina de definir las consecuencias [sociales] de esta sexualidad diferencial, y 3. el "monstruo homosexual" (que especifica al homosexual como pecador o como enfermo).
[I] Mientras la heterosexualidad no necesita explicación, la homosexualidad deviene para los encuestados "algo a explicar". La mayor parte de los encuestados estuvo en condiciones de dar una descripción específica de las causas de la homosexualidad:
[1] Las causas sociales: casi el 70% descargan en algo al homosexual porque "la culpa la tuvo la sociedad". El homosexual proviene de estratos marginales: no es culpable, pero su presencia es molesta y el fenómeno en sí "es" un problema.
[2] más de un 50% manifiesta un enfoque "naturalista": el homosexual ya no es "malo", ni es un "problema social"; es un enfermo.
[3] algo menos del 25% arguyeron causas "psicológicas" (en este caso no en el sentido de la medicalización, sino más demonizante, con adjetivos como "deformación de la mente").
[J] Casi la mitad de los encuestados no conocen homosexuales personalmente y entre la mitad que sí declaró conocer homosexuales, sólo el 18.33% llega a considerarlos "amigos".
[K] Un 16.66% afirmó que no tendría amigos homosexuales.
[L] Existe en la mayoría de la muestra un doble discurso sobre la homosexualidad:
1. Si comparamos el número encuestados que afirmaron que "tendrían" amigos homosexuales (83.33%) con el que efectivamente tiene amigos homosexuales (18.33%), la relación es 5 a 1 y evidencia un doble discurso. Por otra parte, dentro de quienes dijeron estar bien dispuestos a hacer amigos homosexuales, un 38% evidenció algún grado de homofobia durante la entrevista.
2. Mientras que sólo un 16% de la muestra afirmó que no tendría amigos homosexuales, los encuestados que evidenciaron algún punto de vista homófobo a lo largo de la entrevista ascienden al 50%.
| Referencias:
Barrán, José Pedro (1992): Medicina y Sociedad en el Uruguay del Novecientos. Tomo 1: El poder de curar. Montevideo, Banda Oriental. Behares, Luis E. (1989): Subcultura homosexual en Montevideo. En Relaciones nº 64 pp. 20-21. Colombo, Eduardo (1989): El imaginario Social. Nordan/Tupac, Montevideo/Buenos Aires. Castoriadis, Cornelius (1989): La institución imaginaria de la sociedad. En Colombo, Eduardo: El imaginario Social, págs 27-55. Nordan/Tupac, Montevideo/Buenos Aires. Foucault, Michel, (1978/76): The History of Sexuality, volume 1: An Introduction. Vintage, New York. Foucault, Michel, 1969: L'Archéologie du Savoir. Gallimard, Paris. Muñoz, Carlos B. (1993): Uruguay Homosexual: Cultura, minorías y discriminación desde una sociología de la homosexualidad. Trilce, Montevideo. Murray, Stephen O. (1987): Homosexualidad en las culturas. En Relaciones nº 40, págs. 15-17. |
| Alteridades
Artículos publicados en esta serie: (I) Las otras del "otro
sexo" (Rita Gutiérrez-Ros, Nº 118)
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