frontera

Palabras en juego… de palabras

Pánfilo Estoup

Poco después de la muerte de José Enrique Rodó (en Palermo, 1917), altas autoridades oficiales uruguayas, que bien poco se habían preocupado por la silenciosa agonía del escritor en un hotel siciliano, sí lo hicieron por sus pertenencias. En particular por sus papeles, que es fácil imaginarnos caóticamente dispersos, o desordenadamente apilados en el escritorio del bohemio "Maestro de América", hoy tan postergado por la mayor parte de los ensayistas y críticos contemporáneos.

Al parecer, nada extraordinario se encontró allí. Por lo menos, nada digno de una publicación póstuma. Pero entre los muchos apuntes y borradores imaginables alguien encontró la "Serenata" que más abajo reproducimos. Lamentablemente no tenía firma ni anotación alguna que pudiera servir de pista para identificar a su autor. Cabe dudar que lo fuera el propio Rodó. Según lo consigna Pablo Rocca en un excelente artículo aparecido el 20 de junio de 1997 en "El País Cultural" (Memoria de José E. Rodó. Las voces de un crítico y profesor), el maestro sólo había escrito "algunos poemas, género en el que no volverá a recaer" en ocasión de compartir con Víctor Pérez Petit y los hermanos Martínez Vigil, entre 1895 y 1897, la dirección de la Revista de Literatura y Ciencias Sociales.

Ignoramos si esta original composición -que cumple estrictamente con las normas propias del arte poética en cuanto a métrica, ritmo y asonancia- fue publicada alguna vez. De cualquier manera, parece injusto mantenerla, también a ella, en el silencio y el olvido.

Sin otra pretensión que suscitar un momento de diversión y sonrisas pasajeras, la Serenata añade una novedosa infracción a las muchas que, con mayor o menor felicidad, el común de los hispanoparlantes han cometido (como ocurre con todos los que se hablan en el mundo) contra el lenguaje oficial, consagrado y presuntamente custodiado por la Real Academia. Sólo que sin profusión alguna, al contrario de lo sucedido con las innovaciones adeudadas al desgaste, al contagio de lenguas vecinas, a la inmigración multinacional o a las deformaciones introducidas por los delincuentes con el lunfardo -habla de ocultación-, por los letristas de tangos con el vesrre o por los niños con el "jeringoso".

Es una pena que no cundan en el lenguaje popular hallazgos tan hermosos como los que ofrece este frondoso cúmulo de trasposiciones, tales como en tinieblo de las medias, angustiar mis calmas o friando de tirito, entre otras asombrosas combinaciones que aparecen con toda puntualidad en cada verso.

Tanta es la pena que, con las lágrimas llenas de ojos, ahora sólo atinamos a dar vieja novedad a este paso.

SERENATA

Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que albando la toca
las altas suenas campanan;
y que los rebuznos burran,
y que los gorjeos pájaran
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidas viertas
cual yo lágrimo derramas
y friando de tirito
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.
Tú en tanto duerma tranquiles
en tu rega camalada
ingratándote así burla
de las amas del que te ansia.
¡Oh, ventánate a tu asoma!
¡Persiane un poco la abra
y suspire los recibos
que esta pobra exhale alma!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
que un milicio de musicas
me flauta con su compaña,
en tinieblo de las medias
de esta madruga oscurada.
Ven y haz miradar tus brillas
a fin de angustiar mis calmas.
Esas tus arcas son cejos
con que flechando disparas.
Cupido peche mi hiero
y ante tus postras me planta.
Tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son como labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla,
tu cisne como el de un cuello,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de un anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar junto a tus cantas
¡y a suspirar mis exhalos
ventano de tus debajas!




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