Serie: La Comunicación (XXI)

PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

Antonio Larronda y Pablo Solari

El periodismo de investigación supone, por sus características intrínsecas, un polémico y conflictivo encuentro con la "verdad" oculta, por lo que, teniendo en cuenta los principios y valores universales del periodismo, decimos que no siempre se investiga y publica lo necesario.

"Yo vivo de preguntar, saber no puede ser lujo"

"Escaramujo", de Silvio Rodríguez.

Saber y Poder. ¿Acaso dos aspectos inseparables en la era del conocimiento y la información? La realidad indica que sí lo son, al punto que podemos entender a uno como causa del otro. Saber y Poder, o lo que es igual: el poder de saber, y también, el poder de no hacer saber, causa de la peor censura: la propia.

Mucho se ha hablado y escrito sobre el alcance de los medios masivos de comunicación, de acuerdo con el grado de condicionamiento que, según algunos, poseen sobre la sociedad. Todos coinciden sin embargo en que, más allá de lo determinante que sean o no estos medios, lo importante es qué hacen y cómo utilizan el poder comunicacional que poseen. En este contexto, el periodismo se vuelve una de las herramientas sociales más conflictivas, capaz de despertar relaciones no tanto de amor y de odio, pero sí de aceptación y de rechazo. El periodismo de investigación (como un subgénero) es objeto de múltiples presiones y controles que impiden su deseable desarrollo, al punto de terminar, no pocas veces, en una hoja en blanco.

Pero sin perjuicio de intereses creados y debates institucionales, importa conocer los pormenores de este apasionante pero peligroso género del periodismo.

¿Qué es el periodismo de investigación?

Hablar de periodismo supone, inevitablemente, hablar de investigación. No existe actividad periodística alguna que no implique cierta investigación previa, por mucha o poca que ésta sea. Existe sin embargo un género, dentro del periodismo, que por sus características particulares se ha dado en llamar periodismo de investigación o investigativo, lo cual no implica que esta característica le sea exclusiva. Si bien tiene elementos comunes a otros géneros, posee algunos propios que lo distinguen. Su objetivo principal consiste en develar una verdad que, por su gravedad y compromiso para su o sus protagonistas, se intenta mantener oculta, lo que constituye, su más destacada peculiaridad y causa natural de su conflictiva existencia.

El periodista español Pepe Rodríguez (especialista en la disciplina, autor y docente) entiende pertinente diferenciar entre el periodista "informador" y el "investigador". Sin pretender establecer un criterio de valoración, distingue entre aquel profesional que "con las técnicas habituales, elabora una información procedente de una fuente atribuible y/o de un hecho, que por su configuración espacial y temporal, estuviese en la superficie de la realidad y apto para ser un valor noticiable e imparable a corto plazo".

Se trata de un periodista que reproduce una información ya generada, tratándose de hechos que, con o sin su participación, igualmente llegarían hasta la opinión pública en un mayor o menor período de tiempo, por su carácter "noticiable", sin grandes conflictos de intereses. Por otro lado, el periodista investigador, sostiene Rodríguez, "será el que, utilizando técnicas habituales de la profesión u otras específicas y/o habitualmente atribuibles a profesiones ajenas a la suya (detective, policía, abogado, historiador, etc.) elabora una información producto de un número indeterminado de fuentes (atribuibles o no) y de un análisis personal de datos, contrastados con mayor o menor eficacia, que le conducen a comunicar una noticia sobre una realidad, que por su configuración y naturaleza, estaba destinada a permanecer oculta durante un período de tiempo indefinido (...), dando a conocer una información que "sin su explícita intervención, nunca o muy difícilmente hubiese podido aflorar". Aquí el periodista investiga un hecho, generalmente incriminable, que de otra manera no habría sido conocido por el público. Se distinguen también ciertas características en las técnicas y métodos de acopio y análisis de la información obtenida, propias del periodista investigador, que no lo hacen ni mejor ni peor, sino distinto.

De esto no se habla

Cualquier tema que por su divulgación supusiera, debido a sus características e impredecibles derivaciones políticas, económicas y sociales, una denuncia (no calumniosa) de un hecho delictivo, o cuando menos irregular, con el consiguiente compromiso del o de los protagonistas ante la sociedad, es objeto del periodismo de investigación. Por lo común se trata de temas eminentemente públicos, por cuanto afectan a gran parte de la población, ya sea de manera directa o indirecta. El de la corrupción parece ser el más común, sobre todo a nivel gubernamental, pero también son objeto de investigación periodística acciones fraudulentas de empresas privadas, actos abusivos para con el consumidor, actividades o conductas personales que no condicen con la responsabilidad atribuida al protagonista, generalmente personaje público, tanto más si fue electo por la ciudadanía. Ante el debate (justificado) acerca de los límites entre vida privada y pública, y la importancia de la primera sobre la última, puede afirmarse que la vida cotidiana en toda su amplitud, es fuente de temas para el periodista de investigación.

 

¿Un periodista especial?

Si bien este género es especial, o especialmente interesante y relevante, el periodista que lo aborda no parece serlo (no es más ni menos llamativo que cualquier otro colega) en cuanto a sus características profesionales, pero sí en sus habilidades particulares, basadas en una muy amplia experiencia y en un más que importante conjunto de conocimientos, tan variados como profundos. Estas cualidades sugieren que quien practica el periodismo de investigación debe ser un profesional con la suficiente experiencia y conocimientos como para saber, entender y analizar cualquier tema que se le plantee o elija. Debe saber cómo funciona el gobierno, una municipalidad, un ente estatal, una empresa, una organización internacional, etc., para averiguar con precisión la existencia de irregularidades que puedan implicar actos ilícitos, o que, siendo legales, supongan un perjuicio para el ciudadano o consumidor, y analizar también las posibles derivaciones legales de los hechos y de su propia investigación. Supone un periodista capaz de entender toda clase de documentos públicos y privados (en el caso de tener acceso a estos últimos), muy hábil como entrevistador y sutilmente inquisidor como para obtener datos que el entrevistado puede dar ignorando su trascendencia. Debe ser intrépido y osado a la hora de inmiscuirse en ambientes potencialmente peligrosos, haciendo gala también, como dice Pepe Rodríguez, de una capacidad de improvisación tal que "puede ser la única esperanza que nos quede para salir bien librados de alguna situación embarazosa o peligrosa". Es un gran observador, al detalle, de gestos delatores, y posee una provechosa retención de datos e imágenes. Tiene además, como condición necesaria (no suficiente), una importante y extensa lista de informantes (fuentes) que le exigirán, como principal requisito, seriedad, responsabilidad, y no pocas veces discreción y anonimato, condición que debe respetar escrupulosamente si pretende ser confiable para ellos.

Dada la cantidad de información y datos que obtendrá a lo largo de su investigación (que no tiene por qué ser siempre muy extensa) resulta fundamental lo metódico y ordenado que sea en cuanto a su organización, para un correcto análisis y ponderación de lo obtenido y una mayor facilidad para utilizarlo en el momento de comenzar a elaborar el artículo periodístico.

Rendición de cuentas

¿A quién debe rendirle cuentas el periodista de investigación? Esta interrogante encuentra asidero en un conjunto de realidades que interfieren con asiduidad en el trabajo periodístico. Nos referimos por ejemplo al medio de comunicación que contrata al periodista, sea este empleado o no del mismo. ¿Debe investigar sólo aquellos temas que le son encargados por el medio? Esto es: puede haber temas de suma relevancia para investigar, pero por varias razones (que trataremos más adelante) el medio decide no encararlos. Si lo hace, ¿debe estructurar y dirigir la investigación hacia donde y cómo el medio le exija? Puede ocurrir aquí que los objetivos del periodista no coincidan con los del medio al emprender la investigación. ¿Debe ser entonces independiente del medio que publicará su investigación, o debe ceñirse a su perfil y orientación, cualquiera que esta sea? Esto último puede tergiversar la investigación, haciendo que el producto diste mucho de lo originalmente planificado por el periodista. ¿Tiene acaso el apoyo irrestricto de parte del medio? Debe asegurarse de esto, pues puede ocurrir que ante una reacción negativa del sujeto o entidad investigada, el medio entienda necesario deslindar responsabilidades. Estas cuestiones pueden tener tantas respuestas como medios existan, lo que determina la investigación desde el tema hasta sus objetivos, desde el contenido hasta su estructura; en otras palabras: desde su éxito hasta su fracaso. Puede ocurrir sin embargo que periodista y medio coincidan plenamente en los pormenores de la investigación, ya sea en uno u otro sentido, creando un producto independiente e imparcial o uno intencionalmente subjetivo. En cada uno está la respuesta. Pero sobre todo está en el Público, que es quien juzga el producto final y a quien en definitiva deben rendirle cuentas tanto el periodista como el medio de comunicación. Es a él para quien se investiga, para informarlo de actos que lo involucran de una u otra manera, teniendo como objetivos finales no solo la comunicación de una verdad oculta, sino también la consecución de un posible cambio favorable para la sociedad toda o para parte de ella, lo que puede derivar, en el mejor de los casos, en la creación de normas o leyes que corrijan el error o defecto oportunamente advertido e informado.

Periodismo redituable.

Muchas veces se discute acerca de cuán interesado está el público sobre estos temas y sobre el apoyo que le daría a los artículos de investigación publicados por diarios y revistas, o emitidos por radios y televisoras. Danilo Arbilla, presidente de la S.I.P. y director del semanario Búsqueda, expresó al respecto (en entrevista concedida al periodista Ignacio Alvarez, de la emisora "La nueva 91.9 El Sitio", en el programa "La Cornisa") que el público "no siempre apoya al medio que emprende una investigación de esta naturaleza", haciendo referencia al hecho de que por un lado la exige, pero por otro no la legitima mediante el asiduo consumo del producto periodístico ofrecido. Esta situación, compartida o no, supone, cuando menos, un desafío para los medios y para los periodistas. Cabe la posibilidad de que el público, ávido (sostenemos) de este tipo de periodismo, entienda que no se realiza como debiera, o no lo suficiente, y que de dársele un producto tan imparcial como profundo, tan atractivo como informativo, tan esclarecedor como socialmente relevante, terminará por consumirlo, promoviendo su divulgación y multiplicando un mercado exigente de la verdad responsable y seriamente presentada.

Esto podría significar un triple beneficio: verdad para el público, prestigio para el periodista y quizás rentabilidad para el medio, siempre a sabiendas de que no solo de esto depende su independencia económica.

Fuentes de agua dulce o salada

Por lo dicho anteriormente, el periodista de investigación utiliza su variado "arsenal" estratégico y rescata aquellos datos que lo guían a su objetivo principal: esclarecer las encrucijadas, denunciar actos ilegales o inmorales, mostrar lo oculto, aproximarse a la verdad. Es entonces cuando se vuelve imprescindible una de las herramientas básicas y esenciales para la obtención, recolección y verificación de datos: las fuentes. Todo aquello que aporte datos para una investigación recibe esta denominación: los documentos, las agencias noticiosas, un vecino, un ministro, personas allegadas, etc.: la vida misma es fuente de información. Todo conforma un marco, un contexto situacional de investigación, pero con certeza es la fuente-persona, el hombre, la que se destaca entre las demás, pues aporta datos difíciles cuando no imposibles de obtener de otra fuente. Por tratarse esas fuentes de seres libres, dotados de razón y capacidad para decidir sobre la calidad y cantidad de información brindada, suponen una multiplicidad de implicancias éticas. Consecuentemente son pasibles de cometer errores, voluntarios o no, derivando esto en información parcial o enteramente falible. Quienes intentan obviar esta realidad (el recurso necesario a las fuentes) niegan al periodismo propiamente dicho, recluyendo esta disciplina en un género lindante con la literatura y distante de la crónica, proclive al relato de historias carentes de profundidad investigativa, subvirtiendo el género, para dejar únicamente un periodismo de investigación insulsamente subjetivo. Esto produce un tipo de periodista que cuenta, casi exclusivamente, con sus propios medios y con su suerte para la recolección de información, y que descarta la posibilidad de ahondar y generar un producto que se asemeje y refleje más la "realidad".

Esta aseveración nos acerca a la idea básica del perfil del periodista y sus alcances. Las fuentes constituyen parte esencial en la concreción de su trabajo, y se llega incluso al extremo, en algunos casos, de convivir con ellas, de correr riesgos para hacerse de una información valiosa, que puede transformarse en base de la investigación. Incluso esto es tomado como parámetro para medir el grado de calidad de un periodista, calibrado por la cantidad y calidad de sus fuentes.

Esto nos sumerge en uno de los problemas éticos que afecta a quienes se definen como periodistas: hablamos del otro extremo: el abuso de fuentes en la elaboración de la noticia. Un periodismo basado exclusivamente en relatos de las fuentes, que no investiga, solo transcribe. Como un eco en la mente de los estudiosos, resuena uno de los síntomas que padece el periodismo actual. La proliferación de agencias noticiosas, el auge del flujo de noticias vía Internet, el escaso tiempo para elaborar las noticias, sumado al encarecimiento que reviste una investigación, dan como resultado una profusión y una tendencia acentuada al periodismo informativo, con su carácter exclusivamente testimonial y carente de profundidad: un periodismo "reproductor" y no creador. El riguroso uso de estas fuentes repercutirá en la calidad del producto. Incluso el proceder ético con las fuentes-personas condiciona la cantidad de información extraoficial obtenida, así como su veracidad. Asegurar el anonimato de ellas implicará mayor confianza en el periodista, con todo lo que ello supone en cuanto a la calidad y veracidad de la información. Es que la diferencia entre distintas investigaciones dependerá de su alcance, de su grado de aporte a la sociedad, logrado únicamente por la calidad de su contenido. Si tenemos en cuenta que todos los periodistas tienen acceso al resto de las fuentes, dependerá de la calidad y la relación que mantenga el periodista con sus fuentes-personas el logro de una investigación generadora de cambios, denunciante y educativa para la sociedad.

¿Los medios "justifican" el fin?

"Desde el punto de vista ético, las responsabilidades podrán hacerse valer según la calidad en que actúe el periodista". Consejo de Ética de los Medios de Comunicación de Chile. Dictamen Nº 13: Sobre ética y periodismo de investigación.

Los cambios sociales provocados, entre muchos otros y muy importantes factores, mediante su contribución para generar opiniones, difundir información, controlar (tenuemente) los aparatos del Estado, educar a la sociedad sobre la base de la verdad como deber prioritario, colocan al periodista en una situación comprometida con su entorno. Por encima de los derechos del periodista de saber, y de conocer, está el deber de informar, de entrega hacia quienes legitiman su profesión. Sería prudente hablar primero, entonces, de deontología profesional, para poder situar al periodista en un contexto ético-profesional. Definir sus deberes esclarecerá sus derechos.

Los límites se presentan difusos a la hora de construir su campo de acción, de manera que para definir los parámetros guías es necesario apoyarnos en el para qué se investiga, o mejor aun, para quién, definidos anteriormente. Es en ese contexto que comenzará a formarse una idea concreta de derechos y deberes. Si bien existen códigos de ética en el periodismo que mencionan formas de actuar y límites a los que atenerse cuando se investiga, esos códigos no son precisos y su interpretación es particular. Algunos afirman y dejan en claro únicamente el servicio a la sociedad. Otros, sin embargo, hacen referencia al significado de la profesión del periodista: "dar oportunidad igual a todas las partes", evitando el "soborno en beneficio propio como el soborno en beneficio ajeno", y poniendo énfasis en los fundamentos del buen periodismo: "la claridad de pensamiento y expresión, la veracidad y la equidad". Aquí se plantea la disyuntiva. Una premisa dice relación con la finalidad del trabajo de investigación, el cual aparece en primera instancia como un deber social, respondiendo primeramente a ella. Por otro lado tenemos al periodista como presunto protagonista y epicentro de esa verdad investigada. Apoyándonos en la definición deontológica, concluimos que la primera prevalece por encima de la segunda. El deber fuerza los límites de lo ético. Para esclarecer este punto recurrimos al Código de Ética canadiense: "los periodistas dignos de este nombre deben esforzarse por obtener información exacta", contrastándola con cuantas fuentes sea necesario, procurando así que la información tenga el mayor grado de objetividad posible. Sumado esto a la libertad de prensa, obtendremos un panorama que debiera ser favorable para el trabajo del periodista. Por lo tanto, y a pesar de sus derechos, responde mayormente a sus deberes con la sociedad, y por éstos investiga.

Ahora bien, ¿el fin justifica los medios? Si bien corresponde a cada investigación y a cada investigador definir los límites éticos, se obra siempre siguiendo un código de ética y moral que no vaya en detrimento de la sociedad en general y de los individuos en particular, y su libre desarrollo. Ahora bien: siendo la obligación de informarse un deber social ineludible para el periodismo, puede surgir la posibilidad de acceder a recursos que en ciertas circunstancias son considerados no éticos. Por esta razón, y por las características propias del género y su deber de informar, puede ocurrir que el periodista se vea obligado a modificar su conducta, adaptándose a las circunstancias en pos de una verdad más grave que la falta ética quizás cometida. Un ejemplo podría ser la compra de información, o la divulgación de un dato expresamente confidencial, etc., circunstancias reales que cada quien deberá resolver según su conciencia.

Marco legal. ¿Restricción o amparo?

Queda claro que el periodista de investigación está particularmente expuesto a todo tipo de presiones y consecuencias, por la naturaleza en general denunciadora de su trabajo. Ante semejante situación, hay quienes optan por impedir la publicación o emisión de lo investigado, dirigiéndose a los directores del medio; pero sea cual fuere la respuesta obtenida, muchos llegan incluso a interponer recursos legales por lo que entienden es una difamación y/o injuria en todo sentido. Es aquí donde entra en juego la Libertad de Expresión, Opinión y Difusión de Comunicaciones e Informaciones, consagrada en la Ley 16.099 del año 1989 (Uruguay). Esta ley supone múltiples derechos y libertades, así como deberes y obligaciones, algunos de los cuales, según entienden numerosos periodistas y agremiaciones, pueden implicar, tras un "abuso" de los mismos, cierta restricción a la libertad de prensa. Por ejemplo, el derecho de respuesta que le asiste a quien se siente aludido en una publicación, permite solicitar ante la justicia la posibilidad de publicar sus descargos, en las mismas condiciones del artículo o emisión que provocara dicha reacción. Este ejercicio legal no impide una posterior sanción económica y/o prisión para los responsables del supuesto delito de comunicación, también tipificado en la ley.

Pero ¿cómo determinar si lo dicho por un medio es verdad o mentira, cuando no existe una investigación judicial que compruebe la periodística, no siendo ésta prueba del delito denunciado? Los límites entre verdad y falsedad, distintos según quien los juzgue, pueden causar, en los hechos, una limitación a la libertad de prensa, por cuanto todo producto periodístico puede ser cuestionado, haya o no pruebas de lo dicho. Una "solución" al problema, propuesta por varios países de la región, y ampliamente cuestionada por la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), supone establecer en una ley lo que es y lo que no es verdad, en una suerte de "información veraz" por decreto. Un concepto que, lejos de consagrar la libertad de expresión y de prensa, la coarta y limita. ¿Quién puede decir "esto es verdad y esto no"? ¿Bajo qué autoridad o concepción es esto posible? Aparentemente solo quedó en una iniciativa frustrada.

La SIP expresó en un mensaje de fin de año (diciembre de 2000) que "continúan vigentes o se proyectan normas que atentan contra la libertad de expresión y en muchas naciones los riesgos mayores para esa libertad provienen nada menos que del Poder Judicial", y reclama: "que los gobiernos establezcan garantías para asegurar el libre y pleno acceso de los ciudadanos a la información pública, la erradicación de las leyes de desacato y la canalización en la justicia civil de los delitos de comunicación" (Búsqueda, 4 de enero de 2001).

En todo caso, la responsabilidad y la ética de un periodista y de un medio no puede decretarse por ley. Depende de su conciencia e intencionalidad, que como entendiera la recientemente fallecida Katherine Graham (Presidenta del Washington Post, y responsable del célebre caso de investigación Watergate), debe orientarse siempre a "la simple búsqueda de la verdad".

REFERENCIAS

- "Periodismo Investigativo para Prensa y T.V." – Gaines, William. TM Editores, 1996. Colombia.
- "Ética del Periodismo y la Comunicación" – Lopera, Alfonso. Colección de Periodismo, Universidad de Antioquía, 1990. Medellín, Colombia.
- "Informe 1998 – Extracto: La Libertad de Prensa en el Mundo" – Reporteros sin Fronteras y El País, 1998. París.
- "Periodismo de Investigación: Técnicas y Estrategias" – Rodríguez, Pepe. Editorial Paidós, Papeles de Comunicación 7, 1994. Barcelona.
- Revista Chasqui.
- "Periodismo de Investigación" – Caminos Marcet, José María. Editorial Síntesis, 1997. España.
- "Rastreando las Noticias" – De Dios Corona, Sergio. Universidad del Valle Atemajac, 1998. México.

 

La Comunicación
Artículos publicados en esta serie:

(I) ¿Cuándo es libre la comunicación? (John Keane, Nº 116/117)
(II) Comunicación como servicio público (John Keane, Nº 119)
(III) Recepción televisiva y vida cotidiana (Mario Kaplún, Nº 134)
(IV) La TV: ni impuesta ni amada (II) Las tierras incógnitas de la recepción televisiva (Mario Kaplún, Nº 135)
(V) El "Eco" de la buena onda (Nani Perroni, Nº 136)
(VI) Los juegos de Narciso, Moda y publicidad (Gustavo de Armas Nº 146)
(VII) Poder del televidente (Luis van Tilburg, Nº 147)
(VIII) Discurso político local: cosas del querer (Fernando Andach, Nº 151)
(IX) Ver tevé (Jerry Mander, Nº 152/53)
(X) Comunicación visual (Mariluz Restrepo, Nº 154)
(XI) ¿TV or not TV? (Jerry Mander, Nº 157)
(XII) Público y publicidad (Nani Perroni, Nº 162)
(XIII) La comunicación privada (Patrice Flichy, Nº 164/65)
(XIV) La burbuja comunicacional (Patrice Flichy, Nº 167)
(XV) ¿A qué va la TV? (Jerry Mander, Nº 169)
(XVI) Recuerdos de televidente (Alfonso Lans, Nº 182)
(XVII) TV cable: ¿ser o no ser? (Esteban Perroni, Nº 185)
(XVIII) El crimen en primera (Nilo Batista, Nº 198)
(XIX) Sujeto, tecnología, comunicación (José Portillo, Nº 205)
(XX) El Homo Videns (José Portillo, Nº 207)


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