Serie: Tributos ()

Por una teología feminista

Teresa Porcile

Helena Costábile

El 18 de junio de 2001, a los 58 años, murió la teóloga uruguaya María Teresa Porcile Santiso. De sólida formación filosófica, con fina sensibilidad metafísica, alcanzó la cima de su reflexión en el campo de la teología. Su tesis de doctorado, "La Mujer, Espacio de Salvación. Misión de la mujer en la Iglesia, una perspectiva antropológica" (1991), es un aporte muy significativo, para la propia disciplina teológica y para el pensamiento uruguayo.

Antes de referirnos a lo esencial de su tesis sobre la mujer (que se concentra en los capítulos 3: "La mujer según la antropología bíblica del relato de la creación en el libro del Génesis", 4: "Una teología del cuerpo de la mujer" y 5: "Para una antropología de la mujer: una antropología del espacio"), intentaremos construir un canal de entrada a sus textos. (En adelante, citaremos este libro con la sigla LMES, refiriéndonos a su tercera edición uruguaya -Ed. Trilce, setiembre de 1993).

EL PERFIL FILOSOFICO

1). En "Ser teóloga desde América Latina: urgencia y desafío de ver la salvación desde la mujer" (su ponencia en el Sínodo de "las tres Américas y el Caribe" convocado en Roma en el año 1998), Porcile nos da la pista de su filiación filosófica: "Tal vez una de las grandes tragedias de Occidente, sobre todo a partir del siglo XVI, ha sido confundir lo intelectual con lo meramente racional, relegando a una ‘esfera inferior’ – ‘sentimental y emotiva’ se ha dicho con menosprecio y por ignorancia-, el conocimiento por vía transracional: la visión, la profecía, la intuición o el deseo.

No había sido así la teología del primer milenio ni la teología monástica. La categoría ‘afectiva’ profunda, en el sentido de lo capaz de ‘afectar’, había sido tenida en cuenta como una categoría real del conocimiento de Dios. Había que esperar este siglo para descubrir desde la filosofía la importancia de la intuición y la mística (Bergson), del valor de la persona (Mounier), del deseo (Blondel y Maine de Biran) y de los hallazgos de la psicología, para ver las cosas de otro modo. Había que esperar el nacimiento de la fenomenología (Husserl) para darle carácter ‘científico’, ‘objetivo’, a la descripción, a la narración, al relato (Ricoeur), al "decir", desde los aportes de todas las escuelas de psicoanálisis".

2). Articulado con esta línea filosófica, está su estilo de pensamiento abierto, huidizo de toda rigidez sistemática o definitiva. Ella misma lo aclara en la citada ponencia: "¿Cómo recibir el don de Dios si alguien está lleno de sí mismo? Qué difícil resulta este lenguaje, y sin embargo es el de la misericordia de Dios y no el de la justicia de los hombres. Aprender a decir sí y decir no, discernir en libertad del Espíritu, sin ideologías políticas, teológicas o "espirituales". Porque también hay ideologías espirituales: son las que se erigen en sistemas rígidos y se defienden de los soplos y murmullos del Espíritu."

3). Porcile advierte en LMES (nota 2 del capítulo 3, pág. 162) cuál es su orientación teológica: "Nuestro modo de lectura bíblica se ubica más bien en la línea de la llamada hermenéutica revisionista". Siguiendo a Osiek, Porcile distingue (pág. 58) cinco tendencias dentro de la hermenéutica feminista:

a) el feminismo post-cristiano, que "considera a la Escritura como intrínsecamente patriarcal y por lo tanto, irredimible, y por lo tanto, no la emplea..."

b) la hermenéutica de lealtad de principio, que "estima que la Palabra de Dios no puede ser opresora y por tanto atribuye los posibles errores a las interpretaciones incorrectas".

c) la postura revisionista, que "distingue -dentro del molde patriarcal- lo histórico, que es contextual relativizable, de lo teológico que es más permanente".

d) la hermenéutica sublimacionista, "romántica, que considera, de hecho, un ‘eterno femenino’, exultando con la diferencia. Hace de la mujer algo superior".

e) la postura liberacionista, que "es la más común y extendida dentro de la teología feminista y que centra el mensaje de la Biblia en el llamado a la promoción de la humanidad total. Toma como punto de partida una ‘hermenéutica de la sospecha’. Establece sobre la base de ello un criterio para el reconocimiento de la autoridad de un texto: todo lo que niegue, disminuya o distorsione la liberación de toda la humanidad no representará la Palabra redentora. Crea así una especie de canon dentro del canon".

ADAN Y EVA: LA COMUNICACION DEFINE LO HUMANO

La primera tarea de una hermenéutica feminista dentro de la teología cristiana es la relectura del Génesis. La interpretación común, de alguna manera basada en contextos sociales y no en el texto mismo, interpreta la presencia de Eva en el Génesis con un signo negativo:

- Es segunda en la creación, fue hecha con la costilla de Adán.

- Dios la creó como ayuda para Adán.

- Es ella la responsable de escuchar a la serpiente y, siguiendo su consejo, de tentar a Adán.

- Cuando Dios expresa sus condenas, dice a la mujer que estará dominada por el hombre.

Es indudable que el menosprecio o la "secundarizacion" de la mujer, aunque tuviera causas sociales, recibe un fuerte apoyo de esta manera de entender la Biblia. Siguiendo un camino ya elaborado por la teología feminista, Porcile desmonta esta interpretación, y revaloriza el papel de la mujer en el Génesis.

En primer lugar Porcile pone en claro la identidad de naturaleza entre el hombre y la mujer, y lo asienta en la contundencia del versículo 27 del capítulo 1 del Génesis: "Y creó Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó." Como en el versículo 26: Dijo Dios: "Hagamos al hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza, y dominen en los peces del mar, en las aves del cielo, en los ganados y en todas las alimañas, y en toda sierpe que serpea sobre la tierra", llama la atención en ambos textos el manejo alternado del singular: "el hombre", y el plural: "macho y hembra", "dominen".

Esto es: hay una única naturaleza humana que se expresa en la dualidad de lo femenino y lo masculino. La diferencia está basada en la corporeidad: "macho" y "hembra", y la tarea esencial que Dios da al hombre –en sus dos modalidades- es dominar la naturaleza. Comenta Porcile: "Dios le da la misma tarea a seres humanos iguales en dignidad (de imagen de Dios) pero distintos en su modo de ser y por lo tanto distintos en su relación entre sí, con el mundo y con Dios: esto es lo fundamental. Aquí ha existido y existe la confusión más sutil y más común." Y agrega: "La diferencia entre varón y mujer ciertamente existe: es la diferencia en el orden de la Creación; pero lo que subrayamos es que esa diferencia no afecta al ser, en cuanto a su naturaleza"; y más adelante: "el mandato Dios lo da de manera idéntica a varón y mujer: quiere decir que la diferencia está en el modo de encarnar ese ser imagen; es decir: la diferencia está en la modalidad y no en la función, misión o tarea". (LMES, pág. 156, cursivas de Porcile).

Como se advierte, Porcile se niega a una interpretación basada en la superioridad del varón, pero también se niega a una concepción que no tenga en cuenta lo específico de la mujer, a partir de su cuerpo pero no restringida a su cuerpo. Pretende "una antropología dual e inclusiva", de la que es un reflejo esta esclarecedora cita: "En la medida en que esto se entienda se podrán aceptar las diferencias sin que eso suponga ni una subordinación de la mujer al varón ni una superioridad del varón sobre la mujer. Habrá una mutualidad de relaciones, que se podrán presentar, alternativamente, como superioridades o subordinaciones según lo específico de cada uno: pero todo dentro de ese reflejo conjunto de la imagen de Dios, sin temores a subordinaciones y superioridades puesto que se están reflejando modos de ser distintos de un mismo ser." (págs. 156-7, cursivas de Porcile).

El otro énfasis interpretativo de Porcile está dado en la reflexión sobre la finalidad que Dios expresa al crear la mujer: darle una "ayuda adecuada" a Adán.

El versículo 18 del capítulo 2 del Génesis expresa: Dijo luego Yahveh Dios: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada."

Comenta Porcile: "Esa palabra "ayuda", en hebreo ‘EZER’, que ha sido entendida como signo de algo subordinado, subalterno, es en realidad un término que se emplea frecuentemente para la acción de Dios mismo, como acción salvadora."

Es importante reparar que Dios completa la naturaleza humana en la dimensión de la comunicación: "no es bueno que el hombre esté solo". Con la mujer aparece el horizonte de la mutualidad y la reciprocidad para la naturaleza humana.

El proceso de la creación de la mujer expresa su identidad de naturaleza con el varón. El versículo 22 dice: "De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre."

Y en el versículo 23 Adán habla por primera vez en la Biblia: Entonces éste exclamó: "Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona, porque del varón ha sido tomada."

Creada la pareja, nace la atracción entre ambos; el versículo 24 dice: "Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a la mujer, y se hacen una sola carne."

A partir de esta bifurcación de la naturaleza se posibilita la alteridad y la comunión, y todo a través de la comunicación. Este es el marco de la antropología bíblica: la comunicación define la esencia de lo humano.

Porcile resume su interpretación en estos términos: "...la narración pasó de la indiferencia anónima de la existencia solitaria a la relación libre en el riesgo del encuentro profundo; de una uniformidad letárgica a una unidad motivada y motivante; del aislamiento y la confusión, al deseo de la comunión. La comunidad supone el despertar de la atención al otro, e implica dejarse ver, exponerse a la mirada del otro."

El episodio de la creación de la mujer culmina con el versículo 25: "Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro."

Estar desnudos es estar expuestos a que el otro advierta nuestra fragilidad, la transparencia es signo de apertura y comunión.

El signo del pecado será –justamente- la pérdida de la transparencia, el despertar del juego de los ocultamientos entre uno y otro. Recuérdese cómo Kierkeegard, también en un marco bíblico, retoma el tema de opacidad y transparencia, y la máscara como negación de la autenticidad.

EVA Y LA SERPIENTE: EL MAL COMO MENTIRA

Todo este trabajo exegético de Porcile desemboca en la aclaración de un tema capital: el papel de Eva en "la caída".

El capítulo 3 del Génesis introduce el tema del mal, a través de la serpiente que tienta a la mujer, quien, a su vez, persuade al hombre. Lo más interesante de la interpretación de Porcile son los pasajes en que sugiere que el mal tiene que ver con la distorsión de la comunicación. Señala cómo la serpiente deforma el mandato de Dios. En el versículo 1 del capítulo 3 la serpiente dice a la mujer: "¿Cómo es que Dios ha dicho: ‘No comáis de ninguno de los árboles del jardín?’". Comenta Porcile: "Este animal es calificado de astuto ya que, pareciendo preguntar, afirma; pareciendo repetir, falsifica: Dios no había hablado en forma negativa. Al contrario: le había dicho al Adam genérico –puesto que la mujer no existía todavía-: "De cualquier árbol del jardín puedes comer" (Gn 2.16). A esa posibilidad afirmativa –de poder, de libertad- había añadido una excepción: "mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2.17). " (LMES, pág. 134)

Esta desfiguración del precepto divino que hace la serpiente convence poco a poco a la mujer, quien, según el versículo 6, come del fruto y se lo da al varón porque vio "que el árbol era bueno para comer, apetecible a la vista y excelente para lograr sabiduría". Comenta Porcile agudamente que el versículo 6 "presenta a la sabiduría como algo que la criatura pudiera adquirir de manera posesiva, comiendo" (pág. 135). Porcile vuelve en reiteradas ocasiones sobre la conexión entre el "comer" y el ansia de posesión, de poder, que se desencadena en la naturaleza humana y que es la clave del mal.

Porcile se pregunta: ¿por qué la serpiente busca dialogar con la mujer?

Su tesis es que "el mal ha sido causado e introducido por la astuta serpiente y que lo que corresponde a la mujer tiene que ver con la expresión, la comunicación, la relación; y esto, desde su creación (cf. Gn. 2.22)" (pág. 142). En esta misma dirección interpretativa, Porcile relaciona los capítulos 2 y 3 del Génesis: creación de la mujer, y protagonismo de la mujer en la caída. "En el Capítulo 2 del Génesis habíamos visto que la mujer ejercía sobre el hombre una influencia positiva: lo sacaba del aislamiento, provocaba la comunicación, posibilitaba la comunidad. (...) Ahora, en este capítulo 3, vemos que la mujer también puede ejercer una influencia negativa. La realidad de esa influencia lleva nuevamente al tema del poder, que es ambiguo: positivo y negativo. De hecho, tanto el bien como el mal son compartidos "solidariamente" por el hombre y la mujer, y tanto uno como otro le pertenecen íntegramente a cada uno de ellos. La soledad, en el hombre, era una ausencia de bien: la subsana la presencia de la mujer. Pero al mismo tiempo, el mal le llega al hombre por la mujer: parece que tanto para el bien como para el mal ella tiene un papel central de mediación. (...) La mujer es la mediación con lo que está más allá de lo humano: sea con la serpiente, (...) sea con Dios (...). Entonces la mujer es esa modalidad de lo humano capaz, potenciada para la mediación porque es ella quien es capaz de comunicación, iniciativa y respuesta. Eso hace suponer la responsabilidad de la mujer, sea para el bien (Gn. 29) o para el mal (Gn.3)." (págs. 141-142, cursivas de Porcile).

La reacción de Dios ante la caída se refleja en la expulsión de Adán y Eva del jardín, y las "maldiciones" o sentencias en las cuales quedan fijadas las misiones de varón y mujer luego del pecado original.

La primera maldición es para la serpiente: "sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida", y también: "enemistad pondré entre ti y la mujer". Sobre este combate, serpiente-mujer, llama la atención Porcile: "Dios le concede a la mujer una relación de combate contra el mal. La descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente, raíz del mal. (...) Es fundamental que la promesa de la victoria esté presente en el centro de la experiencia de la muerte." (pág. 137)

El castigo de la mujer es que parirá con dolor, y será dominada por el varón. Comenta Porcile: "Hay un cambio fundamental si comparamos este Gn 3.16 con aquel Gn 2.24: allá, la mujer era la atracción que ponía en movimiento al hombre. Ahora es ella quien se sentirá empujada hacia su marido y experimentará un deseo nunca satisfecho; a causa de esta "codicia" será "dominada", la comunión deseada, la unidad gozosa e inocente, aquel volverse "una sola carne" (Gn 2.25) desembocarán en dominación." (pág. 138).

El castigo para Adán será: "con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo (...) Porque eres polvo y al polvo tornarás."

Porcile postula aquí un condicionamiento del redactor bíblico: "refleja un mundo y una estructura de sociedad en los cuales el hombre varón se realiza como tal en la relación con el exterior, el suelo, el mundo; y la mujer, en cambio, parece realizarse en relación con el interior, el cuerpo, la vida engendrada." (pág. 138, cursivas de Porcile).

El versículo 20 de este capítulo 3 del Génesis dice: "El hombre llamó a su mujer ‘Eva’ por ser la madre de todos los vivientes". Este pasaje tiene una gran significación en la lectura de Porcile: "El hombre, que no hablaba desde el versículo 12, en el que había acusado a su mujer, se torna ahora hacia ella, la llama y le da un nombre: Eva. Confrontado a la experiencia de la limitación, del cansancio, de la vuelta a la tierra, el hombre ve a la mujer como la vida y la madre de los seres vivientes. Aquí, en este versículo 20 del capítulo 3, aparece por primera vez el nombre de Eva, como una con-vocación a la vida, a un engendrar la vida en un contexto de muerte." (pág. 138).

Aquí estamos en presencia no solo de lo sustancial de la hermenéutica feminista de Porcile, sino de una clave de lo que fue la vida misma de Teresa, que decidió encarar su tarea dentro de la Iglesia con una perspectiva de mujer: "con ojos de mujer", como se llama uno de sus últimos libros. Esta cita lo dice con profundidad: "Allí donde el ser humano experimenta más fuertemente sus límites –al tocar las fronteras de la muerte, al verse volviendo al polvo del cual saliera, agobiado por toda clase de fatigas y angustias- ve nacer a Eva como portadora de la vida, y presiente de múltiples modos que por ella ha de venir la victoria final en el combate con la serpiente. Es la primera promesa, el primer espacio de salvación que se abre en la Biblia; y vendrá por la mujer" (p.143).

EVA ES MORADA. LO FEMENINO COMO LO HABITABLE.

Porcile concluye su revista antropológica en que lo propio y diferente de la mujer es su cuerpo. E intenta una lectura del cuerpo desde una teología bíblica que nuclea los aportes de la filosofía, la fenomenología, la psicología, la semiótica, redescubriendo el cuerpo como un cuerpo-mensaje, también como expresión de todo el ser.

El elemento definitorio de la mujer es su corporeidad apta para la procreación, el útero como espacio para el surgimiento y desarrollo de la vida. En una perspectiva fenomenológico-existencial, Porcile se introduce en el análisis del espacio. Señala la prioridad que la categoría del tiempo ha tenido en la reflexión filosófica y teológica, y subraya el ingreso en el mismo nivel de pensamiento, de la categoría del espacio. Sigue a Bollnow en la concepción del espacio: "espacio es lo envolvente, en lo que todo tiene su sitio, su lugar o su puesto", "es el margen de juego que el hombre necesita para poder moverse libremente", "el espacio es en su origen, un espacio hueco", "claro creado en el bosque al despejarse un lugar para ser usado por una colonia humana"; "el ‘quitar espacio’ y ‘dar espacio’, se trata de la rivalidad en el afán humano de despliegue. En sus necesidades de espacio los hombres chocan y tienen que repartírselo"; en definitiva, espacio es "espacio de despliegue de la vida humana". (LMES, pág. 216).

El "vientre-seno" de la mujer, espacio de la creación biológica, asume en la reflexión de Porcile una centralidad explicativa para la vida humana y para la salvación. La mujer es esencialmente la que da espacio, la que posibilita el desarrollo de la vida. De ahí que su misión en la vida y en la Iglesia, cuando es fiel a su naturaleza de acoger la vida, resulta una clave de salvación, y aun fuera del marco teológico, es decisivo en la calidad de las relaciones humanas y en las tareas de la comunidad. El feminismo de Porcile tiene aquí sus raíces: el ingreso de la mujer a más numerosas y calificadas tareas, pone el elemento del acogimiento y la libertad en la convivencia, en el habitar conjunto en la tierra.

Nuestra teóloga define lo femenino por lo habitable, y su prédica es por la "feminización" de las instituciones, empezando por la Iglesia – Madre y Maestra.

Terminamos nuestro recorrido por el pensamiento de Teresa recordando palabras que definen su propia misión, su ideal, su lucha de toda la vida en la Iglesia católica que fue el sentido mismo de su existencia, sus afanes, su admirable militancia, el contagiante esfuerzo de todas sus horas. "Todo es integración e identidad, nada queda excluido. Lo importante es ejercer el ministerio de la comunidad, de la Ecclesia, engendrando "hijos", abriendo espacios, engendrando vida. Eso es la Iglesia con identidad femenina: espacio de Asamblea, lugar vivo de la reunión y la Presencia. En esta tarea de "inclusión espacial" de toda la comunidad, las mujeres concretas tienen un ser "secreto" pedagógico insustituible por estar ligado al lenguaje de su cuerpo." (LMES, pág. 274)

LA HUELLA URUGUAYA

Lo específicamente teológico en el pensamiento uruguayo está asociado al catolicismo, y en él, a tres nombres señeros: Mariano Soler entre los siglos XIX y XX, Juan Luis Segundo a mediados del siglo XX, y María Teresa Porcile en el cuarto final del siglo que acaba de terminar.

El arzobispo Soler hizo una muy importante obra de afirmación teológica, en medio de una lucha sin par contra fuerzas espirituales profundamente irreligiosas y de connotada influencia social y política. Su marco reflexivo fue conservador -algunos lo caracterizaban como ultramontano- pero es del caso reconocer que gracias a su labor pastoral, la grey católica en el Uruguay pasó unida y erguida uno de los periodos más críticos de su historia: la cima del proceso de secularización.

Juan Luis Segundo fue la versión uruguaya del "aggionarmiento" que trajo el Vaticano II, figura de elaboración profunda, interlocutor académico, respetado dentro y fuera de la Iglesia.

Teresa Porcile fue muy querida en ámbitos religiosos y culturales. Particularmente en medios judíos y protestantes fue bien recibida y escuchada. Pero no puede decirse que haya ejercido una influencia fuerte en el catolicismo uruguayo. Es seguro, sí, que su aporte en el plano teológico y humano es mucho más reconocido fuera del país que dentro de él. Es probable también que, tras su muerte, se comience a hacerle justicia aquí mismo.

Hemos hablado de la huella uruguaya en los aportes teológicos de Porcile. Nos referimos a ciertas actitudes o predisposiciones de enfoque que no son originarias de nuestro país, ni exclusivas nuestras, ni tan siquiera unánimes en nuestro ambiente cultural, pero que –juntas- tienen que ver con las señas de identidad de lo mejor de nuestra tradición cultural. Por ejemplo:

a) La vocación universalista: la apertura a escuchar la diversidad e integrarla a la reflexión. Véase esta cita: "Abogo por un "desde" inclusivo, abierto a lo universal. Desde la América de influencia hispana a la América de influencia sajona, desde la América de cultura religiosa católica a la América de influencia religiosa protestante, desde ambas a las raíces indígenas de la Abya Yala, desde ambas al reconocimiento de la Afro-Amer-India, desde ambas en diálogo con el mundo entero. El "contexto" no es para aislarse, es para profundizarse desde lo particular a lo total de las raíces de lo humano." (En la citada ponencia "Ser teóloga desde América Latina".)

b) Tendencia a la integración de perspectivas. Dice: "La realidad no es simple: ni la teología tradicional está tan "contaminada" por el "demonio patriarcal", como dice la corriente más radical de la teología feminista, ni tampoco en la historia de la teología tradicional se encuentran todas las respuestas ni todas las virtudes. Ambas están llamadas a fecundarse mutuamente para poder llegar a un enriquecimiento del lenguaje sobre Dios y sobre la Iglesia." (LMES, pág. 66).

c) La tolerancia por personas e ideas.

d) La preocupación social, que fue muy intensa, concreta e inconfundible en Teresa.

e) El cultivo de la honestidad intelectual, el horror al plagio, que hace de "La mujer espacio de salvación", un prolijo trabajo en que toda idea o inspiración se remite a su fuente y se apoya en la cita, sin perder el ímpetu de la originalidad.


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