Serie: Acontece (XXXVII)

Migración

Pablo Pascale

Pocos países son hoy ajenos a la realidad de la migración, y Uruguay no constituye una excepción, dado el aumento de sus flujos emigratorios en los últimos años.

Actualmente las sociedades post-industriales están experimentando fuertes flujos migratorios, con el consecuente establecimiento de comunidades trasnacionales en su seno. Esto reclama cada vez más la atención pública y mueve a evitar lecturas simplistas (como la teoría clásica, que considera la migración como el resultado de desequilibrios económicos entre sociedades) de lo que es una realidad compleja.

Múltiples son las perspectivas disciplinarias, científicas y no, que abordan el fenómeno de la migración, dada su multidimensionalidad. Sin embargo, tres conceptos permiten asentar el recorrido por el tema: Globalización, Redes Sociales y Trasnacionalismo. Ellos son actualmente de ingente uso en ciencias sociales, aplicados a márgenes cada vez más amplios de las estructuras sociales. Los tres conceptos refieren a tres niveles de análisis de la migración. Así, la globalización es el marco macroestructural más adecuado, mientras que redes sociales es el abordaje microestructural de la migración más utilizado. Por último, el trasnacionalismo es el marco conceptual que nos permite comprender las consecuencias en el devenir de aquellas familias atravesadas por el fenómeno de la migración.

En este artículo consideraremos los dos primeros.

Migración y globalización

La globalización es un fenómeno de tan amplio margen que se nos hace inapresable: un constructo cultural de escaso entendimiento que se disuelve en la multiplicidad de interacciones y fenómenos sociales en los que estamos inmersos. En palabras de Urich Beck, "globalización es a buen seguro la palabra (a la vez eslogan y consigna) peor empleada, menos definida, probablemente la menos comprendida, la más nebulosa y políticamente la más eficaz de los últimos –y sin duda de los próximos- años". (Beck, U. 1998:40).

La forma que ha tomado el capitalismo está en estrecha relación con la globalización, tanto que resulta impensable comprender el modo capitalista contemporáneo sin referirse a ella. Podemos ubicar los orígenes de la globalización a mediados de los años 70, cuando las economías capitalistas, enfrentadas a una crisis del desarrollo económico tanto en empresas como en gobiernos, impulsaron su reestructuración a partir de una serie de medidas y políticas. Dicha crisis, más que vinculada a una conmoción causada por los precios del petróleo -como se la presenta habitualmente-, estuvo en estrecha relación con la incapacidad del sector público para seguir manteniendo sus gastos. De esta forma no se pudo seguir generando empleo sin aumentar los impuestos sobre el capital, o aumentar la inflación mediante la emisión adicional de dinero y deuda pública. (Castells, M., 1997)

Como bien señala Castells, dicha reestructuración devino en una nueva forma de capitalismo, caracterizada por la globalización de las actividades económicas centrales, la flexibilidad organizativa y un mayor poder de la empresa en su relación con los trabajadores. Pero más precisamente, si bien muchas de las respuestas a esta crisis de rentabilidad consistieron en recortes laborales y salariales, el verdadero proyecto del capitalismo pasó a centrarse en encontrar nuevos mercados. Y esta fue la causa de la gran expansión del comercio internacional y las inversiones extranjeras experimentadas a partir de los años ´80. Castells definirá la economía global como una economía en la cual sus componentes centrales tienen la capacidad institucional, organizativa y tecnológica de operar en unidad, en tiempo real, en escala planetaria. (Castells, M. 2002)

De este modo la globalización -la expansión de los mercados- ofrece la base multicultural de interdependencia económica. Pero dicho intercambio cultural, si bien económico en su comienzo, se ha expandido a otras áreas del quehacer social, tales como el trabajo, la información, la educación y las relaciones sociales en conjunto.

Se menciona en diferentes ámbitos, académicos y no, que la globalización siempre ha existido hasta cierto punto: tales los casos de la conquista de América, o de las apropiaciones territoriales, producto de las expansiones imperiales, o ideológicas, como la de la Iglesia católica ("una iglesia en cada pueblo"). Sin embargo, en la actualidad asistimos a un grado e intensidad, favorecidos por el desarrollo de los avances tecnológicos, sin precedentes en la historia.

Al mismo tiempo, la globalización no es global. Esto es, que no todos los lugares del planeta están interrelacionados y conectados, como la idea de globalización nos propone. Castells ha denominado el "cuarto mundo" a aquellas localidades, regiones, personas o incluso naciones que quedan al margen de la reticulación creada por los procesos del capitalismo informacional o actual. En realidad, en la actualidad asistimos a una relación global asimétrica.

Beck distingue varias dimensiones de la globalización; entre ellas: las técnicas de comunicación, las ecológicas, las económicas, las de la organización del trabajo, las culturales, las de la sociedad civil, etc. (Beck, U. 1998). Con esto el autor pretende romper con la visión de la globalización como unidimensionalizada en la economía, y demuestra cómo la misma se sirve de la vibración de las otras dimensiones. Por tanto, la globalización no tiene un solo perfil, el de las empresas multinacionales.

Para el caso que nos interesa, la globalización hace a la diferencia de los procesos migratorios, a su transformación, y es, si se quiere, una herramienta de la que se sirve el migrante y sus redes. Alejandro Portes ha presentado el concepto de comunidades trasnacionales, con el que propone reconocer este otro lado de la globalización, basada en la comparación -que facilita al migrante la ingente información- entre sus realidades en el país de origen y las oportunidades en el país de destino. Portes describe esto como la globalización desde abajo. (Portes, A. 1996).

La globalización –según Beck- significa la muerte del apartamiento y el vernos inmersos en formas de vida trasnacionales a menudo no queridas e incomprendidas (Beck, U. 1998).

La teoría clásica de la migración, sostenida fundamentalmente por pensadores económicos, considera que la migración es el resultado de desequilibrios internacionales entre la oferta y demanda de trabajo. Ya en un nivel individual, la toma de decisión de migrar se realizaría sobre un cálculo de costo-beneficio.

Otras ciencias sociales que han estudiado la migración, encontraron que la proposición económica de la migración es contradicha por sus hallazgos. Por ejemplo, la migración laboral internacional se da con mayor frecuencia desde países en un nivel intermedio de desarrollo, más que desde países en los que los salarios son los más bajos. Inclusive, las personas más pobres y desempleadas de estos países intermedios no son las primeras en emigrar y generalmente representan una pequeña proporción de los migrantes. En cambio, quienes poseen ciertos recursos inician y sostienen el movimiento migratorio. Es más, la migración constituye un proceso selectivo del que no cualquiera participa, sino que ciertas áreas urbanas y comunidades rurales constituyen recursos básicos para el movimiento, mientras otras con situaciones socioeconómicas comparables no intervienen en procesos migratorios. (Portes, A. 1995)

La inmigración contemporánea encontraría su explicación en el encuentro de dos fuerzas que tienen su motor en la dinámica expansionista del capitalismo. Una primera referiría a las necesidades laborales para sectores de bajo salario que se presentan en las economías del primer mundo; mientras una segunda estaría vinculada a la penetración de la inversión productiva en países "periféricos", lo cual traería estándares de consumo en sociedades del primer mundo (Portes, A. 1995)

Otro ejemplo acerca de cómo la globalización ha hecho carne en la migración es el caso del trabajo reclutado. La historia del capitalismo ha mostrado diferentes variantes en los sistemas de reclutamiento de mano de obra extranjera, desde la esclavitud de comienzos del siglo XVI hasta los presentes flujos migratorios. El programa bracero constituye un ejemplo clásico del reclutamiento laboral, en el que EEUU contrataba la mano de obra de mexicanos para trabajar en el sector agropecuario. Dicho programa se detuvo en el año 1964 . Como menciona Stephen Castles, este tipo de reclutamiento creció en otro ámbito rápidamente luego de 1973, pues los países ricos en petróleo contrataban expertos expatriados y mano de obra con poca experiencia para llevar a cabo ambiciosos programas de desarrollo infraestructural, de construcción e industrialización (Castles, S. 2000). Un ejemplo más reciente lo constituye el reclutamiento laboral por parte de los "tigres asiáticos", cuya explosiva economía pronto requirió trabajadores del extranjero para llevar a cabo trabajos conocidos como los 3-D jobs (dirty, difficult, dangerous) (Castles, S. 2000).

Por tanto la presencia macroestructural de la globalización es un medio de interconexión para afrontar situaciones locales. Pero la migración no se restringe al reclutamiento laboral, sino que su mayor caudal fluye principalmente en la actualidad por situaciones más complejas y duras, como son las de la indocumentación. El estatus de indocumentado o "ilegal" es producto de las políticas y leyes migratorias de los países huéspedes, las cuales, más que detener o regular los flujos migratorios, han hecho sucumbir a miles de trabajadores extranjeros en la situación de ilegalidad, inclinándose hacia la represión y la negación de los efectos producidos.

Con ello no solo no parece comprenderse el fenómeno, sino que no se alcanzan los objetivos propuestos. Tal el caso de la Immigration Reform and Control Act (IRCA) de 1986, ley de inmigración promulgada en Estados Unidos, la cual, en vez de reducir el volumen de inmigración, lo incrementó mediante las ingeniosas aberturas ideadas por los inmigrantes (Portes, A. 1996). Como bien lo menciona Cecilia Menjívar, más que imponer obstáculos a los migrantes mediante leyes migratorias, los gobiernos deberían invertir sus esfuerzos en crear una infraestructura para ayudar a establecerse dignamente a los inmigrantes, con programas que ayuden a los recién llegados a traducir su capital humano en ganancias socioeconómicas tangibles.

Por consiguiente, la globalización no resulta causa de la migración, si bien ha aumentado el grado e intensidad de los intercambios e interrelaciones más allá de fronteras y esto ha tenido fuertes influencias sobre aspectos migratorios.

Migración y Redes Sociales

Mientras la globalización constituye un marco macroestructural pertinente para acercarnos a la comprensión de la migración, las redes sociales constituyen el marco microestructural más real para abordar la misma empresa. Conviene precisar que el desarrollo conceptual y científico sobre la migración ha estado estrechamente relacionado con el estudio de la migración mexicana a los Estados Unidos.

Manuel Gamio (1930) es reconocido como uno de los precursores en los estudios en este campo (Espinosa, V. 1998; Kemper, R. 1987). Posteriormente Redfield se centró sobre el cambio cultural postulando el concepto de continuo folk-urbano, y Lewis, partiendo de una crítica a Redfield y el folk-urbano, fue el primer antropólogo en América en realizar un trabajo de campo entre los migrantes a las ciudades, proponiendo el concepto de "cultura de la pobreza".

Al paradigma culturalista, del cual estos dos últimos son referentes, los siguió el paradigma histórico-estructuralista, de carácter menos empírico, más teórico y cuya guía conceptual era de la migración concebida como síntoma de desequilibrios regionales. Esto es, la visión de la migración como analizador de conflicto.

Actualmente se concibe la migración como un proceso transcultural, y su caracterización se sirve del concepto de trasnacionalismo para su mejor comprensión. Bryan Roberts (1995) sostiene que la migración no es un proceso individual, sino grupal, ya que las decisiones para migrar están habitualmente tomadas en un contexto colectivo, fundamentalmente el de la familia y la comunidad local. Los flujos migratorios unen los países de origen y de destino a través de las redes sociales. Hay quienes, como Tilly, sentencian: "los individuos no emigran, lo hacen las redes" (Roberts, B. 1995).

Los estudios sobre migración tienen una fuerte impronta empírica que les ha permitido la proliferación de conocimientos muy específicos. Esto se debe a que el campo de la migración es muy extenso y en él se atraviesan múltiples y complejas dimensiones, difíciles de abarcar en una teoría. Como señala Portes, no es posible elaborar una teoría global de la inmigración, ya que se hace prácticamente imposible integrar teorías microestructurales y macroestructurales, por la complejidad de los diversos campos que integran la gran área de la migración. Y lo expresa así : "las teorías de medio alcance son preferibles a las teorías globales de inmigración".

Esto no quita que se hayan producido conceptualizaciones de importante alcance para la comprensión de los procesos migratorios. El concepto de redes sociales se ajusta con gran precisión al momento de hacer inteligibles los mecanismos y procesos por medio de los cuales la migración toma cuerpo.

Se atribuye a los antropólogos sociales británicos de la década de 1950 el servirse tempranamente del concepto de redes sociales (social networks). Entre ellos podemos destacar a John A. Barnes (1954), quien recurrió sistemáticamente a este concepto para el estudio de campo.

Pero la aparición con mayor presencia de dicho concepto comienza a darse con los estudios de investigadores norteamericanos al servicio de los procesos migratorios internacionales. Como expresa Menjívar, el avance que produjo focalizar la migración en redes fue haber permitido estudiarla como un producto social, como resultado de la interacción entre la decisión de los individuos y los parámetros económicos y políticos. De esta manera, comenzaron a refinarse las explicaciones que tendían a comprender por qué los individuos migraban mayoritariamente a determinadas regiones y no a otras. (Portes, A. 2000).

Un autor ineludible en lo que hace al proceso histórico en el desarrollo y aplicación de este concepto es Douglas Massey (1987), quien ha profundizado en la importancia de las redes de parentesco y amistad en la formación y el apoyo de la migración.

Conviene que nos aproximemos a una definición del concepto de redes sociales, y referir a lo aportado por distintos investigadores en el campo de la antropología.

Como dice Larissa Lomnitz (1976) , "una red social es un conjunto estructurado de relaciones sociales entre individuos", y como agregan Gurak y Caces, la red no tiene por qué estar fuertemente institucionalizada, sino que puede ser un conjunto de relaciones que giran en torno a algún principio organizativo subyacente a la misma. Esto hace que las redes sociales se presenten en formas distintas y que presten servicio a distintas funciones.

Por su parte, Elizabeth Bott (1957) define las redes sociales por su diferencia de los grupos como configuraciones sociales en las que algunas de las unidades externas que la componen, pero no todas, mantienen relaciones entre ellas. Las unidades externas no están rodeadas por un límite común. Esto es, no todos los integrantes de las redes forman un grupo acotado. La aplicabilidad general del análisis de redes es tal que puede pensarse en individuos, organizaciones o naciones.

Las redes juegan un rol decisivo en el momento de la toma de decisión de emigrar. El tener contacto o accesibilidad a una red en el país receptor constituye un hecho casi definitorio en el momento de definirse.

Las redes son habitualmente de familias o de amigos, que facilitan la adaptación del migrante al nuevo entorno receptor. Gourak menciona que entre las funciones de la red están las de adaptación y selección, y la de canalización. Adaptación por lo mencionado anteriormente, en el sentido de que le facilitan al migrante el acceso a determinada información, vivienda, posibilidades de trabajo, etc. Por su parte, la selectividad de las redes es algo que caracteriza a su supervivencia. Con selectividad se entiende directamente: quién y cuándo emigra. Por ejemplo, la consanguinidad es uno de los patrones prioritarios en el momento de decidir a quién acoge la red. Tal es el caso de inmigrantes que envían a algún pariente en su país de origen la suma de dinero necesaria para arribar al país receptor. La elección de ese familiar tiene prioridad consanguínea. En tanto, las redes facilitan la canalización entre el lugar de origen y el de destino de los migrantes. Es por ello que a la hora de determinar el lugar de destino la mayoría se incline por aquel en que encuentre redes sociales afines.

Las redes tienen diferentes dimensiones que permiten analizarlas y, como expresa A. Portes (1995): "están en estrecho contacto con el comportamiento económico de las mismas". Algunas de las dimensiones planteadas por Boissevain son:

1. El tamaño y densidad, lo cual refiere a la cantidad de participantes que integran la red y el número de lazos entre ellos.

2. Centralización. Las redes pueden organizarse con mayor o menor centralización de sus miembros, esto es, sus lazos pueden estar organizados linealmente A con B, y B con C, o más interrelacionados, A con B y con C, B con C y con A. Esta característica está básicamente relacionada con el control de los flujos de información, y la posición de poder de algunos de sus miembros.

3. Arracimamiento y multiplicidad . El arracimamiento está vinculado al grado de subredes que tenga la red. Y la multiplicidad tiene que ver con los tipos institucionalizados de relaciones que tengan los miembros. Por ejemplo. lazos familiares, laborales, religiosos. Por lo cual entre los miembros de una red, a mayor superposición de lazos, mayor multiplicidad.

La teoría de redes de Massey (1987) sostiene que los emigrantes tienen mayor probabilidad de migrar allí donde tienen redes sociales tendidas. Por tanto, las redes definen el destino del migrante, en la mayor parte de los casos. Esta teoría ha echado luz sobre por qué se emigra hacia determinados lugares, y no hacia otros.

Habitualmente las redes migratorias van creciendo paulatinamente a medida que los inmigrantes acceden a distintos espacios de la sociedad receptora, y nutriéndose de nuevos inmigrantes. Cuanto más eficaz es una red, mayor maximización de costos para nuevos migrantes. Este es un factor esencial para comprender el mantenimiento y desarrollo de las redes sociales, el factor económico. Granovetter (1973), ha subrayado la noción de vínculos débiles como esencial para el desarrollo y crecimiento de las redes. El mismo autor expone que, mientras los vínculos fuertes son aquellos que se asientan en lo emocional y la relación rutinaria entre los miembros, los vínculos débiles son aquellos que se establecen como "contactos" ya dentro, ya fuera de la red, y que carecen del perfil emocional, pero son significativamente útiles, pues establecen nuevas conexiones o asociaciones que no solo rompen con el aislamiento propio de los vínculos fuertes, sino que integran nuevos recursos a la red. Un ejemplo típico de un vínculo débil es el que se establece entre cliente y proveedor. Así lo expuso Granovetter: "las redes dependen de los lazos débiles para extender su alcance y sus recursos; y es probable que la pérdida de un vínculo débil signifique la interrupción del acceso a un conjunto de recursos".

Por su lado, Portes subraya la importancia de las redes en relación con la vida económica, ya que las mismas constituyen fuentes para la adquisición de recursos escasos, tales como capital e información. A su vez, las mismas imponen fuertes limitaciones al enriquecimiento personal de sus miembros, buscando así una distribución más equitativa.

Mucha producción teórica se ha apoyado en el concepto de redes o lo ha nutrido, pero es de señalar la producción realizada por Cecilia Menjívar relativa a este tema. La autora rompe con la visión idealizada de las redes y propone como idea central, en su obra Fragmented Ties, que a partir del estudio realizado sobre la experiencia de salvadoreños migrantes en los EEUU, se desafían nociones sobre la importancia de las funciones que juegan las redes sociales para los inmigrantes, ya que estas pueden suspenderse cuando las condiciones materiales y físicas son inadecuadas en el país receptor. Menjívar fundamenta esta sugerente idea sobre el análisis de cuatro aspectos que hacen a los lazos (ties) entre los migrantes: reciprocidad, expectativas, el proceso de obtención de ayuda y su dimensión temporal, y el papel del capital social y "calidad" de los lazos. Su fino y pormenorizado análisis, que nos guía por una multitud de experiencias habidas por los migrantes salvadoreños en la zona de la bahía de San Francisco, va develando el papel que cumplen las condiciones materiales en el momento de la asistencia "entre iguales". Como Menjívar lo expresa: "mis propias observaciones y conversaciones con gente que esperaba recibir y dar asistencia, me ha guiado a estar de acuerdo con José R. (informante) quien sentía que las ajustadas circunstancias en las que vivían dificultaban seriamente el ayudarse unos a otros".

La idea que aporta su trabajo es concebir las redes sociales no como estructuras fijas, sino como procesos en constante flujo, cambio, que generan una gran pluralidad de experiencias. Su análisis de las condiciones de pobreza la hace concluir que el capital social se ve también fuertemente empobrecido, lo que dificulta los recursos de ayuda.

De una u otra forma, las redes resultan fundamentales en el momento de comprender los mecanismos de la migración y cómo éstas desempeñan un papel importante en dicho fenómeno.

En una próxima oportunidad consideraremos lo que hace al fenómeno de la familia trasnacional, de creciente interés para la investigación científica.

 

REFERENCIAS
Beck, U. (1998): ¿Qué es la globalización?: Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Barcelona, Ed. Paidós Ibérica.
Castells, M. (2002): La nascita della società in rete. Milano, Ed. Universitá Boccioni.
Castells, M. (1997): La era de la información: Economía, sociedad y cultura. (Vol.1) La sociedad red. Madrid, Alianza Editorial.
Castles, S. (2000): Ethnicity and globalization: from migrant worker to transnational citizen. London, Sage Publications.
Espinosa, V. (1998): El dilema del retorno: Migración, género y pertenencia en un contexto transnacional. Zamora (Mich.) El Colegio de Michoacán.
Gourak, D. y Caces, F. (1998): Redes Migratorias y la formación de sistemas de migración. En Malgecini, G. (Comp.) Cruzando fronteras: migraciones en el sistema mundial. Barcelona, Icaria.
Kemper, R. (1987): Desarrollo de los estudios antropológicos sobre migración mexicana. En Glantz, S. (Comp.) La heterodoxia recuperada. México, F. C. E.
Menjívar, C. (2000): Fragmented Ties: Salvadoran immigrant networks in America. Berkeley, University of California Press.
Portes, A. (2000): Teoría de inmigración para un nuevo siglo: problemas y oportunidades. En Morente Mejías, F. (Ed.): Inmigrantes, claves para un futuro inmediato. Jaén, Universidad de Jaén.
Portes, A. (1996): Globalization from below. Latin America in the World Economy, Westport, CN: Greenwood Press, pp. 151-168. 2
Portes, A. (Ed.) (1995): The Economic Sociology of Immigration. NY, Russell Sage Foundation.
Roberts, B. (1995): Socially Expected Durations and the Economic Adjustment of Immigrant. En Portes, A.: The Economic Sociology of Immigration. NY, Russell Sage Foundation.

 

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