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Madre Esmeralda

 
   

Introducción

En un mundo de caos y de confusión,
En una tierra desolada y frenética,
En una humanidad a la búsqueda de un futuro desconocido,
todos necesitamos
una verdad,
una paz,
una esperanza.

Hoy como ayer, Dios, Padre Divino, rompe el silencio,
se acerca a sus hijos,
les brinda una luz celestial.

¿Quién es esa mujer que dice hablar en nombre de Dios?
¿Cuál es el Mensaje que ella brinda con tanta sencillez?
¿Por qué muchos al encontrarla experimentan una presencia Divina?
Muchas personas en Uruguay y en el exterior conocen solamente el nombre.
Otros tuvieron lindos encuentros, mensajes hermosos.

Para ellos y para todos quienes aún no han oído hablar de ella, están dedicadas estas páginas que hablan de "Madre Esmeralda, voz y corazón de Dios"



Recuerdos de mi vida:

Mi padre, mi madre, mi hermano
Los años de escuela. Primera Comunión
Las manifestaciones comenzaron de pequeña
De mi infancia tengo varios recuerdos
Distintos estudios y cursos
Mi vocación religiosa
El camino del matrimonio, de la familia
Trabajaba en la Oficina
Abandonas todo y te consagras a la Misión
Esta Iglesia te cerrará sus puertas
La Misión hacia distintos lugares
Mi Señor ¿quiénes vienen por ese camino?
¿Cómo se llama tu religión?
En vísperas de una Aurora Bendita
El está siempre dialogando conmigo
¿Y si algún hijo se aleja de Dios?
Muéstrame el dolor para compartirlo
Mi anhelo mayor, mi sueño


Personalidad de Madre:

La vida, un misterio
La experiencia familiar
Otra experiencia: El trabajo
Actividad polifacética
Sentimientos íntimos
Una Misión sencilla, humilde
Su misión, sinónimo de lágrimas
Madre, mensajera y voz de Dios


Recuerdos de mi vida


Mi padre, mi madre, mi hermano


Nací el 1º de Abril, en la calle República Argentina, al pie de la Fortaleza del Cerro de Montevideo.
Mi padre, Eulogio Ramón Gutiérrez, había sido nombrado para realizar un trabajo muy lejos de ese sitio y estuvo 4 meses ausente. Cuando regresó, yo ya tenía dos meses de vida.
Mi madre, María Rosario Fabelo, había nacido en Chile, donde sus padres, habían sido asignados por el Gobierno Español para colonizar. Se trasladaron después para Argentina, y después a Montevideo.
Mi padre era jornalero de un frigorífico y así fue destacado en ese entonces para trabajar en período de zafra, en Salto. Cuando regresó, traía algunos ahorros de ese trabajo y se estableció con una carnicería. Fue progresando, hasta que, teniendo yo 6 años, mi padre encontrándose en una posición inmejorable y siendo un muchacho aún, -porque era un muchacho, muy bueno, muy luchador- de pronto se encuentra con que lo demandan por una deuda tan grande, tan grande... que no había contraído. Vendió todo para pagar esa deuda y no responsabilizar al verdadero culpable, un amigo, ya que era un hombre muy Íntegro. Ingresó al Frigorífico, pero comenzaron los años difíciles, muy difíciles y muy amargos para nosotros ya que mi padre no pudo volver a levantarse nunca más.
Víctor Hugo, mi hermano, nació cuando yo tenía seis años. Para mi era mi muñequito, así que fui la madrecita para ayudar a mi madre a atenderlo. Fue a la misma escuela que yo. Más tarde entró en los Talleres de Don Bosco donde realizó su aprendizaje. Allí estuvo 4 años. Salió hecho un hombre de verdad.


Los años de escuela. Primera Comunión

Hice los seis años de primaria en la Escuela Nº 152, en el Cerro de Montevideo, a pocas cuadras de mi casa.
Aún recuerdo los nombres de mis maestras: la de 1er. año se llamaba María Julia, era muy severa. La de 2º año era Zelmira de la Cruz. La de 3er. año Julia. La de 4º año Leonor. La de 5º Orfilia, y la de 6º Mirta.
El 8 de Mayo de 1932 tomé la Primera Comunión, en la Iglesia de la Virgen de la Ayuda, adonde concurrí durante 33 años, hasta que me mudé lejos de allí. Fue la Iglesia de mis Amores.
Mis padres eran creyentes pero no practicaban. Al punto tal, que mi madre tenía temor de que papá no me permitiera realizar la Primera Comunión, y pidió a unas amigas para que intercedieran. Pero papá inmediatamente respondió afirmativamente.
Ese día... lo recuerdo como un día muy frío, muy intensamente frío, recuerdo que yo temblaba mucho. Iba muy abrigadita, pero con todo... era aquel vestidito de Primera Comunión, con una guía de azucenas en la mano, azucenas artificiales hechas por una amiga, pero eran bellísimas. Lo recuerdo como un día muy hermoso, muy grande, muy importante para mi.


Las manifestaciones comenzaron de pequeña

En ese período fue cuando por primera vez escuché la Palabra, la voz firme del Padre, aunque las manifestaciones comenzaron de pequeña. No puedo precisar bien, cómo fue la primera, sólo sé que EL me presentaba angelitos. Angelitos que llegaban, entraban y se ubicaban en los muebles y me traían regalitos. A veces era una coronita de capullitos, otras veces una crucecita, una coronita de espinas...
Cuántas veces no dormía. Y allí era un poema maravilloso... mañana lo escribo. Pero a la mañana no recordaba nada, sólo que había sido maravilloso. Eran diseños, guardas, ... tomaba mi mano y me llevaba sobre mi otro brazo a diseñar esas guardas. Tomaba un dedo mío y sobre el brazo me llevaba a diseñarlas. Mañana las dibujo, ¡qué belleza!. A la mañana no recordaba. EL no me dejaba recordarla.
Y en casa no se hablaba de religión, de manera que solamente el Amor del Padre, esa Bondad inmensa de EL podía manifestar en un ser... En aquella época tampoco había televisión, no había nada que pudiera ayudar a crear algo en la mente, sino solamente EL que pudiera presentar tanta maravilla. Maravilla y símbolos que con el tiempo fueron verificándose todos.
Mis padres pensaban que eran cosas mías, que eran fantasías de la nena, y que llegaría a ser, una gran novelista, con la mente privilegiada que tenía. Me habían bautizado con el nombre de un escritor muy famoso en esa época, se firmaba Barón de Costia, y al escucharme, decían: "ahí está Costia, va a ser escritora".


De mi infancia tengo varios recuerdos

De mi infancia tengo varios recuerdos. Mamá dice que yo era muy traviesa. Un día, mi madre tenía un espejo con marco y mango de plata, muy bonito y no sé, no recuerdo cómo se rompió, sólo sé que me asusté y lo puse debajo de mi colchón, así mamá no lo veía. Lo que yo no sabía era que ella todos los días daba vuelta el colchón; vio el espejo roto allí abajo y me dio una soberana paliza ... Para mamá era travesura, y yo sufría, porque para mi no lo era.
...Y otra de mis travesuras... era la época hermosa en casa. Entra una señora en la carnicería donde mi madre atendía la Caja... y dice: Señora, ¿le dieron dinero a la nena? -No, ¿por qué? dice mamá.- Porque está repartiendo plata a todo el que pasa por la vereda. Claro, yo veía que mi madre ahí en la Caja recibía dinero y entregaba, recibía y entregaba, y dije, bueno, esto es para repartir. Entonces... fui y tomé y también me puse a repartirlo en la vereda a todo el que pasaba.
Tengo también muchos recuerdos de mis amigas. Había mayores, había menores, éramos unas cuantas en el barrio, todas muy unidas. Recuerdo que jugábamos siempre a las madres, y yo era la mamá. Aunque había algunas mayores, yo siempre era la mamá de las nenas del barrio.
Así como hubo una época de abundancia, estuvo la otra época, en la cual, recuerdo cómo mis compañeritas comían su pan y su dulce y mis ojitos iban del pan al dulce y se me hacía agua la boquita. Bueno, aquello pasó.


Distintos estudios y cursos

A los doce años aprendí a coser.
Luego continué distintos estudios y cursos. Hice Enfermería y Puericultura, mientras continuaba ya trabajando para afuera en costura.
Recuerdo que lo primero que cobré fue un juego de cama con aplicaciones en tela estampada. Y ese primer sueldito, por decir así, ese primer dinerito, fue para comprarle una túnica a mi hermano para los exámenes en la escuela. Era tal la emoción que sentía, ese dinero en mi mano me hacía temblar toda de felicidad. Lo primero estaba destinado para él. Costaba lo mismo la tela que comprarlo hecho. Tiempo para hacerlo no había y él la necesitaba. Ese recuerdo no se borró, tanta fue la felicidad que yo sentí.
Realicé también cursos de alimentación y cocina, cocina combinada, científica, combinación científica de los alimentos, dibujo, pintura y después me recibí como Profesora de Corte y Confección. Instalé una Academia y fui nombrada un año para trabajar en una escuela, y al año siguiente en otra más, así que trabajaba simultáneamente en las dos escuelas, dirigiendo la Academia y cosiendo para afuera.
Y comenzó a florecer mi casa nuevamente, como un jardincito en primavera después de un invierno muy, muy frío durante varios años. Y así pude proporcionar a mis padres tranquilidad y comodidades.


Mi vocación religiosa

En la Iglesia de mis amores, la Virgen de la Ayuda, me preparé para enseñar a los niños, lo que yo había aprendido. Fui catequista durante años, una experiencia inolvidable. Además, participaba junto con mis compañeras en los festivales benéficos que allí se realizaban.
Pero era el diálogo con EL, constante, todos los días, lo que daba sentido a mi vida. El me estaba presentando desde la infancia, muchas cosas, muchos hechos. El me los mostraba en un cielo despejado, en una flor, en muchos símbolos... y yo los veía bien. Pero el día que me empezó a aclarar los símbolos, lo que representaban, cuando ya me empezó a mostrar las cosas con tanta claridad, ahí fue un impacto muy grande para mí. Cuando luego transcurrió el tiempo y El me empezó a hablar con la Palabra potente... ahí comenzó ya para mi... una sacudida tremenda.
Me veo muchas veces hablando e incluso recuerdo también una oportunidad en que una de mis compañeras dijo: “y tu hablas así! pero tu tendrías que estar hablando a los grupos en la Parroquia”. Y yo me sentía de pronto cortada, no era yo la que hablaba, era EL quien hablaba por mi. Cuando era yo, era la tímida, no encontraba las palabras. Pero no encontraba las palabras porque cada vez que yo abría la boca, siempre me decían que decía cosas... inconvenientes... Y llegó un momento en que yo tenía miedo a las palabras y ya no me atrevía a hablar. Pero cuando EL hablaba, allí era la maravilla. Yo también me quedaba maravillada escuchando.
Mi vocación religiosa era cada vez mayor. Era mi deseo estar consagrada a Dios.


El camino del matrimonio, de la familia

Pero el Señor tenía preparado otro camino, el camino del matrimonio, de la familia, para comprender y vivir lo de tanta gente. Me ennovié, me casé y tuve un hijo.
Quisiera recordar brevemente la ceremonia de mi Boda porque fue muy simbólica. Al llegar los novios al altar, el Sacerdote, que era muy anciano, apretó el librito contra su pecho. Hay una frase en latín, que es exactamente la misma para el rito del matrimonio y para el responso. Y él, al llegar a ese punto siguió con el responso. Yo me desesperaba, quería hacerle seña de que estaba equivocado. El seguía con sus ojos cerrados, cuando de pronto reaccionó, me miró, parpadeó varias veces, como diciéndome, ¿qué estoy haciendo?... y reinició la ceremonia, leyéndola.
Hubo un momento en el cual las luces comenzaron a apagarse y parecía que estaba todo dispuesto para una ceremonia especial, esas luces que se iban atenuando, lentamente, hasta apagarse totalmente y quedar solo las velas encendidas. La Iglesia estaba arreglada tan hermosa, mis compañeras de Parroquia habían hecho algo tan bonito!... pero qué extraño ¿qué pasaba con las luces? En la casa de al lado había una gran heladería y la señora no sabía que ese día había una boda. En ese momento había comenzado a funcionar el automático que fue lo que restó corriente a la Parroquia. Parecía estar todo preparado para que la ceremonia fuera más hermosa, pero no era así, sino obra del Padre. En un gran simbolismo, quedaron solo las velas encendidas. Las luces se volvieron a encender cuando ya habíamos salido del Templo.
A partir de ese día, comenzó mi calvario.


Trabajaba en la Oficina

A los 26 años, comenzó una nueva etapa en mi vida. Estando embarazada de mi hijo me presenté a un Concurso para ingresar al Tribunal de Cuentas de la República. Eramos 120 los que nos presentamos, había distintos puntajes y obtuve el 2º puesto. Allí trabajé más de 20 años.
No voy a recordar todo lo vivido en esos años de oficina: horario, papeles, responsabilidad, dificultades, problemas... Bueno, los problemas naturales de casi todos. A veces traslados de Secciones, o tener que ocupar otros puestos porque así lo requería mi trabajo. Y fui cumpliendo todo, tal como lo determinaban los superiores. Pero generalmente continué con el mismo grupo de compañeras, aunque el último período, fue muy amargo para mi, ya que tuve que trabajar en una Oficina controlando todo el Ejército, la Aeronátucia, la Aviación... muy distinto a lo que realmente sería mi Misión. Sin embargo lo hice, cumpliendo Misión y dando mensajes, como podía, entre esos seres. Porque ahí también pude hacerlo.
Trabajaba en la Oficina, trabajaba en costuras para afuera, trabajaba... en todo lo que se pudiera presentar como ayuda, para el hogar y para quien fuera. He ayudado así, de esa manera, a muchísimas personas a sostener su casa, a hacer reparaciones, como tanta gente. Después, muchos dieron la espalda... pero, si muchos dieron la espalda, son muchísimos más los que están con los brazos abiertos y de frente.


Abandonas todo y te consagras a la Misión

Un día EL me dijo, “bueno, ahora abandonas todo y te consagras a la Misión para la que estás”, que fue cuando me hizo dejar la Oficina. Recuerdo que fue poco después de fallecer papá el 24 de febrero de 1967. Entonces, comenzaron los preparativos para abandonar mi trabajo, los trámites jubilatorios. Todo fue muy rápido, porque EL se encargó de todo.
Después que me retiré, continué frecuentando un grupo de compañeras a las que yo atendía en Cosmetología y Masaje. En la época de trabajo, había un grupo con las que íbamos a un lugar donde yo las atendía. Cuando EL me dijo “abandonas todo”, continué con ese grupo. Tiempo antes recuerdo que una de ellas me preguntó “¿tu nunca te cansas?” y yo le dije, “Algunas veces tu has sido la primera y otras la última ¿has notado diferencia?” “no, -dijo- nunca”. “No, es que nunca me canso”.
Después, cuando ya no tenía que atenderlas a todas juntas al salir de la oficina, sino en el momento en que a cada una le viniera bien, más tranquila, un día estaba atendiendo a una de ellas y no podía, era una fatiga, era un malestar tan grande, que interrumpía mi trabajo para conversarle un poco y disimular mi cansancio. Y le preguntaba a EL: “¿por qué, mi Señor?” Cuando terminé y mi amiga vino a pagarme, EL me dijo: “por esto; el día que no toques más dinero no te sentirás así”.
De manera que comprendí, debía atender a quien lo necesitara, sin tocar más dinero que el de mi Jubilación. Ese sueldo con el que tendría que vivir y hacer frente a todo. EL me dijo, “no temas que nada te faltará”. Y en verdad, he vivido momentos de zozobra, mo-mentos en los cuales he dicho ¡Mi Señor! pero ahí de pronto surgía la Luz, “no temas, no temas que nada te faltará”. Y así se ha ido cumpliendo su Palabra en todo.

Esta Iglesia te cerrará sus puertas


Ya había comenzado a dar mensajes en la oficina, a los compañeros con los que trabajaba a diario. Y luego, cuando me retiré de allí, EL me dijo: “bueno, ahora formaré los rebaños”.
EL me decía, hoy fulana, mañana mengana. Y así se formaron pequeños grupitos y durante varios años yo iba de casa en casa, alentándolos y brindando la Palabra del Padre.
Pero llegó un momento en el cual EL me dio su Palabra y me dijo - y está esto documentado- “el primer rebaño se dispersará. Y tendrás que pasar por momentos...” y me los describió todos. “Lo que tu digas mi Señor” -decía yo-, sin alcanzar a comprender la profundidad de todo lo que EL me anunciaba.
También me decía: “esta Iglesia que tu tanto amas, un día te cerrará sus puertas.” Ah! “lo que tu digas, mi Señor”. Y llegó el día en que no era lo que TU digas, era sufrir horriblemente y le decía: “¿por qué, mi Señor?”
Y las puertas se cerraron debido a revelaciones que yo tenía que ir realizando y que no eran aceptadas. Unos porque no querían escucharlas y simplemente decían: ¡NO! Otros, porque las Revelaciones no estaban de acuerdo -se-gún ellos- a los cánones de la Iglesia. Debido a todo eso se cumplía lo que EL ya había anunciado.
Yo hablaba con un sacerdote, muy anciano, el Padre Francisco, y él me escuchaba. Había otro sacerdote, a quien llamé cuando comencé a ser combatida y él me dio una gran fuerza, el Padre Alberto. Me dio, en pocas palabras, un estímulo. Bernadita de Soubirou en la antiguedad, fue combatida hasta por el propio Obispo y llevada a un manicomio. Yo estaba pasando momentos como los que pasó aquella pobre bendita santa y ellos me ayudaron. Pero en otros lugares fui muy combatida.
“Pero mira que son mis hijos y los amo” -me decía EL. Y entonces comprendí: amar siempre, aunque me cerraran sus puertas, amar siempre. Todo tuvo que cumplirse, pero también dijo que un día las puertas se derretirán... dejando el paso libre para todos, donde todos podrán por fin encontrar la unión, la maravilla, todo lo que deberán vivir.

La Misión hacia distintos lugares

EL me guió, en la Misión, hacia distintos lugares, también fuera del país: Argentina, Chile, Brasil, Italia.
En Chile fui invitada por un Obispo Evangélico. Este buen Obispo aún conociendo mi condición de católica todavía, me invitó a su Iglesia, y estuve allí compartiendo con ellos y hablando de mis experiencias divinas. Y digo "todavía", porque yo estaba muy aferrada, sólo a la Iglesia Católica, hasta que El Señor me enseñó a amar a todos, no sólo a la Iglesia Católica, sino a todos.
Recuerdo que allí había cerca de un centenar de pastores, en una Convención y yo llegué de sorpresa, ya que aunque estaba invitada, no había respondido. Los Pastores hablaban de cómo era posible, que los católicos, adoraran a la Virgen y a los Santos. Y yo les explicaba que no, que solamente se adoraba a Dios, que se los veneraba como se podía venerar la memoria de O’Higgins en Chile, o de Artigas en Uruguay. Pero no había quién les hiciera entender. Entonces en un momento dado, le dije: dígame Pastor, usted ¿a qué evangelista prefiere?, Y él me dijo: a San fulano... supongamos que era San Mateo. ¿cómo? le dije, yo, -habiéndole entendido muy bien-. San Mateo -repitió- ¿cómo San Mateo? -le dije- si ustedes no creen en los santos, ¿por qué no le dice Mateo? Y se empezaron a reir todos y dijeron: ¡Ay! con ella no se puede, y rieron porque me comprendieron; se dieron cuenta que yo había entendido bien cuando dijo San Mateo, y se lo hice repetir, para que quedara bien sentado que decían el santo.
Pero el país donde más se difundió la Misión fue Italia. Cuántas reuniones, cuántas ciudades cuánto sufrimiento, cuánto deseo de recibir la Palabra Divina!...

 


Mi Señor ¿quiénes vienen por ese camino?

Yo era de Misa y Comunión diaria pero siempre en diálogo con este SER Divino, este Padre Creador, este SER que es Amor. Un día regresamos a casa y yo estaba en mis tareas, cuando de pronto lo vi ahí sentado en casa. Un camino iba a EL con pocos seres y dos caminos late-rales a ese, con más seres. Y yo -dando por descontada la respuesta- pregunté: “Mi Señor ¿quiénes vienen por ese camino?” porque la respuesta -para mi- era esta: Los católicos, nada más. Mas... ¡qué equivocada estaba! EL no me respondió nada. ¿Por qué guardaba silencio? si era tan fácil la respuesta. Al momento volví a hacerle la misma pregunta, con un hilo de voz. “Mi Señor, ¿quiénes vienen por ese camino?" Tampoco me respondió. Mi nerviosismo iba en aumento, ¿por qué no me respondía?
Cuando me habló me dijo: “Por ese camino vienen mis hijos, los que proceden con corazón recto y puro”. “¿Pero quiénes son, mi Señor?” Y EL comenzó a nombrar. Algunos nombres nunca los había escuchado. Yo esperaba ansiosa... ¿y los católicos cuándo?... Seguía nombrando... hasta que por fin llegaron también los católicos. ¡Ay! ¡qué alivio! Terminó con Judíos y Ateos. El judío que lo reco-noce a EL como el Padre Creador, pero espera al Hijo, al Mesías. El ateo que no reconoce a nadie.
Entonces yo me apresuré a decirle: “pero, mi Señor, ¿no dicen que quien no reconoce a tu Hijo se condena?” Y EL me respondió: “¡Qué Padre sería YO, si a un hijo que procede con pureza y rectitud porque no nos reconozca lo voy a condenar!
Yo le respondí: “entonces, mi Señor, el mundo no conoce de tu Amor”. Y después de eso empecé a recapacitar. Si Tu, mi Señor, no te inclinas por determinada Iglesia ¿quién soy yo para hacerlo? Y así fue como aprendi que había que amarlos a todos.

¿Cómo se llama tu religión?

Un día una prima mía me dijo: “¿Cómo se llama tu Religión?” y a mi me sorprendió, porque nunca se me hubiera ocurrido pensar que yo pudiera tener una religión. Y sorprendida me quedé mirándola y le dije: “No sé, llámale la del Amor”.
Otro día, otra señora, en casa de mi prima justamente, me pregunta: “¿Cómo se llama tu Iglesia?” Otra vez! Quedé anonadada. ¿Mi Iglesia? jamás se me ocurrió pensar que yo tuviera una Iglesia... “No sé, -le respondí-, llámale la Casa del Padre, que tiene sus puertas abiertas para todos”. No hay un nombre especial.
La religión, la del Amor. La Iglesia, la Casa del Padre.
Por ese camino es que transito, recibiendo y distribuyendo a la vez lo que viene de EL. Amor, Amor y Comprensión hacia todos y para todos.
Tengo que dar a conocer el Amor de EL y que nadie le tema. Como EL dice: “Cancela la imagen que mis hijos tienen de MI. No soy el cuco que asuste, no soy el ogro que devore a los hijos. Y mucho menos el Juez que condena, sino el Padre que ama y comprende”.
Y EL dice: “Mi hijos son parte de MI SER y trozos de mi corazón, ninguno puede faltar, sino, como humano me sentiría desangrar”.

En vísperas de una Aurora Bendita

El Padre Divino me muestra que estamos en vísperas de una Aurora Bendita, la llegada del Cristo.
Hay que preparar a todos para el encuentro con ese otro Hijo, ese Hermano Mayor de todos, el Cristo, o el Mesías, o como quieran llamarlo. El viene para unir a todos en Amor. No viene a juzgar, sino a formar un solo corazón.
Por lo tanto, la Misión es para prepararlos para ese encuentro. Pero también para dar a conocer los hechos y las señales que se van a producir antes y des-pués de ello. EL ya está adelantándolos, para que luego se verifique todo y puedan estar ayudando a transformar lo que conocemos como Tierra -EL no le llama Planeta Tierra, sino Templo de Purificación-, para transformarlo en el Templo de la Divinidad, en ese Paraíso, en ese Jardín del Eden.
Cuando yo le dije: “Mi Señor, se habla de una Jerusalem... EL me contestó, “YO te hablo de la Nueva”. Y cuando me mostró una Luz que parte de esa Nueva Jerusalem, dijo: “Será luego reconocida como Capital del Mundo. Pero luego no habrá capital porque no habrá ni gobernantes ni gobernados”. Y yo le dije, pero, mi Señor, se habla de la Tierra Prometida -pensando en Israel, en Palestina- Y EL me mostró toda la Tierra y me dijo: “Esta es la Tierra Prometida, toda”.
Y yo continuaba, e insistía,, “pero, mi Señor, ... tu pueblo.” Y EL me dijo: “todos mis hijos son mi pueblo, todos son obra del grande Amor.”

El está siempre dialogando conmigo

Muchos son los que preguntan cómo es posible que pueda hablar con Dios. Y yo digo: es así, hablo con EL como si fuera una persona, mientras estoy haciendo mis tareas, lavando ropa, pelando papas, EL está siempre dialogando conmigo. Así se presenta. Así está EL frente a mi, como lo vi en aquel momento en aquellos caminos. Así, como una persona.
Lo veo... según las situaciones, con un gran simbolismo en su presencia, pero lo veo sí, con ese Amor con que mira a sus hijos, con esa dulzura que no hay nada que se pueda comparar con esa consagración y esa humildad, porque aún siendo el Dios Todopoderoso, EL no está como Padre, allá en los Cielos, EL está junto a cada uno, sufriendo y compartiendo.
Un día lo vi cargando una Cruz. Me asombré, porque yo la cruz siempre la imaginaba en su Hijo, en Jesús, pero la vi en EL. Y la Cruz de EL estaba formada por todos sus hijos, y cada uno a la vez iba cargando su propia cruz. Todo en miniatura, y eso formaba la gran cruz que EL llevaba encima. Ese es el Padre, ese es EL, como Amor, como Consagración, y como Humildad, porque el Padre no se presenta en su soberbia de Poderoso, sino en la Humildad del Padre, que vive por cada hijo.
Siempre se presenta con naturalidad, pero un día me dijo: “Me verás tal como soy”. Habrá sido medio minuto, pero fue tan increible, todo mi ser gritaba: “¡¡Te veo, te veo... te veo!!” No hay nada que se pueda presentar para demostrar lo que es. No hay nada, estoy segura, en todo el Universo, para describir tanta belleza.


¿Y si algún hijo se aleja de Dios?

¿Qué más puedo decirles de este Dios?
Sólo sé que le agradezco que se presente con esa ternura, con esa dulzura, como lo veo siempre, porque de lo contrario, caería de rodillas ante EL, y no manifestaría nada de lo que recibo y que tengo que trasmitir. Es tan grande la belleza! es tan inmenso!!
Sólo puedo decir, los creó a su imagen y semejanza... y acá... acá somos como gusanos, que nos arrastramos en la tierra, comparado con la belleza que poseen en el Cielo.
Estamos en diálogo constante. A veces, si está en silencio, le pregunto algo. A veces no me responde, pero ahí está. Otras veces le digo: “Y... mi Señor?" “¿qué?” me dice. “¿No me dices nada?” No... pero sé que está ahí. Sonríe o de pronto comienza a hablarme, pero siempre, siempre en esa maravilla de su lenguaje poético. Lenguaje que solo EL como Creador puede trasmitir, variándolo constantemente, pero siempre en la Luz, porque su Palabra son luces. Salen flores de su boca, porque es un Jardín de Divinidad, en la potencia, en la fuerza, en el Amor, en toda la maravilla. Pero también con cuánto dolor tantas veces, con qué dolor... porque eso vive EL en cada uno. No está como un juez, mirándolos de lejos, sino viviéndolo y multiplicando en su SER toda la angustia, todo el padecer de cada uno.
Eso es EL como Padre, en esa gran comprensión, que no abandona a nadie. Una señora dijo hace poco: ¿Y si algún hijo se aleja de Dios? Y EL respondió juntando sus manos: “Si algún hijo se aleja de MI, YO voy en silencio junto a él”.


Muéstrame el dolor para compartirlo

Hace muchos años le dije, múestrame mi Señor, lo bueno de cada uno y el dolor para compartirlo. Cuántas veces alguien dice, mirando yo su pasado: “Ah! no, ya ni me acuerdo...” No, no te acuerdas, pero en su momento fue amargo. Así lo fue. Y es lo que yo estoy viviendo, lo que fue en aquel momento.
Pero también le he dicho, no permitas que me erija en juez de nadie. Y hay quien me ha preguntado: Y tu, Madre, ¿no ves lo malo? He dicho, no, porque incluso si puedo verlo, como humana puedo equivocarme, por eso no quiero ver lo malo, porque me ha sucedido que me he equivocado y me ha dolido mucho, por eso digo, no permitas que me erija en juez de nadie.
Pero sí comparto el dolor, a tal punto, que hay momentos en los cuales el dolor que vivo es tan grande, tan grande que me siento ahogar.
Su Amor y su Poder permiten que me sienta junto a los seres, hablarles, alentarlos. Solamente EL puede lograr esto. Yo me siento hablándoles y después tengo la confirmación de que también el ser me ha sentido y hemos compartido todo aquello, aún a distancia, como un gran acercamiento.


Mi anhelo mayor, mi sueño

Y ya al final del camino, mi anhelo mayor es ver al Cristo consagrado en Amor a todos sus hermanos y sé que esa sería ya la etapa definitiva. Sólo sueño con ver ese instante, ya no me importa partir al momento, pero le pido a EL que sea ya, mi Señor, que sea ya, no dilates más en el tiempo.
Yo tengo que continuar todavía en los caminos, pero si llegado ese instante yo ya no tuviera que continuar, partiría con gusto. Pero tampoco le pido una Gloria. Le he dicho: disuélveme en el aire, mi Señor, disuélveme, o permíteme que yo también pueda multiplicarme y estar contigo compartiendo el dolor de cada uno de tus hijos.
Mi gratitud es inmensa, EL me ha hecho conocer lo más grande, lo más poderoso, que es amar, comprender. Y no digo perdonar, sino en cada momento, si sentimos que pudimos herir a otro, pedir perdón, para poder dar ese ejemplo de lo que es el Padre: AMOR, COMPRENSION, PERDON. Recibirlo y darlo en los caminos.
¿Qué puedo decirte mi Señor?
Aumenta en mi este Amor, para que pueda distribuirlo como las semillas Divinas que vienen de TI.
Esta es mi súplica hacia TI, mi Señor, para amar y comprender por siempre.
Amén.

Personalidad de Madre

La vida, un misterio

Es difícil presentar la personalidad de Madre.
Es muy difícil hablar de un ser que ha vivido y vive las situaciones más contradictorias.
Es imposible abarcar en pocas páginas y definir en al-gunas reflexiones, características y experiencias de toda una vida.
Me impulsa en este trabajo, la convicción de que sólo una clara comprensión de la personalidad de Madre, puede lle-var a entender mejor la Misión de Ella y la palabra divina que brinda.
Después de estar a su lado durante años, y de tener tantas vivencias, me atrevo a compartir, aunque sea a través de unas pocas páginas, la alegría que ha significado para mi el captar en profundidad el misterio tan humano y tan divino que encierra su persona.
Normalmente la vida de un ser vela y revela un misterio.
Lo revela porque los sentimientos más íntimos necesitan un gesto humano, una actitud humana para manifestarse.
Es así entonces, que a través de la persona humana de Madre, nos viene revelado el Mensaje de Dios, no solamente por lo que Ella dice, sino por lo que Ella es, hace y vive.
Sin embargo, lo humano vela el misterio de la persona. Los gestos, las actitudes, nunca logran expresar en su totalidad el ser interior de cada persona.
Asimismo, en Madre, algunas actitudes, algunos gestos, alguna forma de ser, velan el misterio que hay en Ella, su verdadero ser interior, y a veces llegan a desvirtuar lo que Ella siente o vive.
Esta es la razón por la que he creído conveniente llevar a ustedes estas pequeñas reflexiones, emanadas de tantos años compartiendo muy cerca de Ella esta hermosa y difícil Misión.


La experiencia familiar

La experiencia familiar marca la personalidad de un ser.
Lo que uno asimila y vive en el seno de un hogar marca la personalidad para siempre, positiva o negativamente.
Madre vivió en su familia los aspectos más tiernos al tener una mamá, un papá, un hermano y más tarde, al casarse, un hijo.
Pero, al mismo tiempo, conoció lo que es ser incomprendida, herida, lastimada, lo que es vivir una tremenda soledad.
Cuántas experiencias imborrables guarda en secreto. A veces relata en la intimidad, con lágrimas en los ojos, hechos y gestos que marcaron las distintas etapas de su vida, infancia, adolescencia, juventud y madurez.
La suya fue una familia bien real, con todo tipo de problemas y dificultades, sobre todo en su matrimonio.
Son innenarrables los hechos y los tormentos por los que tuvo que pasar.
Su corazón aún sangra por heridas abiertas.
Ella dice claramente que fue guiada por el Señor en todos sus gestos, ya que quería consagrarse a Dios y tuvo que aceptar una situación quizá de las más difíciles, para comprender y compartir lo que se vive en miles de hogares en todos lados.


Otra experiencia: El trabajo

Otra experiencia de vida, que define la personalidad de un ser, es su trabajo.
Madre comenzó desde pequeña. Un trabajo duro, difícil, ayudando al padre como albañil, o de pronto en la carnicería y concurriendo, como todo niño, a la escuela.
Luego, yendo ya a los doce años a aprender costura para aportar el pesito en la familia, haciendo distintos cursos para capacitarse para el futuro.
Más tarde vivió la experiencia del trabajo en una oficina pública. Durante años y años cumpliendo las órdenes de los demás, atada a un horario, en contacto con expedientes de todo tipo y con problemas de mucha gente.
Y así, de la casa a la oficina y de la oficina a la casa. Co-rriendo de acá para allá, las dos cosas a un mismo tiempo, como hoy día hacen muchas madres de familia.
Después, cuando se jubiló y pudo dedicar más tiempo a la Misión, no dejó de trabajar como ama de casa.
La cocina es su reino, la limpieza, miles de trabajitos, atender a su mamá anciana, gente de paso en la casa. Y después, el trabajo específico de la Misión.
Todo esto con una salud muy precaria.
Madre comparte toda la complejidad, la dificultad, la dureza, los problemas que mucha gente vive diariamente en su trabajo.


Actividad polifacética

Si ahora analizamos más profundamente la personalidad de Madre, descubrimos cómo la actividad de ella es increiblemente polifacética.
Por un lado la trayectoria de su vida, en lo que se refiere a su actividad, nos revela una persona bien concreta, bien humana, bien realista. Trabajos manuales, cursos de capacitación en áreas materiales, la experiencia laboral en la oficina pública, su continuo contacto con la gente, caracterizan este aspecto de su personalidad.
Por otra parte, si uno conoce a Madre en sus expresiones, en sus manifestaciones, aprecia su alma artísica. Sabe de música, de danzas, aprendió a tocar piano, le gusta cantar, hizo teatro y le gusta el humor.
Qué alegría escucharla y verla cuando hace cuentos, con qué mímica expresa las cosas, los mensajes, los relatos. Qué ternura en el canto de las Bendiciones y cómo participa de la belleza de la naturaleza.
Finalmente, lo que más se destaca en Ella es su alma mística. El diálogo constante con Dios, los mensajes divinos que brinda con sencillez, la comunicación con seres de otros mundos, las visiones frecuentes de cielo que trasmite, manifiestan el sentir profundamente místico de su ser.
Es imposible permanecer indiferente cuando se manifiesta en ella este aspecto. Trasmite un sentimiento tan profundo que conmueve y llega a los rincones más puros e íntimos de todos cuantos la escuchan.


Sentimientos íntimos

Y si vamos más al interior del corazón de Madre, quedamos maravillados y quizá un poco sorprendidos por sus sentimientos tan distintos y a veces aparentemente contradictorios.
Parece una persona muy segura de sí misma, de lo que hace, de lo que dice. Su palabra tiene una fuerza increible y sin embargo, a veces demuestra una inseguridad como la de los niños.
Un poco de viento la hace temblar, una situación difícil la hace dudar.
Algunos la conocen muy comunicativa. Habla con todos, en el ómnibus, en una oficina, con los funcionarios y la gente que espera, en la feria, en la calle, tiene palabras y argumentos para dialogar con todos. Es una persona muy sociable. Sin embargo, quien la conoce más profundamente sabe de su timidez.
Ella confiesa que desde niña tenía dificultad para expresarse, le decían que todo estaba mal, se sentía y se siente inferior a todos.
El sentimiento que más la caracteriza, es su ternura, increiblemente única, que se destaca en el primer encuentro, en el saludo, en la mirada, en el abrazo. Cariño hacia todos por igual, sin distinción, niños, jóvenes, adultos, ancianos. Y sin embargo, más de una vez se la escuchó dura y firme cuando sucede una injusticia, cuando hay que proteger a un indefenso, cuando hay que poner las cosas en su lugar.
Uno la ve sonreir, contenta, alegre, con el alma. Un poco más tarde la ve llorar intensamente y un poco más adelante vuelve a verla sonreir feliz. ¿Quién la puede entender? Ella no hace teatro, sino que vive muy intensamente distintos sentimientos, situaciones, problemas, visiones que recibe, y pasa de un sentimiento a otro con una rapidez tremenda.


Una Misión sencilla, humilde

La personalidad de Madre se destaca en toda su magnitud con referencia a la misión que Ella vive y comparte.
Una Misión sencilla, humilde, muy humana, y muy divina. Haciendo el bien, como miles de personas en el mundo, misión en su familia, en su trabajo, misión como ama de casa, como compañera, en las distintas situaciones que le presenta la vida.
Pero hay un aspecto que la caracteriza y la define claramente como misionera: el Don de la Palabra de Dios que recibe desde niña y que hace más de veinte años comparte y ofrece con amor.
Un diálogo constante con el Padre, a toda hora. Tan natural y tan humano que parece un cuento de hadas.
Cuando Ella da un mensaje a la gente, sus ojos se llenan de alegría, está en su misión.
Y un medio normal, a través del cual Ella hace misión todos los días, es el teléfono.
Cuántas llamadas de distintos lugares. De Montevideo, del interior, del exterior. Gente desesperada, gente con problemas, gente en busca de una verdad, gente en busca de Dios.
Para todos una palabra de aliento, una palabra de fe, un poco de esperanza y tanta comprensión y ternura.
A muchos, del otro lado del teléfono se les oye llorar de emoción. Otros asombrados por todo lo que Ella les dice. Todos agradecidos porque aquella palabra, aquel mensaje les hace bien.
Mucha gente quiere verla, pero el tiempo no le alcanza. Entonces los reúne el sábado en una pequeña reunión y allí muchos pueden compartir la alegría de escuchar.
Mensajes divinos, bendiciones hermosas, consejos de Madre.


Su misión, sinónimo de lágrimas

Quizá se pueda imaginar que la misión de Madre es fácil.
Sin embargo, a pesar de la divinidad que Ella brinda y comparte, su misión es sinónimo de lágrimas y espinas.
A veces el mensaje no es comprendido en su profundidad. Muchos confunden el don de Ella y la comparan a una adivina, a una curandera, a una vidente.
Otros banalizan su misión y piden mensajes que den una solución a situaciones materiales, muy humanas, reclamando no ya una palabra que les de fortaleza, esperanza, capacidad para afrontar las situaciones que se presentan, sino una solución mágica a su problema.
Cuántas veces hay que aclarar, cuántas veces hay que elevar la mirada, cuántas veces hay que definir la esencia de la Misión.
Además, vive el sufrimiento y el dolor de las decepciones. La Misión es libre y gratuita, no hay ningún grupo, ninguna organización, la gente va y viene como y cuando quiere, pero Madre se encariña con la gente. Recuerda aquel rostro, aquel problema, aquel encuentro. Y muchos pasan y solo algunos vuelven o mantienen el contacto.
Otro aspecto es el cansancio, la dificultad de los viajes que realiza al interior o fuera del país cuando es llamada para cumplir misión. No es fácil viajar en un ómnibus o en un avión con la columna desecha. Encontrar gente de distinta cultura y nivel de vida, adaptarse a personas y hogares donde ella va a alojarse con costumbres tan dispares. Madre no va a pasear, va a conocer problemas y sufrimientos.
Pero lo más duro en su misión, quizá sea la intercesión constante ante el Padre por todos los pedidos que en tan distintos lugares Ella recibe permanentemente.
Intercesión diaria e intensa por toda la humanidad. Porque en las distintas visiones es el sufrimiento del mundo lo que Ella ve y quiere compartir con el Padre.


Madre, mensajera y voz de Dios

Estas distintas facetas de Madre, la humana y la divina, la que Ella vive en la intimidad, la que expresa con algunos, la que manifiesta hacia todos, muestran cuán compleja es su personalidad.
Por el cariño que despierta en quienes la rodean, uno quisiera ayudarla, quisiera cambiar alguna situación, quisiera aliviar su sufrimiento, pero se encuentra impotente. Las cosas no son como uno quiere, sino como tienen que ser.
Pero es también verdad que todos pueden ayudarla, desde un niño hasta el más anciano. Madre es muy sensible, a veces una sonrisa, un saludo, un gesto de cariño le llegan muy hondo y la hacen muy feliz.
Madre es una ternura de Dios, es un corazón de Dios, su misma vida es una Misión Divina.
Pero Madre es además, una Mensajera de Dios, una voz de Dios.
Quien tuvo la alegría de poder escuchar con el corazón una palabra de Dios, un mensaje divino a través de Ella, aunque sea uno solo de los miles de poemas que salen de su boca y que Dios le brinda constantemente, quizá podrá sentir que Dios está más cerca, que hay un futuro divino para la humanidad, que hay una esperanza para todos.
Las palabras no pueden expresar lo que uno quisiera porque no debemos olvidar que en Ella hay un misterio muy grande. Y por más que nos esforcemos en comprenderlo, jamás lograremos entenderlo totalmente. Uno se puede acercar, pero quedará siempre una pequeña barrera, un pequeño velo que no se puede traspasar.
Solamente la Luz Divina de lo alto podrá ayudar a entrar un poco más íntimamente en este misterio hermoso, humano y divino de su vida.