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El
sector forestal uruguayo: una visión de conjunto El alcance del sector forestal no se restringe a la plantación y corta de árboles, sino que abarca la totalidad de actividades relacionadas con la materia prima madera, ya sea proveniente de bosques naturales o cultivados, o de materia prima importada. Interesa entonces ofrecer una visión de conjunto del mismo y de las características principales de los subsectores en los que se puede dividir al complejo forestal uruguayo. El sector primario El sector primario abarca la producción de plantas, la implantación, cuidado, manejo y explotación de los bosques. En menor escala incluye la cosecha de semillas y el aprovechamiento de algunos productos no madereros, tal como la recolección de hojas para la producción de aceites esenciales de eucalipto. También incluye la explotación del monte indígena. La actividad de este sector se basa fundamentalmente en la producción de las más de 200.000 hectáreas de cultivos forestales existentes en el país. Si bien se cuenta además con unas 600.000 hectáreas de monte indígena, en la actualidad su corta está restringida por las disposiciones de la ley forestal. La mayor extensión de los bosques cultivados está compuesta por eucaliptos (70%) y en menor escala por pinos (15%) y otras especies como álamos, sauces, paraísos, fresnos, etc.(15%). La historia del desarrollo forestal uruguayo ha estado muy vinculada a la provisión de abrigo y sombra para el ganado y a la plantación de árboles para la fijación de dunas, autoconsumo de leña y maderas, etc. Sólo a partir de la década del 60 comienzan a implantarse bosques con fines estrictamente de producción forestal. Este proceso ha dado lugar a la existencia simultánea de distintos tipos de bosques que se pueden clasificar en: a) Unidades forestales, donde la actividad principal que se realiza en el predio es la forestal. La mayoría de estas unidades realiza el ciclo completo de producción de plantas, preparación del suelo, plantación, manejo y explotación. En algunos casos se agrega la industrialización (aserradero, pulpa de papel, etc.) o el consumo propio de leña para calderas industriales. Si bien estas unidades son unas pocas decenas, ocupan (sumadas a las que se describen a continuación) alrededor del 70% de la superficie forestada del país. b) Establecimientos agropecuarios con bosques extensos (10 a 100 ó más hectáreas), donde la forestación es una actividad complementaria de la agrícola-ganadera. Generalmente la plantación es realizada por terceros y reciben cuidados mínimos hasta el momento de su corta. La explotación de estos bosques es, en la mayoría de los casos, de carácter coyuntural, contituyendo una reserva (a la vez que abrigo para el ganado y los cultivos), a la que los propietarios pueden acudir en momentos de requerimientos financieros. Esta situación está cambiando y las actuales plantaciones de este tipo se están realizando en general bajo una óptica empresarial moderna. c) Unidades no forestales con bosques pequeños (hasta 4 hás) y medianos (4 a 10 hás). Pueden haber sido implantados para protección, autoconsumo, elemento paisajístico, etc. y en su mayoría también se localizan en establecimientos agropecuarios. Su venta (usualmente en pie) puede constituirse en una fuente importante de ingresos, en particular cuando se encuentran en las cercanías de Montevideo. Existen más de 40.000 plantaciones de este tipo en el país, que constituyen cerca del 30% de la superficie forestada total. Se estima que en este sector trabajan directamente unas 5000 personas y que la madera extraída anualmente es de alrededor de 2 millones y medio de toneladas. La madera como combustible El principal uso de la madera extraída de los bosques, tanto naturales como artificiales, es su empleo como combustible. Entre el 80 y el 90% de la madera es utilizada como leña a nivel residencial (calefacción y cocción de alimentos), industrial (generación de vapor, panaderías) o comercial (pizzerías, parrilladas). La leña ocupa el segundo lugar en el consumo energético total (29%). La fuente más importante son los derivados del petróleo (53%), en tanto que la electricidad ocupa el tercer lugar con un 16%. La leña además ha crecido en competencia con las otras fuentes, dando por resultado una disminución en el consumo de los derivados del petróleo, en particular del fuel-oil. Este crecimiento de la leña reviste especial interés para un país como el nuestro, que depende en un 100% del exterior en materia de importación de petróleo y que ha agotado sus posibilidades en materia de grandes represas hidroeléctricas. La sustitución de combustibles fósiles por leña, se ha centrado sobre todo en el sector industrial y se origina en dos factores: a) La ventaja comparativa de la leña con respecto al fuel oil, en particular a partir del gran incremento en el precio del petróleo que ocurre en la década del 70. b) La disponibilidad de una tecnología de relativo bajo costo para transformar calderas de fuel-oil a leña y para instalar nuevas calderas a leña. La industria de la madera El Uruguay fue tradicionalmente importador de maderas y de productos elaborados de madera. Más tarde surgen los aserraderos, que funcionan en base a maderas importadas y sólo a fines de la década de los 50 se comienza a recurrir a materia prima de producción nacional. Al mismo tiempo, surgen nuevas metodologías de aprovechamiento de los árboles (madera compensada, tableros de partículas, de fibras, etc.) que permiten ampliar la gama de usos de esta materia prima. En el momento actual, la industria consta de dos ramas de primera transformación (aserraderos y fabricación de tableros) y otras ramas que elaboran productos finales (fábricas de muebles, carpintería en general, otros productos de madera, etc.). Salvo excepciones (algunos aserraderos, fábricas de sillas, de tableros, etc.), la mayoría de los establecimientos de esta industria poseen características más artesanales que industriales. Alrededor del 80% de las empresas ocupan menos de 5 trabajadores. A ello se suma un escaso nivel de inversión en activo fijo y maquinaria (en muchos casos vetusta), la gran diversidad que productos que elabora, la falta de estandarización de la producción y el importante papel que juegan el trabajo y la habilidad manuales. En el último período han habido algunos cambios en el sector, el principal de los cuales ha sido la instalación de industrias en las cercanías de los bosques, en particular aserraderos. Surgen entonces emprendimientos de las propias empresas propietarias de bosques (por ejemplo, FYMNSA, Caja Bancaria, Puerto Arazatí) o de industriales que se instalan en la zona (p.ej. aserraderos en torno a las Cajas Notarial y Bancaria). Por otro lado, un sector de empresarios comienza a hacer inversiones en nuevas tecnologías con vistas al establecimiento de corrientes de exportación de productos de madera con cierto grado de elaboración (tablas, pallets, etc.). Esta industria consume unas 500.000 toneladas de madera anuales y genera ocupación para unos 7000 trabajadores distribuidos en unas 800 empresas. La industria del papel La industria papelera uruguaya se compone de 5 empresas relativamente grandes (aunque pequeñas en el contexto internacional) y de algunas pequeñas empresas cartoneras. Dentro de las grandes, sólo dos producen pulpa de papel a partir de la madera (Fábrica Nacional de Papel y PAMER), mientras que las otras (IPUSA, CICSSA y Cartonera Pando) fabrican papel y cartón en base a la compra de pulpa o recortes de papel. Las pequeñas cartoneras son empresas artesanales, que producen cartones y artículos de cartón en base a recortes de papel. Tanto FNP como PAMER e IPUSA poseen bosques propios, aunque sólo las dos primeras los utilizan en sus procesos industriales (si bien también compran madera y leña a terceros). Las plantaciones de FNP son de eucaliptos, que es el único tipo de madera que emplea para fabricar pulpa química, con la que elabora sus papeles. PAMER posee plantaciones de pinos y álamos, empleados en la fabricación de pulpa mecánica y semi-química, aunque también utiliza recortes de papeles en algunos de sus rubros de producción. Los principales rubros de producción de estas empresas son: 1) Papel de impresión y de escritura (FNP, IPUSA) 2) Cartón corrugado y envases de cartón (PAMER, CICSSA) 3) Papel higiénico (PAMER, IPUSA) 4) Otros papeles y cartones (FNP, PAMER, IPUSA, Cartonera Pando) En el último período, la industria ha mantenido una importante corriente exportadora, principalmente hacia Argentina, en los renglones de papeles de impresión y escritura, papel higiénico y cajas de cartón corrugado. En su conjunto, la industria papelera emplea a cerca de 3000 trabajadores, concentrados principalmente en FNP, PAMER, IPUSA y CICSSA y consume unas 160.000 toneladas de madera y unas 100.000 de leña. Fuera del ámbito de la industria nacional del papel, cabe señalar además la existencia de una importante corriente exportadora de madera rolliza de eucalipto hacia Europa, destinada a la fabricación de pulpa de papel, que en 1991 significó la exportación de unas 125.000 toneladas de rollizos. Existen por ahora dos empresas en el país, una nacional (TILE SA) y otra argentina (LINIA - EUCALOG), que se dedican a esta actividad. A ello se sumarán otras en el futuro, la principal de las cuales sería La Forestal Oriental (Shell-Kymenne), que está forestando 30.000 hectáreas de eucaliptos con ese destino. Un comentario final Por lo expresado hasta aquí, resulta innegable la importancia del complejo forestal para el país, tanto en materia de generación directa de empleo, de sustitución de importaciones, de uso de un recurso que puede ser renovable, de sus perspectivas en cuando a generación de divisas, etc. Con escasas excepciones, la inmensa mayoría de las empresas que se mueven en el sector son, hasta ahora, nacionales. Todo parece señalar la conveniencia de desarrollar aún más este sector. Sin embargo, también existen advertencias fundamentadas acerca de los peligros que puede significar un desarrollo que no tome en cuenta a la totalidad de las variables en juego, tanto ambientales como socioeconómicas. Todo desarrollo implica cambios. Eso no debe asustarnos. Lo que interesa es que los mismos impliquen un mejoramiento en la calidad de vida de ésta y futuras generaciones, que es lo que se ha dado en llamar desarrollo sustentable. A eso aspiramos. Artículo publicado en Tierra Amiga No. 12, abril de 1993 |
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