La forestación y la gente:
ventajas, desventajas y defensas

Ricardo Carrere

La plantación de árboles ha generado reacciones contradictorias en la sociedad uruguaya. Para muchos (quizá la mayoría), la forestación es una actividad netamente positiva para el país, tanto en lo socioeconómico como en lo ambiental. En el extremo opuesto, otros ven en el bosque cultivado una amenaza, ya sea para la producción agropecuaria (en particular agrícola) o con respecto a los recursos naturales (en particular agua y suelos). Entre ambos extremos, existe a su vez una amplia gama de matices.

Al analizar el tema desde el punto de vista social, interesa ver como es percibido el desarrollo forestal por la propia gente sobre la que esta actividad tiene un impacto, ya sea positivo o negativo y, en este último caso, mostrar los distintos mecanismos a su disposición para hacer frente a dichos impactos.

Una nueva fuente de riqueza y empleo en el campo

La forestación brinda al país una serie de productos que sustituyen importaciones, tales como la leña (en particular la utilizada en calderas industriales, que sustituye derivados del petróleo), la madera para aserradero, para la producción de tableros de fibras y partículas, para laminado, etc. y para la industria del papel. También constituye una nueva fuente generadora de divisas, que se encuentra en proceso de expansión.

De todo ello resulta su capacidad generadora de empleo, tanto en actividades primarias en el campo, como de comercialización e industrialización en el campo y la ciudad.

Los efectos más importantes en materia de empleo de la actividad forestal se localizan fundamentalmente en el interior del país, en particular cuando los bosques se instalan en áreas de ganadería extensiva. En estos casos, se ha estimado que la forestación emplea 7 veces más personal que la ganadería tradicional. A ello se suma el surgimiento de industrias madereras que se instalan en las inmediaciones de los bosques, lo cual incide aún más en la generación de empleo en la zona.

Cabe señalar que la mayor parte de los suelos definidos como de "prioridad forestal" (donde se vuelcan los beneficios establecidos por la ley forestal), se ubican en áreas donde predomina la ganadería extensiva, por lo cual la percepción de los pobladores locales sobre la forestación promovida desde el Estado es generalmente favorable a la misma. Los efectos además se hacen sentir en los pueblos de la zona, por el efecto multiplicador de esta actividad sobre el comercio, transporte y actividades productivas conexas. Los casos más claros en este sentido son Piedras Coloradas y Algorta, donde el impacto de la forestación ha significado una mejora en la calidad de vida de sus habitantes.

Condiciones de vida y de trabajo

Hablando en términos generales, el sector aún está en una etapa primitiva en cuanto a las relaciones obrero-patronales, particularmente en el área de explotación de bosques. El hecho de ser una actividad relativamente reciente, unido a otros factores (dispersión de los bosques, escasa concentración de trabajadores, existencia de numerosos contratistas sin registrar, carencias e incumplimientos en materia de legislación laboral, etc.), han dado lugar a condiciones de vida y de trabajo en muchos casos totalmente inadecuadas.

Esto se origina en: 1) La existencia de un número importante de pequeñas empresas informales, particularmente en el área de explotación y plantación de bosques, que actúan de manera independiente o como subcontratistas de empresas mayores; 2) La existencia de dos enfoques en cuanto al tratamiento del personal: uno tradicional (baja remuneración, alojamiento y comida inadecuadas, separación de la familia, trabajo zafral y a destajo, etc.) y uno empresarial moderno (remuneraciones comparativamente altas, alimentación adecuada, retorno diario al hogar, estabilidad laboral, etc.).

El enfoque tradicional predomina a nivel de pequeñas empresas informales, que en algunos casos son contratadas por empresas forestales grandes como forma de abaratar los costos y evitar la concentración de trabajadores y su posible sindicalización. El enfoque empresarial moderno ha sido adoptado por algunas de las empresas mayores y está teniendo un efecto importante sobre los demás trabajadores forestales, que comienzan a exigir condiciones similares de trabajo en las demás empresas. Sin embargo, la solución a los problemas de los trabajadores del sector pasa necesariamente por su sindicalización y por una intervención mayor de los organismos oficiales encargados de velar por el cumplimiento de la legislación laboral.

El descontento de los agricultores

En otras zonas, en particular aquellas donde predominan las actividades hortifrutícolas, la forestación ha generado reacciones opuestas. Hasta ahora, las críticas más enconadas en contra de la forestación provienen del noreste de Canelones, que ha visto el surgimiento de grandes masas de eucaliptos en áreas previamente dedicadas a la horticultura. Aquí el eucalipto es percibido como una plaga, que expulsa a la población del campo. Si bien no se puede afirmar que estos bosques sean los causantes de los complejos problemas que afectan a la región, lo cierto es que ésta es la percepción allí predominante con respecto al tema.

Es importante señalar, que en ocasión del proceso de elaboración de la actual ley forestal, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto en el que se prohibía la forestación en los departamentos de Canelones, San José y Colonia, al igual que en todas las zonas hortícolas y frutícolas del país. Sin embargo, en el proyecto que resultó finalmente aprobado, se excluyó tal disposición.

De allí resulta que, si bien la ley forestal vigente promueve la forestación sólo en los suelos declarados de prioridad forestal, también es cierto que no prohibe la plantación de árboles en ninguna zona del país. Ello ha posibilitado la implantación de masas boscosas cercanas a los centros de consumo, en suelos de aptitud agrícola o ganadera, que si bien no gozan de ninguna de las ventajas previstas en la ley forestal, se benefician con un importante abaratamiento en el flete, que las vuelve muy rentables.

Este proceso ha tenido importantes consecuencias sociales para un importante número de pequeños agricultores, cuyos predios se encuentran en las inmediaciones de estos bosques y que se sienten perjudicados por el efecto de los mismos sobre sus producciones. Entre los principales impactos que señalan, se destacan el efecto sombra, la competencia de las raíces de los árboles con respecto al agua y los nutrientes, el peligro de incendios y la proliferación de plagas que se refugian en los bosques y que atacan los cultivos (cotorras, palomas, comadrejas, zorros, etc,).

Por otro lado, la forestación no puede competir con la agricultura familiar en materia de generación de empleo. Como además el destino de estos montes es energético, no existe una fase industrial que dé ocupación a la gente de la zona. Todo ello ha llevado a que la actividad forestal sea percibida como básicamente negativa en esta región, que no sólo no es una solución a sus problemas, sino que tiende a agravar los ya existentes.

Mecanismos legales de defensa de los agricultores

La ley forestal contiene una serie de disposiciones capaces de mitigar o eliminar muchos de los efectos negativos de los cultivos forestales sobre la producción agrícola. Es importante que los productores afectados estén al tanto de estas disposiciones para poder exigir su estricto cumplimiento.

Los principales mecanismos legales de interés son los siguientes:

1) Protección contra los efectos de los bosques sobre las producciones agropecuarias.

El artículo 35 de la ley forestal dice en uno de sus incisos que:

"Los montes forestales de cualquier naturaleza, públicos o privados, estarán situados a una distancia mínima de doce metros de la línea divisoria. Sobre el lado Sur, la distancia mínima será de veinticinco metros.

En los casos establecidos en el inciso anterior, si el vecino entiende que las plantaciones, aún en las condiciones indicadas, pueden perjudicar la propiedad, someterá la cuestión a resolución de la Dirección Forestal, la que determinará si existe o no daño y, si existiere, fijará la distancia mínima a que debería quedar la plantación".

2) Protección contra los daños provocados por plagas, alimañas y predadores que se refugian en el bosque.

El segundo inciso del artículo 28 dice que "Todo propietario de bosques estará obligado a adoptar las medidas de lucha con las plagas, alimañas y predadores que causen daño a los plantíos, a las aves de corral y a los animales domésticos de predios vecinos, ajustándose a las directivas que sobre el particular fije el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca a través de sus servicios especializados".

3) La prevención de incendios forestales

El artículo 29 establece que "El Poder Ejecutivo establecerá las normas obligatorias de prevención de incendios y otras formas de protección de los bosques" Este artículo, así como el Nº30, han sido reglamentados en el decreto 849/88, que en su artículo 5º establece que "Todas las personas físicas o jurídicas, de naturaleza pública o privada, que sean propietarios de bosques, están obligadas a la adopción de las medidas de prevención de incendios que se establecen en los siguientes artículos". Entre las medidas de prevención figuran la capacitación del personal en el combate de incendios, la realización de simulacros, etc. y en el caso de bosques mayores a 30 hectáreas la exigencia es mucho mayor, incluyendo un plan anual de defensa contra incendios forestales donde se contemplen una serie muy detallada de aspectos.

El artículo 8º del decreto en cuestión contiene además una disposición muy importante para los predios linderos. Establece que "En todos los bosques, cualquiera sea su extensión, deberá mantenerse libre de vegetación capaz de propagar el fuego y de cualquier tipo de material o sustancia combustible, una faja corta-fuegos no inferior a 20 metros de ancho en todo el perímetro del mismo...". Cabe aclarar que, de acuerdo con el decreto 452/88 se considera bosque a toda asociación vegetal donde predomine el arbolado y que tenga una superficie mínima de 2.500 m2.

Como lograr la aplicación y el mejoramiento de las disposiciones legales

Si bien en algunos casos, la sola mención de las disposiciones legales vigentes puede lograr la solución amistosa de algunos problemas, en general su efectiva aplicación implicará una serie de trámites e incluso juicios, que en general el pequeño productor no está en condiciones de abordar, por no disponer ni del tiempo ni de los medios económicos necesarios. Es por ello que resulta imprescindible que los productores afectados presenten sus reclamos en forma colectiva y organizada. Habría que pensarse en la contratación de personal técnico encargado de las gestiones correspondientes, lo cual, sumado al costo de los trámites en si, significa una serie de gastos que deberán ser sufragados por la organización de productores.

Por otro lado, deberá contarse con información técnica, que no sólo verifique, documente y cuantifique los impactos negativos, sino que además promueva cambios en la normativa vigente para la efectiva neutralización de los mismos.

En definitiva, los productores deben organizarse para la defensa de sus derechos y en este sentido, lo primero es conocerlos, luego exigir su cumplimiento y finalmente presentar opciones para el perfeccionamiento de las disposiciones vigentes si así lo entienden necesario.

Artículo publicado en Tierra Amiga No. 12, abril de 1993

 

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