Sembrar sacrificio y entrega
José MujicaSiempre
hemos sido y nos vamos a morir antes que nada como luchadores sociales, ni más ni menos.
Y bueno, queridos compañeros, empecemos por acá, por este acto, porque esto es una
reliquia. Nos juntamos en esta fecha a recordar a los compañeros que dejaron una tarde de
hace muchos años, de vivir, para vivir en nuestra memoria, los recordamos asumiendo el
compromiso. Y porque recordamos al viejo eterno, permanente compañero, al Quijote de
América Latina y del mundo, que dejó la vida en la lucha por un sueño, por una
esperanza... por la parte mejor de la condición humana.
Y nos juntamos, en esta época light, en esta época tan peculiar
donde nos toca jugar de senador y de muy radical para unos, de muy moderado para otros
(que estamos viejos, dicen, que abdicamos de nuestros programas, dicen). Que defendemos de
repente a algún estanciero, que tiene 400 hectáreas con ovejas, y se está muriendo de
hambre. Y vamos a los sindicatos, y todo eso es contradictorio. Porque nosotros nos
educamos en la vieja lucha contra el Imperialismo, contra la dominación mundial. El
cambio de método para algunos, y las cuestiones tácticas que parece que son definiciones
eternas.
Por eso compañeros, es bueno que nos juntemos, primero los más viejos con
los más jóvenes, porque ésta es una lucha casi eterna, en términos de lo que es una
vida humana.
Empecemos por lo primero: cuando se abraza el camino de la revolución se
abraza una novia, se abraza un código, una ética, una forma de vida. Y hemos tenido y
vamos a tener toda la sutileza y nos sentaremos en todas las mesas y negociaremos en todos
los lugares, pero nuestra novia es la revolución. Y nuestra novia es el amor, para
transmitirles a los que van a venir, porque esta lucha va mucho más allá del periplo de
nuestra existencia. Y entonces nos tenemos que reunir, porque es una vela de armas, como
en la Edad Media, una vela de armas entre los sueños. Entre las causas más profundas en
una época light, donde todo se compra y todo se vende.
Nos reunimos para demostrar tajantemente, también a nosotros mismos, que no
todo se vende ni todo se compra.
Compañeros, yo empiezo por acá, porque es muy grande la tragedia que está
viviendo nuestra nación. Lo más grande que tenemos para aportar, no como desde el
ombligo, sino como una parte más a la lucha de este torrente progresista al cual
pertenecemos, paradojalmente es lo más viejo: nuestra ética, nuestra actitud de
compromiso, no el creernos que no cometemos errores, sino el estar íntimamente
convencidos que nuestra apuesta es de por vida, de que no estamos por un rato, por un
momento, por una reivindicación. Estamos por el compromiso entero de nuestra
existencia... Y si quinientos años nos tocara vivir, así de milagro, serían quinientos
años en el acierto o en el error, pero al servicio del amor, de que la humanidad
progrese.
Y esto es lo primero compañeros, porque de todas las crisis que soporta
nuestra nación, que son varias, la peor es la pérdida de valores, la peor es la pérdida de esperanza, la peor es la
circunstancia de la abdicación, la peor de todas es esa consideración que corre por las
calles que toda la política es lo mismo, que todo es lo mismo. Esa siembra subliminal que
ha hecho la derecha, donde quiere entreverar que lo político es todo lo mismo, que todo
es para el acomodo, que todo es usufructuar, no que la política es el camino del
compromiso, por lo menos para algunos. Claro que nos hemos equivocado, y claro que nos ha
faltado velocidad... A lo largo de los años nos podemos hacer mil críticas. Cuánto le
costó al pueblo uruguayo nuestro fracaso en las horas decisivas, cuánto. Pero
compañeros, hemos dejado la vida, hemos puesto los años potrancos, si viviéramos diez
veces, diez veces los pondríamos. Entonces, no todos son iguales: siéntanse orgullosos
compañeros tupamaros, de haber puesto lo mejor de ustedes mismos...
Tenemos que sembrar nuestra capacidad de sacrificio, nuestro espíritu de
entrega. Ese tiene que ser nuestro mayor aporte a una izquierda que está a un tranco de
pollo de ser gobierno. Porque con eso no alcanza compañeros, pero sin eso nada es
posible. Porque sin eso la traición nos espera a la vuelta de la esquina.
Entonces compañeros, en esta nación terriblemente empobrecida, es probable
que por febrero o marzo del año que viene cuando se haga un balance tengamos el PBI del
año 83 o del año 84. Es como haber perdido 15 o 20 años de historia. Es probable que
hoy, de aquel PBI individual, unos 7 mil dólares a fines del año 98, estén quedando 4
mil por habitante. Pero ustedes lo tienen que palpar, no se precisan cifras, estamos en un
Uruguay brutalmente descapitalizado, porque los trabajadores deben haber perdido un 30% de
poder adquisitivo en los últimos 3 años, donde la pobreza nos muerde por todas partes,
donde la precariedad laboral salta a la vista. Donde hemos perdido desde el año 98 a la
fecha casi el 40% de las organizaciones empresariales. Las empresas de este país
capitalista, desde el año 98 a la fecha han sido liquidadas por este gobierno,
capitalista. Debe ser un récord. De haberlo planificado no hubiera tenido tanto éxito.
Pero ha sido así.
Y lo peor es que este proceso ha tomado una virulencia tal, que el cambio de
la realidad ha superado la capacidad de adaptación de nuestro balero. Porque vivimos una
década de relativo desarrollo mentiroso, donde el desarrollo del Uruguay, su crecimiento,
estuvo basado en dos o tres patas quiméricas: consumir más porque nos financiaban el
consumo con un dólar retrasado, mentiroso. No fue un crecimiento productivo, fue un
crecimiento en base a préstamos, capacidad de crédito, a la importación. Y fue
naturalmente en contra de la producción nacional, por lo tanto no incorporó a ese
crecimiento al grueso de la población. Tenía que tener patas cortas. Se agotó, y
terminó generando crisis productiva. Y la crisis productiva tanto del agro como de la
industria generó desocupación, la una y la otra generaron crisis fiscal, baja
recaudación, por el camino del endeudamiento terminaron en una crisis bancaria. Estoy
resumiendo apresuradamente... En la historia de una década, este gobierno no hizo otra
cosa que continuar con la misma política. Pero terminó ese ciclo. Se agotó, y lo está
pagando el uruguayo. Nos lega desocupación, la pérdida de poder adquisitivo, la
incertidumbre laboral, la destrucción del engranaje productivo, nos está regalando un
endeudamiento feroz, tal vez 5 mil dólares por habitante, cada uno que nace hoy, nace con
una tarjeta de deuda que tendrá que pagar. Nos ha agotado toda la capacidad de crédito
de carácter internacional, y no le quedan otros recursos que vender las joyas de la
abuela para seguir vegetando, manteniendo esta política.
Prácticamente la capacidad de maniobra se les agota. Estamos llegando a los
últimos estertores de un modelo con toda la crisis que tiene por delante. En esta
coyuntura, nos topamos con que este destrozo está produciendo un brutal trasvase de
opinión. No me refiero a la vieja izquierda convencida, la que se calienta, la que nos
putea, la que critica, pero tiene sentido de pertenencia. Me refiero a los últimos que
van llegando, que van a definir toda contienda. A esos que no son ya de allá, pero
tampoco son de acá, porque en realidad son las nuevas víctimas que luchan por la vida en
un país que está siendo destrozado. Entonces, topamos con una sabia derecha, muy sabia.
No existe cosa peor que el desprecio peyorativo, porque sirve para no medir el tamaño de
los obstáculos. Es un gesto pasional y primitivo que no hace otra cosa que estupidizar el
razonamiento humano. Hay que medir el tamaño de los obstáculos que se tienen. En las
últimas décadas la razón fundamental de los partidos tradicionales no es su prosapia
ideológica, su matriz. Son el estamento afinado de las altas capas de la burocracia, la
razón de ser más íntima es la posesión del aparato del Estado.
La posesión del aparato del Estado se ha transformado en el objetivo y la
razón, también en el medio a utilizar para perpetuarse en las cuestiones de gobierno. Ayer inventaron el balotaje. Inventaron por la
necesidad política de poder seguir usufructuando de lo que significa esa posesión. Pero
es tan grande la debacle económica, es tan grande la herida que está sufriendo nuestro
país, es tan grande el destrozo en que ha desembocado esta política, que naturalmente
está produciendo un enorme desconcierto y desazón, aún entre los más apegados a los
viejos aparatos... y aparecen las encuestas.
No crean demasiado en las encuestas, y menos ustedes compañeros, pero cuando
a lo largo del tiempo se repiten algo están anunciando, como tendencia. No hay que
confundir la foto de un momento con una película. Pero
es natural que estos análisis estén preocupando a muerte a esa derecha cuya razón de
ser más entrañable es la posesión del aparato del Estado. Porque poseer el aparato del
Estado no es sólo nombrar ministros, etcétera. Es el cúmulo de decisiones imposibles de
seguir y de anotar que se eslabonan con un conjunto de intereses que en el fondo responden
al partido. Esto pasa. Hay altos niveles de la política clientelista. Se ha combatido el
clientelismo abajo, a costilla de los pobres, ése insignificante. Hay otra forma de
clientelismo, la posesión de los altos puestos y de las altas decisiones que tienen que
ver con el Estado. Por ejemplo, tenemos un Tribunal de Cuentas. Nos debe costar 3 o 4
millones de dólares de presupuesto. Ahí están algunos de los técnicos más avezados
del Uruguay, han hecho en este año cerca de 10.000 observaciones. Han observado centenas
de licitaciones sólo en este año, y han llegado al Parlamento: esperan una decisión,
una consideración de la Asamblea General. La tendrán en el año del golero. Porque hace
muchos años que no hay voluntad política de darle pelota a la más mínima observación
que hace el Tribunal de Cuentas. Y uno se pregunta, ¿para qué lo tenemos? Eso sí,
cuando precisamos una consultora, aparece una que tiene que tener nombre yanqui aunque los
que trabajen allí sean Juan, Diego, Pedro, estudiantes en todo caso de la Facultad de
Economía de Uruguay.
Y ahí está el Tribunal de Cuentas, observando. Yo podría poner otros
ejemplos, están controlando los cafecitos en el Palacio Legislativo, las luces, y hay 256
licitaciones observadas por el Tribunal de Cuentas, y la Asamblea General no se reúne. No
hay voluntad política para considerar nada. Da risa. El control es un pamento, y ojo,
esto que estoy diciendo es muy rico, acá hay gente que maneja computadoras, estas
observaciones están en Internet. El último informe del Tribunal de Cuentas está en
Internet. Si se quieren calentar alguna noche que haga frío, léanlo. Tenemos todos los
organismos de control con bruta eficiencia, pero les dan cero pelota. Podríamos seguir
pero es sólo para mostrar y afirmar que la causa esencial de los partidos tradicionales
hoy, no ayer, hoy, es la posesión del aparato del Estado.
Y están muy preocupados, porque la trampa que hicieron amenaza con no
servir, por lo tanto, su preocupación actual es cómo consiguen que efectivamente se
ponga en marcha el balotaje. Porque si el Encuentro ProgresistaFrente Amplio llegara
a votar cerca del 51% ¡adiós balotaje! Se equivocaron, tendrían que haber hecho otra
reforma constitucional, ésta no les sirvió. Se les volvió en contra lo que inventaron.
Entonces están maquinando por ahí, haciendo este análisis, finoli, maquiavélico: hay
un caudal de gente que está llegando ahora, a una semi voluntad política de acompañar
(y ese es el terreno más frágil que tenemos que disputar) y han elucubrado tratar de
inventar una especie de nueva izquierda o de nueva fuerza política que
aparezca con un programa muy parecido al nuestro, con figuras potables,
irreprochables, con mayor pinta light, porque ¿vio que en el FA están estos
viejos, los tupamaros, los comunistas?, nos dirán: nosotros representamos una izquierda
más aggiornada, más tipo Tony Blair, a ver si pasa. Para qué, se preguntarán.
No, para ganar, no. Es para rabonear en esa franja de último apoyo, que puede
ser decisiva para definir el futuro resultado electoral. Y acá es donde está la fineza.
No van a poner ahí figuras de la derecha recontra quemadas, van a poner figuras potables,
si lo logran van a poner cosas interesantes, como el impuesto a la renta, prácticamente
calcado de nuestro programa, y pondrán detrás todos los medios ¿y para qué?: para que
haya balotaje y poder disputarlo, juntándose con todo eso.
¿Por qué decimos esto? Porque esto es información, y ¿por qué no decimos
más? Porque no queremos deschavar a los que nos pasan el dato. Porque la
información es poder y es contra-poder, y hemos decidido dar el alerta a todos nuestros
compañeros y a todos nuestros dirigentes en primer término. A no ser nabos, porque
tenemos una gloriosa derecha capaz de fumar adentro de una garrafa, y hay que
respetarla, con altura. Porque esto no es un problema sólo de fuerza. Es además un
problema de inteligencia. Ay de aquellos compañeros que confunden estrategia política
con estrategia electoral. Ay de aquellos compañeros que confunden rumbo estratégico de
largo plazo con estrategia política electoral. Son cosas distintas. Y en este campo no se
puede ser nabo. Porque la controversia entre izquierda y derecha se va a empezar a dirimir
en el campo electoral, nos guste o no. Y eso tiene sus reglas. Y estamos obligados, por el tamaño y la
habilidad de lo que tenemos enfrente, a tener la sabiduría de jugar con una delantera
bien a la antigua, con puntero derecho bien abierto y puntero izquierdo bien abierto, y
con entrealas que se mueven y están tanto de centrofobal como de entreala y a
veces de punteros. Tenemos que cubrir toda la cancha, esa debe ser la estrategia
electoral.
Pero esto cuesta. Esto significa bancar contradicciones porque tiene que
haberlas. Estamos hablando de la mitad de la población de este país. Es obvio que en esa
mitad tiene que haber contradicciones intestinas. Pero ¿cuál es la contradicción
principal en este momento, en esta etapa de la historia del pueblo uruguayo? A no
confundir compañeros, prioridades tácticas inmediatas que hacen al destino del pueblo
uruguayo, con prioridades de carácter ideológico o estratégico. ¿Por qué? Porque hay
que ganar, para ganarse el derecho a empezar, pero por una razón moral a esta altura, por
una profunda razón moral, ya no política, de amor, de ética, para con nuestro pueblo.
¿Qué le queda al pueblo uruguayo, pequeña y frágil humanidad de 3 millones de
habitantes, apenas un barrio envejecido de San Pablo? ¿Qué le queda a este Uruguay
endeudado, roto, con una crisis de valores y de esperanza, si este Frente Amplio, este
Encuentro no llegan para pelear, por abrir el rumbo a la historia de este país? ¿Qué
será de nuestros hijos, de nuestros nietos? Tendremos que ser una sociedad fantasma de
pueblo emigrante, que se desparrama por la tierra. ¿Qué le queda a la lucha de las
generaciones que nos precedieron? ¿Cuál es el recuerdo de los viejos tupamaros que
dejaron el alma una tarde, al sol? ¿Para qué todo esto? ¿Para qué las generaciones que
nos precedieron luchando, primero los anarquistas fundando sindicatos por 1880? ¿Qué
queda de los huesos de la vieja izquierda, qué queda como mensaje de toda la lucha
popular de estos años? ¿Dónde están los sueños si a la hora de la verdad retrocedemos
ante la historia y no hacemos la pata ancha para intentar poblar de esperanza para que
nuestros hijos tengan ganas de vivir y de parir y de morirse en esta tierra? ¿Para mirar
a la historia de frente desde un lugar de nuestra pequeña nación que la están haciendo
pelota? ¿O no se dan cuenta que un montón de nuestros muchachos, tal vez de los más
calificados, se nos han ido? De una sociedad rica que fue orgullosa, nos estamos
transformando en un pueblo de mendigos: tenemos que hacer cola para comer un ensopado de
lástima. Nuestros gurises tienen que andar por la calle, a veces pidiendo vintenes,
haciendo la vida entre pobres y granujas, y bandidos, atomizados, de a uno. ¡Qué queda
de nuestra ética! ¡Que queda de nuestro pasado!
Entonces ya no hay un problema sólo de izquierda y derecha. ¡Es un problema
de Nación! Hay un problema de país, hay un problema de nosotros. ¿Qué le queda como
reserva al pueblo uruguayo? ¡Le queda sólo esta herramienta! Y esta herramienta no debe
fracasar por los márgenes evitables de estupidez y vanidad que podemos llevar adentro los
hombres. Compañeros, no estamos en un partido de cuarta, no es un partido de la Extra, no
estamos luchando por un puñado de votos, no estamos luchando por dos diputados más, no,
estamos luchando por agarrar la manija para que nuestro pueblo se encuentre y nos empiece
a enseñar, y empiece a aprender que vale la pena romperse el alma por este país.
Entonces compañeros, tengan conciencia del drama que vivimos al pisar este nuevo siglo.
Dentro de 20 o 25 años el gurí que no tenga liceo será casi analfabeto, pero casi 50%
de los gurises que están naciendo hoy lo hacen debajo de la línea de pobreza. Tenemos el
destino de Africa agazapado en nuestras entrañas, petisito, menos de medio metro
caminando por las calles, señalando cuál es nuestro futuro como nación si no somos
capaces de abrirle puertas a la Historia.
Este es el desafío. Por eso planteamos una consigna: Hay que refundar el
país. Porque ya no podemos funcionar como lo hemos hecho hasta hoy. Para qué nos sirve
echarle las culpas a otro, ya lo sabemos, el problema son las cosas nuevas que tenemos que
parir en nuestra sociedad, el brutal encuentro de sacrificio, de amor y de trabajo que hay
que dar por este país. Porque yo les quiero transmitir, a pesar de la gravedad de la
hora, un gigantesco caudal de esperanza que llevamos adentro. Un caudal de esperanza, por
conocer y rumiar este país, rincón por rincón, conocerlo en los pliegues más
profundos, gracias a nuestro pueblo. Sobre todo a ese pueblo que habla una palabra de
mañana y otra de tarde. ¡Cuánto nos han enseñado! Les digo esto compañeros, porque
tenemos una Facultad de Economía donde deben haber 10.000 estudiantes, y ¡vivan los
estudiantes!, y ¡viva la Universidad de la República!, pero que vivan al servicio de su
biblia: su pueblo, de su religión: su pueblo. Porque la última materia sólo la
aprenderán con su pueblo.
Se habrán recibido cuando lloren y rían con su pueblo. Hemos oído
análisis más o menos de izquierda, más o menos de derecha, todos son catastróficos.
Hay que renegociar la deuda, o salir a mangar. Si no nos prestan plata de afuera nos
morimos, y si no nos perdonan la deuda nos morimos, y hace 25 años que estamos en la
misma, y nos morimos si seguimos así.
Y contra toda la academia, voy a levantar la bandera del sentido común,
aprendido de los paisanos: cuando uno está pobre, contra las cuerdas, trata de gastar lo
menos posible, y trata de inventar cosas para poder resistir, y no hay otra, y es más
viejo que el agujero del mate. Y siempre ha sido así, y no es milagro. Hay que rescatar
la política como el eje de una ciencia económica. La política debe estar pegada al
sentido común del pueblo.
Sólo podemos arrancar a partir de lo que tenemos, nuestro pueblo, nuestras
necesidades, nuestra pobreza.
Quiero transmitirles finalmente, que un proyecto de país basado en primer
término en utilizar la capacidad ociosa, implica tener una visión de arquitectura
nacional que le dé prioridad al ladrillo, porque hay miles de pobres que viven de hacer
ladrillos en este país; tener una visión de aprovechar la capacidad ociosa es no tener a
la tropa comiendo pirón, porque el presupuesto militar es un gran seguro de paro, pero
pueden ayudar a capitalizar nuestro país a mediano plazo.
Por ejemplo, hay una zona en Artigas donde se pueden hacer 70 represas de
tierra para regar, significaría 40.000 hectáreas de riego por gravedad sin gastar
energía, esto le cambiaría la cara al departamento. Esto no significa sacarle trabajo a
nadie sino que es capitalizar el país y además muchas otras cosas del Estado podemos dar
vuelta para generar el valor para todos...
Se habla mucho de solidaridad, la solidaridad que no te cuesta del bolsillo
no es tanta, la solidaridad es una forma de vida, toda la vida debe ser solidaria no para
mantener a nadie sino para darle una mano a la condición humana.
Finalmente debo pedirle a mis compañeros que se mantengan firmes y a los
gurises que traten de sembrar todo lo que puedan, que tenemos que tener sentido de
pertenencia muy profundo con la izquierda. Mis compañeros son todos los que están en
nuestro Frente, con el cual podemos discrepar, pero que no son enemigos, y recuerden que
antes que nada la verdadera unidad es saber olvidar los agravios y tejer los acuerdos.
Se nos terminó el tiempo de ser radical oposición, ahora hay que crear las
bases de la refundación de una nueva nación, hay que tener la generosidad muy superior a
la que nos permite la sociedad presente y un íntimo respeto hacia todos.
Debemos
ser más tupamaros que siempre, más abiertos, más sembradores, más luchadores que
siempre, más capaces de abrazarnos con todos los sectores que están contra este
proyecto; con mucha memoria para no olvidar nada, pero con poca memoria para cobrar
cuentas, porque aramos hacia delante, hacia un tiempo en el cual no viviremos, pero en ese
tiempo habrá patria para todos.
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