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En la
comparación, década de los sesenta mediante, aunque estémos en otro siglo y milenio, es
el de la espectacular presencia del imperialismo en nuestro continente.
Veamos la similitud casi extraordinaria
entre la década del sesenta, con el momento que nos toca vivir hoy. Nadie puede negar que
hoy, como en los sesenta y principios de los setenta, tenemos un estado de guerra
interno, cambia la forma (y a veces ni eso) pero no los contenidos. Desde el
interior de nuestro país podemos ver: el sector productivo semidestruido, fábricas
abandonadas, pueblos fantasmas, chacras dejadas a la vera del camino, talleres que no
tienen a quién atender, comercios que cierran sistemáticamente, etcétera.
También parangonando los sesenta,
tenemos estado de guerra interno en el que persiste el pérfido y porfiado 14%
de desocupación, donde los trabajadores pierden su calidad de tales y por tanto su
dignidad, teniendo que mendigar cualquier mendrugo laboral, de cualquier característica,
para poder llevar un pedazo de pan a la mesa y conseguir cualquier cosa para que sus hijos
vayan a la escuela, o terminan vendiendo todas sus cacharpas para irse no se sabe dónde:
a cualquier parte del mundo alejado de sus lugares y personas más queridas
Un estado de guerra interno
en donde los productores y asalariados del campo uruguayo ven espantados que la aftosa les
pega el golpe de gracia, y que por lo tanto ese estado de guerra interno
patrulla con el Ejército, pone barreras (sanitarias), sitia ciudades y pueblos y también
¡vaya similitud, usa rifles! sanitarios pero tan peligrosos como los otros, porque en
definitiva se llevan por delante toda una vida de trabajo y sufrimiento detrás de una
bala 22 en la cabeza de una vaca
Por eso vemos que este recordatorio debe
estar signado por esos parámetros, estamos seguros de que Raúl, el luchador incansable,
el creativo por excelencia, hoy está y debe estar convocando a renovar el compromiso, en
este contexto, de todos nosotros, en el compromiso revolucionario de todos nosotros
Pero además, la gravedad en la
comparación, década de los sesenta mediante, aunque estémos en otro siglo y milenio, es
el de la espectacular presencia del imperialismo en nuestro continente. Ese mundo unipolar
donde las fuerzas imperialistas sacuden nuestra vida política, con planes concretos y con
crudeza cada vez mayor. Por ejemplo, con dos patas pesadísimas como lo son el ALCA por un
lado, abarcando la política comercial, y por otro lado la pata militar ( ¿la bota?) el
plan Colombia: en estos días, para poner un ejemplo y una idea de lo que ocurre, se nos
dice que votemos la solicitud del ingreso al territorio nacional de quince efectivos
pertenecientes a una Unidad de Infantería ligera del Ejercito de los Estados Unidos de
América a efectos de realizar ejercicios bilaterales con personal de nuestra Fuerzas
Armadas. Siendo el objetivo expuesto en el mensaje el intercambio de
experiencias al mismo tiempo que el fortalecimiento de los lazos de confraternidad entre
ambas Fuerzas Armadas
Mientras, ¡qué ironía!, se necesitan
U$S 120.000 para dotar al Oyarbide de un radar que sería imprescindible para
el relevamiento del piso marino y completar el derecho a casi un país más, esos U$S
120.000 nos permitirían llegar a las 300 millas marinas
O el ejemplo que tenemos sobre el ALCA,
Area de libre comercio americano, que no es otra cosa que el zorro suelto en el gallinero.
Imagínense que si ya el Mercosur fue todo un dolor de cabeza para los trabajadores y
empresarios, no debemos olvidar que en este proceso se perdieron entre 140 y 150.000
puesto de trabajo.
¿Y cuál es nuestra actitud?, la de
proponernos refundar nuestro compromiso en manejar como tupamaros, como emepepistas como
en frentistas y encuentristas el desafío de construir y perfeccionar nuestras
herramientas de lucha. Teniendo en cuenta lo que nos decía el Bebe, que fue motivo de un
pequeño trabajo que hicimos en la cárcel de Punta Carretas: los luchadores sociales
deben moverse como pez en el agua y no como el punguista en el ómnibus, significando con
eso que debemos ganar a la población, luchar por la unidad, profundizar la mirada en los
objetivos estratégicos engrosando la fila de los trabajadores del campo y la ciudad y
desechando a aquellos que se miran el ombligo, a aquellos que tendrían que bañarse en la
humildad de hombres que jamás se pueden olvidar, como Raúl Sendic.
Para terminar compañeros y compañeras,
recordamos la consigna del Foro Social Mundial: "Un nuevo mundo es posible. Vamos a
construirlo entre todos".
Habrá
patria para todos.
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