Eleuterio Fernández Huidobro |
Como pocas
veces a lo largo de la historia, la identidad nacional está amenazada. Hoy en el fondo de
este gran debate lo que se está discutiendo es la viabilidad de esta patria y de quienes
vivimos en ella. Porque se nos está yendo hasta la gente.
Algunas reflexiones: podemos quedarnos en
la superficie de lo que nos pasa o podemos sacar enseñanzas y conclusiones de fondo, como
si fuera una parábola. Yo podría elegir cualquier tema de los grandes, al azar, por
ejemplo, el tema de la aftosa.
El año pasado, cuando empezábamos a
discutir el presupuesto, los funcionarios del Instituto Rubino venían a reclamar mejoras
para lo que se les destinaba, que era magro, misérrimo, paupérrimo. Pocas semanas
después, estalló lo de Artigas, la invasión del virus de la fiebre aftosa parecía como
que aquellos funcionarios del Instituto Rubino encargados, entre otras cosas, de vigilar a
esa enfermedad, habían adivinado lo que le iba a pasar al país. Hace pocas horas me
visitó un funcionario jubilado de aquel instituto vino a contarme, que soy de la ciudad,
que ignoro, como gran parte de la izquierda los problemas de nuestro campo.
Lamentablemente, una pequeña historia y la parábola.
Este fue un país con aftosa y sin vacuna
en los orígenes, obviamente. Hubo una época en que había ganado, había aftosa y no
había ni siquiera vacuna. Después fue un país con aftosa y con vacuna, elaborada por
laboratorios particulares pero sin lucha estatal contra la aftosa. Un poco "a la que
te criaste", el productor rural que quería podía comprar la vacuna, el que no
quería no vacunaba y convivíamos con la aftosa. Y a fines de la década del 60 en el
Laboratorio Rubino, allá en el Cno. Maldonado, cerca de Pando, el gobierno construyó
tres grandes galpones, cada uno destinado a luchar contra cada una de las formas del
virus: la a, la o y la c, un matadero chiquito, modélico para faenar los animales con los
cuales iba a experimentar, oficinas, laboratorios, camionetas, islas en el Río Negro del
lado de Baigorria para tener animales vírgenes de toda contaminación a los efectos de
experimentar con ellos; y declaramos oficialmente entonces la guerra a la aftosa para
tratar de liberarnos de esa plaga.
Se invirtieron enormes recursos y un día
juntaron una especie de seleccionado de veterinarios, funcionarios del Ministerio,
etcétera. y los destinaron a esa tarea. Una especie de pequeño "ejército
loco", al cual reunió un día el Dr. De Freitas y les explicó qué tamaña empresa
iban a encarar, diciéndoles que les iba a llevar décadas, tal vez un siglo; era una
lucha larga y prolongada, les dijo, contra ese flagelo y a uno, escuchando el relato le
parecía oír al Che, además tiene que ser continental. No podemos ni soñar con
erradicar la aftosa del Uruguay si no se la erradica del Paraguay, del Brasil, de
Argentina, esta es una batalla continental, una batalla regional. Conviviremos con esta
enfermedad mientras ella no sea extirpada en la región. Eso les dijo aquel veterinario,
Dr. De Freitas, fallecido hoy, que peleó luego en Paraguay, y que murió allá peleando
contra la fiebre aftosa, aquel sabio uruguayo. Y este país, este Uruguay de aquella
época desempeñó la proeza, cumplió la proeza.
Podríamos elegir como relato de la
parábola cualquier otro tema. Brasil devalúa en el marco del Mercosur en el año 99 sin
decir "agua va" y nos sume a todos en una profunda recesión. A Argentina se le
ocurre levantar las barreras arancelarias sin consulta, y en el marco del Mercosur lo
hace. Habiendo compromisos contraídos, oculta durante seis meses que tenía aftosa y
engaña al mundo, y nos jode, y no nos dejan entrar con nuestros productos inventando
barreras sanitarias y de otro tipo.
Entonces, Jorge Batlle, desorientado,
sale a decir que nos vamos para el ALCA o nos vamos para el NAFTA o nos quedamos en el
Mercosur, o nos vamos para una relación bilateral con los EEUU, no se sabe bien qué
piensa con la Unión Europea, y todo esto dicho por la prensa sin consultar a su propio
partido donde tiene discrepancias. Y es otra parábola. ¿No habíamos apostado en el año
91 como estrategia al Mercosur? ¿Y ahora qué nos ha pasado?
Nosotros tenemos el orgullo de haber sido
de los pocos que votamos contra el Mercosur , pero eso no importa, no venimos a cobrar
boletas amarillentas, porque somos integracionistas, pero estábamos en contra de ese modo
de integración. Nos preocupa más que eso hoy, constatar la realidad actual y la
desorientación del gobierno, de los partidos tradicionales frente a los grandes problemas
del país y la desorientación del pueblo.
¿Quieren cualquier otro tema? La
contaminación por plomo en La Teja, que yo creo que no es sólo allí. Pienso que estamos
todos contaminados con plomo, por las cañerías de OSE y porque consumimos casi uno de
los últimos pocos países del mundo nafta con plomo. Ibamos a arreglar la refinería para
producir nafta sin plomo, y el gobierno decretó paralizar las obras de la refinería para
seguir produciendo nafta con plomo.
¿Quieren otra parábola? Este país hizo
una de las más grandes y mejores inversiones de América Latina en ANTEL, bajo la
dictadura y posteriormente. Digitalizamos todo el sistema, telefonizamos el Uruguay,
construimos una de las mejores infraestructuras telefónicas del mundo, de punta en
América Latina. Y después que tenemos esa realidad sacrificadamente construida, y que
comienza a dar ganancias como es lógico con una potencialidad tremenda de desarrollo,
ellos vienen y dicen: vamos a venderla.
Plantan madera, plantan árboles,
subsidian en la plantación; nos transformamos en un país forestal. Plantan hectáreas de
eucaliptos y se olvidan nada menos que los eucaliptos crecen, y que después hay que
cortarlos, y que debe salir hacia los puertos. Se nos derrumba un monte de eucaliptos
sobre Montevideo, sobre Nueva Palmira, sobre los puertos, no hay por dónde sacarlos. Pero
antes destruyeron AFE, y ahora dicen: tenemos que reconstruirla.
Algunas conclusiones. La primera: estamos
inmersos en una profunda crisis del sistema de dominación, en una crisis de los partidos
tradicionales. Y este país tuvo modelos con los cuales podíamos estar en contra o a
favor generalmente en contra, pero los tuvo. Un proyecto, una estrategia, ideas claras, y
a rajatabla, a veces pasando por encima de la miseria de los pueblos, la aplicación de
ese modelo. Y hoy lo que tenemos es la no estrategia, a veces es la desorientación, otras
veces esto es conscientemente buscado. Parece que hay una crisis profunda de proyecto en
los partidos que tradicionalmente representaron a los sectores dominantes.
Una de las primeras conclusiones que
tenemos que sacar de estas parábolas: no dan pie con bola, están como
perro en cancha de bochas, son un terremoto, gato entre la leña,
cachila en tierra suelta, no saben ni para dónde ir, ni qué hacer, sólo
repetir slóganes vacíos.
Segunda conclusión: está en debate lo
que en términos teóricos se llama la cuestión nacional, la existencia o no de este
país.
Miren para cualquier lado: la aftosa nos
viene de afuera; el Mercosur: nos vienen de afuera las dificultades y los problemas; y el
ALCA. Y hoy, como pocas veces a lo largo de su historia, su identidad nacional está
amenazada. Hoy en el fondo de este gran debate lo que se está discutiendo es la
viabilidad de esta patria y de quienes vivimos en ella. Porque se nos está yendo hasta la
gente
El otro tema que emerge, claro, nítido,
rotundo, es la hoz; la izquierda uruguaya fue puro martillo de tan urbana y asfáltica. Y
hoy que recordamos a Raúl, de los pocos que se acordó de la hoz, de que somos un país
ganadero, agricultor, lanero, pescador, minero, extractivo, que el país no es Montevideo,
que el país es mucho más.
Y acá hasta nos tenemos que hacer una
autocrítica. Salva sea la parte de que quienes provenimos de la línea de Raúl, somos de
los pocos que nos ocupamos del campo. Y muy criticado es hoy, incluso en sofisticadas
tiendas de la izquierda el Pepe, por su desviación agrarista, poco asfáltica, no tiene
tufín universitario
Pero por cualquier lado para la clase
obrera, para los del martillo y el yunque, para esta izquierda tan querida, proletaria,
trabajadora y empleada, la parábola es clara: aparece la fiebre aftosa y 3 mil obreros de
la carne van al seguro de paro. El proletariado tiene que sentir como sintió siempre,
históricamente, y de ahí la hoz y el martillo, que sin la alianza entre las dos cosas es
imposible el país. Que podrá haber 48 mil productores rurales, de los cuales la mitad
vive bajo la línea de la pobreza, podrá haber muy pocos obreros que trabajen en las
canteras, pocos pescadores, o pocos obreros, tamberos o productores, pero ellos son los
que ponen en marcha la máquina para que miles y miles de obreros de la industria láctea,
de la industria pesquera, de la industria de la construcción, del cemento portland,
trabajen en las fábricas. El campo está ligado íntimamente a la clase obrera, por lo
que tiene que tomar conciencia de eso. Y ligar una alianza estratégica del campo y la
ciudad para derrotar el proyecto de la oligarquía.
Hasta que la izquierda no tenga claro
eso, no se abrirán como decía Salvador Allende en nuestro país la puerta de las
anchas Alamedas, para que por ella pase el hombre libre.
Estámos ante el fracaso del Estado
compañeros. Esa es una asignatura pendiente que tenemos. Todos ustedes y nosotros
militamos en el año 92. Perdimos en julio. Se acuerdan lo que marchamos
Ganamos en
octubre y después le dimos la paliza en diciembre, para impedir la privatización de las
empresas públicas. ¿Se acuerdan de esa batalla histórica? Ejemplo en América Latina y
en el mundo. Pero recuerden que en aquellas tribunas a las que fuimos, a la gente le
dijimos: queremos tu voto y tu firma para derogar esta ley privatizadora, pero te
prometemos una reforma del Estado, porque este Estado así como está es indefendible.
Estámos ante el fracaso de este Estado
que construyeron ellos y no tenemos porqué defenderlo. Hay que levantar una propuesta de
un Estado moderno, al servicio del pueblo, al servicio de las clases populares. ¿Qué
proyecto alternativo tenemos?
Raúl fue siempre un heterodoxo, un
canario que pensaba con cabeza propia, incluso, ante las más grandes autoridades
teóricas de moda en su época.
Y han cambiado muchas cosas en el mundo,
compañeros. Nosotros no podemos seguir, por pereza mental, repitiendo eslógan que hoy ya
no funcionan, o que están vacíos o que no dicen nada, que son nada más que una
comodidad para no estudiar, para no elaborar, para no profundizar. El mundo cambió. No
es, como se decía hoy, por parte de algunos intelectuales urbanos de acá de Montevideo,
que la fiebre aftosa mata hoy más que antes. La fiebre aftosa no mató nunca porque no es
letal, enferma nomás, no mata a las vacas. Las vacas se mueren por otro motivo, no por la
fiebre aftosa. Pero hay que perdonarles a esos intelectuales de Montevideo que no sepan
eso en un país ganadero. Lo que ha cambiado es que ahora somos un país de comercio de
tránsito; los camiones van y vienen para todos lados, van a Chile, van al profundo
Brasil. Ha habido revoluciones tecnológicas, revoluciones informáticas, revoluciones en
el sistema financiero capitalista mundial. Tenemos que tener ante esos fenómenos, como
tenía Raúl en su época, la cabeza abierta, innovadora, original, revolucionaria. Porque
revolucionario es eso, es revolucionar, es pensar con la cabeza propia, cambiar lo que
existe por algo nuevo pero viable y no vivir apegados a viejas recetas que no sirven ya
más.
Y finalmente, para irme, hay que apostar
a la vida, ¿verdad?
Nosotros no podemos recordar muertos,
compañeros, los actos como éste, tienen un solo sentido: decir que los compañeros viven
porque pelearon, que viven en el corazón, está bien. Pero para que vivan, tenemos que
hacer actos como éstos, reafirmatorios de que están vivos, porque este acto lo convocan
ellos. Pero también tenemos que elaborar acción y lucha que demuestre que su
pensamiento, que su memoria, que su tradición está viva. Y esa es una apuesta a la vida,
al optimismo de este país.
Hay que hacer una apuesta a la vida y no
a la muerte, compañeros y compañeras. Y estos compañeros que se quedaron eran timberos
a favor de la vida.
Muchas gracias compañeros.
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