Movimiento de Liberación Nacional
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NO HAY MEJOR TEORÍA REVOLUCIONARIA QUE LA QUE SURGE DE LAS REVOLUCIONES HECHAS. RAÚL SENDIC











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¿PORQUÉ UN FRENTE GRANDE?   (1987)

José Mujica Cordano

Compañeros y amigos: es inevitable que en estas ocasiones, a un hombre un poco veterano le atropellen los recuerdos. Esas cosas del viejo rostro de la lucha. No de la lucha de los tupamaros solamente sino, en definitiva, de esa legión de pueblo oriental que, de un modo u otro, olfateó que en este país las contradicciones económicas y sociales nos llevaban, como de la mano, hacia el fascismo. Y, equivocados o no, madrugaron y estuvieron y siguen estando muchos años después. Y, repasando en los recuerdos, uno encuentra vacíos y tantos nombres que se quedaron en el camino del tiempo. Todo esto para reconquistar una democracia; una democracia frente a la cual no estamos en la mitad del camino; y a muchas veces lo hemos dicho, pero hay que martillar para la cabeza de la gente joven, una democracia mentirosa y mitigada por el enorme saldo de injusticia social que encierra una democracia bastante coartada, como escondiendo aquí y allá, en el “veremos” de un señor ministro, la amenaza del garrote. Y uno se pregunta: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo con ese jueguito, cuando tenemos tremendas cosas trascendentes? ¿Hasta cuándo no comprenderán cuál es la postura de los luchadores sociales que son capaces de tragarse todo por una cuestión de patria o por una cuestión nacional? Y, en vez de hacer pata ancha con los gringos que nos chupan de afuera, ¡andan con el garrote en la mano amenazando al pobrerío!

Estas son cuestiones que nos obligan, permanentemente, a permanecer alerta desde el punto de vista político. Porque hay que luchar contra dos opuestos: el tremendismo que pueda flotar en el cerebro de la gente joven, y, lo otro, el irse al mazo, al querer ocultar tremendas realidades haciendo como el gato, tapando los graves problemas nacionales que tenemos en el horizonte.

TENEMOS LA PETULANCIA DE MANTENER EL CEREBRO INDEPENDIENTE

Y, es por esto, compañeros, que organizaciones populares como el MLN y como tantas otras que de un modo u otro están acá en un abrazo fraternal, apretado, mirando desde su ángulo, estableciendo una mirada hacia una visión pluripartidista abierta, donde nos criticamos y nos damos con el caño pero sabiendo de qué lado del pueblo estamos, y sabiendo que también, somos en conjunto, un desafío y también una esperanza.

Este MLN tiene un mensaje viejo, permanente, de razones válidas, pero tiene también un conjunto de trazos nuevos y un conjunto da decisiones. Nosotros tenemos que cumplir con nuestro pequeño trabajo aquí, compañeros, dando los puntos de vista de una organización que quiere ser de cuadros y de militantes, pero que sabe que no hay ninguna transformación posible, en esta y en cualquier parte de la tierra, sin la participación del hombre del pueblo, del hombre común y corriente.

Uniendo todo esto, tenemos que empezar por reconocer este hecho capital: como organización, económicamente estamos pobres, tremendamente pobres. Porque las multinacionales que estuvieron ayer presentes en esta cancha (Mujica se refiere a un acto partidario de la 15) no puedan estar presentes en la cancha de los tupamaros. Y porque creemos que las transformaciones, en cualquier parte de la tierra, pasan en primera instancia por el cerebro de los hombres que allí nacieron y porque tenemos en este mundo, si se quiere hasta la petulancia, que mantener el cerebro independiente y ser amigos de todos en el campo internacional pero dependientes de nadie.

Anudamos nuestra pobreza, y no tenemos otra fuente de recursos que el aporte servidor de los compañeros; y, ese aporte económico, pequeño, gota a gota, en un país en crisis, es también un mensaje político, de apoyo, para continuar nuestra lucha. Está de más decir compañeros, que con este círculo, por tener la oligarquía enfrente, por tener el imperialismo enfrente, por tener independencia, estamos condenados, lujosamente condenados, a ser pobres y a luchar contra esta pobreza. Porque precisamente, en esta pobreza está nuestro mayor orgullo.

NO ADMITIMOS, NO PODEMOS ADMITIR, EL“¿DESPUES QUE?”

Queremos recordar hoy, con la palabra de los compañeros de la Comisión Nacional Pro Referéndum, que ha luchado contra todo el oficlalismo, un hecho conocido: que las firmas están prontas. El señor presidente ya está juzgando, desde su puesto de presidente, que más del 20% de las firmas no servirán y por tal no habrá referéndum. El señor Wilson se permite el lujo de contestarle a un periodista: ‘¿En qué país vive usted, en qué planeta?’ amenazando como el “veremos” de Medina, puesto precisamente en ese lugar en esta coyuntura.         ¿Qué respuesta, compañeros? La única que cabe: movilización, movilización y movilización. Están las firmas, pero ahora hay que defender precisamente una expresión política de voluntad popular.

Y —tómese esto como una declaración política lisa y llana— el MLN, como organización y como conjunto, va a respetar de cabo a rabo cualquiera sea la decisión que se dé ese pueblo, pero no admitimos, no podemos admitir, respuestas de un señor omnipotente como la de Wilson, desde Playa Pascual, cuando nos espeta, él, presunto paladín de la democracia liberal: “Si triunfa el plebiscito, ¿después qué?”. Nosotros tenemos la respuesta. Si todas estas instituciones, si toda esta democracia que nos plantean como el escalón superior de la organización humana son mentiras, si en el fondo son una farsa, porque vivimos en un país en el cual somos todos rehenes, porque es posible burlarse de la voluntad popular expresamente establecida, si todo eso es mentira, nosotros creemos que no tenemos que ocultárnoslo a nosotros mismos. Si eso es así, todos vamos a aprender, todos, de cabo a rabo, lo que es la idea de poder, dónde está el poder, dónde está la garantía del verdadero poder, y vamos a aprender en la práctica de la historia que la garantía de ese poder no corresponde a la mayoría de la voluntad popular.

Saldremos cuando menos, con una tremenda lección política, que vale más que cien mil cursos de formación en cualquier comité. Pero mientras tanto, organización y movilización. Porque ese conjunto de firmas no tiene colores partidarios pero tiene sin color político en el sentido trascendente, porque encierra en su respuesta un mensaje del nuevo país. Hay sí una cuestión de justicia.

Hay sí una cuestión de verdad. Hay sí, compañeros, más profundo, una cuestión de oficializar una verdad que sirva como un elemento de docencia para las generaciones que vienen. Y esta es una lección política, que vale para izquierda, derecha y centro. Vale para todos los orientales. Hay cosas que no se deben hacer, porque pisotean al hombre en el sentido superior que tiene.

A NINGUNA FUERZA POLITICA LE DA LA NAFTA PARA CAMBIAR ESTA SITUACION CON SU SOLA FUERZA.

Vamos compañeros de la mano, reconociendo en los temas de la hora, y entrando un poco en ellos, que atrás de todo esto no vamos a responsabilizar a la masa de gente que ayer de noche, en este mismo Estadio, salía con una bandejita de aquí y de allá. No... en última instancia, muchos de los que pisaban esta gramilla no son más que parte de nuestro propio pueblo, y nuestra lucha es no de odio sino por rescatarlos, por incorporarlos a una columna liberadora. Y vamos, compañeros, a no creer que ayer en esa fiesta del Partido Colorado lo importante eran las tradiciones del Partido Colorado; lo más importante estaba atrás del escenario: la posesión ubérrima de todos los poderes por parte de una oligarquía que ocupa la segunda fila, que domina los grandes partidos tradicionales, que tiene influencia ideológica, que reina en este país, que, precisamente, viene procesando un sistema de engorde, donde engorda ella arruinando el país, donde su preocupación central no es el incremento de la producción sino, más bien, oficiar como una capatacía hacia el ”gran gordo” de afuera que nos chupa. Y vamos objetivamente a reconocer, en el dilema político planteado en nuestro tiempo presente, con este dibujo en tercios que puede amenazar en el horizonte con permanecer años: a ninguna fuerza política, en el mejor de los casos, le da la nafta para poder cambiar esa situación con su sola fuerza.

Y este es un mensaje de encrucijada nacional, de reconocimiento objetivo de cuál es la situación. Y si revolucionarios ayer, hoy y mañana, nosotros tupamaros, con las patas bien en el suelo, dispuestos a correr para poner cualquier parche que signifique un poco más de alivio a los problemas concretos que tiene el hombre de todos los días, no tenemos ninguna clase de asco en materia de principios, de señalar que para poder topar con esa oligarquía, hay que levantar un programa mínimo de salvación nacional, que lo puedan suscribir enormes contingentes del pueblo, porque la verdadera contradicción no es entre blancos, colorados y frenteamplistas, sino que la verdadera contradicción del presente es oligarquía-pueblo. Y todo es poco para polarizar este país, en un enfrentamiento que plantee el país que quiere cambios importantes, frente al país reaccionario mamando de los privilegios.

Esto, compañeros, no es, no ha sido nunca desde que salimos de la cana, el planteo de una “nueva organización política”. Es una tesis política, es un camino de alianzas que empieza por reconocer que el primer horcón del medio de la situación nacional es un enfrentamiento con todo contra esa oligarquía; elemento objetivo, elemento de salvación nacional. Porque si no somos capaces de dar respuesta a problemas dramáticos puntuales, inaplazables, ¿cuál será el futuro de esta democracia en un país donde se están muriendo de hambre cuatro gurises por día, donde están “achatando” setenta orientales por día (y de estos, cincuenta son muchachos jóvenes), en un país, además, donde hay pueblos que se están transformando en pueblos fantasmas, en un país donde lo único quo crece es la chirca, el desierto y las colonias de emigrados, en un país que promete demagógicamente por quienes lo gobiernan pagar lo imposible para 1990, en un país donde se está debiendo al gringo más de lo que vale, a precio de mercado, toda la tierra nacional, en un país donde se olvida el salario, donde se olvida la salud, donde se está privilegiando solo una línea: exportar más a un mundo ancho y ajeno que ni nos mira, que tiene sus contradicciones, que tal vez esté plantado frente a una crisis de recesión incalculable y donde se apuesta todo a taponear la economía nacional vendiendo más para afuera y sacrificando el salario, es decir, sacrificando la tripa de nuestros compañeros trabajadores? Esos compañeros trabajadores que, organizados como han podido a la salida de la dictadura, han sido la insinuación del único gesto positivo de enfrentamiento con todo para tratar de cambiar el derrotero de una política económica que precisamente está sirviendo a esa oligarquía. Una oligarquía que fundiendo al país se permite está contradicción: fundir bancas manteniendo prósperos a propietarios de esos bancos.

HAY UNA VOLUNTAD DE CAMBIO QUE TRASCIENDE CUALQUIER FORMULA POLITICA

Todo eso, compañeros, que ustedes saben, y sobre la cual podríamos hablar una noche entera, sirve como dato objetivo para levantar la cabeza por encima de los problemas de hoy, de nuestros respectivos conventillos políticos y decir: los orientales no somos capaces de encontrar fórmulas que le den viabilidad a expresar esa fuerza potencial de cambio, que objetivamente tenemos que reconocer que si bien es masiva en las huestes que luchan en el Frente Amplio y en la izquierda en su sentido más amplio, campea también en las ranchos, en los galpones, en los tugurios, en todo el resto del pobrerío, en toda la gente decente que se da cuenta que este país no puede seguir así y que cualquiera sea su color partidario, abajo, en la gramilla, en el trabajo, se da cuenta que esto tiene que cambiar. Hay una voluntad de cambio que trasciende cualquier fórmula política. Y la primera sabiduría política es reconocer y poder viabilizar ese hecho, para que esa fuerza se pueda corporizar en un puño tremendo que pueda sí, enfrentar el desafío como nación que nos mete la oligarquía.

Esta tesis política, que de algún modo había que llamarla a la salida de la cárcel, la llamamos frente grande. Nunca la llamamos nuevo partido político, nunca dijimos autoridades, comités, disputa electoral, banderas, número, sino que expresábamos una cualidad distinta, una categoría distinta, que surge del análisis objetivo del drama nacional. En estas cosas no se puede pifiar, no somos tan aprendices. Nosotros no planteamos esta idea como alternativa a ninguna organización política y mucho menos a esa organización que por esfuerzo y sacrificio del pueblo uruguayo en un largo proceso y con muchos chorros de nuestra sangre se gestó, que se llama Frente Amplio. No. Planteamos una tesis política que necesitaba análisis, que necesitaba participación y discusión, que necesitaba trille, aporte. Pero una idea de la cual no éramos propietarios.

SIN PARTICIPACION DEL PUEBLO: NADA

Porque aquí, en la política nacional, no existen genios, sino que la única cuestión importante es la participación activa de las masas, porque solo ellas tienen la fuerza potencial de transformar las cosas. Nosotros no reconocemos que una vanguardia pueda por si tener autoridad para representar a esas masas; esas masas no tienen representación, son ellas por sí mismas. Y es precisamente nuestro modo de concebir eso que llamamos poder popular, puntería central de un pensar político hijo de nuestra derrota. Porque somos tremendamente autocríticas; pero no hacemos autocríticas a pedido, sino de nuestra propia sangre, con nuestra propia carne en la parrilla. Hemos dicho tajantemente que, en determinado momento, tal vez empañados por el éxito y el exceso de juventud, no tuvimos sabiduría para combinar todas las formas de lucha. Sin despreciarlas, de una forma u otra, no le dimos participación a las masas. A esa lección la tenemos incrustada, la hemos aprendido y hoy estamos en la arena de la política nacional para decir: sin participación del pueblo nada, lo demás es joda. Y cuando hablamos de frente grande es porque estamos pensando que para una topada con la oligarquía hay que poner pueblada, calor de pueblo, que es el que puede decidir la cuestión. Y este es el gesto trascendente. Y este es el gesto importante.

Pero si seguimos fosilizados mirando nuestros gallineros y pensando en términos de votos, nos olvidamos del drama nacional. Precisamente la credibilidad de las instituciones se va a afirmar si tenemos capacidad de dar respuesta a los problemas que están atenazando a la gente. Y esta tesis política parte de un principio gaucho, de un principio viejo: “No le pidas nunca, nunca a la gente, lo que la gente no te puede dar”. No pidas, así como así, que una inmensa legión de pueblo pueda renunciar a tales y cuales tradiciones y valores. No se lo pidas a la gente, porque si le queres imponer de repente semejante precio no tenes la principal: sus brazos, sus manos, su cerebro, su calor, su sudor.

La idea de frente grande empieza por reconocer que cada cual, esté donde esté, puede aglutinarse por un programa mínimo, común, de salvación nacional que nos lleve de la mano a un gran enfrentamiento con esa oligarquía. Que cada cual luchó en su espacio, con su lengua, sus banderas y sus tradiciones. No le pidamos que venga a donde no puede venir.  Pidámosle sí, que participe en esa lucha. Tengamos un gesto de apertura; no pretendamos cobrar al contado en el precio de hoy, porque la cuestión es lo de mañana, el porvenir.

LA TRAMPA DE LA LEY DE LEMAS

Se necesitará, naturalmente, enfrentar y cambiar las leyes del juego: este sistema electoral tramposo, esta ley de lemas que es una burla, que es como un reaseguro de la oligarquía. Esta tiene por un lado, la posesión mayoritaria del pensar de los partidos tradicionales, y como un segundo seguro, la ley de lemas para hacerle trampa a la voluntad popular y permitir que —desde hace más de medio siglo— los partidos tradicionales funcionen, de hecho, como un gran frente, con una izquierda, una derecha y un centro, y presenten ese pastel confusionista al pueblo. Y tienen, todavía más, a retaguardia: la garantía de su poder en un presupuesto militar acuartelado.

Más clara: ninguna reforma constitucional en este mundo le ha solucionado los problemas importantes a la gente. Nos mentiríamos a nosotros mismos si cultiváramos tamaña idea. Esta idea pudo ser posible en el siglo XVIII pero no hoy, compañeros. Ha corrido casi un siglo de estafa a cualquier esperanza constitucional. Pero precisamos cambiar las leyes del juego para que sea posible viabilizar en un gesto do futuro un sistema de alianza que permita llevar gobiernos de corte popular, con tono pluripartidista y ancha base popular movilizadora que pueda topar con el horcón del medio, que es precisamente la oligarquía. Esto sencillamente, era y es la idea de frente grande que, además, por no pertenecernos, por ser una cosa viva, va a sufrir en el correr del tiempo tremendas transformaciones y que no está techada sino abierta al pensar y a la participación de la gente.

Es inadmisible que se le dé pelota a los dichos de “El Día” por parte de alguna fuerza progresista. ¡Cómo es posible que lean en “El Día” y cuando tienen dudas no llamen a hablar a hombres que, equivocados o no, llevan casi un cuarto de siglo al servicio de sus ideas! Entendemos que es una falta de respeto, compañeros. Pero no estamos para cobrar errores, estamos para procurar entendernos en un lenguaje sencillo y claro que, entendiéndose en la Universidad, se tiene que entender principalmente en los ranchos. Y estamos además, suscribiendo que esta idea no es alternativa a la visión de Frente Amplio, no es alternativa, no significa una disputa en el hoy concreto sino que parte de este principio elemental: en las filas del Frente Amplio está el núcleo masivo más importante de gente que combate y lucha, de un modo u otro, por la transformación positiva; y también, el signo progresista de esta nación. ¡Cómo íbamos a plantear una cosa que sería un trazo de desunión, precisamente nosotros, hijos de una larga peripecia de lucha y de búsqueda, de reconocimiento en ese largo mensaje de unidad de la izquierda que ha costado tanto! Las carencias y las limitaciones que puede tener el Frente son parte de nuestra propia carencia. O ¡qué se han creído, ¿qué somos harina de otro costal por una cuestión de requisito?! ¡Nuestras críticas son críticas con una conciencia muy nítida de lo que es izquierda y derecha! No estamos para dividir las filas del pueblo. Si otros hoy se equivocan, ¡vaya a saber porqué!, que el futuro los interrogue. Por más que nos den cualquier puerta en el hocico, nosotros no estamos para dividir a la izquierda nacional.

NO HAY ILUMINADOS, NO HAY PARTIDOS DE VANGUARDIA QUE REGALEN LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES, SOLO HAY MASAS

Luchamos por una concepción estratégica que empieza por reconocer que somos una partecita, que no somos el ombligo transformador, y como tal, reconocemos que en esta parte de América, y tal vez en todo el mundo pobre —según lo está confirmando la historia de las grandes transformaciones—, los grandes cambios tienen un sello frentista, porque son muchos los sectores que hay que unir para el gran embate contra las oligarquías criollas entreguistas y el gran gendarme, en el telón de fondo, que es el imperialismo.

Que no hay liberación nacional sin una política de alianzas que nos una a todos y, si esta cuestión es estratégica, tenemos que poner al lado de esto lo que hoy pensamos los tupamaros, nítidamente desde el punto de vista teórico, sobre dónde está la raíz de toda transformación.

Ya un poco lo borroneábamos al principio. Lo aprendimos de analizar nuestra propia derrota. No hay iluminados, no hay partidos de vanguardia que regalen las transformaciones sociales, solo hay masas y hay grandes cambios si las masas tienen fuerza para darlos.

Esta posición establece hoy una nítida y categórica diferencia en cómo ha de ser nuestra conducta en todo lo que es trabajo de masas. Más claro: cuando vamos como miembros de la Organización a un sindicato, cuando vamos a cualquier tipo de asamblea popular, todo tupamaro, y cada día más, tiene que tener incrustado en la mente que no vamos a aparatear a la gente, a imponerle nuestras decisiones políticas; vamos a dar nuestra posición, vamos a aportar elementos que sirvan para el análisis, en la conciencia de la masa, pero es la masa la que tiene que decidir; y cuando decide en contra de nosotros, aguantemos, respetemos y caminemos con esas decisiones.

Porque precisamente, la fuerza real está en que ese pueblo vaya paso a paso tomando gobierno de sí mismo. Y, en ese gobierno, en ese primer establecimiento de un poder popular, en cada rincón de la sociedad, aprenda por la práctica la fuerza que tiene su participación, hasta dónde llega la fuerza, cuándo se organiza, los límites de esa fuerza, objetivice los obstáculos que tiene enfrente, y, en ese lento aprendizaje, dónde está la semilla transformadora de la sociedad. Porque al fin y al cabo, no luchamos por una sociedad para más dirigentes sino que estamos luchando por un hombre nuevo con capacidad de dirigirse. Y esta diferencia esencial en trazo es precisamente, compañeros, como la piedra angular, como el cangrejo que está debajo de la piedra, que, desde un ángulo ortodoxo de una izquierda tradicional, nos está cerrando la puerta a un lugar que nos pertenece: la participación en el Frente Amplio.

Y no estamos para insultar a nadie. Estamos para debatir en el campo de las ideas, para aprender unos de otros, porque esta lección no es nuestra sino que es hija de haber contemplado, en la soledad de los calabozos, porqué el pueblo oriental fue derrotado y a la hora de la verdad se quedó sin dirigentes, cuando se nucleaba para resistir en las fábricas, frente al malón fascista. Con esa visión autocrítica que en nombre de los tupamaros hacemos para el conjunto de la izquierda nacional, decimos: tenemos todos que aprender una lección sobre cuál ha de ser la metodología para trabajar con el pueblo.

VAMOS A PARTICIPAR ACTIVAMENTE EN EL FENOMENO ELECTORAL

Y vamos, compañeros —porque se nos va la hora—, a definir categóricamente la política electoral, hasta donde la tenemos clara y decidida hoy, para que no haya equívocos. En primer término, vamos a participar activamente en toda la campaña electoral; porque más allá o más acá de entrar en garganteos de principios, la inmensidad del pueblo va a estar en una morsa política, y toda la cuestión nacional va a estar en el tapete y el hombre de la calle va a ser bombardeado con programas, con propuestas, y todos tenemos que aprender en ese debate.

Tenemos nosotros también que aprender, reformular, indagar. Y aprender de la sabiduría popular. Tenemos que participar en ese debate, tratando de aportar nuestra pequeña visión, buscando enriquecer la cabeza, procurando enriquecer la conciencia de la gente, porque es ella el elemento transformador de futuro. Y si puede haber una cuestión de trazo o de contabilizar votos, nosotros queremos contabilizar, a largo plazo, por las transformaciones nacionales, el grado de conciencia y organización de este pueblo. Y vamos por ello a participar activamente en un fenómeno que, quieras que si o que no, es un fenómeno de la nación y allí va a estar el pueblo.

Lo segundo a definir, nítida y categóricamente: nuestro pedido de Ingreso al Frente está allí. Sigue estando allí. Ese paso lo dimos, pensado y rumiado, por una razón permanente que anotábamos al principio: el reconocimiento objetivo de que allí está el conjunto más importante en esta nación de hombres que se baten por el cambio. Y no hay ningún cambio posible sin cultivar una política de caminar en un conjunto vasto, pluripartidista, democrático y que respete la participación de la gente. Por esto, que es un trazo estratégico, sigue permaneciendo nuestro pedido de ingreso. Por encima de los dimes y diretes —que no son otra cosa que dimes y diretes.

PORQUE EN ESTE PAlS, MENOS EL PUEBLO, TODOS NOS HEMOS EQUIVOCADO

Lo tercero a definir, que tiene que quedar también categóricamente explícito: cuando llegue la hora, en la medida que el panorama se aclare, vamos sí, como un gesto político de reconocimiento objetivo de la coyuntura política por la cual atraviesa la nación, a decir con nítida claridad cuál es nuestro compromiso electoral. Lo vamos a hacer porque hoy estamos precisamente a la luz pública, hoy no somos, en parte, una organización perseguida como antaño. Vamos a reconocer públicamente hacia dónde orientamos nuestro apoyo. Pero vamos también, compañeros, todos a reconocer que, luchadores en el medio del hoy concreto, estamos dispuestos a pelear por un puñadito de soluciones que signifiquen algo, algo que puede estar muy lejos de un programa final, para gente que en última instancia ayer y hoy y mañana lucha por una sociedad donde lo mío y lo tuyo no la dividan en clases antagónicas, por un tipo de sociedad donde solo sean privilegiados los niños, los ancianos y los débiles, por un tipo de sociedad donde el hombre  pueda ser verdaderamente solidario. Tenemos que transitar en este hoy concreto pensando en el hombre nuevo del mañana, pero tratando de mejorar este real que tenemos hoy, y sobre todo que no se nos muera de hambre. Porque con éste, con todas sus mataduras, con éste, vamos a hacer las transformaciones.

Con eso realismo, tenemos bien claro que hay mucha gente desencantada, los estafados de “Mi compromiso con Ud.”, los muchos estafados por ese batllismo que ha muerto, que han matado al fosilizar la permanente del mensaje de don “Pepe” BatlIe. Y que hay otra hueste de gente independiente desparramada, convocada por lo mucho que tiene de movimiento el Frente Amplio, que no se siente aquí y allá representada. Pero unos y otros tienen un gesto de cambio, con una visión socialista. Si, socialista y nacional, pensada con nuestras cabezas, en nuestro propio escenario, hija de nuestra historia y de nuestras contradicciones.

Todo ese conjunto de voluntades, de gente de por aquí y allá, estamos los viejos luchadores del MLN esperando que se convoquen, que se junten en un gesto político que viabilice una forma de expresión política, estableciendo un matiz que tiene hondas raíces históricas, en los 25 años de historia que han pasado; y tiene raíces mucho más hondas en la Patria Vieja. Estamos esperando un gesto convocatorio, un gesto de acercamiento entre toda esa falange, para establecer un matiz de unidad y un combate, donde fuere, por la unidad sin exclusiones, para intentar avanzar hacia formas más vastas de unidad popular, lo más vastas posibles sin por ello, en la entraña de esa vastedad, dejar perder el trazo de un socialismo nacional: pluripartidista, democrático, participativo, que nos dé cabida a todos y que nos dé también cabida al esfuerzo de los que pensamos, por definición de fondo, de carácter ideológico, que nunca podemos poner el precio de una organización política, para andar cobrando al contado o diferido. Porque por razones estratégicas del modo de concebir el poder popular, tenemos que apostar a que florezca la independencia en la cabeza de la gente, el antidogmatismo, el antiautoritarismo; porque en este país, menos el pueblo, todos nos hemos equivocado.

Muchas gracias, compañeros.

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