Movimiento de Liberación Nacional
T   U   P   A   M    A   R   O   S

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NO HAY MEJOR TEORÍA REVOLUCIONARIA QUE LA QUE SURGE DE LAS REVOLUCIONES HECHAS. RAÚL SENDIC











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APUNTES PARA UNA BIOGRAFIA


Raul_chi.jpg (8331 bytes)Peripecia de un paisano.

"Yo tuve un hermano 

no nos vimos nunca

pero no importaba

yo tuve un hermano

que iba por los montes

mientras yo dormía

lo quise a mi modo

le tomé su voz

libre como el agua

caminé de a ratos

cerca de su sombra

no nos vimos nunca

pero no importaba

mi hermano despierto

mientras yo dormía

mi hermano mostrando

detrás de la noche

su estrella elegida"

                               Julio Cortázar

El 16 de marzo de 1925, el matrimonio conformado por Victoriano Sendic y Amalia Antonaccio recibe en el paraje Chamangá –paraje suresteño del departamento de Flores- a su quinto hijo, Raúl. Arrendaban en la zona un campito de 200 hectáreas. La crianza de aquel niño, al amparo de la naturaleza, signó su amor a la tierra y lo entrelazó a la suerte de los paisanos. La educación primaria la inicia en la Escuela del lugar.

El ambiente rural incidió hasta tal punto en su formación, que recién a los diez años conoció un pueblo. Al terminar la primaria, la familia se trasladó a una chacra, heredada del abuelo materno, y el jovencito continúa estudiando en la Escuela Agraria. "Los hermanos Sendic ordeñan las vacas y venden la leche en el pueblo", anotan sus biógrafos. Luego, montado en un caballo o en bicicleta, llega al Liceo de la capital departamental, Trinidad.

La forja

En Secundaria comienza a revelar sus inquietudes: participa activamente en la formación de la Asociación de Estudiantes, concomitantemente escribe en el periódico gremial Rebeldía. En esta empresa se embarcan su hermano Alberto y el –posteriormente- eximio periodista Carlos María Gutiérrez.

Al completar la formación media en 1943, con 18 años, "baja" a Montevideo, se inscribe en la Facultad de Derecho y trabaja en un Estudio Jurídico. No alcanzó a graduarse de abogado –aprobó 5 años y medio de los 6 que insumía la carrera- aunque si obtuvo el título de procurador. En el recinto universitario conoció a quienes serían figuras destacadas en varias disciplinas. El senador Sarthou recuerda: "…con Raúl integramos la primera lista de izquierda del Centro de Estudiantes de Derecho, Lucha Universitaria, la formamos juntos. Era un hombre de pensamiento y acción, que no es muy frecuente".

Como Procurador comienza a trabajar, básicamente, en cuestiones laborales. Ya es un dirigente de la rema juvenil del Partido Socialista (PS) y un integrante, durante cuatro años, de la Internacional de Juventudes Socialistas.

Socialista y líder campesino

Sus inquietudes políticas lo llevan, desde mediados de la década del ’50, a trabajar en la organización de los asalariados rurales. En el ‘56, toma parte de la marcha que desde La Charqueada y la ciudad de Treinta y Tres rumbo a Montevideo, efectúan los explotados trabajadores del arroz. Dos años después, al participar en una movilización originada por los remolacheros sanduceros –que incluyó la huelga-, es detenido junto a otros militantes en la localidad rionegrense de San Javier. Se los acusaba –debido a su ingreso a las plantaciones- de invadir la propiedad privada. En un denodado esfuerzo, en 1959 crea la Unión de Regadores y Destajistas del ingeniero azucarero El Espinillar (URDE). El ex diputado socialista José Díaz, recordó que "esa generación, que bien podríamos denominar la de Sendic, contribuyó al desarrollo político e ideológico del PS de la década de los 50, y con Leguizamón, Toledo, Vique y Jorgelino Dutra impulsó al nuevo sindicalismo rural de masas".

Por esos años Raúl inicia el proceso que lo lleva a abandonar el PS, del cual era un destacado militante, al punto de ser integrante de su Comité Ejecutivo.

En compañía de un grupo de militantes con los que compartía esfuerzos, esperanzas y proyectos, se "corrió" al Norte y en 1961 fundó la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA). En poco tiempo, las luchas de UTAA adquieren notoriedad a nivel nacional y ponen al desnudo la terrible explotación que padecen los trabajadores de los ingenios. Como contrapartida: "Cada vez que son decretadas medidas prontas de seguridad por conflictos en Montevideo, Sendic y otros sindicalistas son encarcelados en Paysandú", apuntan testigos de los hechos.

El tupamaro

Por 1962, con el concurso de algunos compañeros –en un país en el que la crisis económica comienza a ir de la mano del descontento social-, organiza el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros. La pista accidental dejada en el transcurso de la expropiación de armas en el Tiro Suizo, departamento de Colonia, determina su pasaje a la clandestinidad. Pese a desaparecer de la escena pública, su nombre comienza a poseer atributo de símbolo, al ser levantado por los cañeros de Artigas que hacen de la frase "Por la tierra y con Sendic", no sólo la consigna central de su sindicato, sino también la expresión de un nuevo tipo de sindicalismo.

Son años de esfuerzo silencioso de construcción de la herramienta política, interrumpidos esporádicamente por escaramuzas (la más importante de ellas a fines de 1966, cuando el grueso de la organización en ciernes debe pasar a la clandestinidad al ser detectada por los cuerpos represivos). Continúa militando de manera ininterrumpida, y a partir de 1968 sus previsiones acerca del desencadenamiento de la crisis y el comienzo de la confrontación social a gran escala, se vuelven realidad tangible. La consecuencia es que el accionar armado del MLN se incrementa y se nutre de un sustrato social en constante crecimiento. En agosto de 1970 es detenido y recluido en el Penal de Punta Carretas (transformado hoy –irónicamente- en un Shopping Center) y casi un año después, en setiembre de 1971, protagoniza, junto a 110 de sus compañeros, la histórica fuga que marca su reintegro a una actividad política que marchaba hacia años de confrontación social de una magnitud desconocida desde 1904.

El 14 de abril de 1972, cuatro integrantes del parapolicial "Escuadrón de la Muerte" son ajusticiados por el MLN y pocas horas después, ocho militantes tupamaros son muertos en actos de represalia. Era el comienzo del fin. En agosto, tras un tiroteo con miembros de la Marina es herido de gravedad. "Soy Rufo y no me entrego vivo", dicen que contestó, según el comunicado 467 de las Fuerzas Conjuntas, en la madrugada del viernes 1° de setiembre. El semanario Marcha, en su edición del 3 informó que "alrededor de la hora una de la helada y lluviosa madrugada (…) el Ejército rodeó la manzana, cerró las vías de acceso y procedió a allanar la finca de Sarandí 229 casi Pérez Castellano… Luego de un intenso tiroteo, los dos jóvenes que acompañaban a Sendic anunciaron que se rendían y condujeron a éste, herido, hacia la puerta de la vivienda". El comunicado oficial aducía que el dirigente fue gravemente herido por un proyectil que le penetró por el lado izquierdo del rostro y salió por el lado derecho produciéndole serias lesiones en la boca.

Desde su detención hasta su liberación en marzo de 1985 soportó un rigurosísimo régimen carcelario. Tras el golpe de Estado, en junio del ’73, se transformó en uno de los nueve rehenes que la dictadura aisló en condiciones infrahumanas durante más de una década.

Profeta de un tiempo nuevo

Las secuelas de torturas y rigores, minaron la salud de este paisano de Flores. "Desde el punto de vista de su salud –recordó su compañero Fernández Huidobro- a Sendic lo soltaron en 1985 con dos posibilidades: o bien para convalecer del sadismo cebado en él durante doce años y pico, o bien para terminar de morir. No le conocí en estos cuatro años ni un día de salud. Con la cobarde alevosía de quien además de saberse impune carece de toda grandeza en el pozo negro que tiene por alma, la mano –salva del aparato estatal, castrense guante de fierro, lo trituró meticulosamente. Eso sí: debidamente maniatado, pieatado y encapuchado por las dudas".

Sendic fue padre de cinco hijos –Raúl Fernando, Ramiro, Jorge Raúl, Alberto y Carolina- con quienes, en la última etapa de la dictadura, pudo comunicarse epistolarmente, legándonos páginas que bien pueden servir como testimonio de ese tiempo en el que una generación de niños orientales vivió el desarraigo y alimentó la ternura con esas precarias formas de comunicación. Al liberarse de la muerte lenta a que lo sometió la dictadura escribió, con lúcida mirada, numerosos artículos y libros sobre los más variados temas.

Es de justicia decir que este paisano que se comprometió como pocos con su tiempo pero que, sin embargo, tuvo la valentía y la grandeza de comprender que otro tiempo –infinitamente más injusto y terrible que el que combatió desde su juventud- se comenzaba a esbozar en el horizonte.

El correlato político de esa búsqueda y del conjunto de certezas que la sustentaban, se expresó en su concepción (inacabada, y a menudo desnaturalizada y no obstante confirmada por las transformaciones que sobrevendrían) de Frente Grande.

Médicos uruguayos especializados en neurología detectan por noviembre de 1988 que sufre la enfermedad de la motoneurona, un raro padecimiento conocido como "mal de Charcot" y se decide trasladarlo a Francia para tratarlo, en febrero del año siguiente. Pese a los denodados esfuerzos realizados, el 28 de abril de 1989, en horas de la madrugada, murió en París, dejando tras de sí historia, leyenda y una obra inconclusa. Fue velado en el local del MLN-T y del Movimiento por la Tierra. Una multitud lo acompañó hasta el cementerio de La Teja en lo que fue una de las más grandes demostraciones de dolor de nuestra historia y la última en su género, tal vez corroborando la idea que con Sendic, se cerró un tiempo histórico.

La obra de sus últimos años, pese a haber sido publicada en su casi totalidad, no ha tenido continuadores consecuentes (en particular en lo que se refiere a la idea –central en su pensamiento- de Frente Grande). Esa certeza (corroborada por el curso de los años) fue intuida por quienes le dedicamos no solamente un sentido homenaje a su memoria, sino un anticipo de futuro en el que la emoción se da la mano con la amargura.

La despedida

Miró a todos por última vez y colocó sus zapatos allí, en medio del camino. Los zapatos siempre resultaron tarea difícil para él, ya fuera porque nunca le quedaban bien o porque le gustaba andar descalzo y liberado por esos mundos de Dios, o porque le acumulaban las penas que no tenía tiempo de guardar en ningún lado. De todos modos, los zapatos fueron puestos allí por él, tal vez con la secreta esperanza de que alguien –aún cuando tuviera que sufrirlos- los calzara algún día.

Miró a todos por última vez, hizo un leve gesto con la mano, un gesto parco, sencillo, de emoción contenida. Un gesto en fin, como para él. Y enderezó por el largo camino que se perdía en el horizonte.

Y quedamos allí, sin poder detenerlo, viéndolo alejarse suavemente, mientras de tanto en tanto él giraba la cabeza y repetía el gesto con la mano, casi a punto de sonreír.

De los rostros jóvenes y viejos, adustos o gastados, severos o tiernos comenzaron a brotar lágrimas que querían regar el suelo de futuro.

Entonces él ya no se volvió más y se perdió en la lejanía. Sus zapatos permanecieron allí. Nadie se atrevió todavía a ponérselos.

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