Un corazón para amar

Una reflexión sobre tu vida a partir de la vida del P. Dehon

 

 

Presentación

Carta a los lectores

 

A los Jóvenes, a los catequistas,

a los integrantes de la Familia Dehoniana , y a todos los lectores...

 

Amigo lector,

 

este libro que tienes en las manos no es propiamente una biografía, aunque ofrece muchos datos de la vida del P. León Dehon. Los 14 capítulos presentan algunos aspectos de la vida y de la personalidad de Dehon, tomados principalmente de la biografía del p. Yves Ledure (traducida al castellano en Páginas Dehonianas n. 26, en 1997), pero también quieren ofrecerte algo más.

Como pistas para la reflexión, estos datos biográficos, unidos a algunas citas del diario del P. Dehon, se han nucleado alrededor de valores y palabras claves como: ternura, lucha, conocimiento, peregrinación, amor, testimonio, cercanía, consagración, prueba, recomenzar, reparar, salir, bondad, entrega total.

Son palabras claves en la vida de cada persona y en la tuya. La historia del P. Dehon puede ayudarte a profundizar el sentido de tu vida, tu vocación, tus ideales. Cada capítulo te propone una reflexión personal, que también podrás compartir en familia, en tu grupo o comunidad.

Proponemos estas reflexiones con motivo del Año Dehoniano, que celebra los 125 años del nacimiento de la Congregación de los Sacerdotes del Corazón de Jesús, fundada en 1878, por el P. Dehon. Agradecemos a Dios por el gran testimonio de vida de este "profeta de los tiempos nuevos", y para los que seguimos su espiritualidad, este aniversario es una buena ocasión para unirnos como Familia Dehoniana y seguir profundizando su carisma en el mundo de hoy.

Te deseo una buena lectura y que la historia y el mensaje del P. Dehon pueda acompañarte en tu camino. Su vida, como la tuya, y la de todas las personas que peregrinamos en este mundo, es muy preciosa delante de Dios. Vale la pena vivirla con plenitud.

Un abrazo en el Corazón de Jesús. "Él es nuestra Paz".

p. Quinto, scj.

 

 

1. El derecho a la ternura

 

Todos necesitamos experimentar el Amor y la Ternura.

El hogar (aún con todas sus limitaciones) es la cuna de la personalidad. La ternura de los padres y de los demás familiares favorece la confianza en uno mismo, la autoestima.

Es importante rescatar las luces y las sombras de nuestro hogar para que sepamos valorar el surgimiento de nuestra personalidad y de nuestra fe. No hay atajos espirituales que nos ahorren situarnos ante la realidad limitada de nuestra vida. Cristo descendió hasta nosotros a fin de que encontráramos la valentía para descender también hasta nuestra propia realidad. Sólo así podemos ascender hasta la plena realización en el amor, a la que nos llama Dios.

La historia de León Dehon, empieza el 14 de marzo de 1843 en una familia de La Capelle , una aldea al norte de Francia. Será bautizado en el templo parroquial, el 24 de marzo de ese año, víspera de la fiesta de la Anunciación. Más tarde, el P. Dehon verá en eso un signo providencial de lo que llegaría a ser el corazón de su espiritualidad, el Ecce venio; es decir Aquí estoy, según la Carta a los Hebreos (10,5-7); la actitud misma de Cristo, plenamente disponible al Padre. “Tú no has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo... para hacer, Dios, tu voluntad.” Dehon escribirá unos cuantos años más tarde:

El 24 de marzo... eran las primeras vísperas de la fiesta de la Anunciación. Más tarde he sido feliz al unir el recuerdo de mi bautismo al ecce venio del Corazón de Jesús. He sacado gran confianza de esta coincidencia. NHV 1,1

 León nace en una familia de terratenientes, especializados en la cría de caballos; el abuelo es alcalde del pueblo en el momento del nacimiento de León. El padre, Alejandro Dehon, había abandonado toda práctica de vida cristiana. De su primera educación religiosa, bastante rudimentaria, conserva un sentido de justicia, una actitud de bondad y de respeto por la religión. Pero considera que la práctica religiosa no es una ocupación de varones.

León, a diferencia de su hermano Enrique, que sigue las huellas de su padre, no se entusiasma por la vida y las tareas del campo.

En efecto, es con su madre, Estefanía Vandelet, que el chico teje lazos de profunda ternura que serán decisivos para su futura orientación cultural y religiosa.

La madre de León fue educada en la espiritualidad de las Hermanas del Sagrado Corazón de Sofía Barat. Su vida cristiana está profundamente marcada por la devoción al Corazón de Jesús cuyos elementos esenciales aprende del Manual del Sagrado Corazón, que la acompañará toda la vida y cuyo contenido será transmitido a su hijo.

            “Es mi madre la que domina mis recuerdos más lejanos. Yo no la dejaba nunca. Mientras que mi hermano iba y venía con mi padre y compartía su afición por los cultivos y los caballos, yo me quedaba en casa y seguía a mi madre paso a paso... Ella me hacía rezar. El recuerdo de mis oraciones de niño es muy vivo en mí. Por nada en el mundo ella dejaba de invitarme a rezar por la mañana y por la noche. El alma hermosa de mi madre se volcó un poco en la mía... ella ha sido para mí uno de los dones más grandes de mi Dios y el instrumento de miles de gracias... Ella preparó indirectamente mi vocación.” NHV 1,6-7

León descubre el amor al Corazón de Jesús sobre las rodillas de su madre. En sus brazos, León aprendió el amor y la ternura de Dios.

 

Tú eres alguien, pero necesitas de los demás...

Necesitas de tu familia, de tus amigos, del desconocido
que encuentras en tu camino...

¿Hay semillas de ternura en tu corazón?

Haz memoria de los gestos de ternura que hay en tu vida
(con la familia, los amigos, etc.).

¿Hay ternura en tu trato personal con el Señor?

 

 

2. “Las lecciones de las cosas”

 

No hay meta sin obstáculos ni tropiezos. No hay victoria sin una “lucha” perseverante y firme.

La vida nos va enseñando a través de golpes y dificultades que nuestro proyecto de realización personal pasa por la confrontación de distintas posibilidades y limitaciones.

El despertar de la adolescencia significa la toma de conciencia de la larga lucha de la vida.

Después de concurrir a la escuela del pueblo, en la que obtiene buenos resultados, el joven León Dehon es enviado, junto con su hermano Enrique, al colegio de Hazebrouck, dirigido por sacerdotes. La elección es importante porque permite a León vivir en un ambiente cristiano donde su vocación va a nacer y crecer. Pero la lucha es dura:

“La vida era dura... una parte del colegio estaba en mal estado. Se comía siempre pan negro... la regla era espartana: madrugar por la mañana, poco fuego para la calefacción, mucho trabajo y pocas vacaciones. Los estudios eran muy serios.” NHV 1,13

A pesar de todo esto, León, una vez salido del colegio, conservará una larga correspondencia con sus antiguos maestros, porque la vida austera de esos sacerdotes, totalmente entregados a su tarea educadora, permanecerá para Dehon como un modelo y un llamado que a su vez, realizará más tarde.

Durante las vacaciones León tiene sus primeros grandes viajes: en 1855 visita con su padre la Exposición universal de París. Al año siguiente realiza otro gran viaje por Bélgica hasta Colonia. El adolescente anota cuidadosamente los lugares visitados, las impresiones experimentadas, las reflexiones que le inspira lo que ha visto. Para Dehon viajar es hojear el gran libro del universo, donde descubre tantas “lecciones de las cosas”, según su expresión.

Junto a sus estudios, León se inscribe en la Conferencia de San Vicente de Paúl y comienza a descubrir la cara oculta de la sociedad de la cual todo lo ignora: la miseria y la pobreza.

La atracción por el sacerdocio se presenta desde el primer año del colegio. La misa cotidiana y la tarea de sacristán, por su parte, ayudarán para eso. León fija su decisión de responder a ese llamado en la noche de Navidad de 1856. A partir de ese momento, el sacerdocio se convierte en la meta, en el ideal por el cual luchar con todas sus fuerzas.

Por cierto, el adolescente conocerá las dificultades y las tentaciones propias de su edad.

“Las tentaciones y las debilidades nunca me descorazonaron. La gracia actuaba con mucha fuerza en mi corazón, mientras que la edad crítica me despertaba bastantes luchas... En mis momentos de generosidad, aspiraba al martirio.” NHV 1,26;29

La decisión del adolescente es irrevocable y sabrá encontrar los caminos, a veces originales, para realizar el proyecto. En él se manifiesta una personalidad fuerte que se construye sobre la base de convicciones reflexionadas y de perseverancia en la lucha para defender sus decisiones.

A los 16 años, León Dehon termina sus estudios secundarios y sueña una meta hermosa: siente el llamado vocacional. De vuelta a La Capelle , el nuevo bachiller comunica a sus padres la decisión de ser sacerdote. Este anuncio será dramático, particularmente para su padre. El hombre se había convertido en una personalidad local y soñaba para el muchacho grandes carreras a nivel nacional; la elección de León arruinaba todos sus proyectos: Frente al pedido de entrar en el seminario... “mi padre me respondió que nunca me lo permitiría... entonces le hice claramente comprender que creía que mi vocación era verdadera y que la seguiría, aunque tuviese que esperar hasta que la mayoría de edad me hiciera libre”. NHV 1,31

Así se anuda un drama secreto, de sufrimiento, de frustración y finalmente de soledad entre dos seres que se quieren.

Jamás para el P. Dehon el sacerdocio será, de cerca o de lejos, una carrera. A sus ojos, ver en el sacerdote a un funcionario de Dios, es una caricatura. Por su historia personal, Dehon ha vivido el sacerdocio como quien no se casa con las ambiciones personales o los éxitos sociales. Habla de la aventura espiritual, que no tolera la mediocridad. Su lucha es por un ideal de entrega generosa por los demás y no por una satisfacción personal.

 

Lleva tiempo y mucha constancia defender un ideal. ¿Cuál es tu lucha, tu compromiso?

Haz memoria de los obstáculos que hubo o que hay en tu camino, ¿cómo son tus actitudes frente a ellos? ¿Te desanimas o buscas superarlos?

¿Hay motivaciones profundas en tu vida o simples fogonazos que se apagan...?

 

 

3. La pasión de ver y saber

 

No se puede cambiar el mundo sólo con fantasías.

La sociedad necesita gente preparada, con una sólida base de estudios.

El mundo no entra en una escuela o en una biblioteca... más bien la escuela (el estudio) y la biblioteca (el saber), están en el mundo.

Ante la negativa del padre, León Dehon, joven universitario en París, se inscribe para el concurso de la Escuela Politécnica. Después de haber conseguido con éxito el bachillerato en ciencias que le abre la entrada al Politécnico, abandona este camino para seguir los estudios de Derecho. El derecho será una preparación lejana a su proyecto sacerdotal, retrasado, pero no abandonado.

Vive intensamente su compromiso de estudiante. Se impone un ritmo de vida tal que pueda favorecer su vocación sacerdotal, su objetivo último. Participa asiduamente en la parroquia de San Sulpicio, en especial en la misa matinal cotidiana.

“La vida de estudiante me dejó un recuerdo puro y alegre.

 Iba de mi habitación a clase, pasando por San Sulpicio... Nada me alejaba de la piedad ni del estudio. Lo que veía dilataba mi alma y me elevaba a Dios.” NHV 1,37

 

Durante todos sus estudios León no olvidó la dura realidad de los más necesitados. Se empeña en las diversas obras de la parroquia como la Conferencia de San Vicente de Paúl. Por consejo de su padre espiritual, será catequista de marginados y analfabetos, muy numerosos en ese barrio.

Atravesando esas calles estrechas, sin sol, nauseabundas, superpobladas, el joven bien vestido debe soportar los sarcasmos y los insultos de los que, a causa de sus condiciones de vida, han perdido toda dignidad humana. Mide también la brecha que separa las clases sociales; toca con su mano el odio profundo que el pueblo marcado por la miseria tiene contra la burguesía. Para remediar estos males el estudiante se empeña en las obras de caridad. Más tarde, recordando esta experiencia, medirá los límites de la misma: la caridad no es suficiente; los marginados ante todo tienen derecho a la justicia social.

Por otro lado, León Dehon aprovecha su estadía en París para abrirse a la vida de la sociedad y a la política. Frecuenta asiduamente el Círculo Católico de San Sulpicio, un lugar de encuentro y de cambio, frecuentado por los estudiantes e intelectuales católicos. Allí se organizaban debates apasionados tanto sobre cuestiones literarias como sobre conflictos de actualidad.

En el Círculo Católico Dehon conoce a un joven estudiante de arqueología, León Palustre, que más tarde se hará famoso por sus publicaciones. Una amistad profunda nace entre los dos estudiantes que alquilan un pequeño departamento y comparten un ideal cristiano común. Palustre hará sentir a León Dehon el gusto por los viajes y por el mundo de las artes, la pintura y la arquitectura. En su pequeño departamento comienzan muy temprano su día -a las cinco de la mañana- con media hora de lectura de la Biblia. El detalle merece ser subrayado, porque la lectura de la Biblia era poco común en esa época en el mundo católico. Dehon conservará un gusto muy profundo por la Biblia que encontraremos luego en sus obras.

Desde abril hasta julio de 1861 León Dehon reside en Inglaterra para aprender la lengua del país. Regresará al año siguiente con Palustre para una gira a través de Inglaterra, Escocia e Irlanda.

En 1863, Dehon emprende un nuevo viaje con Palustre recorriendo Alemania del Norte, los países escandinavos y luego Europa central. Dehon vive sus viajes como un medio de cultura más que como un placer. En ellos descubre la vida, las costumbres y la historia de los pueblos. Llenará cuadernos de notas y de anécdotas que parecen, a veces, la copia de una guía turística. Pero no faltan las observaciones personales; siempre está atento a las personas y protesta frente a las situaciones insoportables. Por medio de los viajes aprende a conocer al hombre en su realidad cotidiana de una variedad infinita. Los viajes son escuelas de tolerancia y aceptación de todas las culturas. Siempre desconfiará de los nacionalismos estrechos, sean los del pensamiento o los del corazón.

En 1864, a los veintiún años es doctor en derecho y abogado de la corte imperial... pero en su corazón se sentía abogado de otro Reino.

 

¿Qué valor tiene para mi el estudio o una carrera?

¿Estoy abierto o serrado a la aventura de aprender?

Mis estudios, viajes, lecturas... ¿son sólo para mí, o me abren a los demás,

y a la dura realidad que nos rodea?

 

 

4. Tras las huellas de Jesús

 

No hay meta sin camino. El camino del joven Dehon parece haber alcanzado una meta importante.

Ni los viajes ni los estudios apartan a León Dehon de su vocación. Este tiempo de maduración lo ha confirmado en su voluntad de ser sacerdote. Le quedaba convencer a su padre. El diálogo fue uno de los más difíciles y el padre se negó a oír a su hijo hablar de sacerdocio.

Mi padre me había prometido claramente que una vez doctor me dejaría libre, pero, llegado el momento, no quería aún rendirse”.  NHV 2,70

 

La situación está bloqueada. Palustre, que se encuentra en La Capelle en el momento del choque entre el padre y el hijo, propone una solución de espera y sugiere un largo viaje a través del Medio Oriente. El padre, para ganar un año y con la última esperanza de que se obre el cambio deseado, da el consentimiento y el dinero necesario. Dehon y Palustre empiezan su viaje en Estrasburgo el 23 de agosto de 1864.

Después de haber atravesado el sur de Alemania, Suiza e Italia del Norte, pasando por Venecia, alcanzan Grecia, luego en barco llegan a Egipto y allí los dos estudiantes se quedan tres meses, visitando los más importantes centros culturales. León, sin embargo, tiene prisa por llegar a Jerusalén, porque la Tierra Santa , donde se quedará un mes y medio, es la meta secreta de su viaje. En Palestina la peregrinación desplaza al turismo; los dos jóvenes siguen paso a paso las huellas de Cristo. La subida a Jerusalén se realizará a pie y cada lugar visitado está acompañado con una oración. “Visitaba rezando”, escribe Dehon. El momento fuerte de esta estadía en Tierra Santa será la semana santa de 1865 que es vivida litúrgicamente.

Los grandes días de la semana santa en Jerusalén son los más conmovedores que se pueden experimentar. Uno sigue, estremeciéndose, todas las etapas de la Pasión y de la Resurrección. A cada hora del día, contemplando los misterios sagrados, se puede decir: fue aquí.  NHV 4,1

 

El regreso lo realizan por Asia Menor; paran en Constantinopla, suben por Hungría y Austria y allí los viajeros se separan. Palustre regresa directamente a París mientras que Dehon se dirige a Roma adonde llega el 14 de junio de 1865. Consigue también una audiencia con Pío IX, al cual manifiesta su vocación y su duda sobre el lugar de sus estudios teológicos. El consejo del Papa pesará mucho sobre él: Roma le ganará a San Sulpicio de París.

Vuelto a casa también la madre, pese a su piedad, parece no compartir el propósito de León. Se ve, entonces, forzado a imponer a sus padres la decisión de ir a Roma. Una determinación semejante, en un joven tan sensible como León manifiesta la firme convicción que lo domina y que lo guiará toda la vida. Esta determinación no excluye los sufrimientos y las heridas del alma, frente a la incomprensión de sus padres.

Tuve que sostener con mis padres algunas escenas muy dolorosas. Mi padre sufría cruelmente por mi decisión: él no entendía nada... Soñaba para mí una carrera de honores según el mundo. Durante largo tiempo deseó para mí la Escuela Politécnica. Ahora había estudiado derecho y él me destinaba a la diplomacia o a la magistratura. Mi madre, de quien había esperado confiadamente una ayuda, me abandonó por completo. Era piadosa, quería que yo fuera piadoso, pero el sacerdocio la espantaba; le parecía que no sería más de la familia, que estaría perdido para ella. Tuve que endurecer mi corazón para resistir todos los asaltos. Fui a veces duro para con mis padres: era necesario. Les dije que era mayor de edad y que pensaba ser libre. Se llegó a la conclusión de que me dejarían partir, mas las escenas de lágrimas se renovaban continuamente.  NHV 1,101

 

 

Hay un camino para cada uno... y tú, ¿has buscado y descubierto el tuyo?

Alguien te espera en la encrucijada...

¿Estás dispuesto a decirle: “Señor, enséñame tus caminos”?

 

5. El camino del amor

El amor... para un hombre es su mujer, para una mujer es su amado, pero el amor es mucho más que dos; el amor para una pareja son los hijos y para los hijos sus padres. Para un amigo, el amigo y para un hermano todos los hermanos.

El amor no tiene fronteras, aquí o allá lo que cuenta es AMAR.

Por amor a su vocación León Dehon llega en octubre de 1865 al Seminario Francés de Roma, Santa Chiara. Concurre al Colegio Romano (hoy la Universidad Gregoriana ) y allí estudia durante cinco años. Su estudio de la Teología no es un camino en las nubes. Allí ha encontrado el camino del amor.

“El Sagrado Corazón de Jesús, principio de nuestro amor, es toda la teología”.

“Tú amarás. Tú amarás a tu Dios, tú amarás a tu prójimo como a ti mismo, he ahí toda la moral”. “Dios es amor, y nosotros creemos en el amor, he ahí todo el objeto de nuestra fe”.

Empieza con un año de Filosofía, finalizado el cual rinde su doctorado, porque se lo dispensa de una escolaridad más larga en razón de sus estudios anteriores. Estudiará después Teología y Derecho Canónico. En estas dos disciplinas también aprueba el doctorado. Cuando regresa de Roma, en 1871, es cuatro veces doctor: los tres doctorados conseguidos en Roma y el de París. Esta preparación intelectual es muy importante para el P. Dehon.

Si la formación dogmática del sacerdote es vigorosa, su acción moralizadora será potente, porque no dejará de comunicar al pueblo convicciones que acarrean consecuencias prácticas... El sacerdote debe ser un hombre de su tiempo y estudiar los grandes problemas que agitan la sociedad.

El joven de 28 años que en octubre de 1865, llega a Roma queda literalmente fascinado por la ciudad eterna que elegirá como segunda patria. El aficionado al arte no acaba de realizar el inventario de los tesoros artísticos de Roma. Allí encuentra también al arqueólogo Palustre y juntos descubren y admiran la Roma artística. Con el correr de los años, llega a ser más y más romano, porque hace la experiencia de una ciudad que vive al ritmo de la religión y que ha conservado, de alguna manera, su alma cristiana. Para Dehon, Roma es inseparable de la persona del Papa. A lo largo de su existencia Dehon cultivará una verdadera devoción al Papa, en cada estadía en Roma procura tener una audiencia con él. Pero Roma es una referencia para el P. Dehon, sobre todo porque allí pudo realizar su sueño de prepararse para el sacerdocio. “Por fin me hallaba en mi ambiente, era feliz”. NHV 4,123

La extrema sobriedad de esta nota sobre la llegada al seminario expresa la plenitud interior del joven, porque el tiempo del seminario representa para él un período de intensa maduración.

Si el P. Dehon pudo superar las grandes resistencias paternas para ser sacerdote fue porque tenía una idea elevada del sacerdocio que no se expresaba en términos de función y de ministerio, sino de vida. Él ve y vive el sacerdocio como una vida de unión, la más estrecha posible, con Dios, meditando incansablemente los misterios de la vida de Jesús. En esta contemplación de los misterios; es decir, de los grandes acontecimientos de la vida de Cristo, el estudiante descubre y acoge el amor de Dios para con los hombres. Este camino le permite integrar la espiritualidad del Corazón de Jesús que hereda de la época, particularmente de su madre. En la lógica de esta espiritualidad, Dehon concibe el sacerdocio en términos de consagración a Dios. Esta consagración es la condición de su eficacia espiritual y misionera. En la medida en que el sacerdote es otro Cristo, debe, según la expresión de San Pablo, tener los mismos sentimientos de Cristo y amar como él amó.

Es consagrado sacerdote, en presencia de sus padres, el 19 de diciembre de 1868, en la Basílica de San Juan de Letrán.

Yo me levantaba presbítero, poseído por Cristo, todo lleno de Él, de su amor por el Padre, de su celo por las almas, de su espíritu de oración y de sacrificio. NHV 6,81

Su dicha es aún más grande porque su padre participa de la impresionante ceremonia de ordenación de casi 200 sacerdotes. Al día siguiente, los padres asisten a la primera misa de su hijo y comulgan de su mano. La emoción es plena, porque el hijo es testigo de la vuelta a la práctica religiosa de su padre, objeto de tantas oraciones y luchas.

 

Y tú, ¿has encontrado el camino del amor?

¿Cuál es la meta que quieres alcanzar en tu vida?

 

 

 

 

6. Testigo del Concilio Vaticano I

El testigo tiene los ojos abiertos, los oídos atentos... y el corazón grande.

Cuando en 1869, Pío IX convoca el Concilio Vaticano I, el joven sacerdote Dehon es elegido para desempeñar la función de taquígrafo en las sesiones.

Esta asistencia a los debates del Concilio fue muy rica para él en enseñanzas:

“Había tocado de cerca la vida de la Iglesia y había adquirido en un año más experiencia que la que hubiera podido tener en diez años”.

Los 774 obispos que participan en el Concilio le harán descubrir la extraordinaria diversidad y riqueza de la Iglesia. Roma es para él símbolo de la universalidad; ella es el espejo de esos miles de rostros de un único y mismo credo.

El Concilio proporciona al taquígrafo la ocasión de conocer de cerca a muchos obispos... Mide su densidad humana, con sus debilidades y sus límites. Según su costumbre, León Dehon redacta un diario que fue publicado en 1962 con motivo de la apertura del Vaticano II. Este diario del concilio es un documento valioso: contiene una galería de retratos que subraya la extrema diversidad de esta asamblea de obispos. Dehon es un testigo atento; las observaciones sobre las personas ponen en evidencia “la lucha ardiente y a menudo apasionada en el Concilio y fuera de él” a propósito de la infalibilidad papal. Lamenta vivamente que los contrarios a la proclamación del dogma hayan sido excluidos de las comisiones preparatorias.

“Se comenzó enseguida con un poco de estrechez de miras como en la clase de teología”. Esta observación, hecha por un romano convencido, manifiesta una personalidad abierta más allá de sus propias convicciones.

El 18 de julio de 1870 el dogma de la infalibilidad papal es votado casi por unanimidad: sobre 535 votantes, sólo hay dos votos contrarios. Es cierto que unos 80 opositores no habían concurrido a esta sesión solemne. Dehon tiene cuidado en anotar, con la mayor satisfacción que todos los contrarios aceptaron el dogma, una vez proclamado. El 20 de julio regresa a Francia. La guerra franco-alemana y la caída del Estado Pontificio impedirán la reanudación del Concilio. El joven presbítero vivirá estos sucesos en La Capelle , milagrosamente preservada, aunque allí se oye el tronar de los cañones. Allí ve pasar una parte de la armada derrotada, después del revés de Sedan. La guerra manifiesta con más claridad la dura realidad que vive el pueblo, marcada por la miseria y la injusticia.

“Si las injusticias de nuestra sociedad no son pecado, entonces no existe ningún pecado”.

“La explotación ha invadido todas las relaciones de la vida social de hoy; es preciso hacer reinar a toda costa la equidad y establecer la justicia en todo”.

Dehon, como testigo sensible, mira esta realidad y la estudia. Lee a los líderes de la escuela social liberal cristiana y se empapa de sus análisis, que lo ayudan a comprender la cuestión social. Los estudios no encierran a Dehon en un universo fuera de la realidad y de las preocupaciones humanas; al contrario, motivan una mejor presencia en su tiempo.

Después de completar sus estudios en Roma ya a fines de julio de 1871, Dehon se pone a disposición del obispo de Soissons. El P. Dehon es nombrado séptimo vicario de la única parroquia de San Quintín, la segunda ciudad, en importancia, del departamento de Aisne. Tal nombramiento está en las antípodas de los proyectos del joven presbítero: una vida consagrada a los estudios para responder a los desafíos de los tiempos modernos. De hecho, es difícil dar una explicación a tal decisión episcopal que no toma para nada en cuenta las cualidades excepcionales y la preparación fuera de lo común del joven sacerdote.

Por lo que se refiere al P. Dehon, él ve en esta decisión un llamado de Dios, retomando la actitud misma de María en la Anunciación : que se cumpla en mí lo que has dicho. Será un rasgo característico de su espiritualidad que él llama abandono. Su paso por el ministerio parroquial marcará una etapa decisiva en la vida de Dehon. En San Quintín realizará la experiencia de un sacerdocio-misión.

 

¿Qué miras, qué escuchas, por qué y para quién late tu corazón?

¿Sabes descubrir los caminos de Dios en las circunstancias de la vida y

entregarte con generosidad y confianza al cumplimiento de su voluntad?

 

7. Que el pastor conozca a sus ovejas

 

El 3 de noviembre de 1871, el P. Dehon asume como capellán vicario de la parroquia de San Quintín, que con sus 35.000 habitantes es la más poblada de la diócesis. En esta ciudad “industrial” la injusticia y la explotación del obrero son muy grandes. “La situación de esta pobre gente es peor que la de los esclavos de la antigüedad... No hay duda de que nuestra sociedad está podrida.”

En la casa parroquial Dehon goza de una vida de comunidad, pero lamenta que el ministerio de los vicarios quede absorbido por los entierros, los catecismos y las visitas a los enfermos: una pastoral que no entra en contacto con los trabajadores. El joven vicario lo denuncia sin rodeos.

En estas grandes parroquias sólo se entra en relación con algunas familias escogidas. Cada vicario es recibido en algunas casas que él frecuenta. El resto de la ciudad, no ve al sacerdote sino raramente o tal vez nunca. No se construirán ciudades cristianas con parroquias de 30.000 habitantes; está en contra de todo buen sentido. Es necesario que el pastor conozca a sus ovejas y que las ovejas conozcan al pastor.

León toma contacto con los miembros de la conferencia de San Vicente de Paúl, cuyo espíritu comparte desde su vida de estudiante. Y por medio de ellos conoce la situación real del mundo popular obrero.

“Ante todo, sacerdote o laico comprometido, es necesario que entiendan que no han sido hechos para la sacristía. Ustedes son la sal de la tierra y la luz de la vida social.”

Uno de los mayores objetivos de su compromiso será precisamente el de reconciliar al pueblo con la Iglesia. El ministerio de Dehon asume una tonalidad social. Su pastoral no se reduce a la distribución de los sacramentos; se inscribe en una sociedad cuyas disfunciones humanas, sociales y políticas él analiza. Hallamos una primera y significativa manifestación de ello en su predicación de Navidad que tradicionalmente toca al último vicario llegado. Esta predicación, “verdadero sermón social”, enfrentará al P. Dehon con la burguesía local.

Dehon es un educador preocupado por la formación de los niños de los medios populares. Además del catecismo, les ofrece un espacio de encuentro llamado “patronato”. Para no dejar a los muchachos en la calle y para brindarles una educación integral, los reúne primero en su despacho y luego en el patio de un pequeño pensionado que dirige un miembro de la conferencia de San Vicente de Paúl. Durante el verano de 1872, procura hallar un local más conveniente. Así empieza el Patronato San José para la formación de la juventud. Dehon quiere que su proyecto sea un aporte para la renovación de la sociedad y no un simple pasatiempo:

Demasiadas personas se imaginan que nosotros no tenemos otra ambición que hacer jugar honestamente a algunos niños los domingos. Nosotros apuntamos más alto. Nuestro fin es la salvación de la sociedad por medio de la asociación cristiana.

Estamos en presencia de un proyecto educativo integral: charlas religiosas, curso de economía social, biblioteca, caja de ahorro, coro, y también un inicio de agencia de empleo para jóvenes trabajadores. El patronato llega rápidamente a contar con unos 500 jóvenes.

Desde 1873, la obra San José, además del patronato, tiene un Círculo católico de obreros para mayores y en 1875 funda un Círculo de estudios religiosos y sociales para los estudiantes del liceo de la ciudad. Al año siguiente, se dirige a la parte patronal y propone a los empleadores una reunión bimensual para abrirlos a las cuestiones sociales y hacerles tomar conciencia de sus deberes con los obreros. Dehon se convierte en un “cura social” que participa en numerosos congresos, en los que se cruzan los hombres más activos, que comparten las mismas convicciones en el campo social. Del 25 al 29 de agosto de 1875 participa, en Nantes, en el Sexto Congreso de las Obras. Dehon quedará particularmente impresionado por la exposición que hace León Harmel sobre su fábrica textil de Val-des-Bois. Desde ese día empieza una larga y fructífera colaboración entre estas dos personalidades del catolicismo social francés.

En 1874 el obispo nombra al P. Dehon secretario de la Pastoral social de la diócesis. Dehon realiza una gran encuesta para conocer la situación real de la pastoral social. Lo que él había hallado en San Quintín no era sino el triste reflejo de la situación de toda la diócesis. Todo está centrado en una pastoral sacramental y la Iglesia está por ello separada del pueblo. A partir de la encuesta, Dehon multiplica las iniciativas sociales para la juventud y los obreros.

 

 

La justicia, como el amor, es un camino abierto ante ti.

HOY tú puedes EMPEZAR.

 

 

 

8. Consagrado al Corazón de Jesús

 

La expresión “tener corazón” significa no sólo poder vivir, sino vivir con sentido, con afectos y deseos pero también con decisión y entrega.

Jesús es el verdadero Hijo de Dios... pero cuando decimos que “tenía corazón de hombre” se quiere subrayar su humanidad, su capacidad de amar, desde las actitudes concretas.

Un amor que llegó hasta el extremo cuando en la Cruz un soldado le abrió el corazón. Es por eso que en la historia de la Iglesia contemplar el Corazón traspasado fue motivo de una profunda espiritualidad acompañada por un compromiso concreto y atento a una humanidad necesitada de Amor.

Desde julio de 1873 el P. Dehon es capellán de una pequeña comunidad de religiosas; la comunidad de las Siervas del Corazón de Jesús. Esto refuerza su decisión para el futuro: quiere ser religioso. Pero la realización de su deseo sigue incierta, porque quiere garantizar el cumplimiento de sus compromisos apostólicos. En efecto, Dehon no piensa en la vida religiosa según el estilo monástico de “retiro del mundo”; sino que la concibe dentro de un proyecto apostólico. Dehon hallará un alma a su proyecto de vida religiosa en la espiritualidad del Corazón de Jesús y en la idea de reparación.

El Sagrado Corazón me ha formado, Él mismo, en el amor, en Roma. Sentía un atractivo marcado por la vida religiosa, mas era Nuestro Señor quien se reservaba indicarme más tarde la congregación que Él quería.

El 25 de junio de 1877, Dehon obtiene la aprobación verbal de su obispo para fundar una sociedad de sacerdotes, al abrigo de un colegio católico, cuya necesidad y urgencia el vicario había visto desde su llegada a San Quintín. El obispo da su permiso para una sociedad de sacerdotes, pero prohíbe propagar la noticia. Cuando anuncia, el 11 de agosto de 1877, la fundación del Instituto de San Juan, en San Quintín, silencia totalmente el proyecto de fundación de una congregación religiosa. El objetivo del obispo continúa siendo la creación de un gran colegio con una sociedad de sacerdotes que asegure su funcionamiento, quedando al servicio de la diócesis, aunque tenga una regla de vida propia.

Esta fundación del Instituto San Juan representa para el P. Dehon la gracia de los comienzos. Es el tiempo privilegiado de la acogida y de la disponibilidad. Empieza aquí un nuevo tramo de su vida que es un verdadero punto de partida: la puesta en marcha de una congregación religiosa de contornos aún imprecisos. Y cuando en la noche del 29 de diciembre de 1881, a raíz de una imprudencia de un educador, una parte del edificio se incendia, el fundador lee esta “gran prueba” como un signo para empezar de nuevo, a partir del Corazón de Jesús.

Creímos, en la sencillez de nuestra fe, poder considerar, como un signo providencial, el hecho de que las llamas se habían detenido delante de la estatua del Sagrado Corazón”.

El P. Dehon está solo para empezar, el 31 de julio de 1877, su noviciado.

Hasta el presente, León Dehon había realizado estudios brillantes y sus primeros años de ministerio le habían asegurado éxitos y estima general. No será lo mismo después de la fundación de San Juan y de la congregación. La naturaleza misma de esta fundación pone al P. Dehon en el corazón de un conflicto político y cultural que divide profundamente a la sociedad francesa de la época. Al abrir una escuela católica choca contra una de las reivindicaciones más grandes de la III República ; es decir, la laicidad de la escuela.

El 28 de junio de 1878, fiesta del Sagrado Corazón, León Dehon hace su profesión en el pequeño oratorio del colegio San Juan. Este es el día en el cual nace oficialmente la congregación que se llamará “Sacerdotes del Corazón de Jesús”.

“No hay que buscar en el Evangelio otra cosa que el Amor de Jesús”.

La ceremonia fue de las más sencillas y la asistencia reducida a dos hermanas Siervas, a dos postulantes que no perseveraron y al P. Rasset, su primer y fiel discípulo. En las manos del Arcipreste de la ciudad, delegado del obispo, el P. Dehon emite sus primeros votos.

 

De corazón a Corazón,

¿tu vida, tus esperanzas, tus compromisos... palpitan junto a Jesús?

El corazón es símbolo del amor y de la alianza;

pídele al Señor de tener un corazón semejante al suyo

 

 

 

9. La gran prueba y la paz interior

Algunas veces las cosas no se dan como uno esperaba. Contratiempos, fatalidades o simples desencuentros, pueden cambiar el curso de nuestra jornada o de nuestros proyectos.

El P. Dehon, que ha buscado tanto su camino, consultado a tantas personalidades religiosas, y golpeado tantas puertas, necesita seguridad y autenticación en su deseo de cumplir la voluntad de Dios. En la comunidad de las Siervas del Corazón de Jesús el joven fundador encuentra su gran apoyo moral. En esta comunidad una hermana, Sor Ignacia, dice tener “revelaciones que animan y confirman la fundación”. Alrededor de ella se crea un clima de emotividad y de exaltación. Estas “revelaciones”, que se extienden por varios años, contribuyen a crear un clima de fervor muy grande. Pero entre agosto de 1879 y abril de 1880 mueren de una manera inexplicable cuatro jóvenes religiosas. Fuera del convento, se había cuestionando el estilo de vida demasiado austero del convento. La prensa anticlerical ataca la buena reputación de la comunidad y, de rebote, del capellán del convento.

A esto se suma el caso del P. Captier, que a los 49 años, quería crear una “Orden del Sagrado Corazón”, y pensó hallar la oportunidad en la fundación del P. Dehon. Después de un noviciado más breve, es nombrado superior de la nueva escuela apostólica que acaba de ser abierta en Fayet, a las puertas de San Quintín. Su antiguo proyecto lo vuelve a obsesionar y se pone a escribir un directorio para novicios, constituciones para su Orden del Sagrado Corazón, con tres ramas masculinas y diversas femeninas. Compone una multitud de oraciones y de meditaciones que se inspiran en voces angelicales. Toda esto está marcado por la extravagancia y la falta de mesura.

El comportamiento enfermizo del P. Captier fue la gota que hizo desbordar el vaso. El obispo envía al Santo Oficio en el Vaticano “un pesado sumario” en el que se juntan una breve memoria sobre la nueva congregación con los informes describiendo las “revelaciones” de Sor Ignacia y las dudosas inspiraciones angelicales del P. Captier.

A fines de junio, el P. Dehon recibe una convocatoria que le pide concurrir al Santo Oficio para dar una explicación. Los numerosos interrogatorios terminan por despertar en el P. Dehon algunas sospechas. Toma conciencia de que tantas preguntas sobre las revelaciones empiezan a recaer sobre la misma fundación hasta el punto de que algunos se interrogan sobre su naturaleza y su fundamento. El 8 de diciembre de 1883, el P. Dehon conoce, por intermedio de su obispo, la decisión del Santo Oficio. Su Congregación queda disuelta. La sentencia romana declara que las comunicaciones de Sor Ignacia no deben ser consideradas como inspiraciones divinas; el P. Dehon no deberá tener contacto con las hermanas. El Santo Oficio, no suficientemente informado, confundiendo el sumario de Captier con el de Sor Ignacia, había evaluado mal la situación.

Para el P. Dehon la decisión de Roma equivale a una sentencia de muerte: “Dios sabe lo que he sufrido durante esos días de muerte. Sin una gracia especial, habría perdido la razón o la vida”.

Por otro lado, es significativo constatar cómo el P. Dehon en medio de tanto dolor mantiene una paz interior y una confianza extraordinaria.

“El Señor me pide ahora que destruya lo que me ordenó construir. No puedo pensar ni un minuto en resistir, eso sería mil veces insensato. Sólo puedo decir: Hágase su voluntad.”

 

A menudo las cosas que más queremos se complican, y de repente nos encontramos entre zarzas y espinas. Sólo una profunda convicción y una fe confiada en Dios, pueden vencer todas las dificultades.  Este ponerse en las manos de Dios (abandonarse completamente en sus brazos), es la salida segura para los momentos “sin salida”.

“El gran medio para llegar a la paz interior es cumplir la voluntad de Dios”

 Cuatro meses después de la condena, por un nuevo decreto del Santo Oficio, la obra renace.

 

La paz interior es muy importante para poder superar los momentos difíciles.

¿Vives los momentos de prueba con esperanza y paz interior?

¿Qué cosas te dan o te quitan la paz?

¿Confías que eres valioso a los ojos de Dios,

y que Él siempre cuida de ti?

 

 

10. Volver a empezar

No te detengas. Siempre es el momento para volver a empezar.

El P. Dehon no se desanima frente a las pruebas; aún cuando percibe que no es bien interpretado quiere aclarar los malentendidos y sus buenas intenciones.

“El Santo Oficio supone que hemos fundado la congregación sobre algunas revelaciones; esto no es exacto. Nosotros existíamos un año antes. Nuestro Señor lo ha permitido: ¡fiat! Es una inmolación que contará para la obra... Si la obra no hubiera sido divina, hubiera perecido sin vuelta”.

Empiezo a escribir las notas sobre la historia de mi vida, para estimularme a la gratitud hacia Nuestro Señor y al arrepentimiento de mis faltas: espero sacar un gran provecho y como una renovación”.

La condena romana, con todo el nuevo examen interior que significó, consigue un nuevo equilibrio en el proyecto dehoniano. Reaparece el tema de la formación del clero que, después de 1877, había desaparecido de las preocupaciones del P. Dehon.

“Predicar las encíclicas del Papa y sus directivas, rezar por los sacerdotes, ayudarlos, entregarse a la Santa Sede y al sacerdocio, hacer la adoración reparadora, ir a las misiones lejanas”.

Este texto muestra la evolución de Dehon que se ha abierto a nuevos horizontes. El primer signo de este cambio aparece en 1887, cuando el fundador responde a los numerosos y repetidos pedidos de León Harmel que quiere algunos religiosos dehonianos para la capellanía de su célebre fábrica-comunidad de Val-des-Bois que, para la época, era una referencia de progreso social en armonía con el espíritu cristiano. El P. Dehon escribe esta observación: “Espero de esta fundación muchas ventajas para el desarrollo de la obra”. Es efectivamente un desarrollo inédito, que sale de los caminos recorridos por la pastoral de la época. 

El esfuerzo de un nuevo equilibrio y la perfecta docilidad del fundador dan a la obra un aliento nuevo, menos exaltado, menos ardiente, pero con más fuerza. El fundador sale de la prueba más maduro y la fundación consolidada. Roma considera esta evolución como muy positiva y acuerda, el 25 de febrero de 1888, el reconocimiento oficial del instituto religioso “como una planta florecida y perfumada, en medio de las zarzas y de las espinas” (Decreto “di LODE”).

A los ojos del fundador, este documento romano da una nueva dimensión a su congregación, como de derecho pontificio. Por este hecho, el obispo de Soissons no es más el superior. A partir de este momento, Dehon acentúa la internacionalización de su congregación, que había empezado con la fundación holandesa de Sittard en 1883. En noviembre de 1888, los dos primeros misioneros se embarcan para Ecuador.

En enero de 1889, el p. Dehon empieza una revista cuyo título manifiesta el programa de su fundador: El Reino del Corazón de Jesús en las almas y en las sociedades. En los primeros números, llama la atención el mensaje de esperanza que se dirige a todos, principalmente al clero y a los que están desamparados. Dehon quiere trazar una perspectiva futura en esta sociedad que abandona sus signos cristianos. Procura buscar un camino de evangelización de esta sociedad y se impone un trabajo previo de análisis. En este espíritu, cada entrega trae una crónica, redactada la mayoría de las veces por el P. Dehon, que relata y analiza los principales acontecimientos de Francia y de la Iglesia. El contenido de la revista se reparte entre artículos de espiritualidad y artículos sociales. Para Dehon, vida interior y compromiso social se juntan en la espiritualidad del Sagrado Corazón.

“El culto del Corazón de Jesús, no es para nosotros una simple devoción, sino una verdadera devoción de toda la vida cristiana y el acontecimiento más considerable después de la redención. Este pensamiento domina todos los esfuerzos de nuestro apostolado y es, por otra parte, la razón de ser de esta revista”.

 

Cuando te encuentras en alguna dificultad o en una crisis,

¿confías de verdad en Dios que es capaz de sostenerte en las pruebas?

¿Puede la crisis ser una oportunidad para volver a empezar

con cambios positivos en lo personal o en lo social?

 

 

11. Reparar el corazón y la sociedad

Que el mundo está “patas arriba”, es algo que todos descubrimos en algún momento de decepción.

Las injusticias, las guerras, el odio social (... y cuántas cosas más...) nos “revientan” el alma.

No es suficiente protestar y enojarnos, hay que actuar... y reparar.

El P. Dehon entendía que la Reparación era la forma para unirnos al Amor reparador de Cristo, que contempla la aflicción de los pequeños y de los que sufren. La Reparación descubre las raíces profundas del mal y crea personas y estructuras “nuevas”, un nuevo “Reino” de justicia y de paz. Es una actitud de amor que se expresa en el compromiso de transformar la sociedad.

“Es necesario que el Reino del Corazón de Jesús penetre en la vida social de los pueblos. Aportará el gran remedio a las dolorosas enfermedades de nuestro mundo”.

En la audiencia del 6 de setiembre de 1888 al P. Dehon, el Papa que el Papa León XIII recomienda al P. Dehon que predique sus encíclicas. Para él, esta recomendación se convierte en orden terminante. La publicación de la encíclica Rerum Novarum, el 15 de mayo de 1891, le ofrece la ocasión de llevar a la práctica la recomendación del Papa.

Este “documento salvador” como lo define el P. Dehon, llega a ser su punto de referencia predilecto, para despertar una renovación entre el clero, sensibilizándolo en las cuestiones sociales. En 1894 Dehon publica el gran comentario de la encíclica: el Manual social cristiano, cuya primera parte es el fruto del trabajo de la Comisión de Estudios Sociales de Soissons que él preside. Esta obra, que vendió más de 10.000 ejemplares en cinco ediciones, sin contar las traducciones al extranjero, tendrá gran resonancia y en muchos seminarios será libro de texto para la formación social. Él explica el documento romano dándole proyecciones y complementos. Por ejemplo, sobre la cuestión del salario familiar y sobre el delicado problema de la fijación de los salarios, el pensamiento de Dehon es más firme que el de León XIII ya que reclama el arbitraje del Estado. Dehon desconfía del liberalismo y ve en él una de las causas de la degradación social y moral de su época.

El P. Dehon aparece más y más en el último decenio del siglo XIX como referencia por su competencia en las cuestiones sociales. Este período está marcado por una intensa actividad literaria y por numerosos viajes para participar en congresos, asambleas y encuentros.

Hay que recordar, en particular, las conferencias sociales que dio en Roma durante el invierno de 1897. Su amigo, Mons. Thiberghien, quiere ofrecer al P. Dehon la ocasión de hacerse conocer en Roma. En esas conferencias, que atraen unos 500 oyentes, entre ellos muchos obispos y algunos cardenales, el P. Dehon puede desarrollar el fundamento de la doctrina social. Con acentos inéditos, el fundador de los dehonianos defenderá con vigor lo que él llama “el deber social del sacerdote” que no es oportunismo, “sino un deber estricto de justicia y de caridad en el cumplimiento riguroso de su ministerio sacerdotal y pastoral”. Tales conferencias llaman la atención de León XIII, quien, para subrayar su satisfacción y dar más fuerza a la palabra del P. Dehon lo nombra ese mismo año, consultor de un dicasterio vaticano.

Un tema recurrente de esta actividad editorial y de conferencista, que aparece como su última finalidad, es la preocupación por el clero. Resulta interesante ver qué cuidado pone Dehon al hablar del sacerdote, para alentar una actividad apostólica inédita, para abrirlo a las preocupaciones concretas de los hombres y mujeres de una sociedad que se industrializa. En 1918, resumiendo su compromiso social, nos da su visión profunda: la “misión de difundir entre el clero los principios y las obras de la vida social cristiana”. Empleando una imagen chocante de la época, Dehon hace salir al sacerdote de la sacristía para empujarlo a “la refriega social”, permitiendo que se ensucie un poco las manos y que pierda sus privilegios. En el contexto de la devoción al Sagrado Corazón, la reparación reviste para el P. Dehon, una clara dimensión social.

Es necesario que Cristo reine en las sociedades, en las familias, en las leyes, en la enseñanza, en las costumbres. Es la condición de la prosperidad y de la paz, es la manifestación de la verdad, es el derecho de Dios. (OS. 1,3)

 

Frente a la injusticia y la maldad que afectan a toda la sociedad,

¿sólo criticas o te pones al lado del pobre

para reparar con amor lo que el odio destruye?

¿Estás dispuesto a renovar tu corazón para cambiar la sociedad?

 

 

12. Amor y Justicia

 

El dúo clásico “amor-justicia” se repite una y otra vez en los libros del P. Dehon. En sus obras sociales consagra un capítulo a la espiritualidad del Sagrado Corazón para dar un fundamento místico a la perspectiva social; y en la mayoría de sus obras espirituales desarrolla consideraciones sobre el reino social del Corazón de Jesús para subrayar la dimensión social de esta espiritualidad. 

Lo que en la época era percibido y visto como una simple devoción, con Dehon llega a ser una propuesta de renovación del cristianismo y de la sociedad. Luchará para arrancar la espiritualidad del Sagrado Corazón de la esfera devocional e intimista.

 

La literatura espiritual estaba demasiado desacreditada, por eso el P. Dehon propone en sus escritos algo más sencillo y práctico: una guía espiritual que tiende a provocar un camino interior. No hay que buscar desarrollos teóricos; se trata más modestamente de ponerse en camino para ir siempre más a Dios y en Dios. La forma misma de la escritura manifiesta esta preocupación práctica. Dehon adopta el género literario de la meditación cotidiana. Partiendo de un texto de la Biblia , propone a menudo, en tres puntos, una exhortación para vivir en Dios. La meditación finaliza con una breve plegaria.

Por medio de numerosas meditaciones, desarrolla el conjunto de los misterios de la vida de Jesús; los hechos y los gestos de su recorrido terrenal. Pero la meditación no se limita al desarrollo de los acontecimientos; es importante ir al corazón del misterio para sentir y percibir el amor de Dios. Tal es el método espiritual que Dehon emplea en sus escritos ascéticos y que describe con estas palabras: “Procurar descubrir el amor bajo la corteza de todos los misterios”. Él toma el Evangelio como un libro escrito -según su feliz expresión- “interior y exteriormente”, y penetra hasta el corazón de Jesús.

El P. Dehon anota que es sobre todo en “el ejercicio de la unión con Nuestro Señor” donde él encuentra el sentido de su existencia. Los otros rasgos de su espiritualidad como la oblación, la adoración, la reparación, son los componentes y los medios para alcanzar esa unión.

El ejercicio de unión con Nuestro Señor es preferible a todos los demás y nos ayuda más que todos los otros... Yo quiero sujetarme a él definitivamente. Nada haré fuera de esta unión con Jesús, por Jesús y en Jesús.

Su obra espiritual es la puesta por escrito de la experiencia personal de su vivencia mística; así como su obra social expresaba sus acciones y comportamientos frente a la sociedad del siglo XIX. En esta actividad editorial continúa su compromiso Fe y vida, contemplación y acción, para no vivir un cristianismo incompleto y contradictorio.

Sí, nuestra enseñanza religiosa era incompleta; sabíamos que la vida privada debía ser cristiana, no sabíamos sin embargo que la vida pública social, económica, debía serlo también. Era, entre nosotros, un error casi universal, una semi herejía. (OS. 1,316)

 

Dehon no respira sino al soplo del amor divino que se expande en dos grandes vertientes: la exigencia social cultural y la espiritualidad de oblación reparadora. Él mismo compara su obra con dos surcos que tienen el mismo origen.

Yo he sido conducido por la Providencia a cavar hondo algunos surcos, pero dos sobre todo dejarán una profunda huella: la acción social cristiana y la vida de amor, de reparación y de inmolación al Sagrado Corazón de Jesús. Mis libros, traducidos a numerosos idiomas, llevan en todas partes esta doble corriente que brotó del Corazón de Jesús.

 

El P. Dehon tiene 67 años cuando nos entrega este análisis que propone una verdadera interpretación de su existencia y de su obra. A esta edad, puede evaluar su tarea y percibir su profunda unidad. La originalidad de Dehon consiste en esta articulación que une el amor de los hombres con el amor de Dios. Su lucha aspira a la reconciliación del pueblo con la Iglesia.

 

Llegado el momento de encarnar nuestra fe en la vida de todos los días,

es muy fácil caer en la contradicción.

¿Sabes unir en tu vida Amor y Justicia,

contemplación y acción?

 

 

 

 

 

 

13. Salir y comunicar

 

Sólo quien sabe desprenderse, salir de sí mismo, de su tierra y de su gente... puede alcanzar nuevos horizontes. Las grandes conquistas de la humanidad nacieron de un corazón misionero...

No habían pasado 10 años de la fundación de la nueva Congregación, y ya el P. Dehon enviaba a sus primeros misioneros a Ecuador (1888) y luego al Congo, a Brasil... etc.

“Los sacerdotes del Sagrado Corazón se considerarán felices de ser los cooperadores de Jesucristo en la gran obra de la salvación... Su empeño se ejercerá en las misiones lejanas, en las que hay más fatiga, más dificultades...”

El P. Dehon siempre vivió el ideal de la comunión universal; él buscó la expansión de su congregación, pero también tuvo que aceptar una difusión obligada por la persecución. 

Los primeros años del siglo XX, en Francia, están marcados por una política anticlerical que llegará a la expulsión de los religiosos y a la expropiación de sus bienes. Con la llegada, como jefe de gobierno, del ex-seminarista Emilio Combes, se instala un “anticlericalismo de Estado. Las escuelas de las congregaciones son cerradas. El P. Dehon se prepara para el exilio. Para asegurar el futuro, desde 1902 el P. Dehon toma todas las medidas para instalarse en Bruselas, sin abandonar, por el momento, San Quintín. Irá y vendrá entre las dos ciudades, no muy lejanas entre sí. El P. Dehon ha decidido resistir e intentar un proceso contra la decisión de dispersión tomada por el gobierno. En él se despierta el jurista. “Protesto y conservaré la protesta hasta la cárcel si fuera necesario”. El tribunal de San Quintín queda impresionado por la defensa de este gran anciano. Por otro lado, el P. Dehon lleva adelante, en la ciudad, una verdadera campaña de prensa con folletos y carteles publicitarios en los cuales recuerda sus derechos. Por supuesto, Dehon perderá su proceso. La casa del Sagrado Corazón es incautada. Pero la campaña de explicaciones en la ciudad ha dado sus frutos: en el momento de la venta de la casa, ningún comprador se presenta y Dehon puede rescatarla a un precio moderado.

La obra dehoniana deja Francia, pero no está decapitada, porque ya está bien implantada en el extranjero, donde prospera en una veintena de comunidades con 300 religiosos. Después de 1905 es desde Bruselas que el P. Dehon dirige la congregación que se extiende en el extranjero. Por otro lado, cada año viaja a Roma. Allí organizará encuentros sociales internacionales. Los viajes, las conferencias y congresos, las numerosas publicaciones de libros y revistas, todo respondía a su deseo “de ver y de saber” y a su ansia interior de “comunión”.

El 4 de julio de 1906 el fundador emprende un largo viaje a América del Sur. En Brasil visita a sus religiosos que están allí desde 1893; lleva consigo a cuatro jóvenes misioneros alemanes porque procura extender su congregación. De Brasil se dirige luego a Uruguay y a Argentina. Este viaje será espiritualmente fecundo; unos cien años después de la llegada de los primeros religiosos dehonianos, habrá más de 400 discípulos en América Latina. Como es su costumbre, León Dehon observa y toma notas. En 1908 publicará el relato de este viaje con el título Mil leguas en América del Sur. Apenas regresado de este largo viaje, en enero de 1907, vuelve a Roma para trabajar a fin de fundar la congregación en Italia. Ese año se abrirá en Italia, la primera comunidad, en la diócesis de Bérgamo; allí será acompañado por el secretario del obispo local, el sacerdote Angelo Roncalli, futuro papa Juan XXIII.

1910 será un gran año, el de su “viaje alrededor del mundo”. Con motivo del Congreso Eucarístico de Montreal en 1910, el arzobispo de Quebec, Mons. Begin, antiguo condiscípulo en Roma, lo invita calurosamente a realizar el viaje. Este viaje de seis meses, en las condiciones de principios del siglo XX, será una verdadera hazaña para un hombre mayor, de 67 años. Su periplo lo llevará de Estados Unidos a Japón, a Corea, a China, a las Filipinas, a Indonesia, a India... para terminar con una breve estadía en Jerusalén.

 

 

¿Cómo vives el ideal de la comunión?

Hoy Jesús te invita a salir al encuentro del “otro”

para que se realice su deseo:

“Que todos sean uno” (Juan 15).

 

 

 

14. Una bondad sin fronteras

 

“Amarás” pero ¿con qué amor? Con un amor de preferencia, que posterga todo lo demás; con un amor de complacencia en la total perfección de Dios; con un amor de benevolencia, con un amor efectivo y perseverante. Tú amarás con todo tu corazón. (OSp. 2,54)

 

El P. Dehon se halla en San Quintín cuando estalla, en agosto de 1914, la Primera Guerra mundial. Empieza para él un largo período durante el cual debe permanecer en esta ciudad.

A pesar de las humillaciones que una guerra acarrea, en las anotaciones del P. Dehon no se hallan quejas contra el “enemigo”, salvo algunas críticas contra los saqueos. El P. Dehon sabe que tiene a hijos suyos en los dos lados del frente. Su comportamiento habitual es el de la bondad y de la acogida.

Un joven dehoniano alemán, Franz Dalinghaus, se halla, en 1918, en las afueras de San Quintín. Se arriesga y va hasta la casa del Sagrado Corazón para ver al fundador. Los cohermanos franceses ignoran ostensiblemente al militar alemán. Notando la actitud hostil, el P. Dehon invita al joven militar a compartir la comida de la comunidad y lo ubica, bien a la vista, en su propia mesa. Otro testimonio es el del franciscano Raimundo Dreiling, que siendo capellán militar en San Quintín, frecuenta la casa del Sagrado Corazón. Después de la guerra públicamente rendirá homenaje en estos términos: “durante toda la guerra no encontré sino un solo francés que frente a los alemanes supo conservar el dominio de sí mismo y el sentido de la dignidad: el P. Dehon”.

Estos testimonios son elocuentes por sí mismos: Manifiestan la grandeza de alma del que veía en la guerra un llamado a la conversión interior.

Con este tiempo de guerra, comienza un largo retiro espiritual que lo llevará dulcemente, paso a paso, hasta la muerte y al encuentro con su Señor. El P. Dehon contempla su pasado y vuelve constantemente a los acontecimientos de los últimos años.

El P. Dehon experimenta la dicha de ver crecer y extenderse su obra: en 1904 la congregación tiene 250 religiosos y 30 novicios. En 1910, después de la división en dos provincias, la congregación tiene 326 religiosos, repartidos en 16 comunidades en Europa, en Brasil, en el Congo y en Camerún. Cuando el fundador muere, en 1925, existen cuatro provincias: Francia-Bélgica, Alemania, Holanda, Italia; España está en formación y otros religiosos dehonianos están en Suecia, Finlandia, Austria, Canadá, Estados Unidos e Indonesia; un total de 700 religiosos y 80 novicios.

Algunos meses antes de morir, el P. Dehon puede escribir, como balance:

He deseado en mi juventud ser misionero y mártir: misionero lo soy por mis cientos de sacerdotes en las cuatro partes del mundo; mártir lo he sido por las grandes cruces hasta el consummatum est: Nuestro Señor había aceptado mi voto de víctima. 

En octubre de 1917 el P. Dehon, que se encuentra bastante enfermo, recibe una amistosa invitación del Papa Benedicto XV, que quiere verlo en Roma. A los 75 años, el P. Dehon toma de nuevo su bastón de viajero. Por Suiza entra en la Francia no ocupada y de allí parte para Roma. Además de las numerosas visitas, atiende la abundante correspondencia, en parte amontonada a causa de la guerra. Luego visita a algunas comunidades dehonianas de Italia y regresa a Francia que continúa en la guerra.

Después de haber obtenido una visa, el P. Dehon vuelve a Roma. Se detiene en Bolonia, donde la comunidad celebra sus bodas de oro sacerdotales. Llegado a Roma, se apresura en encontrar al Papa. Es en uno de estos encuentros cuando madura el proyecto de una gran basílica en honor al Sagrado Corazón. La primera piedra del edificio se coloca el 18 de mayo de 1920. El fundador, que tiene 77 años, está presente, rodeado de su amigo el cardenal Begin, de Quebec, y de algunos otros cardenales y obispos. El P. Dehon se sumergió en este proyecto, empleando sus últimas fuerzas en juntar los fondos necesarios, aunque no verá la realización de la obra que será inaugurada en junio de 1934. Con todas sus fuerzas, con todo su corazón, él quiso expresar su amor a Dios y a los hombres hasta el fin, más allá de los achaques de la edad y de las dificultades económicas.

 

¿Es posible cultivar la bondad

en un mundo lleno de injusticias y atropellos?

¿Cómo se expresa en ti la invitación evangélica

de amar con todo el corazón?

 

 

 

15. La entrega total

 

Cada día que vivimos es un día que morimos. La vida inexorablemente se va acortando cada día. Más vale perderla con sentido en lugar que sea gastada y vaciada por el tiempo que corre.

Es muy claro el dicho de Jesús: “Quien quiera guardar su vida para sí... la pierde. Quien esté dispuesto a perderla, a entregarla con amor, ése... la gana.”

La muerte no sorprenderá al P. Dehon. A medida que envejece, se prepara con gran emoción, al encuentro con Aquel cuya voluntad ha querido cumplir fundando una nueva congregación. Los últimos meses de su existencia acentúan la espera. Vive en el encuentro futuro que le permitirá reunirse con todos aquellos y aquellas con los cuales ha actuado. Una carta del 25 de mayo de 1925 manifiesta esta suerte de liturgia celestial que ocupa sus días:

Vivo, en el espíritu, en la otra vida, vivo con la Santa Trinidad , con el Sagrado Corazón, con María y José, con mis patronos y amigos del cielo. Recuerdo a todas las personas fervientes que conocí durante mi vida y pienso verlas de nuevo muy pronto.

Con esta comunión participa ya del mismo misterio del Reino. “Asisto, confiesa él, a la gran misa eterna del cielo”. Algunos días antes de su muerte, transcribirá esta oración:

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, Gloria al Padre que es mi Padre y mi Creador. Gloria al Hijo que se hace mi Hermano y mi Salvador. Gloria al Santo Espíritu que es mi guía y el alma de mi alma.

Pero aunque anhele el encuentro con Dios, no olvida las realidades, los combates, los sufrimientos y las esperanzas humanas. Los últimos meses de la vida del P. Dehon son como toda su vida: morirá como ha vivido, con Dios, con los hombres.

Intensifica su meditación, y se prepara para la muerte, pero no disminuye su preocupación por la ciudad humana. Algunas semanas antes de morir, refiere este hecho del todo asombroso en un anciano de 82 años, que muestra su interés por la actualidad:

Compro algunos diarios para la comunidad, me parece bueno estar al corriente de la historia contemporánea y tener algunos temas de conversación.

En julio de 1925, una epidemia de gastroenteritis reina en Bruselas. El P. Dehon no duda en visitar a sus hermanos enfermos y es alcanzado por el mal. Pero él no cambia para nada sus costumbres y asiste con regularidad a los ejercicios de piedad de la comunidad. En la noche del 9 al 10 de agosto, una complicación cardiovascular pone en peligro su vida. En la mañana del 11 de agosto, el padre asistente lo prepara para su próximo desenlace y, en presencia de toda la comunidad, le da el sacramento de los enfermos. El P. Dehon renueva sus votos religiosos y pide perdón a la comunidad por sus faltas y debilidades.

La agonía comenzará al día siguiente por la mañana, el 12 de agosto, interrumpida solamente por estas palabras pronunciadas con dificultad, mientras miraba la imagen del Sagrado Corazón que tiene bajo sus ojos: “Por Él viví... por Él muero”. Serán sus últimas palabras.

El 12 de agosto de 1925, el P. León Dehon entrega definitivamente su vida a Dios, después de haberla gastado enteramente por sus hermanos.

 

“No hay mayor Amor que dar la vida”.

Simplemente, date cuenta de esto y siempre vivirás.

 

Mi corazón quiero dar,                      Quiero que mi corazón

mi vida quiero entregar,                    esté cargado de amor,

mi voluntad ofrecer,              que escuche tu invitación

para que Venga Tu Reino.              para que todos Sean Uno.

                                    

Lo que te vengo a entregar,          Quiero que mi oración   

lo que yo ofrezco en tu altar,        sea una ofrenda de amor,

tómalo tú, ahora es tuyo.              y pueda yo responder

Mi corazón ya no es mío. (2)         Aquí Estoy para servirte.           

                                         

 

Oración para pedir la Beatificación

del P. Dehon

 

Te damos gracias, Señor, Padre nuestro.

Con tu Siervo, el Padre León Dehon

has enriquecido a la Iglesia

con una nueva familia religiosa.

La beatificación de tu Siervo

sea para alabanza de tu gloria.

Por su ejemplo, haz que seamos profetas

y ministros de la reconciliación

en el Corazón de tu Hijo Jesús.

Su camino sea seguido por santos discípulos

que lleven por el mundo la alegría del Evangelio.

Que nuestra vida, oh Padre,

unida a la de Jesús, nuestro Señor,

y santificada por el Espíritu Santo,

sea una oblación agradable a ti

para la salvación del mundo. Amén.

 

Comunique las gracias recibidas por intercesión

del Siervo de Dios, P. León Dehon, a:

Padres Dehonianos,

Ramón Arana Iñiguez 5361,

12300 MONTEVIDEO (Uruguay)

 

 

Recopilación:

Quinto Regazzoni, scj.

Montevideo, julio 2002

 

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