La cultura del tiempo presente
Presentamos en forma
sintética algunas de características del tiempo presente que ayudan a encuadrar
la compleja realidad de la cultura juvenil. Proponemos también algunas
referencias a artículos centrales sobre estos temas ya presentados en Umbrales.
En la conclusión el autor explica la importancia de conocer la realidad actual
para poder inculturar la Buena Noticia de Jesús hoy.
Sobre este tema hay
muchísimo material escrito; aquí haré‚ simplemente un listado de características
que nos dar n un marco desde donde presentar el mundo juvenil. Muchas de
estas cosas las viven también los jóvenes, pero lo que aquí¡ describo es más
general, más común a todos.
1) El siglo XX,
cementerio de esperanzas
Para toda una generación
de repente el mundo se ha venido abajo: el mito del "eterno progreso"
ha resultado un espejismo. Nos habían dicho que si nos esforzábamos llegaríamos
a un mundo en armonía, pero la armonía no ha llegado y ya nos hemos cansado de
esperarla. Y esto no es sólo exclusivo de la izquierda y su utopía de una
sociedad justa: también se da para los países capitalistas donde se fomentó el
esfuerzo y el sacrificio como modo de llegar a una sociedad del confort. Ni la
justicia social ni el confort se han instaurado... El mito del eterno progreso
es una vieja idolatría, ya denunciada en los libros de los profetas.
(Para profundizar:
"La esperanza del Resucitado", de Julio Lois, en UMBRALES, n. 95).
2) El sentido estético
de la existencia
El sentido de la existencia
ya no está dado por la ética (lo que se debe hacer) sino por la estética
(lo que me gusta hacer). De aquí surgen dos actitudes básicas:
- Disfrutar por el
disfrute mismo. Obsesión por el consumo, acompañada por el hedonismo. Cuando no
se espera nada del futuro, es preferible vivir al día y pasarla bien.
- Retirarse al santuario
de la vida privada; allí aparentemente se puede lograr la única felicidad real
y alcanzable. Por eso hay indiferencia hacia lo colectivo y un fuerte
individualismo. En todo caso, encontrarse con otros ser para buscar mi
"yo" (grupos de encuentro y auto-ayuda, terapias de grupo, etc.), sin
importarme mucho el beneficio de los otros si es a costa de mi propio
bienestar.
3) Desconfianza hacia la
razón
Como reacción a la
confianza absoluta que se le tuvo sobre todo desde las tribunas del
positivismo, a principios del siglo XX, hoy se desconfía de la razón.
Durante la modernidad se
pretendía que la razón humana era capaz de captar todo lo que sucedió, lo que
sucede y lo que suceder . Se vivía con la razón una especie de
deslumbramiento, como si ella fuera la capacidad humana que puede establecer lo
incondicionado. Y por ese deslumbramiento se fomentaba todo lo referido a la
razón científico-técnica, dejando de lado otras importantes dimensiones de la
persona humana (afectos, voluntad, el propio cuerpo y las relaciones
interpersonales).
Pero ahora hemos vuelto
a descubrir que la razón no puede abarcar todas las condicionantes de la
existencia. Como dice Pascal: "Razones tiene el corazón que la razón no
entiende". La razón humana, que va más allá de la racionalidad
científico-técnica, incluye la intuición, las emociones; le permite a un
jugador de fútbol hacer una jugada brillante, a un ama de casa hacer con la
misma receta un manjar diferente cada vez... Frente al fracaso de la
"razón", surge ahora como reacción una desconfianza generalizada:
sólo habría lugar para un saber muy precario que no pretenda afirmaciones
tajantes y definitivas, lo que se llama un razonamiento "débil". Pero
a esta actitud en torno al saber "precario", hay que criticarla con
los mismos argumentos por los que cayó el antiguo modelo. La racionalidad tiene
un aspecto (que podemos llamar lucidez) que nos permite anhelar la verdad,
intuirla, tener, como dice Benedetti, "nostalgias del futuro",
vislumbrar lo que vendrá y orientar nuestra existencia hacia ese
horizonte. La lucidez es fundamental para caminar en nuestra existencia humana
con seguridad. Renunciar a la lucidez es renunciar a ser personas libres.
(Para profundizar:
"La inteligencia del corazón", de Leonardo Buero, en UMBRALES,
n.110).
4) Los "pequeños
relatos" como modo de comprender (y de hacer) la historia
Hoy la visión de la
historia, "de los grandes relatos", ha llegado a su fin. Hasta ahora
para estudiar la historia de manera "científica" era necesario
proponer los grandes acontecimientos, eliminando (según los criterios del
historiador) lo que no era ni grandioso, ni de renombre (los "pequeños
relatos"). No se tenía en cuenta a las minorías, ni lo cotidiano, ni
tampoco las culturas "perdedoras". Era una manera de ver, y también
de "hacer" historia, que uniformizaba y avasallaba todo lo diferente.
Los "grandes relatos" son narraciones para justificar una praxis. Son
una visión interesada y parcial de la realidad (ideología). Y muchas veces este
interés y parcialidad son no-confesados. Y esto no sólo para
"estudiar" historia, o para "escribirla"; en el fondo
también se tenía en cuenta lo "grande" y se despreciaba lo cotidiano
para tomar decisiones importantes, como si lo pequeño y cotidiano no fuera
parte de la realidad. Fue un modo de "hacer" historia muy violento.
Es muy diferente la
historia si se tiene en cuenta lo sucedido entre la gente "común".
Ahora hay una fuerte corriente entre los historiadores que buscan rescatar lo
que llaman "el micro-relato". Hay un rescate de lo cotidiano, de lo
que me pasa hoy. Lo subjetivo y el sentimiento se levantan sobre las ruinas de
la pretendida uniformización racionalista. Esto es muy positivo porque rescata
todo lo ignorado y despreciado.
Pero también, como
contrapartida, esta nueva manera de hacer historia se conecta con el
individualismo. El joven no se aferra, aparentemente, a nada; no tiene certezas
absolutas, lo único que parecería que le importa es lo que a ‚l o ella le
sucede, siente o quiere vivir hoy... Es muy difícil entonces pensar en hacer
grandes proyectos para muchos años. Si sólo importa el hoy, no tiene sentido
prevenir, ni proyectar, ni pensar con otros... ni se evalúa.
5) Los Medios de
Comunicación, uniformizan o fragmentan?
Hoy en día, desde la
televisión, la radio, la prensa y sobre todo desde la irrupción de
"Internet", y la comunicación celular, hay posibilidades de
comunicación insospechadas. Hoy sufrimos una avalancha de información y
estímulos que nos obliga a vagabundear y que nos urge a correr para "saber
m s". No podemos quedarnos, no podemos permanecer para profundizar lo
que se nos ofrece.
Buscando abrirme al
mundo que se me hace cada vez m s "a la mano", termino, encerrado
en mi mundo, obligado a mirarme el ombligo para poder entender un poco de todo
lo que se me ofrece. He aquí¡ una paradoja de estos tiempos que corren: cuanto
más información, menos conocimiento verdaderamente humano; mucha información,
pero poco tiempo para internalizarla. Y además, conozco lo que pasa en Kosovo,
pero no s‚ lo que le pasa a mi vecino, a las personas con las que vivo... a m¡
mismo. Parecería que cada cual puede y hasta debe componer "a la
carta" su propio proyecto de vida, sin preocuparse por la coherencia del
conjunto. Se llega as¡ a un mundo fragmentado, "hecho pedacitos",
conformado por la suma de los "proyectitos" de cada uno, sin importar
demasiado la unidad y coherencia del todo. A este mundo fragmentado, ¿habría
que contraponer la nostalgia de una realidad sólida, unitaria, estable y
"autorizada"? ¿No sería volver a los "grandes relatos", que
violentamente esconden la parte de la realidad que no coincide con las
intenciones dominantes? Condenar despreciativamente toda la cultura informática,
¿no será repetir el mismo error de cuando se "demonizó" la
imprenta? (Para profundizar: "La Era Digital", de Nicholas
Negroponte, en UMBRALES, n. 94).
6) Movimientos
religiosos. Esoterismo. Fundamentalismos.
Hoy hay un despertar de
lo espiritual desde lugares no-tradicionales: esoterismo, magia, métodos
orientales de meditación, religiones afro-americanas, culto a los
ángeles, etc. Y a la vez se vive una fuerte Hoy la visión de la historia,
"de los grandes relatos", ha llegado a su fin en las religiones
tradicionales.
Se da una situación
aparentemente ambivalente. Por un lado, las religiones tradicionales tienen la
tentación del fundamentalismo, de endurecerse, de volverse sobre s¡; por otro
lado, como reacción opuesta, hay una sensibilidad de la "nueva era",
que valora todo lo que no se había tenido suficientemente en cuenta: la
interioridad, el sentimiento y la emoción, la expresión de lo trascendente,
etc...
Nuestra crisis cultural
permite nuevas (y antiguas) expresiones de la búsqueda de Dios. Pero
aparentemente esta búsqueda de Dios es desapasionada, sin pretensión de amarlo
"con todo el corazón".
Se busca un Dios "a
la carta": un poco de cristianismo, con un poco de budismo y esoterismo
animista y algún milagro espectacular. El joven es un "cliente" ante
la "oferta religiosa". En este esquema de mercado "el cliente
siempre tiene la razón",¿cómo presentar la obediencia de la fe? Este
"retorno a lo religioso" necesita ser evangelizado.
(Para profundizar:
"Fe y Religiosidad en los albores del milenio", de Edgardo Trucco, en
UMBRALES, n.105).
7) El Neoliberalismo
como propuesta económica dominante
Sobre el Neoliberalismo
hay mucho material de divulgación y de estudio. No voy aquí¡ a explicar lo que
es, ni las consecuencias de muerte que ocasiona a diario entre nosotros y sobre
todo entre nuestros jóvenes. Últimamente el Papa, en el documento que se
publicó a raíz del ultimo Sínodo para las América, hizo una condena explícita
al Neoliberalismo calificándolo de "salvaje". (Para profundizar:
"Los Derechos humanos frente al Modelo Neoliberal" de Gregorio
Iriarte, en UMBRALES, n.89).
CONCLUSION:
Conocer la cultura
actual, para ser fieles a Jesús de Anisarte
Al enfrentar el tema de
la cultura actual, a veces nos encontramos con una actitud protestona que dice:
"¿Por qué‚ ahora tanta preocupación por conocer sobre la cultura actual,
sobre esto que algunos llaman la post-modernidad?"
La propuesta cristiana
no puede situarse fuera de la historia, sino en su interior, permanentemente
conflictivo; se desarrolla en la realidad social, tal como está
estructurada; va dirigida al hombre y a la mujer concretos, dentro de su
situación económica, cultural, política y social. Por eso la evangelización
debe ser un proceso que genere fe cristiana, en el interior de los procesos que
generan m s genuinamente "humanidad", en los procesos de
dignificación humana y de transformación social en búsqueda de mayor libertad y
justicia.
La evangelización exige
descubrir en el mundo actual los dolores y las esperanzas humanas. No sirve
repetir fórmulas hechas. Necesitamos cambiar muchos lenguajes, formulaciones,
vías de penetración y compromisos. Por ejemplo, evangelizar no es asegurar
m s firmemente nuestra identidad católica, ni tampoco es recuperar una
"audiencia perdida". Evangelizar es proponer que el evangelio sea una
buena noticia que transforme la vida de quienes lo aceptan.
Para ser fieles al
Maestro de Galilea, debemos atender la circunstancia que nos rodea y ser muy
lúcidos en nuestra propuesta, que no puede ser la misma de hace unos años. Para
anunciar a Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre, es necesario adaptar el
anuncio al tiempo presente. Para ser fieles, hay que cambiar.
Richard Arce