Propuesta pastoral a partir de los adolescentes

 

En los últimos años, dos fenómenos nuevos se han instalado en la realidad de muchas comunidades parroquiales: la creciente dificultad por mantener a los niños en la "catequesis de perseverancia" y la cada vez menor edad de quienes se acercan interesándose por participar o por integrarse a algún grupo o a alguna actividad juvenil. Esto ha generado no pocas dificultades en el trabajo pastoral y ha vuelto a plantear la necesidad de tener una respuesta para la etapa que va entre la primera comunión y la entrada a los grupos juveniles.

 

1. ALGUNOS ELEMENTOS SOBRE LA REALIDAD DE LOS ADOLESCENTES

Los adolescentes viven un tiempo de transición. Es una etapa de su desarrollo personal en la que, a partir de sus transformaciones físicas y apoyados en su realidad sociocultural, van experimentando un proceso de cambios psicológicos que les permiten asumir las potencialidades adquiridas, integrarse al mundo social y avanzar hacia el logro de su identidad personal.

Cuando hablamos de "tiempo de transición", estamos hablando de proceso. No se trata de un "estado de ser" sino de un "estado de devenir". Es decir, de un estado naciente, en el que casi todo es posible todavía, en el que se está naciendo a una existencia social y cultural personalmente apropiada por la que las personas, por primera vez en sus vidas, comienzan a tomar decisiones que las ubican en la sociedad en la que viven. Hay un abandono de todo lo que fue para acceder a cosas distintas que aún no están.

Los adolescentes experimentan una serie de transformaciones que van integrando a su personalidad con diferentes grados y modalidades de aceptación, que por momentos son desbordantes. Transitan una etapa de cambios decisivos. Sus cuerpos infantiles se transforman, las relaciones con el otro sexo se hacen más complejas y el vínculo con sus padres carece muchas veces de comunicación. Estos cambios implican, a su vez, una crisis que repercute notoriamente en el desarrollo y la socialización de sus personalidades.

Los parámetros conocidos y las figuras socializadas del mundo infantil resultan insuficientes y los obligan a reiniciar una búsqueda hacia su identidad definitiva. Los adolescentes necesitan integrar lo pasado, la experiencia, lo adquirido y lo desechado, con las nuevas exigencias del medio y con las urgencias instintivas. Necesitan darle a todo esto una continuidad dentro de su personalidad.

La familia comienza a perder importancia. Los adolescentes se angustian porque desean ser independientes pero se saben profundamente dependientes. Desean ser escuchados, respetados y tomados en serio. La antigua imagen de los padres se derrumba porque necesitan tomar sus propias decisiones y sacar sus propias conclusiones.

Crece la importancia del grupo de amigos y de los grupos, en general, que pasan a ocupar un lugar prioritario porque responden a sus necesidades de encontrar en otro lugar las figuras de apoyo y sostén necesarias para hacer frente a los cambios que están viviendo. Esto los reafirma en el reconocimiento de sus pares.

Su conducta está dominada por la acción, que constituye la forma de expresión más típica de este momento de la vida en el que, hasta el pensamiento necesita hacerse acción para ser controlado. De ahí que los adolescentes no mantengan una línea de conducta rígida, permanente y absoluta, aunque muchas veces lo intentan y lo buscan. Su conducta se expresa en sucesivas contradicciones. La tarea evolutiva que enfrentan es, en definitiva, la de dominar el amplio y complejo conjunto de recursos internos y externos que los llevan a ir conformando su personalidad y su propio proyecto personal, y que al mismo tiempo, les permitan actuar autónomamente en relación a sí mismos y al entorno físico y social en que se encuentran.

 

2. LA PASTORAL DE ADOLESCENTES

 

Jesús, enviado del Padre, vino a salvar lo que estaba perdido y a reunir lo que estaba disperso (Mt 18,11). Pasó haciendo el bien a todos los que encontraba en su camino. Vivió la situación de su tiempo y se identificó con el dolor de todos para hacerlos partícipes de la vida divina e incorporarlos a su Reino. Pastor por excelencia, miró a la gente, se compadeció de ella y enseñó a los discípulos a hacer lo mismo. Los asoció a su tarea de pastor, formándolos para guiar y acompañar el proceso de nacimiento, crecimiento y expansión de su Iglesia (Mt 28,17-20) y el cuidado de todos los hombres y los pueblos. Se preocupó por sus apóstoles y discípulos, particularmente y como grupo. Atendió sus necesidades concretas y les enseñó con su práctica cómo debían vivir el servicio a los demás...

Esa misma tarea y misión continúa hoy la Iglesia, como mensajera y realizadora de la alianza de Dios con los hombres. Por eso, procura ir a su encuentro en todas sus necesidades y situaciones. Los ayuda a desarrollar sus cualidades y su vocación al servicio de la comunidad humana. Con esta acción pastoral, la Iglesia prolonga el cuidado que tuvo Jesús con la gente de su tiempo, actualiza hoy su acción salvadora y colabora en su misión de construir el Reino. Para atender a las distintas personas y grupos, con sus situaciones, realidades y necesidades particulares, la Iglesia realiza acciones pastorales diferenciadas que se integran y forman parte de su única pastoral de conjunto. Así existe la pastoral familiar, la pastoral juvenil, la pastoral social, la pastoral catequética, la pastoral litúrgica... Una de ellas es también la pastoral de adolescentes.

 

¿ Qué es la Pastoral de Adolescentes?

Hablar de "pastoral de adolescentes" supone, ante todo, ubicarse en la realidad de una de las etapas más significativas de la vida de las personas. Quizás la más significativa. Porque en la adolescencia se perfila el futuro en relación con el propio yo y con el mundo exterior, se forja la personalidad y se comienza a actuar con un aporte propio en relación a los otros y a la sociedad.

Para nosotros, la pastoral de adolescentes es la acción organizada de la Iglesia para acompañar a los adolescentes a vivir en plenitud su proceso de desarrollo y crecimiento vital, a conocer y seguir a Jesucristo y su mensaje y a ir descubriendo el sentido de sus vidas y de su misión en la Iglesia y en la sociedad.

 

Esto implica que:

* La evangelización de los adolescentes es un desafío de toda la Iglesia. No puede considerarse solamente como "cosa de los adolescentes". Es toda la Iglesia la que se compromete para que los adolescentes puedan crecer y desarrollarse como personas; puedan conocer, aceptar y seguir a Jesús y puedan integrarse en la comunidad eclesial y social. Así, la pastoral de adolescentes es la expresión concreta de la misión pastoral de la comunidad eclesial en relación a la evangelización de los adolescentes, que será también buena noticia para la Iglesia y propuesta de transformación para las personas y para la sociedad.

 

* La pastoral de adolescentes es una parte constitutiva del proceso global de evangelización, que atiende especialmente la etapa que va entre los 12 y los 15 años y se desarrolla como parte del caminar común de la comunidad parroquial. No es, por tanto, un simple "tiempo de paso" entre una pastoral y otra ni una etapa para "contener" a los adolescentes mientras no pueden integrarse a la pastoral juvenil.

 

* La pastoral de adolescentes tiene su contenido y sus actividades propias. No se trata de "subir" los límites de la niñez ni de "bajar" los límites de la juventud ni de adecuar actividades propias de niños o jóvenes al nivel de los adolescentes. Además de exponerlos al peligro del desencanto, esto los haría retroceder en su formación o los llevaría a saltar etapas, con los problemas que se crearían luego en la juventud y en la edad adulta.

 

¿Catequesis o pastoral de adolescentes?

Dado que la pastoral de adolescentes se nutre muchas veces con los niños que vienen de la catequesis presacramental y que se dan en la realidad muchas propuestas de "catequesis de adolescentes" que coexisten con propuestas de "pastoral de adolescentes", es bueno tener presente que en la tarea evangelizadora de la Iglesia se pueden distinguir claramente dos momentos de formación: la catequesis y el acompañamiento permanente. Aunque igualmente necesarios para la madurez de la fe de todo cristiano, cada uno tiene su objetivo y su ámbito propio.

- La catequesis se caracteriza por ser un período de tiempo en el que las personas -niños, adolescentes, jóvenes o adultos- reciben "una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana" (CT 18).

- El acompañamiento permanente se ubica en otra perspectiva. Para que los cristianos puedan continuar en forma permanente su proceso de crecimiento y maduración en la fe, la Iglesia ofrece espacios grupales donde poder vivir y celebrar la fe y donde estar abiertos a referir a la fe los acontecimientos cotidianos de la vida personal y social.

Como ambas son experiencias formativas, ambas tienen también objetivos, contenidos, destinatarios, métodos y evaluación, pero los ordenan de manera diferente de acuerdo a su identidad específica.

 

- La catequesis da el primer lugar a los contenidos, porque está orientada a favorecer el conocimiento de la fe. Sus objetivos tienden a la asimilación de estos contenidos y sus métodos se eligen en función de ayudar a hacer accesibles esos contenidos a las personas que los reciben. La realidad de los destinatarios es vista como el lugar donde deben aplicarse deductivamente los conocimientos que provienen de la fe. En esta lógica, la evaluación es externa, porque está en función de verificar la incorporación o no de los contenidos propuestos a la vida de las personas.

- En el acompañamiento permanente, en cambio, lo primero es la realidad de los destinatarios, sus necesidades, su etapa de vida y los acontecimientos que le toca vivir. Esa realidad es leída con una mirada creyente a la luz de los contenidos de la fe. Los objetivos van surgiendo a partir de esta lectura creyente de la realidad y tienen como finalidad inspirar con la fe los acontecimientos vitales. El método se elige en función de permitir que los acontecimientos vitales puedan ser profundizados a la luz de la fe y la evaluación es personal e interna, porque se orienta a la fe como vivencia personal.

 

La catequesis y el acompañamiento permanente se vinculan mutuamente para favorecer el proceso de maduración de la fe. La catequesis está llamada a ser una instancia privilegiada para favorecer la profundización en los contenidos de la fe para que fructifiquen en una permanente mirada creyente de la realidad y de la vida cotidiana.

La pastoral de adolescentes debería suponer -por regla general- la catequesis sistemática para la primera comunión. Por eso, se ubica en la etapa siguiente y parece mejor entenderla más como acompañamiento permanente que como catequesis.

 

3. Características de la Pastoral de Adolescentes

 

Como propuesta e invitación, la evangelización no puede estar al margen del momento histórico y de la situación real que viven sus destinatarios. El punto de partida de la pastoral de adolescentes es el propio adolescente, asumido en su realidad personal, cultural y social. La pastoral de adolescentes no inventa a los adolescentes: los encuentra como son allí donde están y los acompaña hasta insertarse en la pastoral juvenil.

La acción evangelizadora no se realiza a través de un conjunto de acciones aisladas, sino a través de un proceso, es decir, de un conjunto de dinamismos que llevan al adolescente a abrirse, a buscar respuesta a sus inquietudes, a valorar lo que lo ayuda a crecer y construir su persona y a comenzar a descubrir su proyecto de vida.

Este proceso evangelizador se vive de forma participativa en pequeños grupos o comunidades en las que se comparte fe y vida, alegrías y tristezas, reflexión y acción, ilusiones y preocupaciones, la oración, la fiesta, las inquietudes, todo lo que son y quieren ser, lo que viven, lo que creen, lo que sienten, lo que esperan.

En este proceso, tiene un lugar privilegiado la presentación atractiva y motivadora de Jesucristo adolescente "que crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres" (Lc 2,52) como modelo que responde a sus ansias de crecimiento y a sus búsquedas de ubicación y sentido en el mundo que le toca vivir.

El proceso se realiza desde los adolescentes y con los adolescentes. Ellos son punto de partida y sujetos activos de sus propios procesos. Este protagonismo es elemento fundamental de la pedagogía y de la metodología de la pastoral de adolescentes.

Dada la pluralidad de realidades, es necesario plantear una pastoral diferenciada que tenga en cuenta y responda a las diversas situaciones y actitudes de los adolescentes frente a la fe y frente a la vida. Aunque haya diversidad de acciones, habrá siempre un mismo punto de partida, la situación del adolescente y un mismo punto de llegada, su maduración personal, su adhesión a Jesucristo y su integración a la Iglesia y a la sociedad.

La preocupación evangelizadora no se dirige sólo a los adolescentes que se integran a los grupos o a los que participan establemente en comunidades u otras organizaciones eclesiales. Con sentido misionero, llega también a quienes participan ocasional o esporádicamente y sobre todo a la gran masa de adolescentes que no se acerca a los ambientes eclesiales y que no ha recibido todavía el anuncio salvador de Jesucristo.

La comunidad eclesial acompaña a los adolescentes especialmente a través de animadores adecuadamente formados, que los quieran de verdad, que estén en actitud de escucha, comprensión y cercanía y conozcan suficientemente las características pedagógicas y metodológicas del proceso de la pastoral de adolescentes.

Para cumplir su misión, la pastoral de adolescentes se organiza a través de la coordinación de sus responsables a diferentes niveles. Estas instancias sólo pueden ser entendidas y vividas desde una actitud de corresponsabilidad y de servicio a los demás responsables, a los adolescentes y a los grupos.

 

La propuesta metodológica básica de la pastoral de adolescentes es el grupo.

Cuando hablamos de "grupo", estamos hablando de unos doce a quince adolescentes, de edades lo más homogéneas posible, que se reúnen semanalmente, con la orientación de un animador.

En el grupo, y a partir de la realidad concreta de los adolescentes, se desarrolla un proceso de construcción personal, de descubrimiento de los valores y de desarrollo de sus potencialidades en relación consigo mismos, con los otros (familia, amigos, liceo, barrio, comunidad, etc.) con Dios, con la sociedad y con la naturaleza.

En este proceso, los adolescentes tienen que sentir y experimentar que ellos son sus primeros y verdaderos protagonistas y que se los acepta y se los valora como son. De esta manera podrán ir desarrollando su autoestima con la ayuda de los demás y sobre la base del respeto mutuo. Para poder incentivar el desarrollo de la creatividad, es necesario que se les demuestre total interés en lo que están realizando, creando en torno a ellos un clima de afecto, seguridad, amor y respeto.

El proceso tiene que ser acompañado por un animador que, sin confundirse con los adolescentes, sea cercano y sepa captar con particular nitidez los diferentes códigos con los que acostumbran a manejarse y sepa conducir el proceso grupal.

 

 

 

4. LOS AGENTES DE LA PASTORAL DE ADOLESCENTES

 

La opción pedagógica de la pastoral de adolescentes requiere la presencia y la acción de agentes pastorales capacitados para que puedan realizar un acompañamiento adecuado a los procesos de crecimiento y maduración de los adolescentes.

Por ser una acción de toda la Iglesia, la pastoral de adolescentes tiene como agentes a todos los cristianos... Aquí se destacan aquellos agentes que forman parte más directamente del quehacer diario de la pastoral de adolescentes: el animador, el responsable parroquial y el párroco.

 

A) El Animador

El animador de la pastoral de adolescentes es una persona que, en nombre de la Iglesia, acompaña los procesos de crecimiento, maduración y educación en la fe de los adolescentes.

- Identidad del animador

El animador es una persona que ha pasado ya la etapa de la adolescencia y que ha comenzado a definir o tiene ya definido su proyecto de vida. Para desarrollar mejor su tarea, conviene que no sea de una edad demasiado cercana a la de los adolescentes con quienes trabaja. En nuestra práctica, el animador debe tener por lo menos 18 años cumplidos.

El animador es una persona de fe. Vive el seguimiento de Jesús en la opción que hace por los adolescentes, en quienes reconoce el rostro de Dios. Descubre la presencia de Jesús en medio de ellos (Mt 18,20). Es una persona de oración y testimonio. Habla y actúa desde la experiencia de la vida y no sólo desde las cosas aprendidas. Educa sobre todo con el ejemplo. Conoce, ama y sirve a la Iglesia. Ayuda a los adolescentes a sentirla como una comunidad. Es fiel a sus enseñanzas y se preocupa por conocer y seguir sus orientaciones pastorales.

El animador es una persona llamada por Dios para cumplir una misión en la Iglesia. Como toda vocación, este llamado no es para sí mismo sino para servicio de los demás. A través del párroco que lo designa, es un enviado de la comunidad para anunciar y testimoniar el amor de Dios en medio de los adolescentes. Esto lo lleva a superar los límites de su grupo o de los adolescentes que están integrados en los grupos parroquiales y dirigir su mirada y atención a todos los adolescentes, especialmente a los más pobres y a quienes nunca han recibido el anuncio salvador de Jesucristo.

El animador es un comunicador y un profeta. Actúa de acuerdo a la pedagogía de Dios y al modelo que utilizó Jesús con sus discípulos. Educa desde la vida y para la vida. Acompaña los procesos personales y grupales de los adolescentes, integrando acción, reflexión, convivencia y oración en una propuesta que da sentido a sus vidas.

El animador es un conocedor de la realidad social y eclesial. Sabe que está integrado a una comunidad parroquial que no está aislada de las demás, que pertenece a una zona y a la pastoral de conjunto arquidiocesana.

 

- Rol del Animador

Esta identidad del animador, con la riqueza de todas sus dimensiones, determina también su rol, es decir, el conjunto de actitudes, quehaceres y estilos de vida y de acción que pone en práctica para el cumplimiento de su misión de animador.

Las exigencias del acompañamiento a los adolescentes le hacen tomar conciencia de la necesidad de capacitarse teológica, pedagógica, psicológica y técnicamente para tener un conocimiento siempre actualizado de la realidad y del mundo de los adolescentes, para definir criterios precisos que orienten su presencia y su acción en medio de ellos y para saber utilizar los instrumentos adecuados en el momento oportuno.

Procura realizar un acompañamiento personal de cada adolescente. De esta forma los ayuda a crecer y a madurar y a tomar las decisiones que configurarán su ser y su quehacer en la Iglesia y en la sociedad.

Lleva adelante el grupo de adolescentes, para que pueda llegar a ser un verdadero espacio de crecimiento humano y de maduración en la fe. Este es su más vasto y amplio campo de acción.

La animación de la pastoral de adolescentes es un servicio colegial. El animador no trabaja solo ni aislado en su grupo; está llamado a relacionarse con los otros animadores y a integrar con ellos el Equipo de Animadores.

El Equipo de Animadores posibilita la complementación no sólo a nivel de aptitudes personales y de distribución de tareas, sino principalmente a nivel del aporte que las distintas experiencias de vida que los responsables -laical, religiosa, diaconal, sacerdotal- ofrecen a los adolescentes como modelos de vida cristiana.

 

B) El Responsable Parroquial

El Responsable Parroquial es nombrado por el Párroco, en consulta con el Consejo Parroquial y el Equipo de Animadores.

Para su designación, conviene tener en cuenta que sea o haya sido animador de pastoral de adolescentes, que tenga experiencia de trabajo en la pastoral parroquial y de conjunto y que tenga una capacitación mínima para la animación y la coordinación.

El Responsable Parroquial es el encargado del funcionamiento y articulación de las experiencias de pastoral de adolescentes que se realizan en la parroquia. Ayuda a los animadores a asumir su tarea, busca garantizar que se realicen los procesos grupales y facilita la utilización de los servicios que se ofrecen a nivel zonal y arquidiocesano.

Favorece la comunicación de los animadores entre sí y de éstos con el Equipo de Animadores y con el Párroco. Asegura la presencia de la pastoral de adolescentes en instancias de pastoral de conjunto más amplias. Representa a la pastoral de adolescentes parroquial en la coordinación zonal.

Tiene capacidad para aprender a conocer y respetar el ritmo de los otros y sus procesos de fe. Tiene espíritu de responsabilidad y constancia para superar las dificultades. Participa de la vida eclesial en lo que respecta a la oración y a los sacramentos. Se interesa por su formación permanente. Vive en comunión con el Párroco y la comunidad que son quienes lo envían en su misión.

 

C) El Párroco

Como cooperador principal del obispo en un determinado territorio de la diócesis, el párroco es el primer responsable de la evangelización de los adolescentes de la comunidad a la que ha sido enviado. Se esfuerza por conocer y descubrir el mundo de los adolescentes. Lucha por un espacio en la parroquia para ellos y así va siendo testimonio para el Equipo, para la comunidad y para el propio adolescente.

Cuida que la pastoral de adolescentes esté integrada en la pastoral de conjunto y sea destinataria privilegiada de la tarea evangelizadora de toda la comunidad. No permite que los adolescentes estén solos. Busca los animadores necesarios para acompañarlos y se preocupa por su capacitación, su formación y su acompañamiento espiritual.

Delega responsabilidades en un Responsable Parroquial capacitado, sacerdote, religioso o laico. Pero se mantiene al tanto del proceso de la pastoral de adolescentes parroquial y hace lo posible por seguir de cerca la vida de los grupos.

Como pastor y sacerdote, los anima, los escucha y los sirve y está presente en sus momentos más significativos. Promueve ámbitos especiales para que los adolescentes puedan expresar y celebrar su fe de acuerdo a sus características propias.

 

(Extractado de "Elementos básicos para una propuesta de Pastoral de Adolescentes para la Arquidiócesis de Montevideo", agosto 2000).