Cinco opciones pedagógicas de la pastoral juvenil
La Iglesia latinoamericana ha ido construyendo en los últimos años su propia propuesta de pastoral juvenil. A partir de la realidad juvenil, se ha venido elaborando un itinerario con una seria fundamentación teológica, una pedagogía para acompañar los procesos de formación humana y cristiana de los jóvenes, una metodología adecuada para el trabajo grupa¡ y una espiritualidad para vivir el seguimiento de Jesús.
La pastoral juvenil se define como "la acción organizada de la Iglesia para acompañar a los jóvenes a descubrir, seguir y comprometerse con Jesucristo y su mensaje para que, transformados en hombres nuevos, e integrando su fe y su vida, se conviertan en protagonistas de la construcción de la Civilización de¡ Amor" (Civilización de¡ Amor... 1995).
Retomamos aquí una parte de la nota del p. Horacio Penengo sdb, ya publicada en Umbrales n. 88. El Vicario para la Pastoral Juvenil de Montevideo, siendo secretario ejecutivo del SEJ-Celam (1991-1995), impulsó esta línea de la Pastoral Juvenil, preparando para el Celam los libros: "Pastoral Juvenil, sí a la Civilización del Amor", (1 987) y "Civilización del Amor: Tarea y Esperanza " (1 995).
Una pastoral juvenil con pegagogía
La pastoral juvenil se fundamenta en una pedagogía pastoral, tiene una propuesta de procesos grupales de formación integral y una metodología para hacerlos realidad, supone una determinada forma de organización y exige agentes pastorales capacitados para acompañarlos...
Por eso, es una pedagogía experiencial, porque el encuentro con Dios se produce en la misma vida y
experiencia de los jóvenes. Es transformadora y liberadora, porque considera al joven como un ser
abierto a la realidad, valora la acción transformadora, no lo aparta de la vida ni lo mantiene en la
simple comprensión intelectual de la realidad, lo lleva a enfrentar dilemas existenciales como ser libre o no serlo,
querer ser o temer ser, hacer opciones o cumplir órdenes, participar o ser espectador.
Es comunitaria, porque cree que todo cambio personal y social requiere un
espacio comunitario que permita experimentar nuevas formas de relación, encuentro
y fraternidad. Es testimonial, porque procura que no haya diferencia entre lo
que se aprende y la forma cómo se aprende. Es participativa, porque estimula el
intercambio, educa en la capacidad de pensar y tomar decisiones, valora el
punto de vista de cada uno y no sólo el de la autoridad y cree que la verdad
surge de la búsqueda común y todos tienen posibilidad de acceder a ella. Es
integral, porque asume la persona del joven teniendo en cuenta los tiempos y
las etapas de maduración que necesita todo ser-en-crecimiento y las múltiples
dimensiones de la personalidad en las que se va consolidando el proceso de
formación.
Cinco opciones pedagógicas
En esta pedagogía se
fundamentan cinco opciones pedagógicas que se refieren tanto a los instrumentos
como a las actitudes y estrategias prioritarias para la evangelización.
1. El grupo o comunidad
juvenil
Es la "experiencia
central" de la propuesta evangelizadora de la pastoral juvenil.
Se trata de grupos
pequeños, de doce a quince jóvenes, de uno y otro sexo, de edad homogénea, con
un nivel de participación estable y con un ritmo periódico de encuentros o
reuniones, que se constituyen en lugar de crecimiento, formación, y realización
personal y comunitaria. Los grupos facilitan la creación de lazos profundos de
fraternidad, permiten compartir, ayudan a enfrentar los desafíos de la vida,
educan a mirar y descubrir junto con otros la realidad, permiten encontrarse
con Jesús de Nazaret y adherir a él y a su proyecto de vida, impulsan la
renovación permanente del compromiso de servicio y dan solidez a la proyección
misionera expresada en el testimonio personal, en la maduración de la opción
vocacional y en el compromiso con la transformación de la realidad.
2. Los procesos de
educación en la fe
Ni la persona ni los
grupos nacen hechos: tienen ante sí un largo camino de desarrollo, crecimiento
y formación.
"La opción
pedagógica fundamental de la pastoral juvenil es el reconocimiento del carácter
dinámico de la formación y de la educación en la fe". Esto implica tener
en cuenta los "tiempos" de crecimiento, de identificación afectiva,
de asimilación y de compromiso propios de los jóvenes. Implica también
reconocer que el proceso educativo es un camino que realiza el mismo joven, que
él es el principal responsable de dar los pasos que correspondan, que de él son
los méritos de los resultados obtenidos y que suya es también la
responsabilidad de lo que no logra conseguir.
La formación es un
proceso de crecimiento personal y grupal, profundamente encarnado en las
condiciones históricas y sociales. Es un proceso de educación no formal, que
requiere del asesor una gran capacidad de escucha, disponibilidad para estar
con los jóvenes y decisión para responder a sus necesidades y búsquedas. No se
piensa en docentes que entregan contenidos en una sala de clase, en un horario
establecido y con un programa predefinido de contenidos; se piensa en asesores
que motivan, animan y acompañan a jóvenes convocados desde sus propios
ambientes y desde su propia realidad.
En un proceso de
educación no formal, lo doctrinal y lo conceptual no son el punto partida sino
el punto de llegada. No se niega su importancia: se afirma que solos no bastan
y que serán válidos en la medida en que estén ligados al núcleo formativo por
excelencia que es la acción.
Una educación en la
acción, que ofrece a los jóvenes la oportunidad de una acción reflexionada y de
una reflexión comprometida. La acción concreta en sus propios ambientes de vida
es la mejor escuela de formación: se forma para la vida en la vida misma. La
reflexión no es un momento separado de la acción. Hay que superar al mismo
tiempo la tentación de "primero formar para después actuar" y la
tentación del activismo o de "la acción por la acción".
El proceso de formación
integral abarca toda la persona del joven y procura ayudarlo a definir y
realizar su proyecto de vida. Atiende cinco dimensiones: la relación consigo
mismo, que corresponde a su realidad psicoafectiva y a su proceso de
personalización; la relación con el grupo, que corresponde a la dimensión
social esencial a toda persona; la relación con la sociedad, que corresponde a
su proceso de socialización e inserción social; la relación con Dios, que
corresponde a su experiencia de fe y la relación con la Iglesia, que
corresponde a su proceso de inserción en la comunidad eclesial. El crecimiento
en estas cinco dimensiones no se da de manera lineal y siempre progresiva, sino
en forma de espiral, lo que exige tener en cuenta los momentos de crisis y
retroceso y estar atentos para asegurar el desarrollo armónico de todas las
dimensiones.
3. La especificidad
La necesidad de llegar
al joven no sólo en general sino en su realidad particular, lleva a la opción
por las pastorales específicas de juventud.
Éstas se describen como
"una opción, desde la fe, por una acción concreta que busca transformar
con la fuerza del Evangelio la compleja realidad del mundo en que se vive.
Privilegian la participación en espacios humanos propios, donde las personas se
nuclean en torno a preocupaciones específicas comunes relacionadas
principalmente con problemas de sobrevivencia, salud, estudio, trabajo,
identidad étnica o cultural y situaciones críticas de marginación."
Aparecen como un camino nuevo para promover una mayor presencia en los nuevos espacios
juveniles. Con características diferentes, quieren hacer realidad la misma
propuesta de ser Iglesia joven, comprometida con el pueblo para la construcción
del Reino.
4. La organización
Como parte fundamental
de su misión, la pastoral juvenil se organiza desde la base generando un
proceso dinámico de comunión y participación y creando estructuras de
coordinación, animación y acompañamiento que hacen posible el intercambio entre
las experiencias que se realizan en los distintos niveles de Iglesia: grupal,
parroquial, zonal, diocesano, nacional, regional y continental.
Esta forma de
organización favorece la formación en la acción y el protagonismo juvenil,
genera espacios de diálogo y de decisión corresponsable, educa a la
participación, privilegia la persona sobre la estructura, construye relaciones
interpersonales que humanizan y permite intuir y ensayar formas concretas para
un nuevo orden eclesial y social.
Las estructuras de
coordinación y la organización son parte de la misma misión evangelizadora. No
son algo sin importancia, frente a las cuales se puede ser indiferente,
participar o no participar. Si no existen hay que crearlas; si son defectuosas,
hay que mejorarlas; si van caminando, hay que impulsarlas y dinamizarlas. Lo
que no se puede es separarse y crear acciones paralelas.
5. El acompañamiento
Esta propuesta
pedagógica requiere, finalmente, la presencia y la acción de agentes pastorales
capacitados para animar y acompañar adecuadamente los procesos de crecimiento y
maduración de los jóvenes.
No se trata de
"dirigir", "conducir" o "cumplir una función",
sino de "dar alma", "dar ánimo", de "dar vida" a
los jóvenes y a la pastoral juvenil. Es un servicio evangelizador que exige,
entre otras características, conocimiento de la realidad de los jóvenes,
capacidad de cercanía, actitud positiva ante ellos y ante la vida, facilidad
para la relación personal y para el trabajo en equipo, coherencia de vida,
relación personal con Dios, compromiso eclesial y experiencia en el camino de
la fe.
Como acción de la
Iglesia, la pastoral juvenil tiene como agentes a todos los cristianos. Pero
hay algunos que están vinculados más directamente a ese quehacer permanente: el
animador y el asesor.
EI animador es "un
joven llamado por Dios en la Iglesia para asumir el servicio de motivar,
integrar y ayudar a crecer a otros jóvenes en el proceso comunitario".
Prepara y anima las reuniones, favorece la convivencia fraterna y la
comunicación, alienta el encuentro con Dios y el compromiso solidario con los
demás, vincula a los jóvenes y al grupo con la comunidad, trabaja en equipo con
los otros animadores y con el asesor y procura seguir capacitándose para
prestar cada día mejor su servicio.
El asesor es "un
cristiano adulto llamado por Dios para ejercer el ministerio de acompañar, en
nombre de la Iglesia, los procesos de educación en la fe de los jóvenes".
Acompaña personalmente a los jóvenes, acompaña los procesos grupales para que
sean espacios de crecimiento humano y maduración en la fe, forma y capacita a los
animadores, trabaja en equipo con los otros asesores y es puente entre el mundo
adulto y el mundo juvenil, tanto a nivel eclesial como a nivel social.
En todos los ámbitos de
la pastoral juvenil crece cada día la conciencia de que la asesoría es un
ministerio, es decir, un servicio que se confiere a determinadas personas para
bien de la comunidad y para la mejor realización de la misión en el mundo. En
este sentido, no es un ministerio exclusivo del sacerdote o religioso, sino
fundamentalmente, un ministerio laical.
"Ver-juzgar-actuar-revisar-celebrar"
Cuando hay que acompañar
el proceso de un grupo, surge de inmediato la pregunta sobre el quehacer
concreto, los pasos a dar, los instrumentos a utilizar. Es la pregunta sobre el
método.
El método es "el
conjunto de pasos y procedimientos que encamina a un grupo al logro de sus
objetivos". No todo método sirve para conseguir los objetivos
evangelizadores de la pastoral juvenil. La elección del método está determinada
por el sujeto, es decir, los jóvenes, con sus características y realidades
propias.
A mitad de camino entre
la pedagogía y el método, está la metodología, es decir, "aquella serie de
principios prácticos que concretizan la pedagogía y condicionan el
método".
Una metodología apta
para la pastoral juvenil tiene que tener momentos que permitan al joven hacer
presente y asumir realmente su vida y su realidad, reconocerse como persona y
tomar distancia frente a los mecanismos masificadores de la sociedad,
encontrarse personal y comunitariamente con Jesucristo y confrontar su vida con
la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia, crecer en el sentido de
pertenencia a la Iglesia, desarrollar acciones transformadoras que expresen la
dimensión misionera de su fe, revisar el proceso vivido con actitud crítica y
celebrar la vivencia grupal explicitando la presencia de Dios.
Por eso, Santo Domingo
volvió a insistir en que "la pastoral juvenil promoverá el protagonismo a
través de la metodología del ver, juzgar, actuar, revisar y celebrar".
Desde sus inicios, con
toda la Iglesia latinoamericana, la pastoral juvenil reconoció en ella la
metodología que mejor respondía a las exigencias de sus opciones pedagógicas y
la asumió creativamente. Su puesta en práctica fue generando adaptaciones y
enriquecimientos que hicieron posible la aparición de muchos métodos que
articulan en pasos concretos sus intuiciones fundamentales.
Esto permite afirmar que
más que una metodología, el ver-juzgar-actuar-revisar-celebrar es hoy un estilo
de vida y una espiritualidad, que vive y celebra la presencia de Dios en la
historia, la actitud de conversión continua y el compromiso para el cambio de
la realidad.
Esta metodología utiliza
diferentes métodos. Cada método tiene su objetivo propio y es válido para
conseguir determinados resultados. Es importante que animadores y asesores
conozcan y manejen diversos métodos y sobre todo, que disciernan la oportunidad
de utilizarlos en función de la etapa del grupo y de los logros que se proponen
alcanzar. Entre los más utilizados se pueden señalar la revisión de vida, la
formación experiencial, el método catequético, la lectura orante de la Biblia,
etc.
La espiritualidad del
seguimiento de Jesús
Desde hace un tiempo, la
reflexión de la pastoral juvenil latinoamericana viene hablando del
"celebrar" como un momento explícito de su propuesta metodológica. Ha
llegado a descubrir que para los jóvenes, una vida sin gestos ni celebraciones,
no tiene sentido ni dinamismo y que la dimensión celebrativaes un elemento
fundamental del estilo de vida que van asumiendo en el proceso de maduración
humana y cristiana que realizan.
Esto se basa en la
convicción de que la existencia cotidiana, con sus alegrías y tristezas, sus
problemas y dificultades, sus temores y esperanzas, sus acciones sencillas y compromisos
radicales, es signo de la presencia y de la acción del Señor en la historia y
en la vida de las personas. Encontrarse con Él, reconocer su presencia
salvadora y su llamado a responder con coherencia y a comprometerse en la
construcción del Reino es celebrar la vida.
Celebrar la vida permite
recuperar el sentido de la gratuidad en un mundo interesado y competitivo,
dignifica el trabajo humano en un mundo materialista y consumista, hace
participar en el dinamismo del proyecto del Dios de la Vida en un mundo de
dependencia, manipulación y muerte, hace presente la dimensión de la fiesta y
de lo nuevo frente a la rutina de cada día y explicita la fe en la presencia de
Dios que, da identidad cristiana al grupo y a la propia vida. Celebrar la vida
se relaciona además con la búsqueda de sentido, con lo que se es y lo que se
hace, con lo que anima y sustenta lo cotidiano, con lo que da fuerza para
caminar, con las motivaciones profundas de las opciones que se toman, con la
espiritualidad.
Por eso, el "celebrar"
es la plenitud de la pedagogía y la metodología de la pastoral juvenil. No es
el último paso, sino la culminación de todo el proceso. Como los demás
elementos de la propuesta, también éste se va gestando lentamente en la
experiencia de Dios que los jóvenes van descubriendo, asumiendo y
comprometiéndose a vivir durante el proceso formativo.
A partir de allí, se
entiende la espiritualidad como "la experiencia de Dios que se revela en
Jesucristo; experiencia que es obra del Espíritu, transforma la persona y
desencadena un proceso nuevo en su vida". Es, pues, diferente y original
con respecto a otras motivaciones o fuerzas inspiradoras de la vida de las
personas. Su fuente es la experiencia de fe en Jesucristo muerto y resucitado,
y la conversión y adhesión a él y al Evangelio, vividas con otros en la
comunidad Iglesia.
La vivencia del
seguimiento de Jesús hecha realidad en miles de jóvenes a lo largo y ancho del
continente, ha permitido sistematizar algunas características de una
espiritualidad cristiana para ser vivida hoy en América Latina.
Ellas son: encontrar a
Dios en la vida: espiritualidad de lo cotidiano; vivir como vivió Jesús:
espiritualidad del seguimiento de Jesús vivo y presente; comunión y servicio:
espiritualidad de pertenencia a la comunidad eclesial; alegría y esperanza:
espiritualidad litúrgica y celebrativa; anuncio y compromiso: espiritualidad
laical y misionera; pequeños y excluidos: espiritualidad de la opción por los
pobres; muerte y resurrección: espiritualidad pascual; María, mujer, joven,
madre: espiritualidad mariana; y dar la vida: espiritualidad martirial.
El compromiso de
fidelidad a esta historia, que es historia de salvación, no es repetición ni
inmovilismo. Es y seguirá siendo apertura de corazón, disponibilidad al Espíritu
y sentido comunitario para seguir buscando juntos los signos de la presencia de
Dios y los caminos que él mismo va señalando, en este continente sufrido y
pobre...
Es y seguirá siendo un
alerta permanente para que las nuevas búsquedas y propuestas, sigan teniendo
siempre el sentido y las características con las que la Iglesia y especialmente
los jóvenes, han ido forjando su manera propia de ser jóvenes, de encontrar a
Jesús, de ser Iglesia y de luchar por construir la Civilización del Amor en
América Latina. Así, la pastoral juvenil seguirá siendo la respuesta de un
pueblo de jóvenes a su Dios y a su historia...
p. Horacio Penengo