Argentina
Los obispos y la deuda social
En noviembre pasado, del 6 al 11, se realizó en San Miguel la segunda y
última asamblea plenaria de este año de la Conferencia Episcopal Argentina
(CEA), con el objetivo de implementar la Doctrina Social de la Iglesia frente a
la difícil situación del momento. En su mensaje final titulado "Afrontar
con grandeza nuestra situación actual", los obispos cuestionan la tiranía
del modelo económico vigente en el país y convocan a la sociedad toda, pero a
la clase dirigente en particular, a saldar la "gran deuda social" que
pesa sobre los argentinos.
"Son muchos los argentinos que
se preguntan: ¿qué nos está pasando? También nosotros nos hacemos esa reflexión
y nos preguntamos: ¿cuáles son las causas de esta sensación generalizada de abatimiento
y desilusión?-afirman los obispos en su exhortación- Sin duda, estamos en un
momento crítico... Pero esta crisis no es sólo un problema estadístico. Ante
todo es un problema humano. Tiene nombres, apellidos, espíritus y rostros. Y
lamentablemente a los excluidos ya los contamos por centenares de miles.
Acostumbrarnos a vivir en un mundo con excluidos y sin equidad social, es una
grave falta moral que deteriora la dignidad del hombre y compromete la armonía
y la paz social. La gran deuda de los argentinos
es la deuda social. Todos debemos preguntarnos si estamos dispuestos a
cambiar y a comprometernos para saldarla" -dicen los obispos y se
preguntan: "¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que
no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?"
En su asamblea plenaria, los
obispos argentinos analizaron también la situación de la Pastoral Social y sus
cometidos, a la vez que se trató de delinear más claramente el campo de
Cáritas. El presidente de la Comisión de Pastoral Social, card. Raúl Primatesta, ha venido impulsando desde hace tiempo la
realización de una llamada "Mesa
del Consenso" a nivel nacional para unir a trabajadores, empresarios y
gobierno alrededor de algunas políticas sociales fundamentales. Estos esfuerzos
miran fundamentalmente a defender la producción y el trabajo nacional y a crear
empleo, buscando el fortalecimiento del mercado interno y rechazando una
apertura económica indiscriminada.
Algunos sectores creen que la
Iglesia no debe invadir el ámbito civil. Otros laicos, de la Pastoral Social,
le piden a los obispos que levanten la voz de la denuncia y de común acuerdo
con la llamada Mesa del Consenso, enviaron una carta a la Conferencia Episcopal
que trascendió a la prensa, pidiéndoles "no asumir un mero papel
asistencialista". "Hacer política asistencial con el escándalo de la
actual distribución de la riqueza en el país -añaden-, puede ser concebido como
un intento de justificación inaceptable, desde el punto de vista ético, del
modelo económico actual". La mayoría de los obispos no entró en la
polémica y el propio Jorge Casaretto,
presidente de Cáritas, como antes lo hizo Rafael
Rey, insistió en que la Iglesia debe atender las urgencias pero,
fundamentalmente trabajar a favor de la justicia y la equidad.
El obispo de Rosario, Eduardo Mirás, dijo que "este
salvajismo económico destruyó el aparato productivo" y manifestó su temor
de que "el hilo se corte en cualquier momento ya que hay mucha gente
desocupada"... Y el obispo de Resistencia, Carmelo Giaquinta, habló del "terrible olor a podredumbre que
explotó en el Senado" afirmando que "salvo los enquistados en el
poder, hasta el más ignorante entiende que, por el camino actual, la Argentina
es una nación sin futuro, con conflictos imprevisibles..." Por su parte, mons. José María Arancedo, declaró que
"el país está enfermo y la fiebre se ha manifestado en los cortes de
ruta".
Lo que se proponen los obispos con
estas declaraciones y con la exhortación final no es acorralar al gobierno sino
generar una reacción positiva y solidaria en todos los dirigentes y a la vez en
toda la sociedad. "Fortalecer moral e institucionalmente las instancias
políticas y sociales para recobrar el consenso del país y para que no claudique la esperanza";
éste es el sentido del mensaje de los obispos.
Encuentro Ecuménico sin precedentes
Tuvo lugar el sábado 28 de octubre el "Encuentro Cristiano
2000" en Plaza de Mayo con la concurrencia de unas cinco mil personas y la
presencia de las más destacadas personalidades de la Iglesia Católica, de las
Iglesias Ortodoxas, de la Iglesia Anglicana y de las Iglesias Evangélicas.
El Encuentro Ecuménico de Oración
para celebrar los veinte siglos del nacimiento de Jesús, cuyo lema era "Jesucristo nos une", comprendió un
pedido de perdón ("en repetidas ocasiones no hemos levantado denuncias
proféticas contra la corrupción y la injusticia de nuestra sociedad"), una
memoria de los testigos del siglo XX "que durante los regímenes totalitarios
han regado con su sangre las tierras americanas en defensa de los más pobres y
de los valores evangélicos" y un llamado a la unidad.
Se escucharon reflexiones sobre la
Palabra de Dios por parte del arzobispo de Buenos Aires, mons. Jorge Bergoglio, del obispo anglicano David Leake y del arzobispo ortodoxo Kissag Mouradian. Un gesto
significativo fue el lavatorio de los pies realizado por Bergoglio y
autoridades de otras Iglesias. La gente se dio un abrazo de paz, rezó el Credo
Apostólico y el Padre Nuestro y colaboró con una colecta en beneficio de un hospital
público de La Matanza mientras prendía velas en toda la plaza en el marco de
una liturgia de la misión. Estuvieron presentes todos los obispos católicos de
la Capital y del Gran Buenos Aires. Las Iglesias convocantes fueron la
Católica, las distintas Iglesias Ortodoxas, la Anglicana, la Evangélica del Río
de la Plata, la Evangélica Luterana Unida, la Valdense y la Presbiteriana,
todas ellas integrantes de la Comisión
Ecuménica de Iglesias Cristianas (CEICA), que funciona en Argentina desde
1988. Fue notoria la ausencia de la Iglesia Metodista y la de los Discípulos de
Cristo, ambas miembros de dicha Comisión.
El pronunciamiento del card.
Ratzinger, "Dominus Iesus", tuvo
un eco negativo en el marco ecuménico del Jubileo y le quitó mayor
trascendencia al acto. La Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE)
optó por retirarse de la organización del encuentro, aunque dejando en libertad
de acción a las Iglesias que la integran. No participaron conocidas figuras
como los obispos Etchegoyen y Pagura, pertenecientes al Movimiento
Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). Aun así, como dijo el arzobispo
Jorge Bergoglio, "se dio un pequeño paso hacia la unidad de los
cristianos; lo hicimos en puntas de pie y con esperanza".
En realidad, se trató de un hecho
inédito en nuestra historia caracterizada más bien por la indiferencia y los
desencuentros. La iniciativa tuvo en general una buena acogida sin llegar a
movilizar el grueso de las parroquias y de las diócesis como en otras
oportunidades y se llevó adelante con fervor. No participó la mayoría de las
corrientes pentecostales si bien tanto la Iglesia Católica como el Consejo
Latinoamericano de Iglesias (CLAI) han entablado un diálogo ecuménico oficial
con los sectores más abiertos del pentecostalismo que se presenta en la
actualidad como la tercera fuerza del cristianismo y es la que tiene el
crecimiento más acelerado en el continente.