Los nuevos mártires
Nuestros mártires de América Latina
En la espera del listado definitivo de los "nuevos mártires"
propuestos por el Papa a las Iglesias en este Jubileo y como corolario a un
nuevo libro sobre "Víctimas y Mártires de la década del setenta en la
Argentina" (Pedro Siwak), queremos compartir algunas reflexiones sobre el
tema a partir de la experiencia de nuestras comunidades cristianas.
En la "Conmemoración de los
Testigos de la Fe del siglo XX" del 7 de mayo de este año en el Coliseo de
Roma, dentro del marco del Gran Jubileo, el Papa ha presentado a la atención de
las Iglesias y del mundo, después de cinco años de intensa búsqueda por parte
de la Comisión de los "Nuevos Mártires", el nombre de 12.692
cristianos mártires. Entre ellos hay 2.351 laicos. La mayor parte de los
testimonios enviados por las conferencias episcopales, diócesis,
congregaciones, etc. provienen de Europa y de la ex Unión Soviética (9.781),
luego de Asia y Oceanía (1.831), de África (746) y finalmente de América con
tan solo 333 nombres.
Uno de los primeros comentarios fue
que se le había dado mucha importancia a los mártires de sistemas ateos como el
comunismo y el nazismo pero no de igual manera a los mártires de dictaduras y
gobiernos autodenominados "cristianos" como en América Latina. Fue el
mismo Andrea Riccardi, autor de "El siglo del martirio: los cristianos
del novecientos", quien reconoció cómo de América Latina habían
llegado muy pocos aportes, aclarando por otra parte que la búsqueda no había
terminado.
EL CASO ARGENTINO
Al celebrarse la Misa en ocasión
del undécimo aniversario del quíntuple asesinato de los Padres Palotinos, el
superior provincial, p. Juan Mannion,
dijo: "Aquí en nuestra patria asistimos al doloroso espectáculo de una
Iglesia oficial que se rehúsa, pareciera ser, a asumir el martirio y el
testimonio de obispos, sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos,
ajusticiados y asesinados por los sicarios de la seguridad nacional".
También el superior general de los Palotinos, Ludwing Mundz, declaró: "Nuestros cinco hermanos son mártires
porque fueron testigos de la fe, son mártires porque ellos sabían que ser fiel
a Cristo y ser fiel a su palabra en ese momento trágico de la historia
significaba arriesgar la vida y ellos quisieron ser fieles al Señor en ese
momento posconciliar en que la Iglesia despertaba a un diálogo nuevo con el
mundo..."
Emilio Mignone, un laico cristiano que murió hace dos años y sobre quien mons. Gerardo Farrel dijo: "a este
hombre la Iglesia jerárquica tendrá que pedirle perdón", manifestó:
"La Iglesia Católica sufrió un verdadero martirologio, negado por sus
máximas autoridades; curioso caso de una Iglesia que niega a sus
mártires". Obviamente no puede afirmarse que todos los cristianos víctimas
de la década del setenta sean mártires, pero tampoco se puede reducir el
testimonio de la mayoría de ellos a un puro compromiso político. "Han
muerto por luchar en favor de la justicia, siguiendo las exigencias de la fe.
En nuestros países católicos se pretendió domesticar la fe y en consecuencia a
los creyentes; al no conseguirlo, se los eliminó invocando principios
occidentales y cristianos" (Pedro Siwak).
En la Argentina, entre 1974 y 1983,
fueron asesinados 19 sacerdotes católicos según la investigación hecha por
Emilio Mignone que tuvo una hija catequista desaparecida (cfr. "Iglesia y Dictadura"), sin
contar la cantidad de religiosas, religiosos, seminaristas, laicos y miembros
de otras confesiones cristianas. El primero en ofrecer su vida "por Cristo
y por los pobres", según sus propias expresiones, fue el p. Carlos Mugica (11 de mayo de 1974).
Una de las pocas voces episcopales que reconoció su sacrificio fue la del
arzobispo de Rosario, Eduardo Mirás:
"Ha quedado en el orden sacerdotal como el ejemplo de hombre entregado a
su ministerio y que dio su vida especialmente por aquellos que son los
preferidos por Cristo, los más necesitados y abandonados de la sociedad".
Es conocido internacionalmente el
caso del obispo Enrique Angelelli
que según los militares murió por un accidente de tránsito el 4 de agosto de
1976, pero cuya muerte el juez Aldo Fermín Morales calificó en 1984 de
asesinato: "La muerte de Angelelli no obedeció a un accidente de tránsito
sino a un homicidio fríamente premeditado y esperado por la víctima".
Cuatro años después se derivó la causa a la Cámara Federal de Córdoba
presumiendo que el crimen había sido cometido en el ámbito de esa jurisdicción
militar; en junio de ese mismo año la aplicación de las leyes de Obediencia
Debida y Punto Final dio por terminado el asunto.
Los cinco religiosos palotinos, los
dos curas de El Chamical (Gabriel
Longeville y Carlos Murias), el p. Carlos Bustos, el p. Francisco Soares, las hermanas Alice Domon y Leonie Duquet, el laico Wenceslao Pedernera, junto al sacerdote
uruguayo Mauricio Silva... son
algunos de los nombres que también podrían ser rescatados del olvido en este
Jubileo como ha pedido el Papa, y formar parte del gran martirologio
latinoamericano de nuestro tiempo...
¿MUERTOS POR CAUSAS SOCIALES Y POLÍTICAS?
Ya en su tiempo S. Tomás, en el comentario a la
epístola a los Romanos, afirmaba: "Padece
también por Cristo no sólo quien padece por la fe en Cristo, sino también quien
padece por cualquier obra de justicia por amor a Cristo". En 1983 el
teólogo Karl Rahner invitaba a
ampliar el concepto de "martirio" no sólo en orden a la defensa de la
fe cristiana sino también de sus consecuencias morales, como la caridad y la
justicia. El martirio es un acto supremo
de fe y amor. El Papa comparte esta idea y ha declarado mártires también a
los que mueren "por la caridad y la justicia e indirectamente por la
fe" (discurso en Sicilia). Lo ha demostrado declarando mártires a Maximiliano Kolbe y a Edith Stein.
Muchos dicen: "En América
Latina los cristianos mueren por causas sociales y políticas". Pero ni en
las persecuciones romanas los mártires han muerto por motivos puramente
"religiosos": eran
"enemigos" del César y de la sociedad por su conducta y enseñanza. Es
sabido además que la defensa de la justicia y de los derechos humanos, y la
misma promoción humana son elementos constitutivos de la fe y de la
evangelización; la fe se traduce en caridad y exige la justicia. El cristiano
que muere por estos ideales, muere también por causa de la fe, aunque sea por
obra de dictaduras y gobiernos que se dicen cristianos.
El card. Roger Etchegaray ha declarado: "Hoy la semilla de los
mártires se encuentra a menudo en la alianza de la Iglesia con los pobres, los
excluidos, los oprimidos". Es lo que está sucediendo en América Latina
donde ya son numerosos los mártires honrados como tales por el pueblo
cristiano; es el caso del obispo Oscar
Romero de El Salvador. Pero mucho más allá de los casos famosos, hay una
cantidad de cristianos desconocidos que han dado su vida por Cristo. Como por
ejemplo, en Guatemala, a comienzos de la década del ochenta.
En aquellos años muchos templos
habían sido cerrados y poseer una Biblia o celebrar un bautismo era riesgoso.
Quien hablaba de "comunidad" cristiana, era considerado subversivo.
Muchos escondieron sus libros de oraciones y crucifijos bajo tierra. Varios cientos
de catequistas y dirigentes de la Acción Católica Rural fueron asesinados como
en el caso de Nicolás Castro,
ministro de la Eucaristía que desde la ciudad llevaba escondidas en medio del
maíz las hostias consagradas para los cristianos de su comunidad y al ser
descubierto, fue herido mortalmente en el patio de su casa. Mientras agonizaba,
llamó a su esposa y a sus cuatro hijos, les pidió perdón y con ellos rezó el
Padre Nuestro. O como aquellos cinco catequistas que para evitar el peligro de
que todo el pueblo fuera bombardeado por los helicópteros del ejército e
incendiado, se declararon culpables de subversión, marcharon rezando hacia el
cementerio a la cabeza de todo el pueblo y allí fueron asesinados.
Algún día se valorarán estas
historias de los mártires de hoy. Por ahora, esperan todavía un digno
reconocimiento.
Primo Corbelli