NAVIDAD 2000, ¿...y ahora qué?

 

Una vez más, preparándonos a esta Navidad 2000 encendemos luces de esperanza como augurio de tiempos nuevos. Ya nadie ahora discutirá sobre si empieza o no el tercer milenio, de todos modos el paso de un milenio a otro no va a cambiar la compleja situación que heredamos. Pero sí podemos renovar los deseos y los compromisos, porque cada Navidad es una invitación a la encarnación y a la renovación.

Jesús "que era de condición divina...se vació a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres" (Fil 2,7).

Jesucristo, siendo rico se hizo pobre (indigente) por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza" (2Cor 8,9).

Dios se hizo indigente en todo: de sustento, de conocimiento, de seguridad, de felicidad, de vida...quiso necesitar de todo: ¡así es nuestro Dios! Quiso vaciarse de sí para llenarse de nuestra indigencia.

Aquí está el Dios hecho hombre y llamado Jesús de Nazaret: solidario con nosotros más allá de todo cálculo y de todo camuflaje. Quizás podría ser justamente este el Dios solidario que el mundo está buscando. En lugar de un dios lejano, aplastante, Jesucristo está ligado establemente con nuestra sangre, responsable del éxito de nuestro destino final.

De esta creciente solidaridad el evangelio nos cuenta la historia. Observemos cómo Jesús entra en contacto con la gente necesitada y sufriente.
No como un curandero de prestigio, sino como uno de ellos, que se experimenta a sí mismo como necesitado, para poder acercarse como pobre a las muchas pobrezas humanas, y tomar parte en la infelicidad ajena con corazón solidario.

El señorío de Dios, la gran noticia predicada por Jesús, no se realiza entonces con la supresión de los males de la historia a través de la potencia divina, sino que comienza con el asumir y compartir esos males por parte de Jesús.

No con la omnipotencia entonces, sino más bien con la solidaridad. ¡Original este sistema elegido por Dios para reinar, e inaugurado por Jesús!Nosotros al hacer un balance de este año jubilar, en los umbrales del tercer milenio, seguimos preguntándonos ¿...y ahora qué?

Queda íntegro el desafío de encarnarnos, de meternos en la problemática del ecumenismo y del diálogo, de la solidaridad y del voluntariado, de la globalización y del compromiso social cristiano,de los jóvenes... y tantos otros temas pendientes para todos los que quieran levantar la copa para un brindis con sentido en esta Navidad.No te detengas entonces, porque queda "todo por hacer" en este camino de redención y liberación que siempre está empezando.

Quinto Regazzoni