La Comunicación del Silencio
Todos conocemos a personas que con
sólo encontrarlas nos alegran el día.
Luego de estar con ellas, aunque en
breves instantes, nos regalan una jornada diferente. Y cuando uno analiza el
motivo de esta alegría, serenidad o esperanza que nos transmitieron, cae en la
cuenta que no dependió de lo que nos dijeron o expresaron con algún gesto.
Los norteamericanos utilizan un
concepto muy interesante para este fenómeno: "comunicación silenciosa" ("silent
communication"). Y se refieren a esta irradiación que emanan estas
personas especiales que más allá de las palabras o de su comunicación no verbal
nos dicen muchas cosas. Es más una postura espiritual-existencial.
Nos hablan en silencio de su
dimensión espiritual, ligada íntimamente con lo que han hecho con su vida. De
allí brota su comunicación. Nos transmiten valor, amor hacia la vida, ganas de
vivir de una manera más positiva.
A su alrededor todo es armonía. No hay que hacer algo distinto con ellos, ni hablar de
temas importantes. Quizás no nos den consejos, ni ánimo, ni ayuda concreta.
Simplemente crean un ambiente a su
alrededor que hace agradable estar con ellos. Respirando ese ambiente uno se
siente auténtico, no-enjuiciado, tenido en cuenta, valioso.
Su carisma podría definirse con una
palabra que contiene esta vibración antes definida: amor.
Lo curioso del fenómeno es su
desarrollo en el silencio. En nuestra sociedad ruidosa y en nuestro interior
distorsionado por estos ruidos, el silencio es una experiencia extraña. Es más:
desagradable y dolorosa.
Sin embargo, estos
"cristos" que caminan entre nosotros me permiten imaginar que en
silencio pasan cosas hermosas, quizás las más importantes de nuestras vidas.
Y creo que Jesús, el Maestro,
pertenecía a este grupo de hermanos que con su vida nos van diciendo:
"ánimo, la vida vale la pena vivirla
con solidaridad, honestidad y valentía". Hombres y mujeres, pequeño pero
imprescindible ejército, que no juzgan, comprenden. No hacen grandes discursos,
viven honestamente.
Se acerca Navidad. Tiempo en el que a pesar de los ruidos infernales de nuestra sociedad
consumista, un pequeño niño se cuela entre el silencio de los jazmines y de los
corazones abiertos. Llegará nuevamente, renovando su riesgosa elección de amor,
para acampar entre nosotros. Lo hará en silencio. En ese silencio profundo,
cargado de sentido, en el cual pasan las cosas más importantes de nuestra vida.
Leonardo Buero