Año 2001
El peso de América Latina
Frente a la situación angustiosa
que viven nuestras naciones, muchas veces nos
conformamos con sentimientos de
auto-compasión o de queja.
Pero desde la esperanza
inquebrantable de nuestras comunidades cristianas
tendríamos que tener otra actitud.
Hace pocos días me encontraba con
algunos amigos para conversar con dos
queridos huéspedes que estaban de
paso por Montevideo:
el p. Sergio Torres de Chile y el hno.
Pedro Acevedo de la Rep. Dominicana.
Estos dos grandes teólogos y
animadores pastorales de nuestra América conversaban
con nosotros del futuro y de las
esperanzas del continente.
A nivel político y económico
nuestros países parecen desaparecer en el vórtice
de la globalización neoliberal. A
nivel eclesial parece prevalecer el fuerte
centralismo de la Curia Romana.
Pero la fuerza eclesial del
continente no está en manos de unos pocos personajes, sino
de la gran mayoría del pueblo fiel que incluye a laicos,
religiosos y pastores,
mujeres y hombres, ancianos y
jóvenes, que no desfallecen
en su compromiso de transformación
del mundo.
En otras partes del mundo no se
siente todavía el peso
de esta realidad viva y pujante.
Pero las cosas ya van a cambiar.
En Estados Unidos, por ejemplo, la
mayoría de los católicos son hispanos.
Todavía no se reconoce el dato pero
se trata de una presencia emergente y activa
que no se podrá ignorar. Pronto
también los católicos latinoamericanos
serán la mitad de todos los católicos del mundo...
Sin embargo, más allá de los
números estadísticos es la misma gente, las
comunidades, los grupos eclesiales,
la teología y la pastoral latinoamericana que
van tomando peso. Es el peso de los
laicos, de la lectura popular de la Biblia, de la presencia activa y
protagonista de la mujer, de la vida religiosa inserta, del crecimiento de la
misión ad gentes, más allá del continente...
Los documentos de las Conferencias
del episcopado latinoamericano en
Medellín, Puebla y Santo Domingo, son un camino de fidelidad
y de traducción del Concilio
Vaticano II que ningún otro continente ha
emprendido con tanto consenso. La
comunión y participación fueron conceptos claves del Concilio y valores
fundamentales para la pastoral latinoamericana.
La utopía del beato Juan XXIII y la propuesta del Concilio
constituyen un camino imborrable y una fuente inagotable de vida.
Al empezar el siglo XXI, nos
encontramos cargados de esta esperanza antigua
que es la del Reino de Dios que
avanza a pesar de todas las dificultades y trancazos.
Un peso que nos honra y compromete
a la vez frente a toda la Iglesia universal.
Quinto Regazzoni