ARGENTINA
La clave de la Pastoral Social
En su último documento público: "Afrontar con grandeza nuestra
situación actual" los obispos invitaban a no culpabilizar por la crisis
nacional únicamente a los de afuera o a la situación mundial. "Nuestra
crisis es también nuestra", afirmaron los obispos y proponen ahora una
fuerte concientización del ciudadano en general y de los católicos en
particular en el plano social y político, desde la Doctrina Social de la
Iglesia.
Hablando de la situación del país y
refiriéndose al escándalo del Senado que determinó la renuncia del
vicepresidente de la nación, decían los obispos: "EI pueblo tiene la
sensación que la corrupción y la impunidad permanecen con gente aferrada a sus
cargos y se lamenta por la impotencia para cambiar esta realidad". Ven por
otro lado como fenómeno novedoso y promisorio la constitución en el país de una
variada gama de movimientos sociales, "una amplia red social y solidaria con los más pobres, realmente
representativa de los barrios, las regiones, el pueblo, la parroquia, el
municipio" y auguran que de allí pudieran salir nuevos "dirigentes
aptos, más sensibles al bien común y capacitados para la renovación de nuestras
instituciones". Pero no serán posibles cambios estructurales en el país
sin decisiones estrictamente políticas y por eso los obispos defendieron
"la nobleza y la necesidad de la política, como expresión eminente de la
caridad social" reclamando de los políticos y dirigentes una formación
adecuada.
En esta misma línea, el arzobispo
de Resistencia, Carmelo Giaquinta
declaró: "Las estructuras del Estado están repletas de cristianos. ¿Cómo
se explica entonces lo que pasa? Más que críticas al Estado y a su accionar
social, hay que hacer una dolorosa constatación eclesial: el cristiano ha
recibido una deficiente catequesis social. La Pastoral Social pasa en primer
lugar por una buena catequesis que mire al comportamiento ético del cristiano
en la sociedad basado en el Evangelio. En la medida que el cristiano sea buen
ciudadano, se reducirá la corrupción y disminuirá la injusticia estructural
causada por leyes que sancionan privilegios y provocan pobreza. "...No
hemos desarrollado una acción apostólica en profundidad para formar la
conciencia cristiana de los empresarios, de los trabajadores y de sus dirigentes.
El clero, desde el eclipse de la JOC a fines del año 50 y a pesar de la
apertura conciliar, se recluyó en el ámbito parroquial olvidando el mundo del
trabajo como ámbito que merece ser evangelizado." Lo mismo pasa con la
política. Según el arzobispo de Resistencia "el laicado católico
‘comprometido’, está escasamente preparado para dar testimonio de su fe en la
vida política y social y pobremente catequizado: por lo que los cristianos,
incluso practicantes, que militan en los gremios y en los partidos políticos,
no se distinguen visiblemente de los no cristianos y su presencia no llega a
ser iluminadora ni cuestionadora".
Estas palabras de uno de los más
lúcidos exponentes del episcopado aclara cual es el rumbo que los obispos
argentinos piensan tomar frente a la realidad nacional después de la importante
asamblea de noviembre pasado. Asumir como una
urgente prioridad la Pastoral Social, cuya clave es la formación de la
conciencia moral del ciudadano a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia. En
esta prédica se ha destacado hace años el obispo emérito de Viedma, Miguel Hesayne. A pesar de los
constantes llamados de Juan Pablo II, la Doctrina Social de la Iglesia no forma
parte de la catequesis, la predicación y la formación laical de muchísismas
parroquias. En la espera de un Catecismo Social promovido por el mismo Juan
Pablo II para toda la Iglesia, los obispos argentinos se han puesto a trabajar.
Se resolvió intensificar la difusión de la Doctrina Social "no tanto como
ilustración sino como compromiso" y se elevó al rango de comisión
episcopal a Cáritas. El obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, ha pedido a los políticos la elaboración de un
Código de Ética y la puesta en marcha de escuelas de formación para dirigentes.
"La deuda social no se salda
con ningún plan asistencial, con cajas o bolsas de alimentos: sino enfrentando
seriamente las actitudes ético-sociales perversas y las estructuras políticas
injustas que promueven la desigualdad social", afirmó mons. Giaquinta.
Ecos del documento episcopal
A diferencia de muchos otros
documentos más largos, el mensaje "Afrontar con grandeza nuestra situación
actual" ha sido claro y contundente: por eso ha repercutido hasta en los
ámbitos populares que se han sentido interpretados por la Iglesia. La idea fue contribuir
a través de un descarnado cuestionamiento a provocar un examen de conciencia y
una reacción positiva en todos los sectores. No menos eficaces fueron los
comentarios de algunos obispos. "Salgamos del esquema de la economía
salvaje", dijo el arzobispo de Rosario, Eduardo Mirás; "que éste no sea el pensamiento fundamental del
Estado y de los empresarios"... El arzobispo de Rosario también se
defendió de las críticas recibidas desde ambientes empresariales: "Los
obispos no somos economistas, pero para decir que hay hambre no hace falta ser
expertos... Nadie puede pretender que los obispos se callen por el hecho de que
no somos economistas: que los economistas propongan planes sensatos porque si
son para engrosar los bolsillos de los que ya tienen mucho, les decimos que
este camino no es moral, es caminar sobre el hambre del pueblo". También
el arzobispo de Buenos Aires, Jorge
Bergoglio, afirmó: "No se puede fabricar pobres a través de una
economía salvaje y luego pedirle a la Iglesia que los atienda", en obvia
alusión al interés del gobierno para con la acción de Cáritas.
No sólo los empresarios sino
también el gobierno reaccionó frente al documento sobre todo por lo que afirma
en este párrafo: "No podemos resignarnos a aceptar pasivamente la tiranía
de lo económico que se ha instalado en todas partes. La tarea no debe reducirse
a que las cuentas cierren para tranquilizar a los mercados; no es suficiente
hacer bien los deberes hacia fuera". Estas afirmaciones no han encontrado
de acuerdo al presidente Fernando de la Rúa que en una carta al titular del
Episcopado, Estanislao Karlic,
justificó las recientes medidas del gobierno al argumentar que la reactivación
económica "necesita de la confianza de los inversores"... En su
carta, el presidente de la República se declara de acuerdo por otra parte con
la Iglesia de que la gran deuda de los argentinos es la deuda social, "que
no se ha generado por cierto en este año, pero que estamos decididos a poner
todo el empeño en remediar, porque es un objetivo fundamental de justicia y
solidaridad que hemos asumido".