CHILE
"Reconciliación sin olvido"
Los acontecimientos del fin de milenio parecen haber derrumbado
definitivamente el intento de las Fuerzas Armadas de imponer un modelo de
reconciliación fundado en la impunidad equitativa -mediante la amnistía a los
delitos cometidos por ambos bandos del conflicto político post’73- y el olvido
de lo ocurrido. El de los Derechos Humanos es un tema que es a la vez bandera
moral y piedra en el zapato. Ni aún ahora, contando con mayoría en ambas
Cámaras, la Concertación parece dispuesta a dictar una ley interpretativa de la
amnistía que, al menos, obligue a investigar los casos y establecer
responsabilidades.
Los miles de casos que sufrieron
represión política constituyen a su vez una memoria colectiva que se constituye
en porfiadas expresiones de resistencia al olvido y a la banalización del dolor
y de la muerte. De esta manera el pasado no se extingue sino que revive en las
memorias individuales y en los relatos registrados para conservarlo...
Frente a este nuevo escenario, a
las Fuerzas Armadas se les plantea una dramática disyuntiva: solidarizarse
corporativamente con los responsables de crímenes que avergüenzan a sus
instituciones, o ingresar en una pedagogía de reconciliación que supone reconocer
la culpa y pedir perdón.
Los gobiernos de la Concertación
han tenido un proceder errático en la materia. El programa de gobierno de
Aylwin contemplaba la revocatoria o declaratoria de nulidad de la ley de
amnistía, propósito tempranamente abandonado luego de asumido el primer gobierno
democrático. Posteriormente, en 1993 y en 1995 se enviaron proyectos de ley al
Congreso con el propósito de "poner
término al problema de los derechos humanos", particularmente de los
detenidos desaparecidos. Pero dichos intentos fracasaron al no contar con apoyo
al interior de la coalición, por entender, especialmente el Partido Socialista,
que ambas propuestas podían implicar leyes de punto final.
Con ocasión de la detención de
Pinochet en Londres, el gobierno de Frei recurrió a una argumentación muy
primitiva en materia de soberanía y jurisdicción, en abierta contravención con
compromisos internacionales que el Estado de Chile ha contraído en materia de
legislación internacional de Derechos Humanos. Una vez que Pinochet regresó a
Chile, se ha insistido en que no es atribución del Ejecutivo intervenir en la
labor de los tribunales. Sin embargo, recientemente, en una reunión con
empresarios de la Confederación de la Producción y el Comercio, el presidente
Lagos les anunció que el proceso contra Pinochet "se cerraría bien y
pronto", enviando con ello una señal muy equívoca respecto de la
prescindencia del gobierno en estos casos, y de su interés en que se haga
justicia a las víctimas.
En general, el liderazgo
concertacionista ha privilegiado una política de acuerdos con las Fuerzas
Armadas donde el interés de las víctimas ha sido relativamente desatendido. Con
la detención de Pinochet en Londres, hubo un leve vuelco en la situación. La interesante
iniciativa de la Mesa de Diálogo,
una experiencia desgraciadamente incompleta debido al rechazo que tuvo de parte
de los familiares de las víctimas, alcanzó logros modestos e inciertos
(información relevante acerca del paradero de los detenidos desaparecidos).
Aparentemente, la posibilidad cierta de una espiral de condenas a militares
incomoda a la Concertación.
Por su parte, la Conferencia
Episcopal Chilena, acogiendo la invitación del Papa, han querido pedir perdón
al Dios Vivo. El 24 de noviembre pasado, en una liturgia en la Catedral de
Santiago, con la presencia de autoridades de la República, los obispos pidieron
perdón por "nueve pecados que resumen y simbolizan la multitud de
incoherencias históricas de los hijos de nuestra Iglesia en esta Patria",
rogando al mismo tiempo que esta petición de perdón "nos acerque a todos
como hermanos, sanando aversiones y enemistades". En una parte del pedido de perdón por los pecados de
violaciones a derechos humanos fundamentales, los obispos afirman:
"Padre, te pedimos perdón porque algunos hijos de la Iglesia, en tensas y
difíciles circunstancias, muchas veces usaron arbitrariamente el poder y no
respetaron el derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad... y condenaron
a otros injustamente al desarraigo del exilio. Perdón, Señor, por el
comportamiento de cuantos hijos de la Iglesia no protegieron con justicia a los
hermanos perseguidos, callaron, no intercediendo por ellos..."
Recopilación de un artículo de Diego García M. de la revista chilena
"Mensaje", nº 495.