Educar la Sexualidad

 

1. Educar la sexualidad y la capacidad de amar

Existe un debate sobre la educación sexual. Los motivos que han impulsado e impulsan a distintos centros de enseñanza a abordar el tema de la sexualidad son buenos; y bien intencionados los educadores, padres, profesionales que buscan alternativas para responder a esta demanda. Somos conscientes que la educación que recibimos sobre esta temática fue muy rigurosa e inadecuada. Sin embarbo, a veces, nos cansamos en discusiones que nos dejan la sensación de no llegar a ningún lado y nos sentimos incapaces de afrontar este desafío porque a) o nos quedamos en la crítica que condena comportamientos que no se ajustan a las pautas tradicionales o b) frente a la inseguridad de tener que dar respuestas a un mundo tan diferente, nos sentimos incapaces de comprometernos en la presentación de un proyecto ético.

En esta situación se hace muy difícil poder evaluar seria y respetuosamente las propuestas que van surgiendo. Tal vez uno de los errores es que a diferentes experiencias les ponemos el mismo nombre. Cuando un profesor de Biología da una clase sobre reproducción, lo que está haciendo es dar una clase de Biología. Cuando desde organismos que atienden la salud se lleva a cabo un emprendimiento sobre prevención de alguna enfermedad, lo que se está haciendo es una campaña para que el público o un sector de éste, conozca la enfermedad y así, tenga herramientas para ejercer la prevención. También existen experiencias que atienden otras realidades preocupantes, como los embarazos adolescentes o el alto índice de abortos. Atender estas realidades no significa necesariamente educar la sexualidad.

Creemos que es importante definir y fundamentar correctamente cada uno de los emprendimientos que se están realizando; sobre todo en el área educativa.

Según la O.M.S. (1975) sexualidad sana es la integración armónica de los elementos somáticos, intelectuales, emocionales y sociales del ser sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la personalidad, la comunicación y el amor.

 

¿A quién compete esta formación?

Son muchos los agentes que están interviniendo en la educación de niños y jóvenes. En primer lugar, la familia educa; pero hoy más que nunca su campo de acción se ve influenciado por el contexto sociocultural en que vive, por los medios de comunicación social, por el grupo de pares. Es irreal pretender educar al margen de la cultura, de cada contexto sociocultural, de la influencia de los medios de comunicación social, o de la influencia de los pares adolescentes. Por este motivo, se hace necesario el apoyo que los centros educativos prestan a la familia.

 

2. Familia e instituciones educativas en consonancia

Hay que subrayar el derecho y el deber primario de los padres en la educación de sus hijos, así como la responsabilidad de los centros educativos de educar en valores, de desarrollar la capacidad de amar y las actitudes de servicio.

Los colegios tienen la responsabilidad de brindar todo el apoyo necesario a la familia para que pueda cumplir eficazmente sus funciones. Su tarea no es sustituir a los padres, sino apoyar, consultar, cooperar con la familia, porque es su deber, no porque los padres no sepan como hacerlo. En este sentido, las instituciones deben ser muy claras y respetuosas de los espacios familiares, de la intimidad familiar y de los derechos de los padres.

Familia y Colegio necesitan acuerdos básicos, apoyarse mutuamente, no desautorizarse. La familia debe sentirse querida y valorada en su gestión, mas allá de los logros o dificultades que esté viviendo.

Los padres deben tener la certeza que los educadores

• están a su disposición, que desean colaborar con ellos;

• no los suplen a ellos, ni sus responsabilidades;

• no se interponen, valoran su paternidad/maternidad, buscan su consentimiento fundamentando cada trabajo realizado con sus hijos;

• siempre los informarán sobre el trabajo realizado por el grupo donde está su hijo.

 

Familia e instituciones educativas educan desde espacios diferentes y complementarios, de ahí la importancia de que haya sintonía en los valores propuestos, así como coherencia entre el mensaje y el modelo que proponen y son.

En la familia es fundamental la educación espontánea, esporádica, incluso no verbal que se da. Es el primer ámbito de gestación de actitudes y conductas de amor, aceptación, donación, identificación sexual... Es un lugar privilegiado, que no puede ser sustituido por nadie; porque padre y madre para educar la sexualidad de sus hijos no tienen necesariamente que sentarse a dar una clase. Tienen un espacio mucho más rico y efectivo, que es el de las pautas familiares, los modelos de relación entre ellos, el tipo de familia que son, o que no son.

La familia como ámbito de socialización y personalización de la persona es la educadora en afecto y en límites. A su vez, es en la familia donde se favorece el desarrollo de la intimidad, que sin duda repercutirá en la capacidad de crear vínculos con otras personas. La capacidad de una persona de establecer relaciones íntimas, depende en parte de que posea un firme sentido de su identidad, basado en un conocimiento realista de sí misma y un grado de autoaceptación (autoestima).

Los centros educativos contribuyen a este aprendizaje, ya sea a través de las asignaturas vinculadas a la sexualidad, o creando instancias especiales donde se favorece un proceso en el cual se van dando conocimientos sistemáticos, graduales y con un nivel de vocabulario adecuado. Son un ámbito importante de formación por ser un ámbito de socialización, de manejo de conocimientos y de encuentros interpersonales.

El grupo de pares tiene una importancia decisiva en la educación afectivo-sexual; pues se dan distintas subculturas en un grupo y entre ellas interactúan. Cuando estos grupos interactúan entre sí ejercen un poder extraordinario entre sus miembros, adjudicándoles roles (divertido, bobo, traga) e incluso roles sexuales (iniciador o adelantado, experimentado, buena persona, retrógrado). Estos grupos establecen jerarquías, marginan, siguen modelos de exitismo o de servicio. Es fundamental la acción educativa en estos grupos, por eso los educadores deben conocer a los jóvenes y las características de cada grupo para favorecer modelos de servicio, valores, etc.

 

3. Educación de la sexualidad desde una perspectiva humanista cristiana

Si bien todos nacemos con una constitución, el paso decisivo a la madurez es asumir, hacer propia nuestra constitución. Incorporarla, asumirla en nuestro propio "Yo-personal", es un proceso que culmina en la identidad personal sexuada. Educar la sexualidad es facilitar el desarrollo pleno de la persona, que culmina con la donación total de sí a otro/a o a otros.

La sexualidad incluye el afecto, las emociones, las fantasías, los miedos... De ahí que se nace con un sexo y se aprende adecuada o inadecuadamente "mi ser masculino o femenino". Es decir, la sexualidad se educa. Parte de un dato o condición biológica y desde allí se favorece (o no) el desarrollo de la identidad sexual. Es un proceso. Se va construyendo, aprendiendo en una familia, en una comunidad determinada.

La identificación sexual implica ser uno mismo, diferente al otro. Es asumirse varón o mujer. Esta identidad se adquiere a través de un largo proceso de identificaciones, contraidentificaciones e incluso confusiones de identidad.

Educar la sexualidad implica educar a la persona, por lo que esta formación deberá contribuir a plenificarla, a dignificar al hombre y a la mujer.

 

Fundamentación antropológica. La sexualidad es interpretada por una sociedad, valorada desde una cultura, desde sus valores y desde una opción frente a la vida. Por eso, plantearnos educar la sexualidad sin plantearnos una antropología es exponernos a manipulaciones.

El hombre es un ser integral, considerado una unidad indivisible, con aspectos corporales, psíquicos, espirituales, sociales que no son separables, ni independientes.

De esta unidad se puede percibir que el ser humano:

• es proceso, es y busca ser, busca crecer y realizarse;

• es alteridad y relacionalidad, por lo que es comunicación, diálogo, vínculo;

• es una persona sexuada, que no es un aspecto, ni una pulsión; sino algo que impregna todo su ser y lo cualifica.

La perfección se da en este existir polar de complementación recíproca, de ahí que alteridad, diferencia, distinción, comunicación son términos claves para entender la relación varón - mujer, para captar la riqueza de la pareja humana heterosexual. Nada más contradictorio a esta realidad que el machismo o feminismo, porque son posturas autosuficientes y excluyentes.

 

Enfoque global y personalista. La sexualidad es percibida de acuerdo a los valores que se posean, al concepto de persona y de educación. Por eso surgen distintas apreciaciones de la realidad que han dado lugar a diferentes enfoques. Si se capta esta realidad en forma limitada y parcial, se transmitirá en forma limitada y parcial. Los enfoques parciales al "no ver" otros aspectos, abordan el tema sacándolo de contexto, lo absolutizan al no considerar los otros aspectos que lo integran. En definitiva, distorsionan a la persona que es un ser integral.

El enfoque global y personalista no descuida los aportes de los enfoques parciales. Los valora y los integra. Esto exige un esfuerzo educativo convergente, que resulta ser sumamente gratificante porque contribuye a la plenificación del ser humano.

Las áreas que integran una correcta educación de la sexualidad son: biológica, psicológica, sociológica, espiritual y axiológica.

 

4. Distintas realidades hacen necesaria esta formación

Toda educación parte de una necesidad. Son muchas y variadas las motivaciones y necesidades que llevan a plantearse la necesidad de esta formación. Entre otras:

• Relaciones sexuales anticipadas.

• Embarazos no deseados, madres solteras.

• Alto índice de abortos.

• Familias incompletas.

• Crisis en la institución matrimonial.

• Violencia doméstica.

• Enfermedades de transmisión sexual.

• Necesidad de favorecer la madurez psicoafectiva, la capacidad de compromiso. Desarrollar la capacidad de amar.

• Necesidad de favorecer el conocimiento de sí mismo y la integración armónica de la propia identidad sexual.

 

Algunos de estos motivos los podemos considerar urgentes, sobre todo en ciertos contextos socioculturales. Si bien algunas de estas necesidades deben y pueden atenderse en forma urgente, a la hora de abordar estos temas no debe olvidarse que nuestra responsabilidad es educar siempre a la persona.

 

5. Respetar los contextos socioculturales

Toda educación debe respetar el contexto de la comunidad donde se desarrolla esta formación. No es lo mismo trabajar con adultos, padres, jóvenes o niños. Cada grupo tiene sus propios intereses, necesidades, miedos... No es lo mismo trabajar con un grupo de jóvenes de la capital que con uno del interior del país. Aun dentro de una misma ciudad las propuestas deben adaptarse a las necesidades de cada barrio y a las características de cada instituto educativo. Por esto, es fundamental que el educador conozca la realidad de las personas con las que va a trabajar, sus valores, fortalezas, debilidades; y a partir de allí comience un proceso de conocimiento, reflexión e interiorización.

No podemos olvidar que hoy la erotización y la pornografía se han convertido en un suculento comercio, que no sólo deja enormes dividendos, sino que también evita que el hombre y la mujer crezcan en su totalidad y sean respetados como seres humanos.

Hoy vivimos un hedonismo focalizado en la sexualidad. La forma suprema del placer es la sexual. Los jóvenes confunden la "transa" con la amistad, el placer con la alegría. Están desencantados, necesitan creer en el "amor-adulto", en la pareja, en la familia. Necesitan modelos adultos que los convenzan, no por lo que dicen, sino porque perciben en ellos personas plenas, felices. Necesitan vivenciar que la sexualidad es mucho más que la mera genitalidad, y esto lo podrán descubrir en la medida que conozcan adultos felices, parejas que se quieren, familias con sentido de familia.

Los jóvenes necesitan creer en el futuro, mirar su futuro con esperanza y optimismo, creer que ellos van a lograr ser felices en su opción vincular; nosotros tenemos la responsabilidad de brindarles las herramientas necesarias para que lo logren.

 

6. Algunos criterios a la hora de trabajar en talleres

Si bien cada propuesta tiene objetivos específicos, con dinámicas adecuadas a la edad y a los contenidos trabajados, todas deben apuntar en forma congruente a cuatro objetivos generales:

 

1. Educar a la persona sexuada: es acompañar a niños y jóvenes en todas las etapas de desarrollo de su ciclo evolutivo, para que logren la madurez afectivo-sexual adecuada a la edad.

 

2. Educar la libertad y la responsabilidad: De acuerdo a la madurez de cada grupo se dan elementos para que cada niño/a o joven vaya construyendo su propio proyecto de vida y vaya dando los pasos necesarios para hacerse responsable en la construcción de su persona.

 

3. Desarrollar la capacidad de amar: implica crear instancias donde experimenten el afecto y la ternura; a la vez que se favorece el desarrollo de actitudes como la solidaridad, la honestidad, el compromiso con el otro... En definitiva, darles elementos para que logren el amor oblativo.

 

4. Favorecer el discernimiento: proponiendo principios morales que orienten a la conciencia recta en cada circunstancia, creando espacios donde los jóvenes puedan reflexionar sobre sus actitudes y opciones, para posteriormente revisar si son coherentes con sus ideales.

 

 

Se requiere un esfuerzo educativo convergente por lo que se deberá partir del convencimiento institucional y no de esfuerzos personales aislados. Esta convergencia presupone un trabajo conjunto de docentes, profesores, catequistas, adscriptos, orientadores de la sexualidad, quienes aportarán desde el área específica de su tarea, para lograr a través de un lenguaje común y criterios comunes, un aprendizaje significativo (porque le da significado y sentido a nuestra vida; no es una idea, es vivencia - convicción).

Se ha obrado una verdadera revolución sexual que ha modificado en forma sustancial los contenidos del concepto de sexualidad. Pero hay algo que siempre será inamovible, y es la invitación que Dios nos hace a que descubramos desde cada época, cultura y familia el sentido que Él dio a nuestra sexualidad, buscando caminos para humanizarnos.

Lucía Clavier de Platero

 

 

Toda persona y toda la persona está marcada profundamente por su sexualidad

Hay quienes repiten una y otra vez: "Estoy enamoradísimo", y se casan. Se encuentran también muchos casados que dicen (y ya suena a mucho menos entusiasmo): "Me casé enamoradísimo, pero ..."

Estuviste enamoradísimo y ya no lo estás. Tienes la impresión de que el amor, el gran amor, se fue. Pero yo te pregunto: ¿de qué estabas enamorado? ¿Vivías en el amor que es capaz de madurar y crecer constantemente, o tal vez experimentaste sólo una gran "pasión", un deseo fuerte, sentimientos románticos, o confundiste amor con "atracción sexual"?

Hay que saber distinguir entre genitalidad y sexualidad.

La genitalidad es la manifestación del sexo en el cuerpo y se circunscribe a los órganos genitales. La sexualidad, en cambio, no se reduce a las relaciones genitales. Ella es algo mucho más amplio e importante.

La sexualidad es nuestra manera masculina o femenina de ser y vivir en este mundo. El sexo impregna a toda la persona: cada célula del cuerpo, cada sentimiento, cada acción. El ser humano siente, piensa, ama, actúa, se divierte como varón o como mujer. Podemos (y muchas veces debemos) prescindir de relaciones genitales, pero no podemos prescindir de nuestra sexualidad, de nuestro ser varón o mujer. Somos "seres sexuados". Nuestra sexualidad se manifiesta en todas las relaciones con los demás y en todas las situaciones.

 

La sexualidad es un llamado a la comunicación y al amor

Cuando nace el verdadero amor, cada uno vive el gozo de descubrir en el sexo opuesto una riqueza desconocida hasta ahora. La sexualidad en su concepto más completo, es ese tesoro personal que los distingue como varón" o "mujer", y por el cual ambos pueden sentirse atraídos, complementarse y hallar la felicidad en la donación recíproca. Nadie puede bastarse a sí mismo. Nadie debe retirarse a una isla. Pero justamente esta limitación se muestra como una gran posibilidad. Los impulsos que experimentamos en nuestro organismo, la misma atracción hacia la belleza física, el deseo de cariño, de caricias, de contacto corporal entra en el plan de Dios que nos llama a la comunión con los demás. La sexualidad nos invita al amor.

 

¿Qué es el amor?

Es cierto que el amor como donación total de sí puede ir acompañado de la "pasión", de la "atracción sexual", de un deseo vehemente, de sentimentalismo romántico, de cariño ... ¡Pero el amor donación es más, mucho más que eso! Aunque todos esos elementos desaparezcan, el amor debe continuar.

 

La sexualidad debe estar integrada en toda la personalidad

Es propio de los niños dejarse guiar por los deseos, por los otros, por el ambiente, etc. Ser adulto no es tener órganos genitales activos, sino ser protagonista libre de la propia sexualidad. Para poder ser libre hay que haberse adueñado antes de todas las fuerzas que se agitan dentro de uno: sexuales, afectivas y racionales. Tiene que haber un orden y una armonía en toda la persona. Cuando las energías del impulso sexual siguen su cauce ordenado, son fuente de vida, alegría y paz. Pero la sexualidad genital que se desborda rompiendo el equilibrio en la persona, trae consecuencias funestas.

"Creer en el amor de Dios no es tarea fácil; requiere donación personal, no tranquilizar egoístamente la conciencia o dejar indiferente el corazón, sino hacerlo más generoso, más libre y más fraterno. Libre de tantas esclavitudes, como son los desórdenes sexuales, la droga, la violencia y el afán de poder y de tener, que terminan por dejarlos vacíos y angustiados e impiden el verdadero amor y la auténtica felicidad" (Juan Pablo II, 12.04.87, Buenos Aires).

Es frecuente que por "castidad" se entienda la completa abstención de lo sexual. Se piensa entonces que esta virtud está reservada a pocos (a los que uno se imagina como ángeles sin sexo), o que es simplemente imposible. Castidad es en cambio la actuación ordenada de la sexualidad, de acuerdo a sus fines propios, y según el estado de vida de cada persona.

¡No sólo los solteros y novios, sino también los casados deben ser castos; deben subordinar la genitalidad al amor! La castidad encauza la energía sexual hacia un amor cada vez más auténtico.

 

La sexualidad debe ser el lenguaje sincero del amor

La sexualidad en el ser humano no es solamente un instinto ni un simple proceso biológico, ni es mera reproducción, ni es sólo algo vinculado a una sensación más o menos agradable y placentera. Es algo muy diferente: es una forma de comunicación entre dos personas. Esta definición tan sencilla nos explica el misterio de la sexualidad. La gente tiene problemas sexuales porque los tiene también en su comunicación con los demás. Se trata de dos personas que se van revelando el misterio de su interioridad: pensamientos, afectos, penas y alegrías. Este don de una persona a otra es invisible, pero se realiza a través de señales eróticas. La intercomunicación a través del cuerpo expresa de manera sensible y acrecienta entre dos seres un encuentro que tiene que llegar a ser salvador y liberador.

Así la sexualidad se convierte en lenguaje de amor y compromiso. Si yo expreso a otro que me considero su amigo, esto me compromete. Mi promesa tiene que ser respaldada por toda mi actitud.

Durante el noviazgo los dos jóvenes van a querer testimoniarse mutuamente su amor creciente por medio de muchos gestos. Éstos deben corresponder con el grado de la unión y del compromiso asumido. La intimidad corporal debe corresponder al grado de la intimidad espiritual.

Para no mentir, quienes se dan su cuerpo deben entregar también su corazón y su espíritu. Quienes realizan la entrega corporal total, deben entregarse también mutuamente toda su persona y para siempre.

Entre dos personas, lo esencial no es lo genital, ni siquiera lo sexual, sino el don de una persona a otra, expresado por la sexualidad.

La sexualidad se nos ha dado para acrecentar el amor en el mundo. El cuerpo no está sólo destinado para la unión genital. Sirve también para testimoniar la bondad, para proclamar la verdad, para entregarse totalmente a la construcción del Reino de Dios, del Reino de Amor.

También los que se quedaron sin compañero de vida pueden desarrollar plenamente su personalidad haciendo fructificar su paternidad o maternidad espiritual en la caridad.

Para que salga bien la vida, la llave decisiva para todos es: amar de verdad.

La sexualidad es algo santo: el amor viene de Dios y a Dios nos debe llevar.

 

1. ¿Piensas que la generación actual consiguió la libertad en lo sexual?

2. ¿Quién es una persona libre?

3. ¿Es posible prescindir de la sexualidad?

4. ¿Qué finalidad tiene la sexualidad?

5. ¿Cómo puedes definir el amor verdadero?

6. ¿Se puede amar al otro sin desearlo? ¿Se puede desear al otro sin amarlo?

7. ¿Sabes explicar qué es el placer y en qué consiste la felicidad?

8. ¿Qué quiere decir que la sexualidad debe ser lenguaje sincero de amor y compromiso?

(Extractado de "Vivir con Cristo", p. Martín Weichs, Argentina 1987)

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