JUBILEO DE LA TIERRA EN LA PUNA
"Si hay justicia habrá jubileo y júbilo"
Entre tantas celebraciones jubilares que culminaron este 6 de enero de
2001 presentamos en forma de entrevista el relato de Fernando Montes sobre el
Jubileo de la Tierra en la Puna.
• ¿Cómo fue la celebración del Jubileo de la tierra en la Puna?
- El Jubileo se celebró en Abra
Pampa, en la Puna jujeña, a 3.500 metros de altura con sus casas de color
marrón. Su gente hospitalaria nos recibió con un inmenso cariño. Abra Pampa,
tal vez como nunca en estos días, hizo honor a su nombre. Porque "abra"
es eso: "puerta de entrada". Hasta allí llegamos unas 500 personas
para celebrar el Jubileo de la Tierra. Nos convocó el Equipo Prelaticio de
Pastoral Aborigen de la Prelatura de Humahuaca (EPREPA), en la provincia de
Jujuy. En ese rincón argentino, con representantes de innumerables comunidades
aborígenes, estuvimos compartiendo la realidad actual de esas comunidades y
celebrando, en este año jubilar, a la Pachamama. Que es "pacha"
porque es "mama", es decir, tierra madre y dadora de vida para todos.
Teníamos una certeza en el corazón: "Si
hay justicia, habrá jubileo y júbilo". Si no hay justicia, el jubileo
será un gesto piadoso más. Nos convocó el Dios de la Biblia, el Padre de Jesús
de Nazaret, que creó la tierra para todos y que por boca de los profetas mandó
que cada cincuenta años, las tierras y su propiedad volvieran a la situación
original. "La tierra es mía y
ustedes están en mi tierra como forasteros y huéspedes" (Levítico
25,23).
• ¿Cuáles fueron las exigencias planteadas por los hermanos aborígenes?
- El cacique Timoteo hizo una síntesis precisa: "Aborigen sin tierra, es aborigen muerto". Es por ello
que en el Petitorio se pidió entre otras cosas personería jurídica para las
comunidades, porque la mayoría carece de esta herramienta fundamental para
acceder a sus derechos que la Constitución les reconoce. Se pidió la urgente
regularización de las tierras y la entrega de las tierras en forma comunitaria.
Los aborígenes pidieron que se garantice una mejor calidad de vida para sus
comunidades (agua, luz, educación, centros de salud...) con las
correspondientes obras de infraestructura. Se pide tener representantes propios
en los organismos de decisión; que las comunidades sean consultadas, con
consultas de valor vinculante, ante la problemática planteada por los
mega-proyectos que benefician a unos pocos y marginan a las comunidades en
nombre de un progreso del que no son beneficiarios (por ejemplo el Gasoducto
Andino).
Los aborígenes también exigen la
recepción del pago por servidumbre de paso, que la ley estipula pero que no se
cumple. Que se reconozca en el Código Civil la preexistencia de las culturas
aborígenes, anteriores a la formación del Estado Nacional. Que los pueblos
aborígenes dejen de ser extraños en su propia tierra y que los programas de
enseñanza contemplen una educación bilingüe e intercultural con la activa
participación de las comunidades.
• ¿Cómo se vivió en la Iglesia de la Prelatura de Humahuaca esta
experiencia?
- Fueron dos días de una profunda
experiencia eclesial, de una catequesis práctica sobre la Iglesia y los
desafíos planteados por la realidad indígena. Quiero destacar algunas notas
distintivas de esta Iglesia particular.
Es una Iglesia con rostro indígena. No podía ser de otra manera, con
un 90% de población indígena. La Iglesia de Humahuaca mostró el rostro de su
gente: en los que dirigieron el encuentro, en la asamblea, en religiosas,
seminaristas y sacerdotes, en los gestos, en las expresiones litúrgicas, en la
música y en el canto.
Es una Iglesia con protagonismo laical. Fue un encuentro en manos de
los laicos desde la recepción y el alojamiento, hasta la conducción y la
organización. Se nota un trabajo de muchos años en esta dirección: años de
formación de animadores en lo teológico, lo bíblico, la catequesis, lo social,
con una clara conciencia de su rol de servicio a la comunidad y de su misión de
animar la comunión y el compromiso.
• Estas características son muy alentadoras; nos hacen recordar a las
primeras comunidades cristianas...
- Llama la atención el alto nivel
de conciencia de los participantes. Conciencia sobre su historia, su identidad
coya; conciencia sobre la realidad actual, que los hace víctimas de un modelo
que choca frontalmente con su cultura; conciencia sobre la necesidad imperiosa
de unirse y organizarse; conciencia en fin sobre su "ser Iglesia" con
un compromiso serio con la comunidad y con una visión crítica sobre la historia
y la vida de la misma Iglesia. Las familias de Abra Pampa abrieron sus puertas
y el corazón para recibirnos y alojarnos. Las comunidades dieron de lo que no
tenían para proveer el alimento de los participantes. Fue emocionante el
encuentro de las comunidades y su despedida al final de la jornada. Nos
sentimos viviendo aquello de los Hechos de los Apóstoles: "Tenían una sola
alma y un solo corazón".
• ¿Cuál fue el objetivo del Jubileo?
- El primer objetivo del Jubileo de
la Tierra fue ver qué está pasando en la
realidad indígena de hoy. Nos encontramos frente a una Iglesia que no teme
salir al encuentro de la realidad rompiendo encierros, comodidades y
privilegios. Al obispo lo vimos fraterno, alegre, inmensamente cercano,
comunicativo, hospitalario, en un segundo plano. Iluminando con su palabra
cuando le tocó hablar. Sin poses ni formalidades "eclesiásticas". Con
un hondo sentido de su misión de animador, de padre, de maestro, de sirviente
de la comunidad. Nos dijo: "No queremos ser como los chicos de nuestros
pueblos que están al costado del camino pidiendo limosna a los turistas... No
nos dejemos distraer por las migajas que el poder nos tira."
• ¿Cómo concluyó este encuentro?
- El acto
final del encuentro fue la acción de gracias a la Pachamama. Fuimos caminando y
bailando al son de los instrumentos hasta las afueras de la ciudad. Allí, en un
hondo clima religioso, dimos gracias a la Madre Tierra por todo lo que nos da.
Y los participantes fueron levantando un monolito de piedras con los nombres de
las comunidades. Y allí quedó, al borde de la ruta, en el mismo lugar donde
tiempo atrás Abra Pampa hizo el gesto desesperado de cortar la ruta para clamar
ante la opinión pública.
Y comenzó el regreso. Muchos
volvieron a pie, como a la ida, transitando inmensas soledades y distancias. Un
sentimiento nos alegraba el corazón: también aquí en el desierto de la Puna
jujeña, que alguien pretendió llamar la Siberia argentina, fue posible celebrar el Jubileo, lejos de los medios,
de los centros de poder y sin triunfalismos de ninguna clase. Y llevamos en el
alma aquel consejo del cacique Timoteo. "Que
la Pachamama nos tenga unidos y nos conserve unidos". Porque si hay
justicia habrá Jubileo y júbilo. Y si no la hay, no es insólito pensar que
asistiremos, como ya ocurre en muchas partes del país, a la verificación de
unas palabras escritas desordenadamente en las paredes marrones de una casa
humilde de Abra Pampa: "Cuando la ley es farsa, el desacato es
justicia".
Fernando Montes