América Latina se ha ganado el
Concilio
La
novedad del Concilio Vaticano II es una fogata de esperanza
para
todas las comunidades cristianas de América Latina.
No
importa la distancia en el espacio y en el tiempo,
ese
acontecimiento grandioso es algo nuestro,
ahora y para siempre.
América
Latina se ha ganado el Concilio en estos 35 años.
Ha sido
el continente que con más fuerza ha interpretado e encarnado
el
ímpetu conciliar, no sólo en las grandes asambleas del episcopado
latinoamericano de Medellín, Puebla y Santo Domingo,
sino en
una renovación pastoral y eclesial sin precedentes.
Todavía
hay algunos pastores y laicos que siguen resistiéndose al Concilio pero la
mayoría de nuestras comunidades, guiadas por el testimonio valiente de muchos
pastores, ministros laicales, religiosos y laicos...
han
hecho de la renovación conciliar
una
auténtica y arraigada tradición eclesial.
Los
estudiosos del Concilio como G. Alberigo (Umbrales n.111) o V. Botella Cubells
(ver p. 33) subrayan que la propuesta conciliar de renovación sigue siendo una
asignatura pendiente para la Iglesia del tercer milenio.
El mismo
Juan Pablo II, en la celebración del jubileo de los laicos,
el
pasado mes de noviembre en la Plaza San Pedro afirmaba:
"Ha
sonado la hora de los laicos; -y añadía con fuerza- hay que volver al Concilio;
es necesario volver a tomar entre las manos los documentos del Vaticano II...
para redescubrir su riqueza doctrinal y pastoral".
Por este
motivo, de manera simbólica, al final de la celebración,
a 10
representantes de los laicos de todo el mundo,
entregaba los documentos del Concilio
"para que aquel acontecimiento
singular siga siendo, también en el tercer milenio,
el paso
del Espíritu Santo en su Iglesia".
Se trata
entonces de retomar los textos pero también y sobre todo
el espíritu de este acontecimiento. De otra manera hasta se podría tergiversar la
letra en favor de un inmovilismo propio de los "profetas de desdichas" denunciados por el beato Juan
XXIII en el discurso inaugural del Concilio.
Las
comunidades cristianas de América Latina ya han descubierto
este
espíritu de renovación, "de aggiornamento",
que el
Papa Bueno indicaba como finalidad propia del Vaticano II.
Sólo nos
falta concientizarlo y explicitarlo oportunamente volviendo a las fuentes para
que nadie nos quite el entusiasmo del Espíritu
que ha
sido derramado en las comunidades cristianas de este continente.
Quinto Regazzoni