La Crucifixión, de Cándido Portinari (Brasil 1903-1962)

La obra

Esta Crucifixión forma parte del ciclo de frescos del "Via Crucis" en la Capilla de Pampulla (Minas Gerais). En este mural se representa la escena clásica de la muerte de Jesús en la Cruz.

Las figuras descarnadas se alargan y se retuercen para representar con mayor realidad la tragedia que está aconteciendo. Portinari fue un pintor originalísimo pero también asume el aporte de los que él considera los grandes maestros del arte, desde Piero de la Francesca hasta Picasso y Modigliani. Aquí los colores no son vibrantes como en otras obras. Parece más bien un gigantesco dibujo en blanco y negro con una pocas notas de color. Lo importante es la figura ruda, el cuerpo retorcido del Cristo; las manos implorantes, los cabellos al viento, los cuerpos agachados de las mujeres. Todo expresa la tragedia y es símbolo del miedo, del dolor, de la injusticia social y de la cara oscura del mundo moderno. La 2da. Guerra Mundial que estaba culminando en Europa parece reflejarse en este Via Crucis: Portinari deforma, masacra violentamente sus figuras para expresarse con más fuerza. Las mujeres aterrorizadas lloran en este mural la tragedia de la entera humanidad.

 

El autor

El día 29 de diciembre de 1903, en una hacienda de café cerca de Brodosque (estado de San Pablo, Brasil) nace Cándido Portinari, segundo hijo de una familia de 12 hermanos. Sus padres de origen italiano lucharán con todas sus fuerzas para darle a sus hijos pan y educación. De esta época Portinari conservará un recuerdo imborrable, evocado frecuentemente en sus cuadros: los partidos de fútbol, las fiestas de la Iglesia, el circo, los emigrantes, los "rapaces" desnutridos...

Cuando sólo tenía 9 años es fascinado por un grupo de "spoveri" que había llegado a su pueblo para decorar la iglesia local, y colabora con ellos. Los "spoveri" eran los artistas más humildes, simples decoradores de iglesias que pintaban con moldes de ángeles y santos.

A los 15 años deja a su querida familia para ir a estudiar arte en Río de Janeiro y a los 17 años vende su primer cuadro... Su carrera artística evoluciona de año en año, de una exposición a otra hasta llegar a ser considerado como el pintor oficial de Brasil. Viajó varias veces a Europa, obteniendo importantes reconocimientos en París y Venecia. Además del arte, Portinari cultivó un profundo compromiso con la realidad social y política de su pueblo. Los "pobres" no fueron simplemente el motivo dominante de su pintura sino la preocupación constante de su corazón.

Fallece en 1962 a los 58 años, víctima de una enfermedad que sufría desde hacía tiempo. Su entierro fue seguido por millares de personas a pie, por más de 10 kilómetros, recibiendo el homenaje sentido del pueblo que él había amado tanto.

 

La técnica y el color

Portinari se formó en la Escuela de Bellas Artes y poseía una buena técnica. Sus primeros retratos eran valorados tanto por los críticos modernos como por los conservadores: "pinta retratos bien dibujados, simples y sintéticos, ejecutados con una técnica moderna..."

Sin embargo, a los 29 años toma un nuevo rumbo: el recuerdo de la tierra natal y de los sufridos personajes de su ciudad rural lo hacen pelearse con la Academia. Será la "fase marrón" de su pintura. Los murales del Via Crucis son más sobrios, menos coloridos y trágicos retomando la técnica del "fresco" (pintura sobre revoque fresco).

 

El mensaje

En esta Crucifixión, y en toda la pintura de Portinari, se expresa una profunda humanidad. A él le interesa la persona concreta que sufre y que llora a causa de la injusticia. Sólo desde allí su obra adquiere un carácter simbólico de contenido universal. El tema religioso no se opone a su ansia de justicia social, por el contrario los dos temas parecen fundirse. Su humanismo es una "opción por los pobres" que tiene un carácter profundamente religioso y al mismo tiempo su "fe" se manifiesta simplemente por esta opción radical hacia los más infelices.

Vale mencionar sus pinturas religiosas en la modesta casa de Brodosque, a fin de rodear a su venerable y moribunda madre de consoladoras visiones celestiales. Un gesto de ternura filial pero también de profunda caridad, la manifestación más verdadera de la fe. A la obra de Portinari se puede muy bien aplicar la frase de la Carta de Santiago: "Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe" (Sant 2,18).

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