Mario Pérez

 

La teología indígena

 

Mario, ¿cómo nace tu compromiso con la cultura y la teología indígena?

- Mi compromiso nace desde mis propias raíces. Yo soy hijo del pueblo Nahuac; a nosotros nos tocó peregrinar desde Aztlán hasta el norte, en la zona de Los Ángeles (Estados Unidos) y entonces somos un pueblo nómada pero históricamente se conserva el recuerdo de que nacimos en Chicomoztoc (las 7 cuevas) un lugar mítico. Esto nos es trasmitido en la educación familiar, por los padres, las abuelas, las tías, los ancianos; nos lleva a tomar conciencia que hay un pasado muy antiguo, muy hondo, de muchas raíces. De ahí nace mi compromiso, mi gusto de sentirme hijo de quienes son hijos e hijas de estas tierras. En el seminario, cuando estudié para formarme en el sacerdocio, esto se perdió. Y ha sido después, cuando retomé el contacto con mi pueblo, que esto ha renacido con mayor fuerza. Fue una toma de conciencia de mis raíces, de los valores que tenemos los indígenas; entonces nació un nuevo compromiso que tiene dos factores importantes: uno mis propias raíces indígenas y otro las luchas que conocí en los años ‘80, las luchas de los pueblos indígenas de la región de donde provengo, al norte de Puebla.

 

¿Cómo fue la profundización de las tradiciones antiguas y cómo llegaste a formular una "nueva" teología india?

- Primero tuve que entrar en una etapa de formación desde el servicio. Es decir, los pueblos indígenas forman a las personas desde los servicios que les están dando. Y cada uno tiene que demostrar si es digno desde el compromiso concreto con su pueblo. Yo tuve que pasar por una experiencia donde he demostrado caminando, trabajando, luchando, que era digno de recibir estos conocimientos. Después hubo otra etapa en la que los ancianos me sentaron en una asamblea y me dijeron: "Tú eres uno de los nuestros y ahora te vamos a empezar a contar las tradiciones más antiguas". Esto me puso en una etapa de escucha; escuchar al pueblo y a los ancianos. Luego un paso posterior fue recurrir a los códices y a los libros antiguos. En México hoy se han podido catalogar más de 1.000 códices antiguos (aunque la mayoría están en el extranjero), y esto nos ha permitido profundizar en nuestras raíces y comprobar lo que nos trasmitieron los ancianos.

 

¿Cómo se dio el resurgimiento de esta conciencia indígena?

- Desde luego este resurgimiento toma un impulso desde 1992. Anteriormente tanto por el lado de la Iglesia como por el lado social se genera una preparación para celebrar esto que algunos dieron en llamar el "encuentro de dos mundos", el "descubrimiento de América"..., etc. Para los indígenas fue la ocasión para ver y tomar conciencia de que antes de que llegara esta civilización occidental, nosotros ya éramos, ya teníamos una teología, una medicina, conocimientos de arquitectura, de astronomía y conocimientos especializados en muchas otras áreas de la ciencia. Teníamos sacerdotes, maestros, centros educativos, universidades (como llamaríamos ahora). Diez años antes del ‘92, es decir en los años ‘80 empieza todo este interés. En 1990 se realiza el Primer Encuentro Latinoamericano de Teología India. Para esta fecha ya estaba en el tema, pero la teología india no empieza allí.

 

Este año 2001, tendrán el 4º Encuentro de Teología India...

- Sí, este año el 4º Encuentro de Teología India se realizará del 5 al 9 de noviembre en Ipacaraí (Paraguay), con el lema: "Construyendo un mundo sin males". Es un encuentro que ha crecido y ya es continental, en este próximo tendremos la presencia de hermanos de África y Asia que están interesados.

 

¿Cuáles son algunos principios fundamentales de esta teología india?

- El primer principio es la creencia de que tenemos Madre y Padre. Es decir la concepción divina materna y paterna integrada en un monoteísmo. En nuestra cultura tenemos un término, Ometeotzin, que significa mamá y papá en un solo ser supremo, es una dualidad divina misteriosa que está hablando de quién es nuestra reverenciada Madre, Tonantzin, y nuestro reverenciado Padre, Totatzin.

Otro concepto que es fundamental para la teología india es el modo como Ometeotzin creó el mundo, el mito de la creación que se hace del oriente a occidente, y del sur al norte y que lo expresamos tradicionalmente con la cruz. Una cruz que tiene un centro, un camino real trazado en la creación que va de oriente a poniente y en los mitos creacionales Dios creó a la humanidad para que participara en la creación y trazara el camino del sur al norte, y en el centro está el ombligo donde la divinidad y la humanidad se unen. Todo esto lo tenemos en los códices, en la arquitectura y en las tradiciones. Las pirámides, que son cerros sagrados, tienen su base cuadrada y en el centro, la cúspide, está el ombligo. Así están hechas las personas: cuatro extremidades y un ombligo, así están hechos los animales y así está hecho todo exactamente.

Como por ejemplo, los cuatro puntales que sostienen la casa, según los cuatro puntos cardinales... Así buscamos la coherencia con todo lo que existe y con todo lo que tenemos que hacer, como Dios lo hizo.

 

Como sacerdote católico, ¿cuál es el aporte que la teología india puede dar a la teología y a la liturgia de la fe católica tradicional?

- Antes que nada podría ser la forma de rezar; las oraciones que hacen las ancianas y ancianos son incluyentes, es decir oraciones en las que todos tienen un lugar: los niños y las niñas, los ancianos y los jóvenes, las autoridades religiosas y las civiles, los cantantes y los que preparan la celebración...

Además, cuando nos dirigimos en la oración a oriente o a poniente, recordamos a todos los pueblos que están a oriente, a poniente, al sur y al norte: todos quedan incluidos. Son lugares teológicos en los que se incluye a los demás, se incluye a Dios y a toda la humanidad. A veces participan personas que hablan otras lenguas y se les da un lugar especial, se las invita a participar...

La liturgia y la espiritualidad indígena apuntan realmente a la catolicidad (= universalidad). Es además integradora de toda la simbología del cuerpo, de los animales y de la creación entera.

 

¿Qué mensaje de esperanza para América Latina?

- Creemos que ante la situación difícil que estos tiempos nos están mostrando, si nosotros no vemos de dónde venimos y no reconocemos nuestras raíces, no vamos a saber la misión que tenemos en este mundo. Si nosotros no sabemos para qué fuimos creados, difícilmente vamos a saber qué sentido tiene nuestra vida. Al encontrar nuestras raíces podemos recuperar las ilusiones de la humanidad y las utopías que pueden dar sentido a todas esas luchas de nuestros pueblos.

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