
DON DEMETRIO VALENTINI
La figura del Obispo
El próximo mes de octubre se realizará en Roma el Sínodo especial sobre la figura del Obispo en la Iglesia Católica. Umbrales entrevistó a don Demetrio Valentini, obispo de Jales (San Pablo, Brasil) sobre este tema.
• ¿Dónde se desarrolla su ministerio pastoral como obispo y cuál es la ubicción y la situación de su diócesis?
- Desde 1992 soy obispo de Jales en el estado de San Pablo. Mucha gente me pregunta dónde está Jales porque no es una ciudad muy conocida. Para ubicarla en Latinoamérica es sencillo: es donde comienza el río Paraná, en el extremo oeste del estado de San Pablo. Es una región nueva. Jales es el nombre de la familia del fundador; su viuda aún vive, lo que muestra que es una región nueva y pocos años después de poblada, fue nombrada diócesis, porque era un centro de migración. Es una región rural pero en el estado de San Pablo, con mucha influencia de la capital que está a 600 km.
Yo soy del sur de Brasil, de Río Grande del Sur y supe que existía Jales cuando recibí la carta del Papa nombrándome obispo de allí. Fue una experiencia nueva, salir de mi realidad y asumir una dimensión más misionera como obispo. Había una dificultad: que como Iglesia joven carecía de sacerdotes y había la necesidad de definir un proyecto de Iglesia local.
• Desde su nombramiento, ¿qué temáticas pastorales ha seguido en su diócesis y en la Conferencia Episcopal?
- Al llegar percibí que la diócesis necesitaba una identificación más clara; entonces he trabajado mucho para recuperar la memoria y para cultivar un proyecto de Iglesia local. Hemos desencadenado un proceso participativo muy interesante con la actuación especialmente de los laicos y una de las prioridades que hemos establecido y que nos guió a lo largo de estos años es la valorización de los laicos, la formación de comunidades, la formación de personas. Otras dos prioridades que hemos asumido son: la presencia en las realidades sociales y la dimensión misionera. Ésta es una diócesis nueva que ha asumido un compromiso misionero: hemos enviado un sacerdote diocesano a la nueva diócesis de Palmas, en el nuevo estado de Tocantís, como expresión misionera de la diócesis. Para nosotros la apertura a la misión es muy importante y dinámica también para involucrar cada vez más a los laicos en la misión local.
Mi experiencia como obispo fue muy marcada por la participación en la Conferencia Episcopal. Por ocho años fui elegido co-responsable a nivel nacional (por dos mandatos consecutivos) de la Pastoral Social y como responsable de la Pastoral Social de Brasil, he participado en el CELAM. Al mismo tiempo fui presidente de Cáritas Brasileña durante los ocho años. En este período desarrollamos un proyecto muy intenso de presencia de la Iglesia en la sociedad brasileña, a través de las Semanas Sociales de las Iglesias. Hemos encontrado la manera práctica y operativa de no presentarnos como el que tiene la doctrina y enseña, sino como quien participa junto a otros en la búsqueda de soluciones, iluminados por criterios evangélicos. El Grito de los Excluidos fue una iniciativa que nació de este proceso participativo de presencia, de servicio de la Iglesia en la sociedad, articulada con movimientos sociales. Fue una experiencia muy rica que ha marcado mucho mi actuación como obispo en la diócesis que se sintió involucrada en este trabajo.
Dos momentos importantes de mi actividad como obispo fueron Santo Domingo y el Sínodo de América en el que fui designado como delegado de Brasil. En Santo Domingo tuve una experiencia muy particular e interesante: cómo articular la reflexión de los teólogos para llevar al interior de la Conferencia las contribuciones de los teólogos. En el Sínodo de América fui nombrado secretario de uno de los grupos y al final fui elegido como miembro de la Comisión permanente del Sínodo, donde también me tocó articular el trabajo de los teólogos para poner su reflexión al servicio de los grandes temas del Sínodo.
• ¿Considera que hay coherencia entre la teología y la realidad en América Latina? ¿Hay una teología latinoamericana?
- Sí, aunque no sea hoy proclamada, explicitada como tal por la coyuntura eclesial que vivimos. Pero sigue siendo una reflexión teológica con la cual mucha gente se identifica y esto me parece lo válido, más allá de que se llame Teología de la Liberación o no. La gente sencilla se identifica con un proceso participativo de reflexión, iluminada por la Biblia y alrededor de los problemas para buscar caminos de vida, de dignidad humana, de participación en la Iglesia, de participación en la sociedad. Más allá de si a esto lo llamamos Teología de la Liberación o no, lo importante es ver que la gente siente la necesidad de reflexionar iluminada por la Palabra de Dios y no con una reflexión teórica, sino alrededor de los problemas vitales de la gente, independiente incluso de opciones religiosas. Creo que esto tiene mucho valor.
• Este año, en octubre, vamos a tener un Sínodo... ¿Cómo ve la figura del obispo en América Latina y qué esperanzas pueden llegar a los obispos de América Latina de este Sínodo?
- Reconozco que este Sínodo sobre la figura del Obispo tiene mucha importancia y no sé si va a conseguir responder a las grandes expectativas que muchos tienen, porque retoma el tema central del Concilio Vaticano II que es una Iglesia comunitaria, que tiene en el episcopado el fundamento y la expresión mayor de esta colegialidad, de esta comunión participativa de Iglesia. Entonces, recuperar la misión colegial del episcopado -lo que intentó hacer el Concilio Vaticano II-, sería el gran tema y la gran preocupación de este Sínodo. También para recuperar la importancia de las Conferencias Episcopales. Entonces, el obispo se tornó por motivos históricos y teológicos en una persona clave en la Iglesia. La misión de los obispos en la Iglesia es fundamental. Hay una necesidad de recuperar la visión del episcopado como expresión de la comunión eclesial y este me parece que es el gran tema para el Sínodo.
• Y para la gente, ¿qué rasgos característicos tiene la figura del obispo?
- En los últimos años, la gente se ha dado cuenta que los obispos se aproximaron al pueblo, que caminan junto a la gente y que no están por encima de la Iglesia. Yo creo que también vivir y testimoniar una figura de obispo compañero, hermano, sin dejar de ser el símbolo de la unidad, el testimonio de la fe en Cristo, también la expresión de la comunión eclesial global. Es importante que la gente perciba que el obispo es uno de ellos, forma parte de la Iglesia, está dentro de ella y no por encima de ella. Creo que es importante intentar comprender esto, vivirlo y testimoniarlo.