Chocolate (Chocolat),

Estados Unidos, 2000.

Género: comedia.

Duración: 121 minutos.

Director: Lasse Hallstrom.

Con: Juliette Binoche, Lena Olin,

Johnny Depp, Judi Dench,

Alfred Molina.

Las delicias del chocolate

Al retomar esta sección de Cine y Espectáculos, Umbrales quiere subrayar la importancia de una visión crítica de la abundante producción cultural de Cine y Espectáculos. Aquí presentamos una interpretación del presbítero A. Ferrari sobre la película "Chocolate", que ha recibido gran aceptación del público y dispares comentarios de la crítica.

Extraño fenómeno el del "éxito" de una película, o el de su aceptación. Gustar o no gustar pareciera ser la cuestión. "Chocolate", el filme que hoy comentamos, gusta, o tiene momentos en los que agrada dulcemente. Pero a la hora de cerrar una impresión deja con un gusto a falso, a no genuino, a recalentado.

Hay una dificultad importante de género a la hora de calibrar este filme. ¿Es una comedia? ¿un drama? Difícil decirlo categóricamente. De lo que sí estamos ciertos es que, en grandes líneas, Chocolate pretende ser una fábula. Si por fábula entendemos un relato de ficción que encubre una verdad, tenemos que tratar de encontrar dicha enseñanza.

Cuando sopla el viento norte...

Año 1959. Un cerrado e intolerante pueblo de la campiña francesa se verá sacudido en su apacibilidad. Gira su vida, hasta entonces, en torno a la Iglesia, al ritmo de sus campanas y de la batuta de un intransigente alcalde. El conde de Reynaud, en efecto, más allá de su poder económico e histórico, alecciona al recién llegado y nervioso cura. En medio de la misa dominical, al comienzo de la Cuaresma, llegan con un misterioso viento norte Vianne y Anouk Rocher, madre e hija, envueltas en sendas capas rojas a lo caperucita. Su propósito, instalar una Chocolatería.

Primer contraste: las pasiones que despiertan el chocolate y sus aderezos frente a la moderación cuaresmal...

Segunda discordancia: el ateísmo de la Chocolatera versus el catolicismo de los pobladores "empujado" por el empeñoso alcalde. Los enfrentamientos no se hacen esperar. Vianne sufre el boicot pergeñado por el conde para que su negocio no sea frecuentado. A la firmeza de Vianne se agrega la presencia de dos mujeres que se acercan a ella: Armande y Josephine. La Chocolatería se transforma en una especie de "boliche", lugar de confidencias y secretos entre las tres mujeres. El clima se tensa más aún con la llegada de unos gitanos, encabezados por Roux, también alcanzados por las invectivas del alcalde, edicto incluido.

La acción alcanza su clímax en la fiesta de cumpleaños de Armande. La cena y el baile posterior harán que las aguas se dividan. Los placeres de buena mesa, descubiertos en el rostro de los comensales, y el desenfreno del baile son la gota que derrama el vaso de tanto desborde de sensualidad y goce. El conflicto parece resolverse. Vianne decide partir, a pesar del descontento de su hija y el suyo propio. El viento norte vuelve a soplar. Las pasiones volverán a su cauce. Pero... no todo está dicho, la Pascua es inminente y las cosas pueden cambiar.

La verdad de la fábula

La fábula está muy bien contada visual y narrativamente. El pueblo, sus calles, su entorno hábilmente alcanzado por tomas aéreas, es el gran marco donde ocurren las cosas narradas. Si a eso le sumamos buenas actuaciones parecería que la cosas culmina muy bien.

Sin embargo, el problema está en la "verdad" que intenta trasmitir la fábula.

Dicho quizás muy esquemáticamente, se puede ver cómo la historia contada también tiene una caricaturización desmesurada, de la mano de un maniqueísmo excesivamente pronunciado. Como corolario no podemos dejar de considerar el "adversario" que se tiene enfrente: el orden social, la Iglesia y sus tiempos, sus apreciaciones. Contra estas cosas es que Chocolate lanza sus dardos.

Estamos ante el similar maniqueísmo y tendencia de "Las reglas de la vida", obra de Hallstrom que pudimos apreciar el año pasado. Concluyendo, "Chocolate" está entre la notable "La fiesta de Babette" y la repelente "Mujeres arriba". No es excesivamente burda ni insulsa pero tampoco llega al goce de la fiesta que Babette sabe servir con maestría.

Alejandro Ferrari