SE PREPARA SU BEATIFICACIÓN
120 años de la muerte del obispo Jacinto Vera

Hace 120 años, el 6 de mayo de 1881, en una posada del pueblo Pan de Azúcar, moría Jacinto Vera, el primer obispo uruguayo. Estaba lejos de su sede de Montevideo, en uno de sus numerosos viajes misioneros. Había nacido el 3 de julio de 1813 durante el viaje en el que sus padres, provenientes de las islas Canarias, venían como inmigrantes al Uruguay, en busca de una tierra para su familia. La de Vera fue una vida de peregrino; una peregrinación espiritual que incluyó junto a los viajes misioneros, el destierro y la marginación.

Para recordar este aniversario de la muerte de Jacinto Vera, Umbrales preguntó al obispo Rodolfo Wirz, presidente de la Comisión para la Canonización de mons. Vera, a qué punto se encuentra este trámite. El obispo de Maldonado y Rocha afirmó que hay que distinguir entre el proceso canónico y la animación pastoral promovida por la Comisión. Los dos aspectos son muy importantes.
La animación pastoral promueve celebraciones y la publicación de materiales, estampas y folletos, que puedan favorecer el conocimiento y la devoción hacia la figura del primer obispo uruguayo. "Para el próximo 6 de mayo -afirma Wirz- habrá un acto central en Pan de Azúcar (a las 16 horas) frente a la casa en la que murió hace 120 años. Pero habrá también celebraciones en Montevideo, en el Barrio Jacinto Vera."
El proceso canónico para llegar a la declaración de Jacinto Vera como santo tiene todavía muchas etapas para recorrer. Hay algunas gracias de curación de enfermos obtenidas después de la invocación a mons. Vera, pero antes de reconocer estas gracias como milagrosas hay que preparar un estudio documental histórico para presentar a las Causas de los Santos en Roma. Este estudio, llamado "Positio", debe ser una exposición completa sobre la vida y la obra de Jacinto Vera. Sólo entonces el Papa autoriza el examen de la Causa y declara "heroicas" o ejemplares las virtudes de mons. Vera, especialmente para los sacerdotes. Estos tres últimos pasos del proceso pueden producirse rápidamente. De todas formas, lo que urge es terminar el trabajo documental histórico. Sin este requisito, el Vaticano no podrá considerar el caso de mons. Vera.
El primer obispo y padre de la Iglesia del Uruguay nació el 3 de julio de 1813 en el viaje en el que sus padres, provenientes de las islas Canarias, venían como inmigrantes al Uruguay. A los 19 años, después de una tanda de Ejercicios espirituales, sintió el llamado al sacerdocio. Luego de los estudios de Teología en el seminario de los jesuitas en Buenos Aires, en 1841 es ordenado sacerdote. De regreso a su patria, es nombrado teniente cura y después párroco de Canelones. En 1859 es designado Vicario Apostólico de Montevideo y empieza una difícil tarea de organización de la Iglesia uruguaya. En 1865 es consagrado obispo pero recién en 1878 se crea la diócesis de Montevideo y mons. Vera es nombrado su primer obispo. En 1870 participa en el Concilio Vaticano I; diez años después inaugura el primer Seminario de Montevideo. Recorrió varias veces el país con sus viajes misioneros y murió en Pan de Azúcar, el 6 de mayo de 1881.