Nueve Reinas

Argentina 2000.

Género: thriller.

Duración: 115 minutos

Dirección: Fabián Bielinsky.

Intérpretes: Ricardo Darín (Marcos), Gastón Pauls (Juan), Leticia Bredice (Valeria), Tomás Fonzi (Federico).

¿Nos compraría las Nueve Reinas?

"Nueve reinas", opera prima de Fabián Bielinsky, toma su título de una serie de sellos del mismo nombre, que los protagonistas intentarán colocar. En torno a esa famosa "venta" gira toda la película.

Marcos (Ricardo Darín) y Juan (Gastón Pauls) son dos pintorescos timadores. Marcos es, al menos así parece desde el comienzo, el más experimentado. Juan lo hace, según confiesa, para conseguir determinada suma que necesita su padre.

Se conocen casi entrando la madrugada cuando Marcos salva a Juan en una malograda estafa. Tras una presentación, Marcos ofrece a Juan ser su socio, o al menos que lo intentara por un día. Y arrancan. Desde el comienzo aparece el robo y la relación entre socios como un gran juego de destrezas, a ver quién es el más inteligente, el más vivo.

Solitarias ancianas, mozos de bar, van "cayendo" en sus matufias. Hasta que un hecho novedoso y esperanzador ocurre, la posibilidad de vender una falsificación de la serie "Nueve reinas" a un empresario español con debilidades filatélicas. Desaparecidos estos sellos, ya que se los roban (sic), podrán acceder a los originales pero pagando una abultada cifra. Juntada la cifra requerida, con los sellos en su poder, están a punto de cerrar el negocio. Otra dificultad, no la última, obliga a Marcos, a instancia de su hermana Valeria, a reconocer frente al hermano menor de ambos que también a su propia familia había estafado. El nuevo día se abre con los dos ladrones buscando cobrar el cheque de lo que ganaron y ahí viene la última dificultad y el brillante e inesperado desenlace. En efecto, el engaño de estos profesionales alcanza, incluso, a los desprevenidos espectadores. Pero es una picardía, más que un despojo.

El ágil thriller nos va mostrando, en pinceladas, algunos aspectos de la psicología de estos estafadores. Los diálogos entre Marcos y Juan son bien jugosos. Primeros requisitos, ineludibles, son la valentía y el no pensar demasiado, que van de la mano. El miedo que paraliza es exorcizado por esa especie de inconsciencia sobre lo que se está haciendo. Así sentencia Marcos: "Hay cosas que cuando las pensás no las hacés". Aparece, de esta manera, el robo, la estafa como un medio de vida, que implica la lucidez pero hasta cierto punto. La inconsciencia es necesaria.

De pasada, o directamente, "Nueve Reinas" considera algunas realidades bien humanas. Lo primero, el tema del mal moral. Existe, se palpa: mentiras, engaños, atropellos. Más específicamente se subraya el mal infligido sobre el débil, sobre el incauto. E incomoda.

En segundo lugar, una profunda visión negativa del hombre, expresada literalmente en la imposibilidad de ser santos, en la incapacidad de no contaminarse en ese mundo dominado por el mal. Y como delgada línea que divide esta agua se encuentra la realidad de la conciencia, que habla, que se calla, que es adormecida, que desaparece.

Estos planteos, hechos desde el punto de vista práctico en el film, nos llevan a preguntarnos acerca de la identidad ética del hombre: ¿hay diferencias entre las personas, desde el punto de vista ético? ¿Es cuestión de animarse o no?

La maldad y el engaño parecen ser cuestión de todos, aunque en diversos grados. Así encontramos una frase de un gran cinismo, pronunciada con desenfado por Marcos: "No hay santos, hay tarifas diferentes". El asunto sería encontrar el precio de cada uno.

Por su factura técnica, calidad de actuación y sensatez en sus planteos, "Nueve reinas" vale la pena verse, discutirse. Su historia nos es lejana y cercana, a la vez. Su disfrute, posible.

Alejandro Ferrari