Rey de Reyes,

1er. Premio de la III Bienal de Arte Sacro (Morón 1990)

de Adrián Denegri

(Pintor argentino contemporáneo)

La obra

El Cristo crucificado y glorioso representa muy bien los dos momentos que se unifican en el "estallido" del corazón abierto de Cristo en la cruz. En segundo plano, pero bien destacada, María participa "de pie" junto a la cruz de Jesús, de esta efusión del Espíritu, simbolizada en el agua y en la sangre que brotan del Corazón de Jesús. El rostro de Jesús refleja la disponibilidad y la serenidad de la pasión y de la gloria, mientras que el rostro de María parece contemplar serenamente el acontecimiento salvador de su Hijo.

El autor

Adrián Denegri nació en Buenos Aires en 1953. Adquiere conocimientos de pintura en lugares como la Asociación de Estímulos de Bellas Artes y en el Taller del maestro Jorge Melo. Desde 1987 realiza y participa en importantes exposiciones a nivel provincial y nacional. La obra que reproducimos es su primer gran reconocimiento obteniendo el Primer premio de la III Bienal de Arte Sacro, organizada por la Vicaría Episcopal para la Cultura de la diócesis de Morón (Argentina), en el año 1990. Recibió primeros premios también en el Salón del Tango Ilustrado de Vicente López (1995) y de Avellaneda (1996 y 1998) y muchos otros premios y menciones.

La técnica y el color

La técnica utilizada por Denegri en esta obra se puede comparar a la de los pintores expresionistas del primer tercio del siglo XX, que preferían colores fuertes para expresar la dramaticidad de sus obras. Este juego de colores con grandes pinceladas, pone de relieve los sentimientos y la espiritualidad sin estar ligado a las formas y a la definición demasiado naturalista del sujeto. Las figuras buscan alcanzar la visión interior del ser. El contraste entre claros y oscuros es otra forma para destacar el drama de dolor y de esperanza. El destello de luz intensa desde el centro del cuadro y de la figura de Cristo manifiesta un sentimiento de victoria y de plenitud.

El mensaje

Ya en la descripción de la obra hemos presentado algunos rasgos fundamentales del mensaje encerrado en este "Rey de Reyes". Su realeza es claramente la de la cruz que aparece como trasfondo a la figura de Jesús. La corona de espinas pero sobre todo la herida del costado de la que sale un torrente de luz son los signos de esta realeza fundamentada en el amor y en la entrega total. Los padres de la Iglesia han remarcado mucho la importancia de este signo del costado abierto. "Herido en su costado -dice san Ambrosio- el Señor Jesús hizo brotar la vida de su herida". San Isidoro de Sevilla agrega: "Traspasado en la cruz, Cristo derramó sobre los sedientos el don de su Espíritu". María es testigo fiel de este don y con su presencia silenciosa representa a toda la comunidad de los creyentes que recibe la abundancia de la salvación del corazón de su Hijo Jesús.

Quinto Regazzoni