
Dramática
situación social
La dramática situación económica y social de Argentina, expresada últimamente en los cortes de ruta y en los "piqueteros" como forma de patentizar la protesta, motivó la intervención pública a lo largo de los últimos meses de muchos obispos, denunciando la exclusión, la pobreza y la desocupación, y reclamando una mayor equidad social.
El card. Jorge Bergoglio y los arzobispos Estanislao
Karlic y Eduardo Mirás se entrevistaron el pasado 24 de abril, con
el presidente de la República, Fernando de la Rúa, para
instarle a que la ayuda social que brinda el Estado contemple la urgencia del
momento y llegue efectivamente a los más pobres.
Los tres obispos de la Comisión Permanente se referían al subsidio
especial otorgado por el gobierno a los jefes de familia sin trabajo en condición
de indigencia, pero en general a toda la ayuda social que brinda el Estado,
para que sea mayor y más eficiente. El pedido de acelerar respuestas
sociales a la crisis que vive el pueblo, fue enfatizado en Córdoba, dentro
de un marco más político, por el card. Raúl Primatesta
que, reunido con funcionarios y dirigentes empresariales y sindicales, declaró
sin eufemismos: "Acá se habla de acordar con el Fondo Monetario,
de llevarse bien con los mercados, pero resulta que no hablamos de unirnos entre
todos los argentinos para defender el interés nacional".
El nombramiento de Juan Pablo Cafiero como ministro de Desarrollo Social,
hombre cercano a los ambientes eclesiales, ha sido visto como una respuesta
del gobierno al pedido de los obispos. Los planes del nuevo ministro para atender
a los excluidos y en particular a los niños abandonados y a las familias
indigentes con niños en edad escolar, interesaron a los obispos, así
como otras propuestas para las que se solicitaría el apoyo de la Iglesia.
También los doce obispos del noroeste entrevistaron al presidente de
la nación y llegaron a decirle que las marchas y contramarchas del gobierno
revelaban la ausencia de un plan concreto, de un proyecto de país ("al
no haber un plan, dependemos de la credibilidad de determinadas personas, pero
el país merece otro planteo para la solución de los problemas",
dijo el obispo Juan Carlos Maccarone). Le trazaron después el
grave cuadro económico y social de sus provincias. Esta preocupación
ha sido expresada muy bien en un documento colectivo del clero de la arquidiócesis
de Corrientes y de su obispo Domingo Castaña, donde se denuncia
que el 18,8% de la población vive en la indigencia total y el 57,3% debajo
de la línea de pobreza. Los sacerdotes añaden además que
el 1,1% de la población posee el 43,35% de la tierra y lo que queda debe
repartirse entre el 98,9% restante. Lamentan que los pobres "ya no pueden
reclamar sus derechos por miedo a perder sus fuentes de trabajo" y se preguntan
si no habrá llegado para la Iglesia el momento de "retomar el camino
de los profetas, no callando la injusticia frente a las estructuras opresoras".
Los tres obispos rionegrinos (Marcelo Melani, de Viedma; José Pozzi,
de Alto Valle y Eduardo de Paola, de Bariloche) señalaron que el
modelo económico actual "fomenta la competencia desmedida, el individualismo
feroz, un clima de violencia y desesperanza" y manifestaron la necesidad
de nuevas formas concretas de solidaridad. También los dos obispos jujeños
(Marcelo Palentini, de Jujuy y Pedro Olmedo, de Humahuaca) advirtieron
que el sistema económico neoliberal "es como un cáncer que
invade y destruye las conciencias, el tejido social y el sentido de Dios"...
Invitaron después a los cristianos a no acostumbrarse, ni aceptar "la
corrupción y la impunidad instalada" en el país, ni a "prestarse
a ser clientela barata e indigna de los intereses de los políticos y
de los grupos económicos". Palabras fuertes que llaman a la participación
organizada y a la solidaridad. Para el obispo emérito de Viedma,
Miguel Hesayne, "el plan de competitividad es la antípoda
de la consigna cristiana del compartir" y el sistema neoliberal actual
pretende implantar "una dictadura económica y el imperialismo del
dinero en el país". El arzobispo de Resistencia, Carmelo Giaquinta,
afirmó que "la cultura democrática está en peligro,
por la preocupante falta de contención que los partidos políticos
y los sindicatos ofrecen a la gente" y que "la restauración
de la ética social es infinitamente más importante que los valores
económicos más apreciados". Varios comentaristas han destacado
que en los principales responsables de la Iglesia argentina se advierte cada
vez más un nuevo espíritu abierto y dialogante con la realidad,
una profunda preocupación social, junto al deseo de guardar distancia
de los factores de poder, y un compromiso serio de servicio para con los más
pobres y excluidos de la sociedad.