Los Cielos nuevos de una vida plena.

El primer versículo del relato de la creación, dice: "Dios creó los cielos y la tierra" (Gén 1,1). No hay más que un sólo término hebreo para designar "los cielos"(=shamain, una palabra plural que literalmente significa "las aguas de allá"). El mismo relato del Génesis precisa que "los cielos" son una especie de capa de agua más firme (de ahí la palabra firmamento) que separa las aguas de abajo y las aguas de arriba. El firmamento es la línea de unión-separación entre el mundo de abajo, la tierra, y el mundo de arriba, "los cielos", que permanece inaccesible al ser humano.

La Biblia no es una explicación física o científica del universo, pero recoge la percepción espiritual de las realidades.

Los cielos no son de naturaleza diferente a la tierra. La diferencia entre las aguas de aquí (la tierra) y las aguas de allá (los cielos), confirma la existencia de dos mundos separados, el de los seres humanos y el de Dios, pero muestra a la vez que estas dos realidades no son radicalmente ajenas una de la otra.

La Biblia no pretende que Dios habite en los cielos, tan lejos de los hombres que habitan en la tierra. Lo único que reafirma es que hay un mundo visible y un mundo invisible, un mundo natural y uno sobrenatural. Pero estos dos mundos no son fundamentalmente diferentes.

Según la simbología religiosa, Dios estableció su morada en el cielo, pero esto no significa que no esté presente también en la tierra.

Al momento de construir el Santuario, Salomón se preguntó: "¿Quién tiene el poder de construirle una casa, ya que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo?" (2Crón 2,6). Sin embargo, el día de la inauguración del Templo, clama delante del pueblo: "¡Que tus ojos permanezcan día y noche abiertos sobre esta casa, sobre el lugar del que has dicho que ahí moraría tu nombre!" (2Crón 6,20).

Así el pueblo hebreo, siempre venerando la presencia de Dios en el Templo de Jerusalén, consideraba sin embargo que la morada de Dios por naturaleza era el cielo. La tierra hacía el efecto de estribo del trono de Dios.

La expresión bíblica "los cielos de los cielos" designa la lejana morada de Dios, un lugar inaccesible más allá de todo. La Biblia parece oscilar entre dos percepciones fundamentales: que Dios es el "totalmente otro", pero al mismo tiempo es el "totalmente cercano", cuya presencia a veces, es casi palpable. Estas dos dimensiones engendran en nuestro corazón dos actitudes diferentes: la veneración, basada en un agudo sentido de nuestra propia pequeñez, y la intimidad con Dios, a quien uno se atreve a dirigirse como a un amigo. El profeta Isaías pedirá a Dios "desgarrar los cielos" para bajar a la tierra, reclamando así poder gozar permanentemente de su presencia y cercanía (cf. Is 63,19).

Jesús se presentará como aquel en quien Dios desgarró los cielos para venir entre los hombres. Es sorprendente ver, por ejemplo, que el día de su bautizo "los cielos se abrieron", detalle señalado en los tres Evangelios sinópticos (Mt 3,16; Mc 1,10; Lc 3,21). Por su lado, el Evangelio de San Juan, atestigua muchas veces que Jesús "viene del cielo" (Jn 3,13), que es el nuevo maná enviado desde los cielos. Jesús se manifiesta como Dios en medio de los hombres, el Emmanuel, "Dios con nosotros", aquel por quien el cielo y la tierra se encuentran reunidos. Pero no por eso, "el cielo" desaparece. En su enseñanza, recomienda a los discípulos dirigirse a Dios como a su Padre "que está en los cielos". Y el día de la Ascensión, ellos lo verán "subir al cielo" (He 1,11).

En esta misma perspectiva, se afirma que la nueva Jerusalén, la ciudad del creyente, reside "en el cielo cerca de Dios" (Ap 21,10), y que al final de los tiempos la antigua creación desaparecerá para dar lugar a los "cielos nuevos" (2Pe 3,13). Entonces Dios habitará plenamente en medio de sus hijos, la tierra y el cielo no serán más que uno.

La imperfección de la expresión y los límites de nuestro lenguaje, no deben impedir gustar esta imagen simbólica: a través de la palabra "cielos", la Biblia indica las realidades eternas de nuestra frágil y pequeña vida, que sin embargo creemos poder realizar en plenitud, en la inmensa bondad de quien nos llamó y nos amó primero.

El cielo inmenso y fantástico de nuestros sueños

Valores a descubrir: luz, grandeza, belleza, ideales, felicidad.

En el lenguaje popular "el cielo" no es sólo el firmamento sino algo más, es el lugar de todos los bienes. Decirle a alguien "mi cielo" es decirle "mi felicidad y mi todo".

El ser humano, en la conquista del espacio ha desmitificado este espacio sagrado del cielo. Sin embargo, los mismos científicos, los astronautas y cualquiera que se asome a los asombrosos secretos del universo queda asombrado de la prodigiosa belleza de este cielo azul en el que navegamos como pequeñísima nave a la deriva. Todos sabemos que nadie puede considerar como su propiedad exclusiva esta sombrilla de luz y color, de oxígeno y de vida.

Si contemplo el cielo desde la insignificancia de la tierra, del metro cuadrado que ocupo, su visión me serena. Me siento parte del todo. Lo veo desde el avión y lo percibo como un inmenso seno materno que me envuelve. Las nubes, desde arriba, son distintas y la tierra me parece también otra cosa...

Quizás soñamos con ir un día más lejos: a la Luna, a Marte... El cielo nos invita a mirar la realidad con ojos grandes, con miradas amplias, con corazón inmenso, con abrazos universales, inmensos como el firmamento. El firmamento siempre está lleno de luz. Sólo las capas bajas están pintadas de sombras. Porque cuanto más cerca se está del sol, más luz se disfruta. Me gusta el cielo por su luz, su grandeza, su variedad de colores y matices. Por su símbolo, por su historia, por su futuro de mayor esperanza. Las grandes guerras del futuro, se ha dicho, se ganarán en el cielo. Ojalá que esto no sea un presagio de destrucción más grande y universal.

Sería preferible que siguiéramos mirando al cielo con los ojos de un niño. Mirar ese azul intenso de una noche estrellada o el celeste esfumado con las pinceladas blancas de las nubes. El cielo sereno del verano con ese inmenso punto incandescente que todo lo alumbra y deslumbra durante el día, el rey sol. O el cielo con sobretodo invernal de lluvias y tormentas hecho con todas las gamas de grises. El cielo encendido de fuego en un atardecer otoñal o velado por brisas rosadas en un amanecer de primavera. Con ojos de niños el cielo sigue siendo para todos la paleta fantástica de un pintor excepcional.

Preguntas y actividades

1. Leer los dos dos textos y poner en común lo que les pareció más importante.

2. Enumerar todo lo bueno y lo malo que nos viene del cielo. Comentarlo y sacar conclusiones.

3. ¿Qué significa "estar en las nubes" y "el cielo está en todas partes"? Comentar estas frases, analizando en qué momentos de la vida se pueden aplicar.