FUNDACIÓN POR LA VIDA

Vivir libres sin drogas

Un camino de encuentro y de búsqueda

La Fundación Por La Vida es un Centro de Tratamiento, Prevención e Investigación de la Drogadicción. Tiene su sede central en Montevideo y Comunidades Terapéuticas en Piriápolis y Lagomar, además de contar con Centros de admisión en Colonia y Rocha. En este testimonio, el licenciado Agustín Sosa, responsable de la institución, presenta una experiencia de trabajo conjunto con el Centro de Espiritualidad Santa María, para apoyar a las personas que integran la Comunidad Terapéutica de Piriápolis.

Mi primer contacto con el Centro de Espiritualidad Santa María fue a través de Manuel, un paciente de 19 años internado en nuestra Comunidad Terapéutica de Piriápolis. Cuando conocí a Manuel hacía poco que había sido padre, y su novia, madre de su hijo, consumía con él. Cada uno vivía junto a su familia, y Fernando, el hijo de ambos, en la casa de los abuelos maternos. En ese momento su consumo era de marihuana, alcohol y cocaína aunque su droga de mayor contacto era la marihuana. Si bien accedía a terapia y había aceptado acudir a una entrevista en mi consultorio, ni Manuel ni su familia estaban en el momento de conseguir algún resultado en cuanto a lograr una abstinencia en el consumo de drogas. Los padres estaban atravesando una circunstancia que meses más tarde los llevaría a separarse. Mantuve una entrevista con Manuel y su familia hasta que les aconsejé que vinieran cuando hubiera un mayor compromiso para trabajar en la recuperación. Finalmente, la madre me llamó y dijo que Manuel quería verme.

Fuimos trabajando juntos, poniéndonos objetivos hasta que las circunstancias lo llevaron a tener que tomar una decisión. Su único problema no era el consumo, sino fundamentalmente qué hacía con su vida. No se encontraba conforme con cómo la estaba llevando y buscaba por distintos caminos sin hallar ninguno que lo llenara. En ese momento le propuse pasar unos días en un Centro de Tratamiento a lo cual accedió con un poco de presión de su padre. A pocos días de estar en la Comunidad Terapéutica, Manuel me pidió quedarse para completar el período de internación que realizaban las demás personas. Ésta era la primera toma de decisión en el sentido de lograr un cambio, ya que quedarse internado implicaba estar sin todas las cosas que ocupaban el centro de su vida hasta ese momento. A pesar de la sorpresa de todos con esa decisión, con el correr de los meses Manuel fue estando cada vez más seguro de lo que hacía. Cerca del momento de la vuelta a casa comenzó a relacionarse con un viejo amigo que pertenecía a un Centro de Espiritualidad. Esta relación le permitió tener una amistad y por otro lado, comenzar un camino de fe que podía valorar en los demás pero que no encontraba dentro de él. Durante el año siguiente a su internación, Manuel asistió a grupos que lo acercaron a tomar la confirmación y también participó de algunos retiros espirituales que lo ayudaron enormemente a ir encontrándose con él mismo.

Acercarse a Dios

De a poco fue madurando en mí la idea de relacionar a esta gente del Centro de Espiritualidad Santa María con las personas que se encontraban en tratamiento. Para esto fue indispensable la ayuda que recibí de la madre de Manuel y la generosidad de Inés Lanús, quien dirige el Centro y que desde el primer día intentó buscar la forma para que esta iniciativa pudiera concretarse. Realmente no sabía cómo iban a reaccionar los pacientes.

Se resolvió para el primer encuentro no ir con la Biblia en mano a evangelizar sino más bien ir a conocer y presentarse con las personas que estaban en la Comunidad Terapéutica. De acuerdo a mi experiencia toda persona que se acerca con ánimos de ayudar es bien recibida por aquellos que están hambrientos de afecto o de apoyo. El primer encuentro fue compartido por siete mujeres del Centro de Espiritualidad y veinte personas en tratamiento. Se formó una ronda y cada uno comenzó a presentarse y espontáneamente a contar qué relación tenía con Dios. Creo que lo más importante de todo fue la forma en que nos abrimos los que asistimos a ese grupo. En este primer encuentro no existieron rezos ni oraciones pero todos tuvimos la convicción de que Dios había estado con nosotros, en cada una de nuestras palabras.

Hasta hoy hubo cerca de ocho encuentros y se generó una relación en la que todos esperan el momento de volver a reunirse. Con el correr de las visitas se fueron fortaleciendo los vínculos y fundamentalmente se realizaron dinámicas en las que se estimuló el encuentro con uno mismo, con los valores más importantes. Nunca se obligó a nadie a participar, y a pesar de esto el 90 por ciento de los integrantes de la casa lo hizo poniendo un gran entusiasmo en cada una de las propuestas presentadas por las mujeres del Centro.

Una de las dinámicas que más recuerdo es la que se trabajó sobre valores, donde se simulaba una situación de remate en la que las cosas que se remataban eran valores y cada grupo de los que participaba debía quedarse con dinero (de mentira) para no perderse los valores más importantes.

Muchos de los jóvenes eligieron tener charlas personales con algunas de las mujeres del Centro. La dificultad que tienen para relacionarse hace más valiosa la posibilidad de vincularse en esta situación. También recuerdo una dinámica realizada por Geluca Lamas en la que con una música adecuada los llevó a estar en silencio debajo de los árboles de la casa. Fue una muy buena experiencia en la que pudieron estar con ellos mismos y a la vez fue un gran desafío porque no es sencillo para estas personas enfrentar una situación así.

En una de las charlas que mantuve con Inés aprendí que la forma de estar con Dios está relacionada con la forma de estar con uno mismo y con la manera de enfrentar cada situación que se presenta en la vida. Las palabras de Inés me hicieron tomar conciencia de la cantidad de oportunidades que tenemos en el día para acercarnos un poco a Dios, que es lo mismo que hacer lo mejor que podemos con nosotros. Ésta es la razón por la que pienso que la relación que se ha abierto entre el Centro de Espiritualidad Santa María y la Fundación por la Vida es muy importante para todas aquellas personas con las que trabajamos, ya que se encuentran en un camino de búsqueda de sí mismos, habiendo intentado otros donde no hallaron lo deseado.

Quiero agradecer, de todo corazón, el compromiso y la entrega de todas las personas que nos han visitado del Centro de Espiritualidad Santa María. Creo que la forma de trabajo del Centro nos acerca a Dios siendo realmente quienes somos, con nuestras virtudes y nuestros defectos.

Agustín S. Sosa

Fundación Por La Vida

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