VOLUNTARIADO EN LA COMUNIDAD RAFAEL

"Nosotros somos, si hay un otro"

Umbrales conversó con Lorenzo Spinatonda, nacido en 1975 en Milán (Italia) y recibido de "geómetra" en 1993 (ayudante de arquitecto), para compartir con todos los lectores la experiencia de voluntariado que está viviendo desde hace un año y medio como acompañante terapéutico en Comunidad Rafael, una comunidad de rehabilitación para drogodependientes en Montevideo.

• ¿Por qué elegiste ser voluntario y por qué Uruguay?

- Empecé como voluntario hace ocho años en un grupo scout, como unas de las etapas fundamentales para progresar en mi camino de crecimiento humano y espiritual. Vengo de una familia católica muy activa a nivel de trabajos diocesanos voluntarios en mi ciudad y en otros ámbitos. Digamos que el llegar a ser voluntario fue como definir con más claridad un camino que estaba haciendo desde hace tiempo. Creo que otro estímulo fue una búsqueda personal propia que encuentra su desarrollo al relacionarse con las personas bajo diferentes aspectos, en el encuentro, en la ayuda, en el testimonio, en el deseo de crecer junto a quien me rodea, intentando salir de los prejuicios, brindando confianza, siendo siempre sincero y honesto, asumiendo compromisos con responsabilidad. La elección de Uruguay en el trabajo de voluntariado que estoy realizando, se dio al haber conocido en 1994 en una charla a un grupo de jóvenes, al p. Giancarlo Moneta -cura italiano misionero presente en Uruguay desde hace veinte años-; quedé fascinado por sus relatos y más que nada por su fe tenaz. Inspirado a seguir mi búsqueda y asumiendo el desafío de alejarme de mi país, de mi familia, de mis amistades, de mi trabajo, empecé este nuevo capítulo de mi vida. Ahora hace más de un año y medio que opero como acompañante terapéutico en Comunidad Rafael, una comunidad de rehabilitación para drogodependientes ubicada en Pajas Blancas (Montevideo).

• ¿Cómo se explica el fenómeno del voluntariado en un mundo tan individualista?

- Lamentablemente reconozco que el voluntariado es considerado un fenómeno en lugar de una posibilidad de desarrollo del ser humano, que por sus características peculiares es inevitablemente un ser social. Yo de mi parte con mi vida me contrapongo al individualismo que nos está absorbiendo en una sociedad que apunta a la homogeneización. Creo que el ser crece en su plenitud gracias al encuentro, al ponerse en comunión con los demás como fuente de inspiración y de confrontación. En parte, el individualismo se debe al miedo de comprometerse, de entregarse; todo tipo de relación produce en su tiempo el enfrentarse a ciertos sacrificios y esto cuesta asumirlo y encararlo. Ésta es la única forma para que las cosas cambien en el mundo, mejoraremos en la medida de los esfuerzos que podamos entregar para el bien común.

• ¿Vale la pena entregar tiempo de la vida en esta misión?

- La vida que estoy haciendo ahora contesta de por sí a la pregunta; no se trata solamente de entregar tiempo, sino entrar en una dimensión de compromiso para vivir lo más cerca posible de las personas, haciendo el esfuerzo de ponerse en el lugar del otro, de quien necesita una ayuda, un encuentro. Creo que la pregunta que cada uno de nosotros debería hacerse sería: ¿Vale la pena vivir sin hacer el esfuerzo para encontrar al otro? Lo del voluntariado es una de las formas para comprometerse en el encuentro del otro, tenemos que ser más activos en nuestras vidas, hacer de manera que nuestras palabras no sean aisladas sino acompañadas por nuestros actos, no debemos por el bien común estar quietos... Yo tuve que contestar así al pedido de mi conciencia, todas las vivencias hacen que los sueños del pasado sean ahora un estilo de vida para mí.

Es cierto que en todas las relaciones no se da solamente, sino que se recibe también; la sensación más grata es de paz interior. Ésta no se busca, no hay que esperarla del otro como parte legítima del esfuerzo que se está poniendo para una relación de comunión: se produce sola y en los momentos más inesperados...

• ¿Qué tareas has realizado como voluntario?

- Las tareas que he realizado como voluntario son varias y abarcan un poco todas las etapas de la vida y del ser social; trabajé con niños en grupos scouts, hice un año de servicio civil (servicio sustitutivo al militar que en Italia todavía es obligatorio) en una casa que acogía gente de la calle, trabajé con ancianos, viví una experiencia que me involucró directamente cuidando hasta la muerte a mi abuelo que se encontraba afectado por Alzhaimer e hice una pasantía en una comunidad de rehabilitación para drogodependientes en preparación a mi venida a Uruguay.

• ¿Qué le dirías a los jóvenes?

- Ciertamente una experiencia de voluntariado es importantísima y única en la vida de cada persona. Por eso los invito a comprometerse de la manera más acorde a cada uno recordando que una cierta dimensión de sacrificio y adaptación da más elementos de crecimiento a una vida llevada de repente sin preocupaciones hacia los problemas que afectan nuestro alrededor. Nosotros somos, si hay un otro.

• Un mensaje para todos los lectores de Umbrales...

- No es fácil dar mensajes por miedo a caer en posibles juicios, sobre todo hablando de temas tan importantes como la solidaridad. Como siempre dejo que mi conciencia me guíe y después de todo lo dicho sólo les pido que no se queden quietos en sus vidas, hagan que florezcan sus espíritus en comunión fraterna; los saludo en Quien hace nuevas todas las cosas.

Leonardo Buero