
... Por aquellos que no lloran
En los primeros meses de este año,
se ha comentado mucho, lo que parece ser un milagro. Ocurre que en la ciudad
de Rosario (Uruguay), una imagen
muy popular de la Virgen, parece estar
derramando lágrimas.
El obispo de Mercedes, Carlos Collazi, con mucha prudencia y
sin precipitarse, mandó estudiar el hecho. Todos sabemos que la Iglesia es
muy cuidadosa cuando se trata de analizar estos hechos.
Normalmente suelo ser muy escéptico
con estas cosas. Pero lo que sí me hizo pensar, es en lo que Jorge Guzmán, un catequista de mi Parroquia
Santa Magdalena Sofía Barat (Montevideo), escribió con motivo de una visita
que realizó a Rosario. Me comentaba que se puso a rezar, luego que sintió
que algunos decían que las "lágrimas" podían ser simplemente resina;
entonces escribió lo que aquí sigue:
"No me importa si se trata de
resina. Dios utiliza elementos naturales para realizar hechos prodigiosos,
que sólo pueden ser apreciados por los que tienen fe. La transformación del
pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de Jesús, solamente pueden percibirla
con los ojos de la fe, aquellos que creen en Jesús y en sus palabras de vida
eterna. Para los demás, el pan sigue siendo harina y agua, y el vino el fruto
de la vid.
Mirando con ojos carnales, la hostia
y la copa, vemos, olemos y gustamos lo que nos dicen nuestros sentidos, sólo
pan y vino. Pero nuestro cuerpo no puede penetrar el misterio, y nuestros
ojos, olfato y gusto, se equivocan. Dios
está presente a nuestro lado, dentro de nuestro corazón, y no lo vemos,
porque Dios nos ama profundamente desde su escondite. Se refugia en nuestra
incredulidad y pequeñez y se llena de gozo cuando se enciende en nuestro ser
la fe, y palpita el amor, y se transfigura nuestro interior ante su presencia
que no vemos, pero que por la fe sabemos que está en nosotros.
Algo parecido sucede con la imagen
de la Virgen del Rosario. Hay quien
se impacienta porque quiere saber si realmente es una lágrima o agua o resina.
Un análisis no demostraría nada. Los signos de Dios no se analizan con métodos
químicos. La Virgen llora sí, por las injusticias, por los pobres sin techo
ni pan, por las madres que ven partir a sus hijos a países lejanos porque
en el que nacieron no hay trabajo, por los que mueren antes de nacer, por
los marginados, por los desplazados, por los que no son escuchados por decir
la verdad y por los que se dedican al arrebato del pan de sus hermanos. Llora
por el engaño, la mentira y la violencia, y llora por los satisfechos de su
poder y riqueza, y también por aquellos que no lloran."
Eduardo Ojeda