
LA HISTORIA DE MELISSA
Enfrentado el dolor ganamos en solidaridad
Mi sobrina Melissa, de sólo siete años, fue operada de una artritis séptica la
cual se complicó con una infección en la sangre por una bacteria, y la tuvieron
en la Unidad de Cuidados Intensivos durante veinte días en peligro de muerte.
Era impresionante verla conectada
al ventilador que respiraba por ella, a las bombas que le suministraban los
medicamentos, a las sondas y con unos esparadrapos que le cerraban los ojos
para que se mantuvieran hidratados.
... Como dice Victor Frankl, "Todo lo
que amamos se nos puede arrancar; lo que no se nos puede quitar es el
poder de elegir qué actitud asumir ante estos acontecimientos". Fue una
experiencia muy difícil porque tanto mi hermana como mi cuñado se derrumbaron
y fue necesario dar apoyo y esperanza a todos y estar pendiente de la otra
hija de ellos, Valeria, de diez
años...
Me impactó mucho ver cómo viven los
niños el duelo... Todos sus amiguitos le enviaron dibujos: había uno muy simpático,
dibujaron la clínica como una casa grande, sombría, con una gran cruz roja
en el centro y al lado dibujaron fuera de la clínica a Melissa más grande
con una gran sonrisa y saltando alegremente. Es sorprendente el lenguaje de
los niños: espontáneo, auténtico, optimista, sencillo; he aprendido mucho
con ellos. Por eso el Maestro dijo que si no somos como niños no podremos
entrar en el Reino de los Cielos.
Fueron largas jornadas, en las noches
acompañando a mi hermana que no dormía, estaba muy desconsolada. La gran prueba fue lograr escucharla y comprenderla,
me produjo una gran alegría el día que me dijo: "Gracias por escucharme"...
Sólo nos quedaba ponernos en las manos
del Padre y esperar. Fue una gran oportunidad para evangelizar a mi hermana
y mi cuñado que son muy materialistas y que han vivido de una manera superficial;
es en estos momentos de la vida que entran en juego los verdaderos valores.
Me insistían mucho en que aceptara
dinero por los turnos que hacía en la clínica... Yo les decía que eso era
precisamente lo que hacía como voluntaria, acompañar a los enfermos y a sus
familias, que esa era mi opción en la vida... En una ocasión me dieron la
oportunidad para hablarles de Dios, y no dudé en hacerlo al referirles que
Dios nunca los había abandonado, ni les
enviaba pruebas, que Él no causa ni previene las tragedias, pero da la fuerza
para afrontarlas y superarlas, que Él estaba actuando a través de los médicos,
de las enfermeras, de los antibióticos...
Recuerdo un texto del p. Arnaldo Pangrazzi,
religioso camilo, que dice: "La fe no protege del dolor, pero ayuda a afrontarlo; no lo explica,
pero inspira a usarlo positivamente; no lo absolutiza, pero ayuda a redimensionarlo
a través de propuestas de esperanza y la invitación a la solidaridad"...
Recuerdo las enseñanzas paradójicas
del Maestro cuando nos dice: "Para vivir hay que morir", "Para
ganar hay que perder". Esto lo he comprobado, porque en mi familia han
muerto muchas cosas para que vivan los valores y nuevos proyectos de vida;
con este dolor y sufrimiento hemos ganado unidad, solidaridad y perdón porque
mi hermana, la mamá de Melissa, se reconcilió con otro hermano con el cual
no se hablaba desde hacía nueve meses. Es reconocer
la presencia del Padre que nos lleva amorosamente en sus manos.
El dolor nos doblega, nos hace ver
lo frágiles y limitados que somos y que sólo Dios nos puede fortalecer...
Cuando a Melissa le quitaron el respirador, mi cuñado pidió que hiciéramos
una oración de acción de gracias. Melissa ahora se encuentra en su casa con
sus padres y su hermanita, le dieron hospitalización domiciliaria... Está progresando mucho y tiene las visitas
de sus primos y amigos. Por más oscuro que se vea el túnel, sólo podremos
ver la luz si lo atravesamos.
Rosario Salazar