Y todo por una peluquería

A comienzos de 1992, los uruguayos nos sorprendimos al enterarnos de una compleja red de trata de blancas que operaba entre Uruguay e Italia. La periodista María Urruzola, en diversas notas publicadas en el semanario Brecha, fue detallando el proceso judicial italiano, la participación de distintos actores aquí y allá. Esta situación fue llamada, desde el inicio, "el caso de la joven de Milán", ya que a raíz de su testimonio pudo cerrarse el círculo de la investigación. Poco tiempo después, Urruzola recogió el proceso de su investigación en el libro "El huevo de la serpiente".

Todo esto viene a cuento ya que el film que comentamos se inspira en este caso explorado por la mencionada periodista, que ya había sido guionista en el anterior largometraje de Beatriz Flores Silva, "La historia casi verdadera de Pepita la pistolera".

Quien recuerde los principales elementos del sonado caso, o quien haya leído el libro citado, verá reflejada parcialmente la historia en la adaptación cinematográfica. La opción de la directora y co-guionista, condicionada en parte por las costumbres en las co-producciones, cambia algunas cosas de la historia real. El escenario pasa de Milán a Barcelona. No aparece casi la participación diplomática. Diversos detalles son omitidos o agregados.

Con una excelente calidad técnica en la filmación, con una continuidad bien lograda y con algunas buenas actuaciones, "En la puta vida" intenta abordar el lado personal de la historia, recreando la historia de Elisa (Mariana Santángelo). El humor acompaña diversos momentos de la obra. Eso hace que la crudeza de la historia quede atemperada por el tono tragicómico del largometraje. Y aquí reside el valor del film a la vez que su talón de Aquiles.

Los sueños de Elisa, que son muchos, se condensan simbólicamente en el deseo de tener su propia peluquería en la rambla de Pocitos. En pos de este sueño, es que empieza la historia oscura que, engaño y candidez mediante, la alejará de su añorado deseo.

El deslumbramiento de "El Cara" (Silvestre), su proxeneta, y las promesas creídas, se estrellan contra la dura y cruel verdad.

El sueño relegado de la peluquería no hace, sin embargo, que olvide a los hijos que, con dolor, tuvo que dejar al cuidado de otra persona. Ellos serán el motor en su valiente decisión de colaborar con la policía y desenmascarar esa inmensa trama de engaños y explotación urdida por algunos criollos. También la muerte de su amiga y socia de ideales, Lulú (Andrea Fantoni), la despierta de su sueño y le muestra que todo es una gran pesadilla.

Esta historia transcurre plácidamente, en tono de comedia, lo cual explica que, gente no proclive a contemplar el drama en la pantalla, se acerque a ver esta película. Aquí reside el déficit de esta propuesta. El drama humano termina esfumándose, básicamente por dos razones. Una porque la historia de Elisa termina demasiado bien, cerrada, cuando no fue tan así. La segunda porque la sordidez y el abuso de proxenetas y cómplices se desvanecen.

La arenga feminista de Elisa y el despliegue del show periodístico, que no ocurrió en la realidad, son el último mojón de este camino que, comenzando por atenuar los detalles, termina disipando el conjunto.

La seria y arriesgada investigación de Urruzola invitaba a esas realidades que tocan íntimamente nuestras entrañas humanas: la indignación y el compromiso. Esto no pasa con el film.

Alejandro Ferrari

 

En la puta vida

Bélgica, Uruguay, España y Cuba, 2000.

Género: tragicomedia.

Duración: 100 minutos.

Directora: Beatriz Flores Silva.

Con: Mariana Santángelo, Silvestre, Andrea Fantoni, Marta Gularte.