
Esponsales de María y José,
de Raúl Soldi
(Pintor argentino 1905-1994)
La obra

Este mural que representa la boda de María y José pertenece al importante ciclo de pinturas de la Capilla de Santa Ana en Glew (Buenos Aires). La figura de los dos protagonistas, en el centro, está agigantada por el volumen de sus vestiduras, pero sus rostros y sus manos manifiestan toda la ternura del acontecimiento con un trazo muy delicado y cuidadoso. Las demás figuras, que llevan refinadas vestiduras renacentistas constituyen un marco adecuado a la escena de la boda: los invitados, que llevan los dones augurales del banquete de boda, el paje que trae el canasto con panes, la niña extasiada que lleva el ramo de flores y los infaltables músicos, uno sentado y otros de pie, con arpa, violín y mandolina. Uniendo el pasado con el presente en la parte superior de la obra se presenta a la misma Capilla de Glew transformada en Sinagoga, por una gran estrella de David en lugar del rosetón de la fachada. Frente a ella esperan los sulkis de los invitados a la boda. Un ángel negro se destaca entre los cuatro ángeles que coronan el mural.
El autor
Raúl Soldi nació en Buenos Aires en 1905 y fue el segundo hijo de una familia italiana, apasionada por la música. A los 18 años emprende un viaje a Europa, y en Venecia es fascinado por los grandes pintores del Renacimiento. Acompañado por sus padres retorna a Italia al año siguiente, en 1924, y comienza a estudiar pintura en la Academia Brera, de Milán. En 1932 regresa a Argentina pero su obra no es reconocida por el Salón Nacional. Se dedica a ilustrar libros (suyos son tres dibujos para la Biblia del Pueblo de Dios) y hace trabajos como escenógrafo y vidrierista. Sólo a partir de 1950 podrá vivir de su pintura y en aquellos años empieza con el período más significativo y acabado de su obra: el período de los murales, en la Capilla de Glew (1953-74), en la Galería Santa Fe (1956-64) y en la cúpula del Teatro Colón (1966). En 1968 viaja a Tierra Santa, donde pinta un fresco dedicado a la Virgen de Luján en la Basílica de la Anunciación, en Nazaret (ver Umbrales, n. 83). En 1970 el Museo Vaticano de Arte Contemporáneo incluye una de sus obras, "La Virgen y Sta. Ana". Muere en Buenos Aires, a los 89 años, el 21 de abril de 1994.
La técnica y el color
La técnica de los murales que emplea Soldi retoma el método del fresco renacentista, es decir la pintura aplicada sobre el revoque fresco. Pero en esta obra de los Esponsales prefirió usar óleos sobre una tela luego adherida a la pared. Soldi no duda en combinar en sus murales distintas técnicas y hasta llega a incrustar piedras semipreciosas o colages de papeles calados, con motivos decorativos para lograr el efecto de los brocados. Los personajes unen elementos renacentistas o de la comedia del arte con los del entorno. Transgrediendo las leyes de tiempo y espacio, el artista mezcla atuendos de otras épocas con la realidad actual.
El mensaje
Hay un mensaje profundo en esta obra de Soldi que parte de la emoción central de los dos esposos que se inclinan con mutua reverencia. Sus rostros son serenos y meditativos, sus manos derechas se unen y las izquierdas se levantan en señal de diálogo y de consentimiento. Es todo un juego sublime de reciprocidad como canta el Cantar de los Cantares, "Mi amado es para mí y yo soy para mi amado" (Cant 2,16). Sin embargo, ese diálogo íntimo de los dos esposos es compartido por toda la comunidad con los cantos y el banquete, con el éxtasis de la niña que lleva las flores. No puede haber boda sin testigos, ni existir una familia sin un vínculo social con la comunidad. La alegría y la fiesta de los dos es alegría y fiesta de todos. En una entrevista del año 1980, Soldi afirmaba: "La emoción es perdurable a través del tiempo, se aloja en la memoria, sin sobresaltos y para siempre". Más que asombrar reconstruyendo los Esponsales de María y de José en un icono sagrado lejano en el tiempo, Soldi quiere revivir la emoción de esa boda con una descripción actual y viva, con una emoción eterna que es la emoción de cada pareja que se entrega mutuamente con amor.
Quinto Regazzoni