
"Hoy la patria requiere algo inédito"
Al término de la 81ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina,
realizada en mayo, los obispos dieron a conocer un documento en continuidad
con el anterior de noviembre de 2000, denunciando directamente la crisis que
vive el país y en especial el "divorcio entre la dirigencia y el pueblo".
A diferencia del pronunciamiento del
año pasado que puso el acento en la crítica al modelo económico imperante
y a la "tiranía de los mercados", el último documento episcopal
cuestiona fundamentalmente el comportamiento de la dirigencia y de manera
particular el de los políticos. Los obispos rescatan la acción política en sí "como uno de los más nobles
servicios al hombre y a la sociedad", pero denuncian "la crisis
de la escala de valores que padece la dirigencia cuya acción parece esterilizarse
por la afanosa búsqueda personal y sectorial del poder y la riqueza"
y el "creciente divorcio con el pueblo".
Con una mirada más a fondo sobre estos
últimos años, los obispos declaran que "la democracia restablecida hace
más de 17 años, olvidó su misión de
recrear la sociedad, que había sido enfrentada y herida... ¡Cuántos interrogantes
sin respuesta! ¡Cuántas ilusiones frustradas!... Los partidos políticos se
están desdibujando y han dejado de ser escuela de civismo e instrumento de
selección de los mejores".
No escapa al mismo tiempo a los pastores
de la Iglesia el fenómeno del "empobrecimiento de la educación y una poderosa invasión de una cultura
(o seudocultura) comunicacional que se ha transformado en una propuesta frívola,
transmitiendo la caricatura del hombre y no su dignidad o la belleza del amor,
el sentido del sacrificio y la alegría de sus logros".
El documento más que pesimismo expresa
preocupación con una serie de interrogantes: "¿Quién piensa en el futuro de la Argentina? ¿Cuál es el proyecto de
país que orienta nuestra acción? ¿Qué
hacer para generar esperanza?". Los obispos creen que "es necesario
recrear la política como principal instrumento de gestión del bien común,
de modo tal que sea ella la que dirija y encauce también la economía";
exigen a los políticos respuestas más comprometidas e indican como signos
de esperanza para el futuro esa cantidad extraordinaria de iniciativas solidarias
que están surgiendo a nivel popular con una creciente conciencia colectiva
de indignación frente a la corrupción, a la impunidad y a la inoperancia de
las leyes. El documento es un breve y concreto llamado a la imaginación y
a la creatividad para salir del estancamiento.
En la misma línea de pensamiento,
el arzobispo de Resistencia, Carmelo
Giaquinta, dejó en claro que "los personajes necesarios y decisivos
para el futuro de la república son los partidos políticos y los representantes
del pueblo; lo demás es magia... Pero los partidos y los políticos desde hace
muchísimo tiempo han claudicado gravemente en sus obligaciones y así Argentina
anduvo y anda a los tumbos. Se necesita un gran vuelco, un período y proceso
de purificación a fondo en el pensamiento y en la praxis política." El
card. Bergoglio, en la homilía del 25
de mayo afirmó: "La dirigencia no tiene derecho a exigir más a los de
abajo si el sacrificio no baja desde arriba" y condenó "los privilegios
que dañan al país". Por su parte, Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, habló de "república secuestrada por las dirigencias partidarias
y los intereses que las sostienen y dominan".
Quizás estas denuncias enérgicas sirvan,
como en el caso de las investigaciones por el lavado de dinero y la venta
ilegal de armas, para promover un proceso de saneamiento de la política argentina.
Es el augurio que expresó el cardenal argentino residente en Roma, Jorge Mejía, al referirse a la operación
"mani pulite" (= manos limpias) de Italia: "Ojalá se dé algo
parecido en Argentina, no sólo porque haría más creíble al Poder Judicial
sino porque sanaría el ambiente".