"Hay que seguir andando nomás"

Este 4 de agosto celebramos el 25 aniversario del martirio

del obispo de La Rioja, Enrique Angelelli. Cómo no recordar con fuerza no sólo su testimonio de sangre sino su ejemplo de vida que sustentó esa entrega final.

Los obispos argentinos dieron a conocer un documento, titulado: "Monseñor Enrique Angelelli: vivió y murió como pastor". En esta esperada declaración se reconoce

su "intensidad de vida y fidelidad a la misión",

pero todavía no se habla explícitamente de martirio.

Una vez más en la historia de la Iglesia, el Espíritu anticipa

en el "sentido de fe de los fieles" (sensum fidelibus)

las declaraciones oficiales de los pastores.

El pastor algunas veces precede al rebaño y otras veces está detrás.

Pero el Espíritu no deja de suscitar en su Iglesia el testimonio fecundo de los discípulos del Cordero.

El pueblo cristiano reconoció en el asesinato del obispo de La Rioja, algo más que una maquinación criminal de la dictadura militar.

Su muerte es la solemne culminación de la entrega de "un hombre que se dejó tomar por el Espíritu y apasionar por el Evangelio".

La figura de Angelelli no es una bandera ideológica de algún sector particular. Es un profeta de toda la Iglesia y de todo el pueblo,

que no podrá ser silenciado ni por el olvido, ni por un aplauso póstumo.

Su vida no sólo ha establecido un modelo de pastor y de Iglesia,

sino un modelo de conciencia cívica y un

testimonio de entrega y servicio a los más pobres.

Él sigue enseñando.

No se detiene y sigue andando, mostrando el camino.

En el sulki con el pobre, como pobre.

"¡Hay que seguir andando nomás!".

Quinto Regazzoni