LUCES DE "25 WATTS"
25 Watts

(Uruguay, 2001).

Género: comedia.

Directores y guionistas: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
Con: Daniel Hendler (Leche), Jorge Temponi (Javi) y Alfonso Tort (Seba).
¿Qué aplaudía? interroga en algún momento uno de los personajes del film, respecto al único uruguayo que por haber aplaudido cinco días seguidos estaba en el Libro Guiness de los Records. La pregunta quedaba sin respuesta.
Esa pregunta, realizada a alguno de los tantos miles que se ha acercado al cine a presenciar este último estreno del cine uruguayo, seguramente no se quedaría sin respuesta. Es más, brotan como un borbotón los innegables logros y méritos de esta opera prima de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
Con humor se puede decir mucho, y 25 Watts dice mucho con una contagiante gracia. Uno se divierte verdaderamente a lo largo del film. Pero no es sólo un film de humor sino que presenta, con destreza, la levedad de 24 horas en la vida de tres jóvenes.
La narración es impecable. Incluso el blanco y negro, no tan vistoso a nuestros ojos acostumbrados al color, ayuda a dar la sensación de grisura de los personajes. La música, las actuaciones; no hay cosa que no pueda destacarse en esta obra costumbrista.
Pero seguramente donde más se muestra la excelencia es en el guión. Los diálogos, muchos de los cuales imperdibles, dejan ver el gran trabajo en su construcción, y, sobre todas las cosas, la idea firme del argumento que querían expresar.
¿Qué cuenta 25 Watts? La vida de tres jóvenes, el "Leche", el "Javi" y el "Seba", desde el alba de un sábado hasta el inicio del domingo. Allí se revelan algunas de las cosas que les suceden. Un "rebelde" examen de italiano, con enamoramiento de la profesora particular, una novia que se aleja, una abuela alienada, la cerveza a destajo.
Otros personajes delineados, algunos de ellos impagables, dan también el contexto de amistades y relaciones que cultivan los tres amigos. El Gepetto es, verdaderamente, desopilante.
Parecieran estar, los integrantes del trío de amigos, en busca del tiempo perdido. Es la vivencia del tiempo, de la sucesión, como vacío a llenar, como duración.
Dicha experiencia viene rematada al final. Allí se ensaya una respuesta a la pregunta que indicábamos al comienzo: aplaudía que no era domingo, es decir, el primer día, donde todo vuelve a empezar, la misma semana, la vida que se repite y devora.
Una nota de estos jóvenes, salvo el "racionalista" Javi, es la superstición. La gracia y la desgracia pero como fruto del azar, ya en la maloliente pisada, que pronostica, al menos, un día de desgracia, como en el tener suerte si se pide un deseo -sin decirlo en voz alta- al ver cruzar dos vehículos que coincidan en los últimos números de su chapa.
Por debajo, como sustrato de la vida de estos jóvenes, está la nada; pero la nada como algo, como aquello único que se tiene, en definitiva.
Es una vida sin mayores horizontes ni búsquedas, la que se va llevando, la que se parece a la lamparita de 25, título de la película.
Una lamparita de 25 es aquella que menos gasta pero la que menos ilumina. Y ello podría perfectamente decir mucho y todo de los protagonistas y de las situaciones narradas en ese largo sábado de sus vidas. No hay demasiado gasto ni esfuerzo, pero tampoco demasiados logros ni gratificaciones. Se va llevando.
25 Watts presenta, como si fuera una postal en movimiento, las costumbres de buena parte de la juventud actual, la que se junta en torno a la botella de cerveza, la que a veces coquetea con la droga, la que vive al día, viendo lo que sale. Algo de lo que mostraba "Los días con Ana", el buen video de Marcelo Bertalmío.
Por sus valores técnicos y estéticos, por su solvencia, por lo que dice y por cómo lo dice, 25 Watts es un film verdaderamente imperdible.
Alejandro Ferrari