Cristo,
de David Alfaro Siqueiros
(Pintor mexicano 1896-1974)
La obra
Esta
poderosa pintura (técnica mixta) sobre tabla de madera que se conserva
en el Museo de Arte Contemporáneo en el Vaticano, representa un Cristo
inquietante y provocador. La figura del Mesías presenta las dos
manos entrecruzadas en un primer plano casi saliendo de la tabla.
La cara barbuda está de perfil, los brazos están tendidos hacia el
espectador y lo interpelan.
Siqueiros que siempre representó a
los protagonistas de la nueva ciudadanía mexicana (nacida de la revolución
de Zapata) con rasgos heroicos, ahora atribuye esos mismos rasgos al
Cristo. Los colores son vivos con unos reflejos rojizos que envuelven
toda la figura. Cristo es un héroe de sangre y de lucha coronado, pero
con espinas. Es una figura fuerte y suplicante a la vez.
Que un artista con militancia revolucionaria
durante toda su vida (muchas veces abiertamente anticlerical) pinte
esta obra religiosa al terminar su carrera a los 74 años, supone una
profundización que, sin dejar los motivos fundamentales de su arte,
revela una nueva perspectiva personal.
David Alfaro Siqueiros nació en Chihuahua (México) en 1896. A los 15 años
comenzó a asistir a la Academia de Bellas Artes comprometiéndose desde
su juventud con el movimiento estudiantil en pro de un moderno arte
social. A los 18 años ingresó en las filas del ejército revolucionario
de Emiliano Zapata. Terminada la revolución, en 1918, se integró al
"Congreso de los artistas soldados" que marcó para siempre
su activa participación cívica. Al año siguiente recibió una beca para
ir a Europa. En París se encuentra con su compatriota Diego Rivera
y juntos maduran la idea de una pintura "monumental heroica".
Con él viaja a Italia para conocer los frescos de los grandes maestros
italianos del Renacimiento. Al regresar juntos a su patria, en 1922,
estos dos artistas dan comienzo a la pintura mural mexicana, junto a
José Clemente Orozco.
Desde 1926 hasta 1930 se dedicó casi
exclusivamente a la militancia política y finalmente en 1932 fue forzado
a exiliarse primero en California y luego en Uruguay y Argentina. En
este momento empezó a utilizar nuevos materiales plásticos en sus murales.
Después de combatir en España por
la República vuelve a América. Nuevamente en 1961, por motivos políticos
es encarcelado durante cuatro años, pero logra seguir pintando un vasto
conjunto de telas. Liberado en 1965, vuelve a su tarea de muralista
y ese mismo año recibe el Premio Nacional de Arte. Muere en Cuernavaca,
a los 77 años, el 6 de enero de 1974.
La técnica y el color en Siqueiros
están en función de la gran potencia figurativa. Toda su pintura
parte de un convencimiento personal, de una fe ciega por los ideales
de igualdad y de libertad, pero se vuelve inmediatamente provocación
social al testimonio colectivo y a la identidad popular. "La
pintura mexicana moderna es expresión de la revolución mexicana. De
ninguna manera es correcto pensar que esta pintura es únicamente el
producto del importante substrato cultural prehispánico y colonial..."
Toda la pintura de Siqueiros parece un mural o un esbozo para un
grandioso mural. Hasta las pinceladas y los contrastes cromáticos son
enérgicos en sus obras.
Más allá de las intenciones del artista
esta obra nos pide una interpretación personal, un compromiso. Los
colores y las formas sugieren sin embargo, un mensaje evidente para
los creyentes. Cristo sufriente es el héroe de la "humanidad
nueva" y victoriosa. Es el "siervo humillado y sufriente"
de Isaías (caps. 52-53), y al mismo tiempo el gran mediador
glorioso, que entrado en el Santuario por la libación de su propia
sangre intercede delante de Dios en favor de su pueblo (ver
carta a los Hebreos). Su rostro no tiene belleza ni esplendor pero
por su sacrificio de reparación, liberará a muchos. "Por
sus heridas fuimos sanados... por eso tendrá parte entre los grandes".
Quinto Regazzoni