FALLECIÓ EL PADRE OBISPO JORGE NOVAK
Hombre de Dios, defensor de los derechos humanos
En la madrugada del 9 de julio murió el padre obispo Jorge Novak. Fue
obispo de la Diócesis de Quilmes desde su constitución en 1976. Experto
en Historia de la Iglesia, no sólo fue docente en numerosos institutos
y universidades argentinas, sino testigo y profeta muy importante
en la historia argentina de estos últimos años. En 1976 fue nombrado
co-presidente del Movimiento Ecuménico de los Derechos Humanos. En
1993 es declarado ciudadano ilustre del partido de Quilmes. "Amigo
de Dios, amigo de los hombres, amigo de los pobres"; así lo recuerda
el p. Eduardo de la Serna en esta nota.
Algo que llamaba la atención a cualquiera
que conociera a Novak era su
cercanía a Dios. Hombre de oración y de fe, supo acercar siempre
una mirada desde Dios al mundo que le tocó vivir. Una
mirada desde la esperanza, desde el dolor, desde la realidad.
Supo hablar de Dios y con Dios y revelar a Dios, hacerlo oír entre
los gritos de quienes lo rodeábamos. Muchos, que no lo conocían desde
adentro, sino por algunas manifestaciones exteriores, pueden creer
que estaba movido por un compromiso social, o incluso político. Pero
siempre fue desde Dios que
levantó su voz. Por eso era palabra sólida y grave; por eso no
pudieron callarlo.
Dios fue la base firme que le permitió
mantener posiciones muy diferentes -incluso- a las de los que él llamaba
"mis hermanos obispos"; y su sólida formación intelectual
en el terreno de la historia de la Iglesia le permitió siempre mirar
desde la conducción del Espíritu Santo los momentos más difíciles.
Como los santos, el padre obispo Novak vivió firmemente convencido
que Dios está presente en los distintos momentos de la historia. Y supo
leer en ella las cosas coincidentes o contrarias a la voluntad de
Dios.
Novak fue también amigo de los hombres.
Su defensa clara de los derechos
humanos siempre nació en una firme compasión. La misma que movió
al Pastor, siempre cercano a las "ovejas sin pastor", y
la misma que movió al padre a salir al encuentro del hijo que vuelve
a casa, o al samaritano para aproximarse al caído al borde del camino.
La compasión lo movió hacia los que padecen.
Los que sufren encontraron siempre
en él un corazón que entendía sus dolores. Cuando la noche oscura
de la dictadura, Novak supo dejar latir el corazón de Dios para las
madres angustiadas, y supo tener una palabra de vida en el imperio
de la muerte. Cuando la noche del hambre o la desocupación, supo tener
palabras firmes de esperanza, nacida desde la realidad y la solidaridad.
Con su palabra y su ejemplo supo mover y comprometer a sus hermanos
sacerdotes hacia los dolores de los hombres, porque "nada
de lo humano le era indiferente". Y si su palabra molestaba,
o dolía, era precisamente a aquellos que tenían el corazón cerrado
ante los dolores de los demás, o -peor aún- a aquellos que provocaban
dichos dolores. Su palabra molestaba a los que tienen su corazón -como
su tesoro- cerrado en cajas fuertes... Y molestaba porque no era una
palabra "política" sino religiosa. Religiosa y encarnada
que hablaba desde Dios, y desde un Dios preocupado por la vida digna
de sus hijos. ¡Por eso molestaba doblemente! No es fácil enfrentar
una palabra pronunciada desde el Evangelio y que tiene la mirada puesta
en el dolor de los predilectos de Jesús. Las Madres, Abuelas, Familiares
de Detenidos Desaparecidos, los organismos de derechos humanos, las
Cooperativas de Vivienda, o los Sin Techo, los desocupados, la gente
de los barrios de Quilmes, Varela y Berazategui, los pobres, en suma,
perdieron un padre. Un padre que, como Dios, el padre de los pobres,
el defensor de las víctimas de la historia, no estaba dispuesto a
dejar pasar ninguna oportunidad para manifestar que Dios se sigue
interesando de la suerte de sus hijos.
En los últimos tiempos, estaba preocupado
porque la Diócesis siguiera bien en marcha para que su próximo sucesor
encontrara una comunidad viva. Por eso estábamos de Asamblea del Pueblo
de Dios y preparando el Tercer
Sínodo Diocesano. Por eso estábamos preparando los 25 años de
la Diócesis y de su ministerio. Porque si también hoy son fuertes
los gritos del dolor de las víctimas de la Dictadura del Mercado,
de las nuevas oleadas represivas, de la angustia de los pobres, hace
falta, ¡urgentemente! una voz que desde Dios marque caminos, indique
senderos, ilumine oscuridades.
Murió el padre obispo, pero dejó una huella. Una huella que muchos
queremos seguir porque creemos que es el paso de Dios en medio de
su pueblo caminando en la historia. Novak definió una vez al episcopado
como "sacramento de la calle"; en nuestras calles vimos
el paso sacramental de Dios. Paso ecuménico y misionero. Y porque
vimos ese paso, somos testigos que Dios no deja huérfanos a sus amigos,
aunque muchos lloremos -en su persona- esta ausencia.
pbro. Eduardo de la Serna